La respuesta (Dirty Diana 3) 6 #3
32%

6 #3

—Fantasías cortas. Fans de la página web han estado enviando fantasías y subimos clips de ellas a nuestras redes sociales.

—¿Todas son de mujeres distintas?

—Hace unos meses solo había un puñado...

Escudriña la pared y lee cada una de ellas, de vez en cuando sus ojos se abren como platos, pero siempre sin dejar de sonreír.

—Uy, a esta mujer le gustan las plumas... ¿y el hilo? Ajá. Esta chica fantasea con el novio de su hija. No terminará bien. Por Dios, Diana, pero si hay cientos. Y todas son tan francas. Es increíble la fe que depositan en ti para mandarte todo esto.

L’Wren ve todo el material de marketing diseminado y las fotografías que me sacaron para Vogue . Después de dar una vuelta despacio, se sienta en una butaca junto a la ventana abierta con su latte descafeinado.

—No me esperaba que esto fuese tan... ¿acogedor?

¿O quizá luminoso? Y las mujeres de la oficina son tan estilosas.

Estoy impresionada. De no ser por el desastre de pelo de Liam, pensaría que esta es una oficina normal...

—Prueba de nuevo—: Ya sabes lo que quiero decir.

Es real. Un negocio en toda regla. Sinceramente, desde que te conozco tienes un trabajo aburrido, que nunca me ha parecido que tuviese mucho sentido para ti.

Y las pocas veces que mencionabas que antes pintabas, la cara se te iluminaba.

Y después cambiabas de tema. Así que lo entiendo.

—Me mira como si me pidiese disculpas antes de que sus ojos descansen en las fotografías que me sacaron—.

Pero supongo que me pregunto: ¿tienes que ser tú la cara?

—Yo hago las entrevistas y los dibujos. Es mi voz. ¿No crees que sería raro no estar ahí?

—Quizá aumentase el misterio. Como con Dear Abby.

No creo que ninguno de nosotros crea que esa pequeña imagen que aparece en el periódico de verdad sea ella.

Probablemente haya cien personas distintas dándonos consejos en esas columnas.

—L’Wren se mira el regazo y después me mira—.

Diana, piensa en todas las madres de nuestro colegio que leen Vogue .

Y en realidad solo hace falta una para que todo el mundo empiece a chismorrear. Solo quiero que lo pienses.

—Lo estoy pensando. Lo pensaré. Te lo prometo.

—Vale. Y he cambiado de opinión. Sobre lo de contárselo a Oliver. No por el tema del cotilleo, sino porque, mira esto. Forma parte de tu vida. Es necesario que lo sepa.

—Gracias.

Bebe el último sorbo de café.

—¿Nos podemos ir ya?

—¿Sigues estando incómoda?

—En tu mesa hay vibradores de siete colores distintos.

Sigo su mirada hasta los prototipos, perfectamente alineados junto a mi ordenador portátil.

—¿Te gustaría probar uno?

—No, gracias. —Por primera vez hoy, sus mejillas se tiñen de rosa.

—¿L’Wren?

—¿Mmm?

—Has usado un vibrador alguna vez, ¿no?

Arruga la nariz.

—Siempre me aterrorizó que alguien lo encontrara. Como en las películas.

—Lo podrías guardar en un lugar seguro.

—Esas tiendas me intimidan.

—Cómpralo en internet.

—¿Con nombres raros que aparecen en los extractos de las tarjetas de crédito?

—¿Como «Amazon»?

—Vale, pero ¿qué me dices de mi algoritmo? —Profiere un suspiro—. Creo que eso no es para mí.

—Pero te has provocado un orgasmo, ¿no?

—¡Diana! Que te hayas convertido en una gurú del sexo no significa que se tenga que hablar de todo. Crecí en una casa en la que tratar estas cosas se consideraba impropio de una señorita.

—Pero tú siempre me has hablado de Kevin y de ti.

—Eso no era nada. Todos los detalles eran lo que sabemos todos: sexo programado.

—¿Hacía que te corrieras?

No contesta, se limita a fruncir los labios.

—Llévate el azul, por favor. Prométeme que lo probarás.

—No pienso llevarme un vibrador.

—Como favor personal. Considéralo una valiosa labor de investigación de un producto nuevo.

—Nunca, ¿vale? —Después, en un aparte teatral y con la vista clavada en la puerta, añade—: Nunca he tenido un orgasmo. No creo que sea capaz de tenerlo. No es lo mío. No forma parte de mi naturaleza.

—L’Wren...

—No. Lo sé, también crecí leyendo Cosmopolitan . Puede que solo necesite probar esto, puede que tu pareja no sepa cómo bla, bla, bla.

—¿Y con Arthur?

—Finjo. Para quitarle hierro al asunto.

Kirby llama a la puerta de mi despacho para preguntarme algo y L’Wren vuelve a relajarse en su asiento.

Le pido que me disculpe un momento y prometo llevarla a casa dentro de cinco minutos.

Cuando vuelvo a buscarla, cogemos nuestros respectivos bolsos y nos dirigimos hacia la puerta.

Vuelvo la cabeza y veo encantada que el vibrador azul ya no está en mi mesa.

Quiero que el sexo vuelva a ser divertido.

Quiero estar subida a una montaña rusa que está a punto de caer en picado a toda velocidad y tener a mi novio dentro de mí.

Quiero estar bailando toda la noche y desplomarme en la cama con la energía justa para follar.

Quiero que mi novio me lleve aparte en una fiesta para echar un polvo rápido en la habitación del anfitrión.

Solo quiero que el sexo vuelva a ser divertido.