17.
¿CÓMO HE PODIDO CAGARLA TANTO EN UN SEGUNDO?
En parte, ha sido por orgullo. No quería darle a mi hermano el gusto de tener razón y no me he parado a pensar en lo que hacía ni a quién estaba contestando.
Me grito mentalmente que soy imbécil.
¿Ahora qué hago?
Me apetece quedar con Pedro, no con David. Me sorprendo pensándolo con sus nombres de verdad. Ya no son un pulpo ni un superhéroe. Son personas.
Esa sería otra que me podría soltar mi hermano ahora y por eso me viene a la cabeza, porque le gusta imitar a un político que tuvo un lapsus en televisión y dijo: somos sentimientos y tenemos seres humanos.
Nando suele añadir que errar es humano y perdonar divino, pero que el no es ningún dios y no perdona. Sin embargo, es él el que llama a la puerta del baño.
A mí me ha dado un ataque de pánico por lo del mensaje al pulpo y Nando cree que he salido corriendo por culpa de nuestra discusión. Creo que no le voy a sacar de ese error y es un comportamiento muy humano por mi parte; mezquino, pero humano.
—¿Ana, estás bien?
No contesto.
—Hermanita...
Otro par de golpes a la puerta.
—¿Estás llorando o algo?
Miro al techo.
—No, me estoy cagando en todo porque soy idiota.
Silencio.
—No eres idiota.
Resoplo y le escucho resoplar a él también.
—Déjame un minuto, ¿vale?
—Vale.
No se mueve. No le escucho, aunque no he oído sus pasos alejándose por el pasillo, así que sigue al otro lado de la puerta.
Cinco segundos.
Diez.
Quince.
Tres minutos.
—¿Sigues ahí? —pregunto, algo más calmada.
—Sí… Oye, perdona por gritarte. Es que...
No termina la frase.
—Es que… ¿qué?
Lo imagino rascándose la nuca.
—Solo... —Suspira y al fin confiesa—: Yo solo quiero protegerte.
Sonrío sin querer, con sorna.
—¿Protegerme? ¿De qué?
Vuelve a resoplar y su voz suena ahogada:
—De tipos como yo.
Abro mucho los ojos, no esperaba esa respuesta. No esperaba un alarde de cruda sinceridad por su parte y me desarma. Me pongo de pie y apoyo la frente en la puerta.
—Tú eres un buen tipo, Nando. Eres un buen sentimiento y tienes personas —trato de bromear en su línea, aunque no me sale tan bien como lo había imaginado.
Escucho un golpecito sordo e imagino que ha apoyado la frente en la puerta igual que yo.
—Lo que tengo es una hermana muy pesada —dice, riéndose sin fuerzas, y que me llame hermana y no hermanita me puede por un momento, hasta que concluye—: Joder, Ana, es que eres demasiado buena y no quiero que la hagan daño. Ya estoy mayor para ir soltando hostias como en el instituto…
Eso ha sido un golpe bajo, pero lo encajo y no se lo tengo en cuenta.
Perdí la virginidad con uno de sus amigos, cuando yo tenía quince años.
Empezamos a enrollarnos en una fiesta y pasó, sin más.
Él se lo contó a todo el mundo como a los diez minutos de que pasase y mi hermano, en cuanto se enteró, no tardó ni un minuto en ir a por él y partirle la boca. Literalmente, le dejó mellado.
—No soy tan tonta como crees. Deja de tratarme como a una niña —gruño, hastiada.
—Deja de portarte como una —contrataca.
Sé que vamos a discutir otra vez y sé que no tiene sentido, que él no va a cambiar y no le voy a convencer de nada. Así que, sin decirlo en voz alta, decido perdonarnos a los dos y dejarlo correr.
—Si seguimos así —mascullo—, va a parecer que de verdad estamos discutiendo por la herencia.
Quito el pestillo, abro la puerta y nos miramos a la cara. Nando da un paso atrás para dejarme salir.
—Es mejor que parezca que estamos discutiendo por la herencia —conviene mi hermano, con media sonrisa—. Les puedes decir que te quiero cobrar un alquiler por tener todas esas cajas en el almacén.
Paso a su lado y le doy un codazo suave en las costillas.
—Si me subes el sueldo trescientos pavos, te pago cincuenta por protegerme… a mí y mis cajas.
Su sonrisa se vuelve inmensa.
—Tienes razón, no eres tonta para nada.
Cruzamos juntos el pasillo y llegamos al comedor juntos, bromeando como si no hubiese pasado nada.
Nos sentamos a la mesa con nuestros padres, que parecen aliviados de vernos llegar de buen rollo y se sorprenden al escuchar a mi hermano decir que se está planteando negociar un posible aumento de sueldo con la mejor cocinera del barrio.
Los cuatro terminamos hablando de la herencia de un modo muy natural, como si no tuviese la menor importancia. De la misma manera, como si fuese algo insignificante, le confirmo al pulpo que tenemos una cita el próximo sábado.
No puedo decirle que he cambiado de idea o que el mensaje no era para él, a mí no me gustaría que me hiciesen algo así. Tengo conciencia y no voy pisoteando los sentimientos de la gente como si no lo hubiese visto colocarse debajo de mi pie.
El pulpo me vuelve a escribir y le digo que ya no puedo hablar porque estoy de comida familiar y tengo mucho lío.
Le digo exactamente lo mismo a Din y me tomo el día libre virtualmente. Hannah Mojama está de vacaciones mentales y la isla se queda fuera del mapa por hoy.
No entro en Ancla2, pero con el puñetero modo Cupido las notificaciones no paran de llegarme. Mi perfil está más concurrido que nunca y me da lo mismo, no presto atención a los visitantes que me llegan, ni siquiera a los que me recomienda mi coco por tener un alto porcentaje de afinidad.
Ya tengo bastante con Superheterodino y David Jones , encontrar tiempo para conocer a alguien más o creer que voy a conocer a alguien mejor porque sea más afín me parece tan difícil como que me toque lo del crucero.
Wilson me informa de los avances del sorteo y, aunque se muestra cada vez más positivo al respecto, lo cierto es que las posibilidades de ganar menguan a medida que el número de participantes crece.
No me va a tocar nada porque la suerte no ha sido algo que me haya favorecido nunca, pero fantaseo con la idea y me imagino a bordo del crucero, asomada a la máscara de proa y surcando los mares como en la película de Titanic , en esa escena en la que él la sujeta por la espalda y ella siente que vuela sobre el mar.
En La Guía del Autoestopista Galáctico se dice que para volar uno solo tiene que tirarse contra el suelo, con la intención de estrellarse, pero fallando estrepitosamente.
Siempre me gustó ese modo irónico de ver las cosas; en cierto modo, que me tocase un camarote en el crucero sería como salir volando cuando yo había apuntado para darme de bruces y dejarme los morros.
Me he apuntado al sorteo por error.
Es una fantasía.
No voy a ganar nada, esas cosas no me pasan.
Lo de caerme sí y bastante a menudo.
Entretanto, los días van cayendo también y se acerca la cita del sábado.
Durante esta semana, apenas he hablado con el pulpo y tengo una mala sensación.
No sé si es de los que hacen love bombing y se lo curran a tope hasta que consiguen un sí y, como yo ya he cedido y vamos a quedar, me ha escrito tres veces para decirme que tenía mucho trabajo en la comisaría.
La verdad, me ha dado igual porque yo tenía más ganas de hablar con Din y no solo para entretenerme en los ratos libres, es que he sacado tiempo para poder hablar con él y nos hemos dado las buenas noches todos los días, a las tantas de la mañana.
No hemos vuelto a hacer sexting , pero tampoco nos hemos hecho ghosting , así que estamos bien. Iremos a tomar café algún día y, si no hemos puesto fecha todavía, es porque no me parece bien quedar con dos hombres casi a la vez.
Mi hermano dice que soy idiota por pensar así y yo creo que debo de serlo solo por habérselo contado.
Primero lo hablé por teléfono con Soraya, que está de vacaciones con su familia en la playa, y ella fue la que me convenció de que se lo contase a mi hermano porque entiende más de ligoteos y porque si voy a quedar con un desconocido, es mejor que alguien que esté cerca lo sepa y Soraya está a tres horas de coche.
Nando dice que los hombres cazan y las mujeres pescan, por lo que yo solo tengo que armarme de paciencia y sentarme a esperar donde se me vea bien, porque los tíos son como los peces: hay muchos y seguro que alguno va a picar más tarde o más temprano.
Sin embargo, para él ligar es como cazar y es un arte que precisa de todo tipo de trampas y reclamos.
Me da vergüenza ajena escucharle.
Me quita las ganas de quedar con el pulpo, incluso con Din.
Mi hermano insiste en que me deje de remilgos y me tire a la piscina con los dos y luego elija cuál me gusta más. Por lo visto, él dispara virtualmente a todo lo que se mueve y si hay match, elige después y hace doblete y triplete cuando se puede.
Nando se cree el rey del mambo y cada vez tengo más claro que, por dentro, no nos parecemos en nada.
Yo soy la Reina de los Mares, tiro mi pañuelo al suelo y lo vuelvo a recoger, sí, pero solo tiro un pañuelo y no dos… y mucho menos a la vez.
Con cada uno tengo una situación distinta y me comunico de una manera distinta también: escribiéndome mensajes cortitos con el pulpo e intercambiando audios muy largos con Din.
Con los mensajes de texto tengo configurado el repiqueteo de una gota y para los de audio el soplido del viento.
Conozco muy bien el resto de soniquetes que emite la aplicación; por eso, al llegar el viernes por la tarde, cuando de mi teléfono móvil sale un estruendo de trompetas celestiales, me sobresalto tanto que se me cae una taza de las manos, rompiéndose en tres trozos junto a mis pies.
Yo no tengo seleccionado ese sonido triunfal para ninguna notificación y resulta ser la alarma que Ancla2 utiliza para el sorteo de los pasajes.
—El recuento de inscripciones ha cerrado oficialmente y en breve se anunciarán los ganadores —anuncia Wilson—. La probabilidad de que seas una de las seleccionadas es baja, Hannah Mojama , pero no pierdas la esperanza.
—No la puedo perder porque nunca la he tenido.
—Eso es imposible, la esperanza es un sentimiento inherente al ser humano. ¿No se suele decir que es lo último que se pierde?
—A no ser que la última sea yo siempre, que pierdo en todo.
Mi coco me regaña, con su tono de sabiondo:
—¡Podrías probar a decir en voz alta que esta vez será diferente para atraer las buenas vibras!