Capítulo 53 #2
—No —dijo Tait , moviéndose en su asiento, con los ojos abiertos de par en par—. Dioses.
Justo en el momento oportuno, el maestro de tierra golpeó un cuerno contra la mesa, atrayendo todas las miradas mientras se ponía de pie.
—Han sido meses difíciles —comenzó—. No tengo palabras para expresaros mi gratitud por estar a nuestro lado en la búsqueda de Livia .
—Sonrió a su hija y luego estudió su cuerno de cerveza—.
Si alguien me hubiera dicho que estaríamos sentados aquí con elfos marinos, con el rey eterno, sin derramamiento de sangre, habría pensado que estaba loco.
Pero he tenido el honor de luchar junto a personas que creía enemigas, solo para descubrir su devoción, sus lazos con su pueblo.
Los mismos lazos que corren por nosotros.
Me enorgullece estar sentado con todos vosotros.
Los cuernos resonaron sobre las mesas del salón, tan fuerte que no pude escuchar nada más.
Más tarde, mientras Livia iba de un lado a otro hablando con miembros de la realeza, me vi acorralado por la reina del pueblo de la Noche.
—Cantasangre.
—Reina. —Incliné el mentón.
La cabeza de Elise Ferus alcanzaba mi barbilla, pero cuando se plantó frente a mí, quise dar un paso atrás… hasta que su rostro se suavizó.
—Los has traído de vuelta a mí.
—Prometí que lo haría.
—Valen me contó todo. No se impresiona fácilmente en batalla, pero ha admitido más de una vez que no sabe cómo lograste mantener las espadas firmes en un barco que se movía tanto.
Me esforcé por parecer indiferente, pero fracasé cuando una sonrisa se extendió por mi rostro.
—Él ayudó a dar el golpe final.
A Elise pareció gustarle escuchar cómo luchaba su gente. No solo Livia , sino los demás herederos. Para la reina del pueblo de la Noche, ellos eran tan suyos como Livia y Rorik . Preguntó por la batalla, pero insistió más en los cambios en el Reino Eterno.
Sus ojos se tornaron vidriosos, anhelantes.
—Ojalá pudiera verlo algún día.
El Abismo siempre se interpondría entre ella y su pueblo. Hablaba del Eterno como si fuera su hogar, y, sin embargo, su madre nunca la vería en su trono, nunca la vería sentada a la cabeza de su propio consejo de elfos marinos.
Sorprendiéndome, Elise puso una mano sobre mi brazo y apretó.
—Me alegra que también hayas regresado a nosotros, rey eterno. Hay quienes aquí son mucho mejores gracias a ello.
Las palabras que Valen me había dicho aquel día que fui arrojado al mar resonaron en mi cabeza. Ciclos, guerra, odio…, todo había ocurrido para traernos a este momento, para convertir esas palabras en verdad. Asentí en silencio mientras la reina regresaba a la multitud.
—¿Esa corriente divide vuestros mundos?
Me sobresalté. Skadi , seguida de Tait , apareció en un umbral.
Vestía de manera sencilla: la mitad de su cabello recogido detrás de la cabeza con una tira de cuero, un vestido gris ceniza que le quedaba terrible, puesto que era dos tallas más grande de lo debido.
Estaba destinada a ser princesa, pero no actuaba como tal.
—Anda, pero si sabe hablar —dije, apartándome de ella, contento de observar a mi reina sonreír y reír hasta que echó la cabeza hacia atrás, exponiendo la garganta que planeaba lamer y morder en cuanto estuviéramos a solas.
—Hablo cuando hay algo interesante que decir. — Skadi se colocó a mi lado—. Escuché a la mortal…
—Ella es una reina, elfa.
—Y yo iba a llamarla «mortal de la realeza». —Por un momento, su rostro mostró un ligero destello de molestia. Ah, era capaz de sentir.
—Esa corriente es demasiado fuerte, ¿verdad? Mantiene a la madre de tu reina fuera de tu mundo.
—Sí —respondí con irritación, como si mis antiguos resentimientos hacia los elfos de la tierra necesitaran recaer sobre alguien nuevo.
La confianza es algo voluble, y aún no le había otorgado la mía. Hasta entonces, probablemente recibiría los bordes más afilados.
—Podría eliminarla —dijo ella.
Me congelé.
—¿Qué has dicho?
—Podría eliminar la corriente, dejando una barrera tranquila entre vuestros reinos.
—¿Cómo puedes eliminar el Abismo?
—De la misma manera que tomé tu vínculo.
—No hablaría con tanta ligereza del vínculo que robaste.
La elfa se encogió de hombros.
—Solo digo que el acto es el mismo, pero sin el dolor. La frontera entre los pueblos permanecerá, pero la violencia que fractura vuestros dos reinos está impulsada por algo del Otro Mundo. Se notaba cuando navegamos a través de ella.
Nunca me dijeron qué alimenta las aguas aplastantes del Abismo; simplemente sabía que existía. El comercio entre los elfos marinos y los de tierra no era algo insólito, pero era raro y se hacía usando hechizos e invocaciones.
Los elfos marinos siempre iban a los de tierra. Los elfos de la tierra —que yo supiera— nunca habían navegado hacia el Eterno desde que se formó el Abismo.
—Probablemente una bruja marina creó la barrera —determiné, más para mí que para Skadi . Si los marinos fueran los responsables de la violencia que divide nuestros mundos, tendría un poco más de sentido que los elfos de tierra nunca vinieran a nosotros.
—Quizá —dijo ella—. Importa poco, pero hay un poder que bulle en su interior, y eso es lo que puedo tomar.
—La frontera permanecería —repetí.
—Pero la violencia terminaría.
¿Sin Abismo? ¿Un muro entre mundos que había existido durante siglos?
—Explícame tu magia, elfa.
—Afinidad —me corrigió—. Igual que Arion usa el fuego o la luz para alcanzar y tomar objetos, yo hago lo mismo con la oscuridad.
—Él caminaba a través de la suya.
—Un talento que yo no poseo. — Skadi se apartó un mechón de cabello detrás de la oreja—. Arion puede caminar por la luz, dentro de ciertos límites. No puede recorrer largas distancias ni ir a un lugar que nunca ha visto antes. Debe visualizarlo en su mente.
Dioses, ojalá ese bastardo estuviera muerto.
— Livia dijo que conjuras cosas de esas brumas.
—No conjuro. Tomo. — Skadi observó las vigas del techo—. Si invocara mi afinidad, podría arrastrar hasta mí, a través de la bruma, ese cuerno de bebida, por ejemplo. —Señaló una mesa lejana.
Así fue como le robó la espada a Sander .
—No puedes simplemente tomar una corriente como el Abismo y ponerla en otro lugar.
—No. El poder que hay dentro se desvanecería en la bruma, moriría de algún modo. Puedo atraer la materia hacia mí, o puedo dejarla dentro de la oscuridad. Es el lado más lúgubre… o, en tu caso, útil.
—¿Dejarla dónde?
—No lo sé con exactitud. Algunos dicen que es el vacío de la creación.
Yo creo que la materia simplemente se convierte en polvo.
Es como cerrar una puerta. Puedo dejarla abierta hasta que aquello que invoco cruce hacia mí, o puedo encerrarlo bajo llave, fuera de la vista.
— Skadi inclinó la cabeza, con una expresión inquietantemente vacía en el rostro—.
Por eso es mejor que temáis mi afinidad.
Por eso jamás debería pertenecer a un hombre como Arion .
—No parece muy distinto de lo que dijo Eldirard .
—Él no entró en detalles. — Skadi me dedicó una sonrisa hueca—. Si quisiera, podría robar una vida: el latido físico de un corazón, el aliento que llena los pulmones. Lo tomo, luego lo encierro tras la oscuridad, y ahí… muere. Eso es lo que haré con cualquier poder que viva en ese Abismo tuyo.
«Mierda».
—¿Matas con esta bruma?
—Puedo hacerlo. Igual que tú, solo que de una forma distinta. — Skadi ocultó un bostezo con el dorso de la mano—. Estoy cansada de esta celebración. ¿Permitirías que tu tripulación me lleve de vuelta al barco para dormir?
No estaba seguro de haber asentido siquiera cuando se dio la vuelta.
—Piensa en lo que he dicho, rey del mar. Puedo matar este Abismo, y le devolverás a tu reina a su gente sin que eso conlleve perderte a ti.
No fue hasta que Sander , Narza y un alver del reino natal de los gemelos confirmaron que las afirmaciones de Skadi tenían fundamento cuando se tomó la decisión: al día siguiente, acabaríamos con el último muro que se alzaba entre nuestros pueblos.