Capítulo 32
La alondra
La ventana del estudio tenía vistas a la ciudad real. Tejados rojos, senderos empedrados serpenteantes y arcadas de piedra alrededor del mercado, que bullía de vida ahora que la Nave Eterna había regresado. Las familias se reunían y la vida continuaba a su ritmo.
La corona de sangre reposaba sobre la repisa de la chimenea del estudio, siguiéndonos allí donde Alistair sabía que estábamos durante el día.
Las olas violentas azotaban los bordes de la corona, moldeando sus picos.
Entrecerré los ojos, despreciando aún más al padre de Erik .
Thorvald sabía que había otro niño con su sangre; nunca dijo una palabra, nunca preparó a su hijo ni a su reino.
Claro que Thorvald había ordenado a su pequeño hijo matar a su propia madre. Qué tontería pensar que el hombre fuera capaz de algún afecto.
—Supongo que esto no fue obra de Cantasangre —dijo mi padre, materializándose a mi lado. Sus dedos recorrieron las esquinas de las ventanas, donde las enredaderas pintadas brillaban sobre el cristal.
— Alistair siempre ha sido, y sigue siendo, un crítico bastante severo. Me empeñé en pintar todo el palacio para ganarme un poco de su aprobación.
Daj dejó ca er la mano. Por un instante, estudió las enredaderas, el ceño fruncido, como si intentara descifrar un significado oculto entre las hojas.
—Nunca sabrás el alivio que es descubrir que mis temores sobre lo que estabas soportando no eran ciertos —dijo.
—Daj , sé q ue no hemos tenido mucho tiempo para hablar, pero debes entender que ya había hablado con Erik cuando atacó el fuerte. No fue del todo casual que me llevara. Al terminar la guerra fue capturado y yo…
—Ibas a su celda —interrumpió.
Mis palabras se entrecortaron.
—¿Te lo ha contado?
—No. Ya lo sabía. —Mi padre se sentó en el alféizar de la ventana, con los ojos oscuros brillando con un toque de travesura—.
Cuando fui a hablar con el joven rey tras la guerra, para intentar convencerlo de que no éramos enemigos, noté un pequeño pergamino que trataba de ocultar.
Había florituras en algunas de las letras.
—Dioses, pensé que había sido muy astuta, deslizando una nota entre los barrotes. Quería presentarme antes de hablar con él por primera vez.
—Tu madre y yo la vimos una noche y la interceptamos —dijo.
Incliné la cabeza.
—¿Por qué no dijiste nada?
—¿Por qué crees que insistí en que Cantasangre se quedara? —Mi padre se levantó y apoyó sus manos sobre mis hombros—. Sabía que ese joven rey me rompería el corazón, incluso entonces.
—No entiendo.
—Siempre he deseado que mis hijos experimenten un amor como el que tuve con tu madre. Pero eso no significa que quisiera que llegara ese día. Sabía que mi corazón se partiría cuando otro hombre se llevara el tuyo. Sentí ese dolor al mirar al chico con el que mi hija había entablado amistad.
Parpadeé, un poco atónita. Todo este tiempo, tanto mi madre como mi padre habían sabido que le leía cuentos a Erik , que existía entre nosotros una conexión inesperada.
—Sintiendo eso, ¿no te preocupaba que regresara?
Mi padre suspiró.
—Con el tiempo, ya no. Creía que las barreras contra los elfos marinos serían suficientes.
Imprudente por mi parte, considerando todo lo que he enfrentado en mi vida.
Debería haberlo imaginado —dijo, tomando mi mano y apretando mis dedos como solía hacer cuando era niña—.
Sabía reconocer los juegos de las Nornas , y tanto tu madre como yo percibimos algo entre el rey eterno y nuestra hija.
—¿Realmente le pediste a Erik que se quedara por mí? —pregunté, con un hilo de incredulidad.
—Haría cualquier cosa por tu felicidad. Siendo sincero, Liv , todos compartíamos la sensación de que Cantasangre había entrado en nuestro mundo con un propósito mayor.
Stieg se llevaba bien con el chico, y luego salvó a tu tío Tor .
—Mi padre hizo una pausa, un poco de reticencia asomando en su rostro—.
Creo que simplemente fui demasiado obstinado para admitir que era por ti.
Le devolví una media sonrisa.
—Podría fingir q ue Erik se arrepiente de lo que hizo, pero ambos sabemos que no es cierto. Aun así, Daj, quiero que sepas que nunca me hizo daño. Es extraño; quizá algunos lo vean como locura, enamorarse de un hombre que mintió y te arrebató tu vida…
—No es tan extraño —dijo mi padre, estudiando sus palmas ásperas—. Sabes de las maldiciones que me aquejaron una vez, pero no estoy seguro de haberte contado jamás los planes que tramé contra tu madre para romperlas.
—Creí que os conocisteis cuando negociabas sus votos con un mortal. Pero, en cambio, os enamorasteis.
—¿Y qué, Liv ? —dijo él—. ¿Crees que eso estaba permitido? El tío de tu madre era un rey tiránico que despreciaba a los elfos y a cualquiera que se saliera de sus planes.
Eso me arrancó una risa.
—Daj , ¿te llevaste a Maj para intercambiar vot os en contra de la orden de un rey?
—¿Jurarle votos? —Su expresión se volvió casi melancólica—.
Me tienes en demasiada estima, hija. Me la llevé para usarla, o al menos eso creía.
No fue exactamente como Cantasangre, pero engañé a tu madre, hice que confiara en mí, para luego revelarle que había puesto su fe en un enemigo que quería destruir su mundo.
Debería haberlo sabido desde el día que la conocí: ella sería quien desharía mi mundo.
Era extraño escuchar secretos de un amor que había admirado desde mis primeros recuerdos. Sabía que existían tensiones entre mortales y elfos mucho antes de que yo naciera, pero nada sobre mi padre engañando y mintiendo a mi madre. Nada acerca de su desprecio por su gente.
La puerta del estudio crujió al abrirse y chocar contra la pared. Mi corazón se hinchó al ver a Erik , sumido en una conversación con Sander , entrar acompañado de Gavyn y Aleksi.
—Solo digo que quizá entiendo cómo hemos llegado hasta aquí más de lo que crees —dijo mi padre, guiñándome un ojo—. Parece que empieza la reunión.
Los sofás de satén, el borde del escritorio pulido y unas cuantas sillas de patas estrechas estaban ocupados.
Tavish y su padre, un hombre al que Erik llamaba Torbellino, también estaban presentes.
Las sospechas de Erik sobre su relación con la señora Narza eran curiosas.
Al igual que con la confesión de mi padre, cuando todo esto terminara, cuando la sangre de Larsson manchara las arenas del Eterno, tendría muchas preguntas que desentrañar.
Erik alzó la mirada, y una sonrisa áspera curvó la cicatriz de su labio. Mientras Sander continuaba hablando, el rey se apartó bruscamente de su lado y avanzó hacia mí con paso decidido.
La punta de su dedo índice recorrió los contornos de mi clavícula.
—Lleva solo esto esta noche. Nada más.
—Serpiente, ¿debo recordarte que mi padre está en esta habitación?
—Alondra —susurró Erik en mi oído—. ¿Crees que no se ha dado cuenta de que compartimos cama?
Gruñó cuando mi codo se incrustó en sus costillas.
—Eres un demonio, Erik Cantasangre.
—Me ofende que lo notes ahora, amor.
Nos acomodamos en el sofá mientras Sander hojeaba lo que parecía ser un libro de fábulas para pequeños.
—¿Para qué es eso? —pregunté.
—Hay algunos mitos que involucran a los elfos.
Dibujos descoloridos mostraban una batalla mística entre nubes doradas y sombras oscuras. Guerreros con espadas tan largas como sus cuerpos estaban pintados en lados opuestos de un campo.
—Mi madre me leía este cuando era niño. — Gavyn señaló una página en la que la noche y el día colisionaban—.
Un cuento sobre una princesa del sol que huyó con un enemigo del pueblo de la Noche para poder estar juntos.
Se desataron batallas, pero al final su gente aceptó la unión.
Es uno de los pocos finales felices de la mitología élfica.
—Todas las sagas y mitos se moldean a partir de alguna verdad. Esta fábula, creo, es una historia sobre cómo se formaron los clanes élficos: luz y sombra. Encaja perfectamente.
Celine frunció el ceño.
—¿ Larsson es un elfo de luz?
Me encogí de hombros.
—Eso dijo él.
—Quiere la corona del Eterno —dijo mi daj, inclinándose sobre sus rodillas mientras recorría la habitación con la mirada—. Pero Liv dijo que aun así sus parientes elfos quieren enfrentarse a nosotros.
—Creo que es una costumbre —dije—. Arion , el príncipe elfo, insinuó que la victoria en una batalla es necesaria para reclamar su derecho de nacimiento.
—Entonces, ¿por qué tan protector con la mujer de las sombras? —preguntó Sander —. ¿No dijiste que parecía también atrapada?
—Los secretos que rodean a Skadi son vastos —admití—.
Larsson estaba menos interesado en ella, pero tenía cierto poder sobre ella gracias a su primo elfo.
—Mi pulso se aceleró hasta alcanzar un ritmo frenético—.
Hay algo en esa isla que mantiene a Skadi sumisa y a Arion comprometido con la victoria de Larsson .
Antes de que se le ordenara ayudar a romper el vínculo del corazón, Skadi le dijo a Arion que había violado algún tipo de acuerdo.
—¿No tienes idea de qué podría ser? —preguntó Erik .
Me froté el puente de la nariz.
—No. Pero Skadi estaba furiosa con él y con Larsson . Se opuso a la ruptura del vínculo, trató de hacer que se detuvieran cuando vio cómo él… me rasgó la piel.
Erik tomó mi mano, pero no pude evitar notar cómo se llevaba la otra mano al pecho.
Entrecerré los ojos, con un dolor fantasma en el corazón.
— Skadi estaba asustada por tener que robar el vínculo mediante el dolor.
—Debe ser poderosa si puede arrebatar un vínculo a través de la sangre —dijo Sander , con voz acelerada por la excitación.
—Creo que es más bien que puede extraer la materia —dije—. Al menos, así lo expresó ella. Dijo que la magia, por mística que sea, sigue teniendo una dimensión física. Un residuo que puede encontrar… y arrancar.
—Interesante —murmuró alguien—. Dijiste que fue, en cierto modo, amable contigo, ¿no?
—Lo fue, pero algo cambió. Era como si estuviera perdida dentro de sí misma, más fría, distante. No supe mucho más después de eso porque Gavyn me encontró. —Me puse de pie de golpe y comencé a pasearme por la estancia.
— Liv —dijo Mira, extendiendo un brazo hacia mí, con una sonrisa suave—. ¿Qué es lo que te inquieta?
— Skadi es importante tanto para Larsson como para Arion . Puede que no sea una pieza vital en esta batalla por el Eterno, pero necesitan su magia. Es oscura, casi como la de vuestro daj.
Miré a Jonas y a Sander . Su padre estaba hecho de sombras cuando se sumergía por completo en su poder.
Un silencio cargado de melancolía se adueñó de la estancia. Volví a sentarme junto al rey. Erik estrechó mi mano y, de vez en cuando, deslizó el pulgar sobre mis nudillos, como si aquel gesto le sirviera para calmarse.
—Necesitamos averiguar de qué recursos dispone Larsson —dijo Aleksi—, ya sea a través de esa mujer, del príncipe elfo o incluso de la bruja del mar.
Tavish había guardado silencio durante casi toda la conversación, pero entonces se aclaró la garganta. Sus dedos repiquetearon con nerviosismo sobre los muslos.
—¿Y si intentáramos parlamentar con ese bastardo?
Erik entornó los ojos.
—No sé de qué demonios hablas, Tavish . No voy a sentarme a negociar con Guardahuesos. La próxima vez que nos crucemos, será con mi hoja en su garganta.
—Podría servir para entrever sus planes —insistió Tavish —. Provocarlo un poco, herir su orgullo, obligarlo a venir a por ti… y así poner fin a esta maldita guerra.
— Larsson quiere a Erik muerto —intervine con brusquedad—. No aceptará ningún encuentro pacífico.
—Ah, pero hay formas de conectar dos mentes, mi reina —dijo Tavish —. Se reuniría con él sin posibilidad alguna de ser herido.
—Por los dioses. —Los ojos de Gavyn se abrieron de golpe—. Hablas de Atrapamentes.
—Mierda —maldijo Erik y se puso en pie—. Avaline .
—¿Qué pasa? —Tiré de su muñeca—. ¿Quién es Avaline ?
Los ojos de Erik se incendiaron; brasas sobre dorado.
—La hija de Joron .
—¿Y por qué necesitamos a esta niña, chica o mujer? —preguntó Jonas .
—Mujer. — Erik se pasó las manos por la cara—. Tiene una voz del mar poco común.
—Es una bruja del mar poderosa —dijo Tavish con amargura—. Joron se jacta de que las voces de su casa son siervas de la marea, no brujas. Aun así, se niega a dejar que su hija trabaje su voz en la Casa de las Brumas. Se la guarda para él y rara vez la deja ver la luz del día.
—Atrapamentes. —Paladeé la palabra—. Entonces, ¿tiene una habilidad parecida a la de Tait , que lee corazones?
—Algo así —dijo Tavish —. Sus poderes permiten tomar el control de la mente de otro. Algo aterrador si te paras a pensarlo.
—No tengo duda de que Joron ha usado a esta chica para colarse en una o dos mentes —dijo Erik —. Es famoso por creer que todo el mundo quiere matarlo.
—Ha mantenido a la chica oculta en su propia casa —dijo Tavish —, pero ella podría establecer una conexión entre Erik y Guardahuesos. Comparten sangre; así es mucho más fácil. De lo contrario, necesitaríamos un poco de pelo, piel, un ojo, algo de la persona en cuya mente queremos infiltrarnos.
Dioses sangrientos.
—Tiene un precio —dijo Erik —. Su voz puede conectar dos mentes, pero no siempre es fácil traerlas de vuelta.
—No. —Alcé una mano—. No, no nos arriesgaremos a que te quedes atrapado en la mente de Larsson .
—Necesitaremos un ancla —dijo Tavish —. Pero estoy seguro de que podríamos conseguirla.
Me giré hacia Erik cuando guardó silencio, mientras le acariciaba la barbilla con los dedos.
—No puedes estar pensando en serio en arriesgarte así.
—Si queremos saber a lo que nos enfrentamos con Larsson , sí.
—Acabo de recuperarte —susurré.
—Y no volverás a perderme —respondió él.
La guerra siempre era un riesgo, y la odiaba. Me invadían las ganas de patalear, de gritar, de negarme. Cerré los ojos y apoyé la frente contra la de Erik .
—Si no cumples esa promesa, te mataré, Serpiente.
—Entendido, amor —dijo, besando el dorso de mis nudillos.
—Aún nos queda el problema de que Joron jamás permitirá que nos acerquemos a Avaline —murmuró Tait .
—Lo sé —reconoció Erik , con la voz áspera—. Y precisamente por eso creo que ha llegado el momento de que el señor Joron rinda cuentas ante su rey.