14 #2
L’Wren va en busca de Liam y Petra me lleva por la casa hacia el jardín, donde un nutrido grupo de personas hace cola para que lo fotografíen delante del photocall de Dirty Diana. Petra se salta la cola y nos coloca a ambas ante los flashes de las cámaras.
—¡Sonríe!
La miro con el rabillo del ojo e intento imitar su naturalidad. Es fácil contagiarse de la energía de Petra. Como siempre, me siento más viva cuando estoy cerca de ella, y sobre todo esta noche, en la que celebramos algo que hemos construido.
Después de unas cuantas fotos, nos abrimos paso alegremente por la fiesta. Saluda a todo el mundo mientras avanzamos, sin enredarse demasiado en una única conversación.
Alzando la voz para hacerse oír por encima de la música, Petra me dice:
—Vibezz está aquí. O al menos su directora ejecutiva. Margot. Su asistente me mandó un mensaje para hacerme saber que se ha comido una chocolatina con setas. —Petra se ríe—. Te va a encantar.
—Uy. —La mujer a la que le gusta observar a la gente—. Sé dónde está. —Llevo a Petra hasta un rinconcito desde el que se ve el salón. Margot está allí, rodeada de snacks y charlando con Liam.
—¿Margot? —La llama Petra, gritando un poco de más—. ¿Te puedes incorporar?
Margot esboza una sonrisa radiante al verme.
—Gracias por venir a ver cómo estoy.
—Me alegro mucho de que os hayáis conocido.
—Sí, Diana, es una gran fiesta.
—¿Quieres seguir aquí? ¿En este rincón? —pregunta Petra, de nuevo chillando demasiado.
—Ha tomado setas, no está sorda —apunta Liam.
—Aquí me lo estoy pasando estupendamente, mirando. Liam me está hablando del divorcio de sus padres. Es maravilloso. —Margot parece feliz.
—¿Alguna pregunta a la que quieras que respondamos? —inquiere Petra—. ¿Sobre la página?
—No. Diana me dijo todo lo que necesitaba saber cuando me buscó este sitio.
—Oh. Estupendo. ¿Quieres que te traigamos algo? —se ofrece Petra.
—¿Es posible que haya oído mencionar a alguien algodón de azúcar?
—Yo te traigo uno —dice Liam.
Me inclino para estrecharle la mano a Margot.
—Espero que podamos colaborar juntas —afirmo.
Petra y yo bajamos la escalera riendo tontamente.
—¿Crees que se acordará de lo bien que le caes? ¿No deberíamos hacer que firmara el contrato ahora?
Abajo, Petra echa un vistazo a la fiesta y profiere un suspiro.
—Y ahora pasemos a mi canto del cisne.
—¿Tu canto del cisne? —Me detengo cuando voy a dar un paso y en ese preciso instante una mujer con un vestido rosa chicle me agarra el brazo.
—Me encanta tu página. Pienso ser la siguiente, lo juro.
Tengo que serlo. —Me aprieta el hombro y sigue andando, directa al centro de la pista de baile.
Su cumplido hace que sienta vértigo. O puede que sea el hecho de que me hayan reconocido otra vez.
O que la música empieza a sonar más alta. O lo que me acaba de decir Petra.
—¿Te marchas? —le pregunto.
—Diana, esto es todo tuyo. —Sonríe—. Estaré siempre que necesites ayuda, pero ahora puedes asumir el control.
—No puedo asumir el control. No sé cómo hacer nada de esto.
—Pues claro que sabes. Nada de esto habría pasado sin ti. Yo solo he sido un buen empleado.
Una mujer que juraría que es una de las Housewives se choca conmigo y me derrama la copa por el brazo, pero casi ni lo noto.
La música sube de volumen y Petra grita para imponerse a ella.
—Yo te puse en el mapa, pero sabes cómo estar aquí.
—No sé. Si apenas soy capaz de encontrar a Oliver en esta fiesta.
—Lo cierto es que ya va siendo hora de que piense seriamente en el legado de Mitch. Eran muchas las cosas que quería hacer. Todas esas comunidades a las que quería servir con el dinero que ganó. Por fin estoy lista para ayudar.
—¿Estamos rompiendo en nuestra fiesta?
—No, estamos celebrando lo lejos que hemos llegado.
—Petra...
—No vuelvas la cabeza. Solo sonríe.
La vuelvo inmediatamente.
Jasper está junto a dos mujeres más altas que él. Una tiene una coleta alta brillante y con mucho volumen. Ambas parecen veinteañeras. Me ve justo cuando a Petra la reclama otro invitado.
—Hola —lo saludo—. Conque has venido. —Intento disimular mi estupor.
—No pasa nada, ¿no?
—No, claro. Es solo que no estaba segura. —De nuevo busco a Oliver en la habitación.
—Estas son Libby y Maria. —Pero Maria ya se ha aburrido y se ha ido a la pista de baile.
—Hola, Libby.
Me estrecha la mano con mucha fuerza.
—Sus compañeras de equipo han alquilado un piso playa abajo durante el verano.
—¿Sus compañeras de equipo?
—Vóley-playa —contesta Libby. Admira la casa con desenfado—. Muy bonita.
—No es mía, pero gracias. Si quieres, podrías organizar un partido de vóley en la parte de atrás.
—Podría. —Me mira como si acabara de sugerirle que limpie todas las tazas usadas—. ¿Esa es Natalie Hutton?
—Ah, sí. Es amiga de... bueno, más o menos mía.
Jasper sonríe.
—Conocí a Diana antes de que diera fiestas para estrellas del cine. Cuando vivía en un pequeño y coqueto estudio con un fregadero estropeado y sin platos de verdad.
¿Está flirteando conmigo? Lo único que hicimos en ese estudio fue follar. Libby ha visto a alguien y tira de Jasper.
—Te veo luego —promete este.
Sintiéndome excluida, voy a buscar a Oliver y me topo con Natalie Hutton.
—He oído que la reunión con Allison fue genial —exclama, y me da un abrazo.
—Bueno, no te sabría decir.
—Me encanta el misterio.
—Y a mí.
—Y a mí —repite.
—¿Perdona?
—¿Perdona? —me imita—. Intento dar con tu entonación. Tienes unos gestos muy interesantes. Y un ligerísimo seseo.
—¿Seseo?
—Casi no se nota. Pero me dedico a eso. «¿Ceceo?» ¿Te das cuenta de que lo has dicho así?
—¿En serio?
—Me gustaría conocer a Oliver, si está aquí.
—Está en alguna parte... —«¿Dónde está?»
—Y te muerdes las cutículas. Genial. Todos estos detallitos dotarán de vida al personaje cuando haga de ti. ¿Es esa Libby Hoffman?
—¿Quién?
—La jugadora de vóley. —Sigo su mirada hasta Libby, que está cerca de Jasper junto a la pista de baile.
—Ah, ya. Eso creo.
—Bueno, pues si te sientes observada, solo soy yo haciendo mis deberes actorales.
—Vale —es todo cuanto puedo decir mientras ella se dirige hacia Libby.
De pronto el gentío que hay delante de mí se abre y Alicia, que viene de la playa, me coge por la cintura.
—Esta fiesta es demasiada locura. El sitio. La gente que mira. Oliver y Jasper. Mis mundos están colisionando.
—¿Tus mundos?
—Me refería a los tuyos. ¿Crees que Jasper ha traído a las olímpicas para ponerte celosa?
—¿Fueron a las olimpiadas?
—Medalla de plata.
—No. Creo que ha traído a esa porque es espectacular. Y muy fuerte. Y tiene talento.
—Y para ponerte un poquito celosa. ¿Ha funcionado?
—Puede. Natalie Hutton dice que seseo.
Alicia se para a pensar.
—No ceceo, ¿no? —pregunto.
—A ver, repite conmigo: la princesa pasea por el paseo con su cesta de cerezas...
—Cierra el pico.
—Entonces ¿se va a hacer la película?
—Quién sabe. Pero creo que Petra me va a dejar.
—¿Te va a dejar a ti o a Dirty D?
—A Dirty Diana.
—Es lista. Ya iba siendo hora.
—¿Cómo que ya iba siendo hora? ¡Pero si acabamos de empezar!
—Mira a tu alrededor, Diana. Las cosas están en movimiento.
—¿Te puedo hacer una pregunta?
—¿Con ese adorable ceceo? Lo que quieras.
—¿Tú dirigirías las fantasías? Si las convertimos en vídeos para la página web.
—¿Yo?
—Me he dado cuenta de que cada vez que Liam saca el tema veo a este donjuán con bigote dirigiéndolas y creo que ese es el motivo de que siga diciendo que no. Pero si las dirigieras tú, estaría entusiasmada.
—Me ganaste en cuanto dijiste «tú».
—¿Sí?
—Míranos, en una fiesta en Malibú, cerrando nuestros propios tratos al estilo de Hollywood.
* * *
Por fin veo a Oliver al otro lado de la pista de baile, y cuando nuestras miradas coinciden, se disculpa y viene directo hacia mí.
—¿Puedo hablar contigo un segundo?
—¿Va todo bien? —pregunto.
Frunce el ceño.
—Sí. Es solo que tengo una cosa para ti.
—¿Dónde te has metido? Te he estado buscando.
—¿Sí? —Parece entusiasmado.
—¿Dónde estabas?
—Ya lo verás.
Cuando llegamos a la habitación, Oliver entra y cierra la puerta. El ruido de la fiesta se ve amortiguado en el acto.
—Ven aquí —pide. Tiene la mandíbula tensa, pero los ojos iluminados con una expresión traviesa.
Avanzo hacia él hasta que nos separan escasos centímetros.
Sus brazos están a los costados, pero oigo que su respiración se vuelve entrecortada.
Me levanta el mentón, pero en lugar de besarme, me recorre con los dedos desde el cuello hasta el hombro.
Me baja los tirantes del vestido y dejo que caiga al suelo.
Se mete la mano en el bolsillo trasero del pantalón corto y saca las esposas.
Me rodea la muñeca izquierda con una de ellas y la cierra.
—¿Oliver? —De pie en bragas y sujetador, oigo a los invitados al otro lado de la puerta. Me siento electrizada. El ruido sordo de la música, las risas y las voces estridentes.
Cuento con que ahora me esposará la otra mano, lo imagino explorando mi cuerpo mientras yo no lo puedo tocar, su cara entre mis muslos, su lengua dentro de mí. Quiero agarrarlo y que esté encima de mí, dentro de mí ya.
Sin embargo, no me esposa las dos manos ni me tumba en la cama.
Sin dejar de mirarme, me lleva al cuarto de baño, las esposas colgando de mi muñeca izquierda. Mira el frío suelo de mármol.
—Siéntate ahí.
Estoy demasiado excitada para cuestionarlo, es como si seguir sus instrucciones me acercara un poco más a que me toque.
Me arrodillo en el duro suelo, mi cara a la altura de sus caderas.
La mano que no está esposada va al botón de su pantalón, pero Oliver me detiene.
Se arrodilla delante de mí, se inclina y me besa en la boca.
Sus labios son suaves y saben a sal, su beso es duro y urgente.
Exploto de deseo, volcándome en ese beso. Pero él se aparta deprisa.
—Todavía no —musita, y cierra el otro grillete en una tubería, esposándome al lavabo.
—¿Qué haces?
Oliver se levanta.
—Ahora vuelvo.
Oliver me deja sola. Esposada al lavabo. Oigo la fiesta fuera. Distingo los ruidos. Las risas. Oigo a Natalie Hutton. Y a L’Wren.