La respuesta (Dirty Diana 3) 6 #2
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—Creo que estamos hablando de eliminar lo que precisamente podría ayudar a nuestras hijas. Un espacio seguro en el que aprender lo necesario del sexo. Por ejemplo, esas niñas de quinto ya están interesadas en averiguar cómo satisfacer a los chicos. Creo que este enfoque es un problema.

—¿Perdona? —Lorraine hace un gran esfuerzo por parecer confusa.

El cuello se me pone rojo al ver esa falsa confusión.

—No enseñarlas y mantenerlas desinformadas no ayudará a nuestras hijas.

A ver, probablemente todos los que estamos aquí oímos hablar de las bolas azules cuando estábamos en secundaria y pensamos que eran algo real.

—Se oyen risitas—. Por puro desconocimiento.

Yo diría que es importante que todo el mundo sepa cómo es su propio cuerpo antes de preocuparse tanto por adquirir experiencia. Y satisfacer a los chicos.

—Dios santo —masculla L’Wren.

—Estoy muy confundida. —Lorraine sacude su bob castaño—. ¿Vosotros estáis tan confundidos como yo? «Diana», ¿no?

—Sí.

—Diana, tu problema no es que estas niñas estuviesen hablando de un acto sexual que es imposible que entiendan, porque es evidente que son demasiado pequeñas, sino más bien que estuviesen hablando del acto sexual equivocado. ¿Lo he entendido bien?

—Por favor, siéntate. —L’Wren me tira de la falda cuando pasa otro ruidoso avión. Estoy segura de que L’Wren desea que aterrice encima de nosotros—. De esta no te podré salvar, Diana. Por favor...

—En definitiva... —Mi seguridad flaquea—. Voto no a quitar educación sexual del plan de estudios. Gracias por escucharme.

El resto de la reunión se desdibuja. Solo soy capaz de prestar atención al martilleo demasiado ruidoso de mi corazón en el pecho.

Más tarde, de camino al coche y cuando ya nadie nos puede oír, L’Wren empieza a echarme el sermón.

—¿Se puede saber en qué estabas pensando? Como si no fuera todo bastante duro ya. Como si no tuviésemos ya la sensación de que nada de lo que hacemos es suficiente y nada de lo que hagamos será suficiente nunca, y encima vas y te enemistas con Tracy Flick.

—Es ridículo. La reunión entera ha sido un despropósito.

—Diana, ya llevas bastante tiempo en este colegio, no te hagas la sorprendida.

—A salvo en mi coche, con las puertas cerradas, continúa—: El año pasado la asociación de padres intentó prohibir a Judy Blume en la biblioteca del colegio.

Y eso que ni siquiera escribe nada subido de tono.

Superfudge . Perdieron esa batalla, ¿te acuerdas?

Y también acabarán perdiendo esta. Pero no busques pelea en público con esa abusona.

Prométemelo. No con lo que... te traes entre manos.

—No estás de acuerdo con lo que estoy haciendo, ¿no?

—¡Ni siquiera sé lo que es! Con el secretismo que te traes, ¿recuerdas? Casi no me has contado nada.

En el semáforo en rojo, cuando debería girar a la derecha para ir a casa de L’Wren, le digo:

—Ven a las oficinas de Dirty Diana.

—¿Por qué?

—Tú ven conmigo. De visita.

—¿Y si no quiero?

—¿Quieres?

—Un poco sí.

Cuando entramos en las oficinas, L’Wren se tapa los ojos y pregunta:

—¿Está todo el mundo vestido?

Pero delante solo está Lou, que levanta la vista desde el mostrador de recepción con una expresión perpleja.

—Viene conmigo —me disculpo. Cojo de la mano a L’Wren y casi nos chocamos con Petra, que se marcha.

—Vaya, el momento oportuno —afirmo. Mientras las presento, ellas se estudian y se aceptan inmediatamente.

—Me encanta tu Birkin —alaba Petra.

—Y a mí el tuyo. No sabía que lo tenían en un azul tan bonito.

—No lo tienen.

No estoy acostumbrada a ver a L’Wren superada en ese ámbito, cosa que al parecer le resulta estimulante.

—No necesitas uno, cariño. Eres perfecta —le dice Petra. Acto seguido aprieta ligeramente el hombro a L’Wren y se va, dejando a L’Wren inquieta.

—¿Estaba flirteando conmigo?

—Un pelín. Pero también habla así. ¿Quieres ver el despacho de Liam?

—¿Tiene un despacho?

El espacio de Liam está ordenado, como de costumbre; hoy el único desbarajuste está sujeto a su tablero de corcho: un despliegue de heridas de silicona que hace él, además de un dedo cortado.

Levanta la vista al vernos en la puerta y sonríe.

—Lo tengo, sí.

—Qué ordenadito.

Liam me mira.

—Es una palabra en clave que significa «pequeño».

—No. Ordenado es ordenado. Me gusta.

—Gracias.

—Pero tú necesitas urgentemente cortarte el pelo.

—Ya estamos.

—Si te levantas antes de mediodía, te puedo coger cita con Stephan este sábado.

La mandíbula de Liam se tensa, y me cojo del brazo de L’Wren.

—Deja que te enseñe el resto del sitio...

—La llevo a ver la habitación insonorizada en la que grabo las entrevistas; la sala común, donde me gusta dibujar cerca de las grandes ventanas.

Le presento a Lynnie y Max y después Lou le pregunta si le apetece un café—.

¿Te enseño mi parte preferida? —Voy con ella a mi despacho, un lugar pequeño y soleado cerca de la parte de atrás.

—¿Qué es esto? —L’Wren se detiene delante de las numerosas fichas que tengo pegadas con celo a la pared.