CAPÍTULO 26 #3
Vestía unos harapos aún peores que los suyos. Estaba tan delgada que los huesos parecían empujar la piel desde dentro. El cabello, largo, lacio y completamente empapado, le caía sobre el rostro amarillento como un puñado de algas negras.
Permaneció inmóvil unos instantes.
La cabeza comenzó a inclinarse lentamente hacia un lado, como si intentara comprender qué era aquella pequeña embarcación que acababa de aparecer frente al puerto.
Después comenzó a avanzar hacia ellos.
Al principio lo hizo con una torpeza que resultaba grotesca. Los brazos colgaban desacompasados, las piernas parecían incapaces de sostener el cuerpo y cada zancada amenazaba con terminar en una caída. Sin embargo, poco a poco fue ganando velocidad hasta lanzarse a la carrera.
Siguió corriendo incluso cuando el muelle desapareció bajo sus pies.
Su cuerpo desapareció de golpe entre una enorme salpicadura de agua.
Durante unos segundos el puerto se llenó de chapoteos violentos, gruñidos ahogados y manotazos desesperados que agitaban la superficie lodosa.
Después llegó el silencio.
El infectado no volvió a emerger, pero el estruendo había servido para despertar la atención del resto.
Uno tras otro, varios cuerpos comenzaron a girarse hacia la lancha. Por si fuera poco, más infectados comenzaron a aparecer procedentes del edificio principal del club náutico.
—Tenemos que irnos —murmuró Jason.
Cody no respondió.
Seguía inmóvil, con la mirada clavada en los dos veleros que taponaban la bocana del puerto.
No parecía estar viendo aquellas embarcaciones.
Parecía contemplar cómo la última puerta que aún permanecía abierta acababa de cerrarse delante de sus ojos.
Le costó varios segundos sacar a Cody de aquel estado de abatimiento.
Cuando por fin reaccionó, lo hizo como un anciano al que acabaran de comunicar que ya no le quedaba nada por lo que seguir viviendo.
Se dejó caer pesadamente sobre el suelo de lona y permaneció allí, con la mirada perdida en los dos veleros, sin tan siquiera hacer caso a los infectados que empezaban a interesarse en su presencia.
—Tenemos que seguir —dijo Jason con suavidad.
Cody no respondió.
—No podemos rendirnos ahora.
El rubio soltó una risa tan breve como amarga.
—¿Seguir hacia dónde?
Jason guardó silencio.
—No queda ningún sitio al que ir —añadió.
Aquellas palabras pesaban mucho más que el cansancio acumulado durante la noche. No eran una queja. Eran una rendición.
Jason desvió la vista hacia Faith.
Seguía inmóvil bajo la lona, respirando con una dificultad que resultaba angustiosa incluso desde aquella distancia.
—Hazlo por ella.
Cody cerró los ojos durante unos segundos.
Después soltó un largo suspiro, recuperó el remo y volvió a hundirlo en el agua sin decir una sola palabra.
La neumática abandonó lentamente la entrada del puerto deportivo y continuó bordeando la costa hasta internarse en la dársena industrial.
El enorme carguero que habían divisado desde lejos fue creciendo a cada palada, convirtiéndose poco a poco en una auténtica montaña de acero oxidado que eclipsaba el cielo.
A sus pies flotaban tablones, bidones, cabos, neumáticos y algún cadáver tan descompuesto que el agua apenas lograba disimular el hedor dulzón que desprendía.
El olor en aquella zona era mucho más fuerte, rayando lo insoportable.
Rodearon la inmensa mole aprovechando su sombra y fue entonces cuando lo vieron.
Amarrado junto a los grandes silos de grano descansaba un barco de recreo a motor.
Pintado de blanco, con una elegante línea azul cruzando todo el casco.
Precioso.
Ni demasiado grande ni demasiado pequeño.
Perfecto.
Blue Belle .
Así se llamaba su esperanza de salir con vida.
Pero no iba a ser tan fácil.
Había un hombre a bordo.
Vestía uniforme militar y una máscara antigás ocultaba por completo su rostro. Permanecía de pie junto a la borda, observando tan atentamente el muelle que no se había percatado todavía de la presencia de la neumática.
Jason se incorporó y abrió la boca para llamarlo.
No llegó a pronunciar una sola palabra.
Cody lo agarró del antebrazo y lo obligó a sentarse de un tirón.
Negó con la cabeza varias veces, mirándole fijamente con aquellos ojos gélidos que había visto por primera vez hacía pocas horas, en aquella habitación de la casa azul.
Después desenvainó el cuchillo.
—Espera… No puedes…
—Va armado.
Jason volvió a mirar hacia el Blue Belle .
Cody tenía razón.
No se había percatado de que empuñaba lo que parecía ser una pistola.
Si los descubría, el destino de los tres dependería por completo de la buena voluntad de un desconocido armado. Y, en aquel mundo, la bondad era un bien bastante escaso.
Jason volvió a tomar asiento sin decir nada.
Cody dejó el remo, comenzó a descalzarse y deslizó una pierna por la borda dispuesto a meterse en el agua.
Fue entonces cuando un estampido seco retumbó a lo lejos.
Un disparo de escopeta.
Los dos se quedaron inmóviles mientras cientos de gaviotas levantaban el vuelo entre chillidos desde los tejados y los muelles.
El eco todavía rebotaba entre los silos cuando una segunda detonación volvió a romper el silencio del puerto. En aquella ocasión, las gaviotas siguieron a lo suyo.
Cody sacó la pierna del agua y volvió a sentarse.