12 #2
El set de rodaje es un terreno polvoriento y llano cerca de una sucesión de pequeñas cuevas inhóspitas que en su día se utilizaron en la serie de televisión original Batman .
En la actualidad sirve de localización para estudiantes de posgrado, barato y fácil de proteger.
Oliver y Emmy se bajan del coche de alquiler después de que lo haga yo, cada uno de nosotros lamenta en el acto la pérdida del aire acondicionado.
—Bueno, pues ya hemos llegado —anuncio, fingiendo alegrarme por Emmy—.
Este es el set. —Hay equipos de cámaras y sacos de arena desperdigados por el suelo en montones aleatorios y actores quemados por el sol sentados en sillas de playa que deben haberse traído de casa.
El cáterin es una mesa plegable con zanahorias baby arrugadas y botellas agua tibia escondida detrás de una piedra grande.
Todos los integrantes del equipo parecen universitarios y, al igual que los actores, languidecen bajo el sol.
Me asaltan recuerdos de rodajes en exteriores cuando era pequeña: la espera, el aburrimiento, plantearme ir a la mesa de cáterin a coger bombones kisses de Hershey para pasar el tiempo, volverme invisible cuando pasaba alguien que parecía importante, preocupada de que fueran a despedir a mi madre por llevarme al trabajo.
—Y aquí está tu madre. —Oliver parece entusiasmado de verdad. Pongo las manos en los hombros de Emmy y hago todo lo posible por absorber el buen humor de Oliver.
Mi madre apenas ha envejecido. Parece vivaz, aunque quizá un poco agitada. Sin duda sigue siendo la mujer más guapa del set, con sus ojos de un castaño dorado y su pelo caoba, que le cae por los hombros en rizos naturales.
—¡Diana! Por favor, hace tanto tiempo que casi ni te reconozco. —La pulla es tan leve que casi resulta imperceptible.
Me da un abrazo rápido y se vuelve hacia Oliver.
—Tan guapo como siempre. —Lo abraza ostentosamente delante del equipo.
—¿Qué estás rodando? —le pregunta él—. Parece una gran producción.
—No, en realidad no, pero disfruto haciendo estas películas de estudiantes. Apoyando a artistas jóvenes. Y ellos agradecen trabajar con una actriz más veterana como yo. Eso es lo que decimos, Oliver, «veterana»... —Le guiña un ojo. Es una de las pocas personas que se pueden salir con la suya.
—Vaya, da la impresión de que ha sido una jornada divertida.
—El director tiene mucho que aprender. No para de hacerme una V con los dedos.
—¿Y eso qué significa?
—Eso mismo me preguntaba yo. «Vulnerable», según él.
Es un director internacional. Canadiense, creo.
Y estas jóvenes promesas están tan acostumbradas a los emojis y a mandar mensajes que se olvidan de dar indicaciones simples y concretas.
Así que hace signos con la mano. ¿Qué se supone que debo hacer con una V? ¿No, Emmy?
Por primera vez se dirige a Emmy, que le ha estado sonriendo durante todo este tiempo.
—Hola. —Emmy le tiende la mano.
—Tienes modales. ¡Me encanta! —Le besa la mano a Emmy como si fuese de la realeza, y Emmy esboza una sonrisa radiante—. Eres igualita a mí cuando era pequeña. ¿Alguna vez te lo ha dicho tu madre?
—No.
—Lo suponía —responde con una sonrisa forzada.
—Estás estupenda. —Decido ser maja—. Como si el calor no te afectara lo más mínimo.
—Tengo que dar ejemplo, ¿no? Cuando el presupuesto es ajustado, solo queda la pasión.
Uno de los estresados miembros del equipo nos hace señas.
—¿Emmy, te quieres sentar junto al monitor? ¿Y ver a la nonna Ava en acción?
Mientras se alejan, mi madre coge de la mano a Emmy y le susurra lo bastante alto para que yo lo oiga:
—Quiero pasar más tiempo contigo, pero tu madre casi no coge el teléfono.
Cuando se marcha, me doy cuenta de que estaba conteniendo la respiración.
—¿La nonna Ava? —inquiere Oliver—. ¿Ahora es italiana?
—Cualquier cosa con tal de evitar la palabra abuela .
Seguimos a Ava hasta el monitor, donde dice con voz meliflua al director:
—Derek, cielo, no te importa que mi amiga Emmy se siente a tu lado para ver mi gran escena, ¿no?
—Está bien, pero nos estamos quedando sin luz, hay que moverse. —Sube la velocidad del ventilador de cuello.
—De acuerdo. ¿Alguna otra cosa que quieras de mí? ¿Algo distinto esta vez?
—Que corras más rápido.
—Eso puedo hacerlo. ¿Dónde está maquillaje? ¿La maquilladora? Últimos retoques. Eso es lo que deberías estar diciendo tú, querida —le dice a la joven morena que lleva una riñonera llena de brochas—. La próxima vez hazte con un ayudante de dirección, Derek. Facilita mucho la vida.
La aburrida morena le aplica en la frente a mi madre unos polvos translúcidos que absorben las perlas de sudor y se marcha arrastrando los pies.
—¿Eso es todo lo que necesito? —Ava sonríe—. Debo de estar mejor de lo que pensaba.
Emmy se sienta junto al monitor cuando Derek grita para imponerse al zumbido de su ventilador:
—¡Acción!
En el momento indicado, mi madre corre por la oscura cueva con un compromiso admirable, chilla al volver la cabeza y continúa corriendo.
Pero no es lo bastante rápida: un hombre enmascarado la agarra por la cintura, la vuelve hacia él y le clava un cuchillo en el pecho.
Sangre de pega se extiende por su camiseta y le baja por los delgados brazos.
Emmy abre los ojos de par en par y Oliver le pone las manos en los hombros y gira su cuerpecillo hacia la mesa del cáterin:
—¿Son esos M&M? —pregunta mientras se la lleva rápidamente.
Irritada sobre todo conmigo misma, observo a mi madre mientras exprime la escena de su muerte.
El villano enmascarado la apuñala de nuevo, esta vez en el cuello.
Ava pugna por respirar mientras el asistente de producción se agacha detrás de una piedra para bombear más sangre en un tubo.
La sangre sale disparada hacia la cara de Ava en una densa rociada.
El efecto es espantoso y chapucero. A Liam le desilusionaría la mala factura.
Ava mira de reojo la cámara que está haciendo zoom en su expresión asustada.
Sus grandes ojos se abren más y más y después se quedan quietos.
Derek no parece impresionado. Hace una pequeña V con los dedos y la sostiene por encima de la cámara.
Ava responde profiriendo unos ruidos ahogados forzados antes de cerrar de una vez por todas los ojos.
—¡Corten! —grita Derek—. ¡Lo tenemos!
Nadie ayuda a mi madre a levantarse ni se ofrece a quitarle la pegajosa sangre de la piel. Cuando llego hasta donde está, ya se ha levantado, pero cojea.
—¡Chicos! Tenéis que despejar el set para que sea seguro para los actores. No quería echar a perder la toma, pero estoy descalza. Ya hemos hablado de esto. Hay piedras muy puntiagudas en el suelo. —Pero nadie la escucha. El chico de sonido se acerca a ella y le retira el micro.
Mi madre se aparta el ondulado flequillo de la frente, que tiene pegajosa de sudor y sangre de pega.
—¿Qué te ha parecido?
—¿Te encuentras bien?
—Oh, sí. Solo son unos cortes y unos arañazos.
He aprendido a utilizar el dolor. Sirve de ayuda.
—Se sienta en una piedra, se sacude el polvo de los pies y se pone unas gastadas botas UGG—.
Voy a quitarme este pringue y nos vemos en Casa Vega, como en los viejos tiempos, ¿te parece? Y conocerás a mi nuevo galán.
—Oh. —Veo cómo le tiembla la mano cuando se retira la tierra de las rodillas. También está más delgada que la última vez que la vi. Y tiene un poco más hundida la zona de debajo de los ojos—. ¿Tienes un nuevo novio?
—Es yogui. Le va muy bien. Y sé lo que estás pensando: «Pero si no te gusta hacer estiramientos. Odias el ejercicio».
Estoy pensando: «Este hombre tiene algo que quieres». Estoy pensando: «Gracias a Dios que vivo en Texas, porque te marcarás la gran cagada y de ese modo por lo menos no tendré que evitarlo, como a todos los exnovios y caseros y jefes de los que hemos salido corriendo».
—Estoy pensando en lo genial que es. El yoga.
—¿Dónde está mi nieta?
—Era todo un poco excesivo para ella.
—Es demasiado sensible. —Me sonríe, disimulando con un cumplido el insulto que tiene en la punta de la lengua—. Como su madre.
La niñera del hotel se llama Jazz. Tiene el pelo dorado rizado y da la casualidad de que ha puesto la voz a una llama en uno de los dibujos animados preferidos de Emmy. Cuando Oliver y yo vamos a salir para cenar, Emmy habla con Jazz del último primer plano profesional que le han hecho.
—A mí me gusta la foto en la que estás sonriendo.
—Ya. También es la favorita de mi agente. ¿No crees que es demasiado «de redes»? ¿Sabes a qué me refiero?
—Puede... —Emmy finge saber de qué está hablando—. ¿Un poco?
De camino al restaurante, procuro parecer despreocupada cuando le digo a Oliver:
—Creo que hoy vi a Jasper. En los estudios Sony.
—¿Jasper, Jasper?
—Mmm. Puede —añado con desenfado.
—Oh. —Oliver sigue con los ojos en la carretera—. ¿No lo saludaste?
—No. Fue justo antes de la reunión.
—Pero quizá no fuese él, ¿no?
—Lo más probable. ¿Qué posibilidades hay?
—¿Cuándo fue la última vez que hablaste con él?
—Hace que no hablamos desde... mmm... —Sé exactamente cuánto hace de eso. Y dónde estábamos. Fue en mi habitación. Estábamos abrazados—. Hace bastante.
—¿Querías que fuese él? —Oliver frunce el ceño, confuso.
—¿No lo sé? Lo habría saludado, claro. De haber estado segura de que era él.
—Claro.
—Ya.
—¿Sigues pensando en él?
—No. No de esa manera.
—Pero en realidad lo de Jasper no terminó. No es como si lo hubieseis dejado.
—Terminó. —Como espero que esté a punto de terminar esta conversación.
Oliver se aclara la garganta.
—Si tú y yo no nos hubiésemos reconciliado y lo vieras, ¿podría existir un universo en el que empezarais por donde lo dejasteis?
—Oliver. Se terminó. —Señalo el letrero vivamente iluminado de la derecha—. Hemos llegado.