La respuesta (Dirty Diana 3) 4 #2
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— ¿Sexy? —Ahora ha llegado Liam, y el equipo al completo está reunido alrededor de una mesa de vibradores.

Sé que no debería importarme, pero estar cerca de Liam me recuerda la punzada de dolor que me ha producido que no me haya contado que se casa.

Me sorprendo mirando de reojo el dedo anular de Kirby (cómo no, hay un anillo de compromiso) y me siento peor.

¿Cómo no me he dado cuenta?—. Nosotros sentimos debilidad por el púrpura —afirma Liam—. Ha sido la bomba, ¿no, Kirby?

—¿En serio? —Lo digo con más sarcasmo del que pretendía—. ¿Estás contando esto a tus compañeras? —Durante un segundo veo en los ojos de Liam que le ha dolido. He conseguido ponerlo en ridículo delante de todo el mundo.

—Bueno, no es que aquí vendamos biblias precisamente, ¿no? —Hace un gesto que abarca la oficina—. Así que... ¿sí?

—A mí no me molesta —asegura Kirby, pero la vergüenza ha teñido sus mejillas de un rosa vivo—. ¿Por qué iba a molestarme?

Petra cambia de tema.

—Creo que la marca Dirty Diana debería apostar por un vibrador. Puedes escuchar nuestras fantasías y hacer lo que te dé la gana en la intimidad de tu dormitorio. No hace falta un compañero para escuchar.

—Me gusta la idea de un vibrador Dirty Diana para parejas —objeto—. Parejas nuevas o parejas que están reconectando...

Petra suelta una risita.

—Lo pillamos. Has vuelto con Oliver.

—No hemos vuelto. En realidad no. No es solo por Oliver. Es por nuestra historia. Una historia de amor al revés.

—¿Qué tiene eso que ver con Dirty Diana y los vibradores?

—Yo soy Diana. Eso tiene que ver. —Me pongo como un tomate.

A la hora de comer llamo a la puerta de Liam, que está abierta, pero como tiene los auriculares puestos no me oye.

O al menos finge no hacerlo. Dentro la luz es tenue, pero todo está sorprendentemente ordenado.

La única nota discordante es una bolsa rasgada de Razzles con los caramelos desparramados por la mesa.

Liam descarta los amarillos y se come el resto mientras teclea.

Llamo otra vez y ahora levanta la vista. Se quita los cascos, tiene los rizos disparados hacia todas partes. Lo tomo como una invitación a pasar.

—Tengo que irme pronto, así que esta es tu única oportunidad de llevarme a Panchos. Prometo no volver a hablar del pelo que encontramos en la salsa la última vez. Nos vamos dentro de diez segundos o no volvemos.

Liam esboza una sonrisa forzada, pero coge las llaves. Al menos por ahora acepta el burrito que le ofrezco como disculpa satisfactoria.

—Deja que te lo cuente de forma que lo entiendas.

—Solo Liam es capaz de hacerse el macho condescendiente conmigo y cautivarme al mismo tiempo.

Antes incluso de que nos hayan servido la comida, me está soltando otra vez el rollo de por qué deberíamos intentar grabar un vídeo de una fantasía de Dirty Diana—.

Por ejemplo, digamos que Lululemon saca a la venta unos leggings especiales...

—¿Eso es lo que crees que soy? ¿Una madre Lululemon?

—Ahora mismo vas de Lululemon.

—Son de L’Wren. Me pongo lo que desecha.

—No te ofendas, D, pero reconócelo.

—Es verdad que duran siglos...

—Vale. Bien. Te pongo otro ejemplo: Tiny’s Milk el café son tus dibujos; el helado es la colaboración con el vibrador. Cuando los tiburones dejan de nadar, se mueren. Tenemos que seguir expandiéndonos.

—¿Los tiburones? ¿Es tu metáfora?

—Si quieres que sigamos creciendo...

—Estamos creciendo. A nuestros fans les encantan las fantasías.

—Y durante un tiempo la galleta con trocitos de chocolate fue suficiente para Tiny’s.

—Lo pensaré.

—¿En serio?

—Te lo prometo.

Analiza mi expresión hasta que le satisface ver que estoy diciendo la verdad.

—Bien. Ahora suéltalo. —Bebe un sorbo de agua—. Sé que me he metido en un lío.

—¿Por qué no me lo has contado?

No finge no saber de qué estoy hablando. Él nunca me haría eso.

—Justo después de que le pidiera a Kirby que se casara conmigo (y después de que superara el shock de que dijese que sí), una parte de mí pensó que sería mejor para ti, y para L’Wren, que se lo dijese primero a ella.

Vuestra amistad ha estado pisando un terreno algo raro, inestable, y pensé que tal vez si esta vez fuese ella la que tenía un secreto, algo que tú no supieses, quizá se sintiera poderosa y, no sé, más dispuesta a perdonarte.

—Oh. —Nuestro camarero nos trae té helado y bebo un sorbo largo y frío—. Mierda. Es un buen motivo. Perspicaz. —Lo miro con los ojos entornados, intentando decidir si está siendo completamente sincero—. ¿Demasiado perspicaz?

Me sostiene la mirada y sonríe, su alegría es desbordante.

—Ha funcionado, ¿no? Volvéis a ser uña y carne.

—¿L’Wren ya te ha llamado?

—Me mandó un mensaje para darme las gracias. Puede que invitarte a jugar al tenis fuera idea mía.

—Ah. Bueno, pues gracias. Pero... —Aliso la servilleta que tengo en el regazo—. Me da la sensación de que no me lo querías contar.

Liam exhala, larga y lentamente, se sopla los perfectos rizos castaños de la frente.

—Supongo que esa es la otra parte. Contarle a L’Wren que me había prometido fue fácil. Sé que Kirby le cae muy bien. Es un gran partido, y L’Wren sería la primera que lo pensaría, pero tú...

—A mí también me cae bien Kirby.

—Lo sé.

—Me habría alegrado por ti. Me alegro por ti.

—Pero...

—Ni peros ni nada. Si me lo hubieses contado, mi reacción habría sido perfectamente normal.

—Ajá. —Asiente despacio, como para decirme «continúa», así que continúo.

—Una reacción perfectamente normal, lo cual probablemente para la gente normal incluyese cierto grado de preocupación.

—¿Lo ves? Eso es lo que intentaba evitar.

—Liam. Lleváis poco tiempo saliendo. Los dos sois muy jóvenes. Ni siquiera habéis vivido solos nunca. —Pega un respingo, como si lo hubiese pellizcado—. A veces es difícil estar seguro cuando uno tiene todas esas cosas en contra.

Nuestra comida llega, y Liam se abalanza sobre su burrito. Traga un gran bocado antes de contestar:

—Estoy seguro. No se lo habría pedido si no estuviese seguro.

—Claro. Me refiero a que mira el castillo de naipes inestable que es mi relación con Oliver. Aunque creas que conoces a alguien, puede que no lo conozcas de verdad.

—Kirby y yo no tenemos secretos el uno con el otro.

Esta vez soy yo la que pega el respingo.

—Vale. Puede que no tengáis secretos, pero no sabes cómo reaccionará en situaciones importantes. El tiempo es el único que te lo podrá decir. Pasar tiempo juntos. En toda clase de situaciones. ¿Y si veis un accidente de coche y ella no quiere parar para ayudar porque llegáis tarde a algo o...?

—¿Debería haber esperado a que nos tropezáramos con un accidente de coche para pedirle que se casara conmigo?

Que Liam se ponga a la defensiva solo hace que yo me enroque más.

—No, Liam. Pero ni siquiera habéis vivido juntos aún.

—Estoy enamorado.

—Y eso no basta necesariamente.

—¿Desde cuándo eres tan poco romántica?

—No lo sé. —Pincho un poco de la aburrida y mustia ensalada que tengo en el plato—. ¿Pasa sin más?

—Me caes muy bien, Diana. Es evidente. Y no pretendo ser un capullo —aquí viene, y me lo merezco—, pero Kirby y yo no nos parecemos en nada a Oliver y a ti.

Aunque estaba preparada, el golpe me afecta.

—No he dicho que lo fuerais.

—Confiamos el uno en el otro. Hemos compartido traumas emocionales.

Pero a lo bestia. Lo sabe todo de la relación de mierda que tengo con mi madre y yo lo sé todo de su ansiedad y de todo lo que la atemoriza, como los pomerania y el sonido de un lavavajillas por la noche en una casa vacía.

—Ahora habla más deprisa, de manera enfática, sin coger aire—.

Y, sinceramente, en el fondo, si me imagino pasando por delante de un accidente de coche con ella, me importa una mierda que se pare o no se pare para ayudar.

O incluso que reduzca la velocidad o no.

Porque lo cierto es que mientras llame al 911, creo que nos irá bien.

—Pincha el burrito con un tenedor—. Y creo firmemente que llamaría al 911, ¿de acuerdo?