La reina eterna (Los mares eternos 2) Capítulo 9 #3
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Capítulo 9 #3

—Vamos al mar, Caminacorazones —respondió Aleksi.

El príncipe Sander tenía unos dedos hábiles. Nada que hubiera esperado de él. Mientras que su hermano era dominante y brutal, Sander parecía callado, perdido en sus propios pensamientos. Claro que, a menudo, quienes pasan demasiado tiempo reflexionando son los más astutos.

Introdujo una ganzúa de hueso de ballena en el candado de los grilletes de Tait . No pasaron tres respiraciones antes de que se oyera un chasquido. Tait se libró de las cadenas a toda prisa y se incorporó, tropezando con una tabla levantada del suelo, directo contra la princesa Mira.

Ella lo apartó de un empujón.

—Cuidado con esas manos, elfos del mar.

Tait soltó un siseo suave antes de colocarse a mi lado.

—¿Estás herido?

—No.

—¿Y el vínculo?

Sentí la mandíbula tensarse.

—Perdido. Solo hay vacío.

Un destello de furia encendió los ojos color carmesí de Tait .

—Pagará por esto.

—Sí. Lo hará.

—Rápido —apremió Aleksi—. Mira, cúbrenos otra vez.

La princesa inhaló profundamente antes de que abandonáramos el refugio.

Una niebla espesa nos envolvía, nada más que un presagio de tormenta llenando las grietas y pasadizos de la fortaleza de los elfos de la tierra.

Sentí curiosidad por la magia élfica, pero relegué todas mis preguntas para Livia .

Pronto me lo explicaría todo, envuelta en mis brazos. Preferiblemente desnuda. En nuestra cama.

Fuera del cobertizo, Jonas había dejado a la guardia sin aliento, jadeando su nombre, las manos de él dentro de los pantalones de cuero de ella. Nosotros aguardábamos agazapados tras los muros, a la espera de que su voz grave emitiera una breve despedida y la risa aguda de la mujer la siguiera.

Regresó con nosotros con el cabello revuelto y el kohl corrido por el rostro.

—¿Y bien? —Recibió la capa que su hermano le tendió y dirigió una mirada a Tait —. Ah, parece que ha funcionado.

Mira estudió el rostro de Tait con tal intensidad que él acabó por apartarse.

—¿Qué pasa, mujer?

—Quédate quieto —ordenó ella con impaciencia—. Estoy recreando tus facciones. Edda vendrá dentro de unos instantes para comprobar que sigues encadenado, y más te vale estarlo el tiempo suficiente para darnos ventaja.

—Mira tiene un talento excepcional para reproducir el aspecto de alguien —explicó Aleksi—. Pero todo resulta más sencillo y convincente si memoriza tu rostro antes.

Más retrasos. Cerré los ojos y contuve la ansiedad que me devoraba, ese impulso feroz de avanzar, de salir por fin de estas murallas.

Al cabo de un momento, la princesa asintió a Aleksi.

—Debería aguantar hasta que hayamos partido.

—Maravilloso —dijo Jonas —. ¿Nadie va a elogiar mi talento?

—No —replicó Sander —. No ha habido nada extraordinario en tus payasadas de siempre.

—Mi propio hermano. — Jonas chasqueó la lengua—. La próxima vez te tocará seducir a ti, Sander . Podrás dormirlos contándoles tu última lectura apasionante.

Aceleramos el paso hacia las puertas exteriores. Ignoré el dolor que me recorría los huesos y me agaché cuando los herederos ordenaron hacerlo, corrí cuando ordenaron correr… hasta que alcanzamos el mismo acantilado por el que me había precipitado con Livia .

Por los dioses, parecía que hubiera sido hace una vida.

—Le advertí a la reina Elise que el Abismo probablemente la mataría. —Señalé a los príncipes gemelos—. Y vosotros, siendo mortales, deberíais quedaros atrás.

Los ojos de Jonas se oscurecieron, como si la noche devorara el verde y no dejara rastro alguno.

—Perdona, ¿el Cantasangre acaba de llamarme mortal? ¿Es que no ha visto nuestros ojos? —Se volvió hacia Sander —. ¿No está funcionando?

—No sois elfos. —Sus orejas tenían la forma redondeada y roma, al igual que las de la reina del pueblo de la Noche.

—Ah, claro —bufó Jonas —. Como nuestras orejas no llaman la atención, ¿ya nos das por mortales? —Alzó ambas manos frente a sus ojos oscurecidos por el kohl—. Dime, rey eterno, ¿te parece que no tengo magia en la sangre?

—Se llaman alvers —aclaró Aleksi—. Son parientes de los elfos, y son muy sensibles con respecto a sus orejas, por si no lo habías notado.

Les hice un gesto para que se apartaran.

—De acuerdo. Si decidís seguirme, vuestras vidas quedan en vuestras propias manos. No pienso perder tiempo protegiendo cuellos reales en el Eterno.

—Sabemos perfectamente a lo que nos enfrentamos, maldito necio —replicó Mira, cruzándose de brazos con el ceño hundido—. Alek nos explicó bastante, pero todos recordamos el poder de los elfos del mar cuando atacaron. Cuando tú atacaste.

Enseñé los dientes y me asomé por el borde del acantilado. Las trompas estallaron desde la fortaleza.

—Se terminó el tiempo —advirtió Aleksi—. Nos han descubierto. O partimos ahora o acabaremos todos en las mazmorras.

—Tras de mí. —No desperdicié un solo aliento más; me dejé caer hacia atrás desde el saliente. Con los ojos cerrados y los brazos abiertos, invoqué al mar.

Las aguas frías recibieron mi caída, y entre las sombras de las corrientes oscuras, velas carmesíes emergieron desde el fondo del océano para llevarnos a casa.