15.
Recibo su respuesta, pero no la escucho enseguida.
Mi madre acaba de terminar de ducharse y entra en la cocina, para empezar a preparar la comida, aunque yo ya he dejado el segundo hecho.
No quiero que ella me escuche hablando con Din y no sé dónde esconderme porque mi cuarto, reconvertido en gimnasio, tiene mucho eco a falta de muebles, así que decido darme una ducha yo también.
El baño está al final del pasillo y es la zona más alejada de la cocina, espero que sea suficiente y que mi madre no sea tan cotilla de pegar la oreja a la puerta.
Me voy hablando con Wilson sobre el precio del Euribor, para disimular.
En verdad, me vendría bien una ducha fría con la subida de temperatura que ha tenido la conversación con Din.
Me meto en el baño y escucho su mensaje mientras abro el grifo del agua a tope.
—Me encantaría saber exactamente qué te gustaría hacer conmigo, señorita Mojama.
Sabía que diría algo así, me lo pienso un segundo y le contesto, sin arriesgarme.
—A mí me gustaría saber qué crees que me apetecería hacer.
Él se ríe, con fastidio.
—Si te lo digo, igual sí que me bloqueas.
—Prueba.
Me da tiempo a desnudarme y a meterme en la ducha. Dejo el móvil en la repisa, entre las botellas de gel, que es donde lo suelo poner para escuchar música porque está a salvo del agua.
Cuando abro su respuesta, Din toma aire y luego suelta de golpe un montón de frases seguidas, en su estilo.
—Creo que te apetecería quedar en una cafetería, discutir conmigo durante horas sobre libros y películas, reírte de mis chistes malos, hacer chistes malos de los tuyos, oírme decir lo mucho que me gustas y dejarme con las ganas de saber si yo te gusto y qué más quieres hacer conmigo…
aunque yo voy a imaginármelo luego y tú también, cuando los dos estemos cada uno en nuestra cama esta noche, sin poder dormir...
He sido sincero al cien por cien, asquerosamente sincero, ¿me vas a bloquear?
—No, ni modo, ya te lo he dicho. Solo voy a ser muy sincera yo también, asquerosamente sincera. ¿Oyes el ruido de la ducha? Estoy duchándome porque yo no voy a esperar a meterme en la cama, estoy pensando ahora mismo en todas las cosas que me gustaría hacer contigo.
Me lanzo y ni me lo pienso.
La conversación ya no es solo íntima, es… otra cosa.
Fluye caliente y viva, transparente como el agua.
Es como si acabáramos de acercarnos al máximo el uno al otro sin movernos de nuestro sitio.
—¿Eres de verdad? —pregunta, descreído—.
Me parece que Ancla2 me va a decir en cualquier momento que no eres real y que necesito pagar por seguir escuchándote…
Llevo tiempo temiendo que mi señorita Mojama sea un modo nuevo de novia virtual de fantasía suprema, que la app me esté usando de conejillo de indias, porque le he dado tantos permisos que ahora puede hacer conmigo lo que quiera…
¿Estoy diciendo que tú también puedes hacer conmigo lo que quieras?
Mierda, creo que sí puedes... porque me gustas mucho.
Cierro los ojos un momento, sonriendo a tope, me encanta escucharle decir que le gusto.
Respira, Ana.
Respira y no tragues agua.
—A mí también me gustas —afirmo, al fin, intentando que la voz no me tiemble.
—Ojalá pudiera verte… Me conformaré con oírte e imaginar lo que estás haciendo en la ducha.
Me tapo la boca con una mano y se me escapa una risa nerviosa.
—Yo te cuento lo que estoy haciendo: estoy ordenándole a mi coco que envíe los mensajes por mí, porque tengo las manos demasiado húmedas y ocupadas como para tocar la pantalla del teléfono… ¿Me haces un favor? Sería más fácil hablar en tiempo real. Llámame tú ¿o tienes las manos ocupadas?
—Uf, yo también las tengo ocupadas, te lo aseguro... Pero dime cómo quieres que te llame, vamos a dejarlo claro porque supongo que no te refieres a que hagamos una videollamada.
Me lo imagino, me resulta muy excitante y voy a aceptar su propuesta. En realidad, él no va a ver mucho y eso no me parece justo, por lo que le aviso primero.
—Soy bajita, ¿recuerdas? El teléfono está en un soporte para que no se moje, así que no te decepciones cuando mi coco descuelgue la videollamada y tú solo me veas la parte de arriba de la cabeza, como en la foto, o como mucho la frente.
—Tú no te decepciones cuando… —Se queda a media frase y cambia de idea antes de terminarla—: Iba a decir que te voy a enseñar la frente yo también, pero prefiero ir de frente y decirte lo que realmente me apetece.
Yo no estoy en la ducha, estoy tumbado en el sofá y puedo poner el teléfono donde quieras. ¿Qué quieres ver?
Me lo pienso unos segundos mientras el agua templada me cae por la piel y mis dedos juegan con la parte más sensible de mi cuerpo. Lo imagino a él tocándose del mismo modo, en el sofá que vi en sus fotos.
El placer que siento se intensifica con la fantasía.
—Déjame ver la parte de arriba —contesto, con la voz entrecortada y sin necesidad de fingir que estoy a cien, porque lo estoy de verdad, y también soy sincera al cien por cien cuando especifico—: Solo la punta.
—¿Cómo que la punta? —repite y lo escucho jadear entre palabras.
—Quiero asegurarme de que no vas a fingir un orgasmo conmigo —susurro y yo también jadeo al hablar—, quiero verlo… ¿Puedo verlo o te parece mucho enseñarme solo la punta?
Su respuesta es el tono de videollamada que tengo configurado para Ancla2 y mi coco descuelga por mí.
Cuando alzo la vista hacia la pantalla, veo dos recuadros distintos: el pequeño muestra lo que capta mi cámara y solo se ve la mampara de la ducha y un poco de mi cabeza; en el recuadro grande, veo un puño cerrado.
El puño baja despacio y me muestra justo lo que le he pedido que me enseñe.
Sus manos se mueven y las mías también, pero ninguno de los dos dice nada.
Cierro el grifo de la ducha y por fin soy capaz de escuchar su respiración, me pone tanto oírle respirar fuerte que se me escapa un gemido traidor. Vuelvo a abrir el grifo de la ducha enseguida, temiendo que mi madre pueda haberme oído, aunque sea bastante improbable.
De repente, el agua sale hirviendo. Con los nervios, he abierto el grifo demasiado hacia el lado del agua caliente y me abraso viva. Se me escapa un grito que mi madre sí que podría escuchar desde la cocina.
—¿Estás bien? —pregunta Din, al momento, con preocupación.
—Sí, joder —gruño e intento bromear—: No estoy fingiendo un orgasmo como la chica esa que gritaba tanto, es que me acabo de escaldar con el agua caliente.
Lo escucho reírse, pero al mirar el teléfono, Din sigue acariciándose. Eso me pone más caliente por dentro que el chorro hirviendo que me ha caído encima.
No veo casi nada realmente, pero me basta con el movimiento, el temblor, la forma en la que sus nudillos se tensan antes de relajarse y volver a empezar.
Mi imaginación trabaja sola y más rápida de lo que se mueve su mano, y eso que cada vez se mueve más rápido.
—¿Así te gusta… o más despacio? —pregunta, como si pudiera leerme el pensamiento.
Su voz me llega baja, rasgada, y se pega a mi oído como si el teléfono estuviera dentro de mí y no apoyado en la repisa.
—Hazlo como más te guste —respondo, entre suspiros.
—¿Tú… lo estás haciendo… despacio?
El agua tibia cae sobre mis hombros, resbalando por mi espalda, yo imagino que son sus caricias y que mis manos son las suyas mientras las muevo al mismo tiempo. Le digo eso exactamente y añado que le estoy siguiendo el ritmo.
No reconozco mi propia voz, como en los audios, pero al revés, con el deseo es más densa y la siento muy lejos.
Todo está lejos menos él.
A él lo siento increíblemente cerca, escucho su respiración acelerarse y emite pequeños gruñidos deliciosos.
—Si sigo así, no voy a aguantar mucho más.
Es absurdo porque él no puede verme, pero lo primero que hago es incrementar el ritmo al tiempo que asiento repetidas veces.
—Aguanta un poco… Pero no pares.
No es una orden.
Es una súplica.
Él gruñe profundamente y escuchar ese sonido animal funciona como una bomba de calor nueva entre mis piernas.
—Dime… cuánto —susurra.
No sé qué quiere que diga, pero si se refiere a que le hable de cuánto placer siento, podría contestarle que es inmenso.
Podría decirle que el agua cae por mi cuello y me acaricia entera, como si fuese su boca, que mis piernas tiemblan por el esfuerzo de soportar el peso de lo mucho que me gusta pensar en él.
Siento que me voy a partir en un millón de pedazos en cualquier momento, deshaciéndome en agua pura y tibia.
Y siento que él puede crearme con una sola palabra y lo hace, gime sin poder evitarlo y pronuncia mi nombre justo después.
—Ana, dime cuánto… quieres que aguante.
Es la primera vez que me llama por mi nombre, pensaba que se le habría olvidado.
—Espera… un poco más —le pido, entendiendo lo que me pide por fin.
Y él me obedece.
Su mano sube y baja más despacio.
Se le escapa un sonido grave de puro placer y a mí también se me escapa un gemido. Apoyo una mano en la pared de la ducha y, con la otra, presiono los dedos en mi interior del modo que más me gusta.
Lo hago despacio y fuerte, sin parar.
Solo mi respiración se acelera y vuelvo a gemir.
—¿Así… mejor? —pregunta.
No puedo contestar porque me cuesta reunir el aire suficiente para formar una palabra y, cuando lo consigo, la repito varias veces.
—Sí… Sí… Sí…
Subo la vista al techo como si pudiera ver el cielo, lo estoy tocando con los dedos y le pido que no se aguante más.
Él vuelve a acelerar sus caricias y el orgasmo nos sobreviene a los dos, casi al mismo tiempo. Ver cómo él lo alcanza es el último empuje que yo necesito para alcanzar el mío.
Lo escucho disfrutar y dejo que él me escuche, disfrutando del clímax sin fingir y sin exagerar, sin apenas aliento.
Nos quedamos así, respirando hondo y recuperando la respiración, sin atrevernos a decir nada… hasta que él se mueve y, de pronto, en la pantalla solo veo su sonrisa.
Es una sonrisa satisfecha y plena.
Le devuelvo el gesto con rapidez y me enfoco los labios, entreabiertos y vacilantes.
Me va a costar un poco articular las palabra y van a sonar aspirada porque estoy respirando por la boca, pero quiero que me escuche y lo primero que voy a decir no será cualquier chorrada, sino su nombre, el de verdad.
—Pedro —logro decir, con una sonrisa traviesa—, estoy pensando que… Si quieres, le puedes preguntar a tu piña si le ha parecido que he fingido.
Me entra una risa tonta y él se ríe del mismo modo, cómodamente.
Luego, resopla.
—No me hace falta preguntar nada.
—¿No?
—No —repite—, confío en ti y, además, ya no me fío del sistema. La app dice que somos compatibles al setenta y nueve por ciento, pero yo creo que se equivoca. Lo somos al cien por cien, lo digo con mi modo sincero activado.
—Yo ni siquiera lo he mirado —confieso—, no me hace falta. Sé que me gustas y no necesito ver un porcentaje.
Seguimos riéndonos un poco más.
—Yo voy a ser asquerosamente sincero otra vez: por favor, no me hagas ghosting .
Si te arrepientes de lo que ha pasado y no quieres que vuelva a pasar, dímelo y ya está…
Podemos seguir siendo solo amigos y te prometo que yo no volveré a intentar nada parecido…
Aunque no prometo que se me olvide, va a ser imposible, sobre todo ese grito que has dado cuando te has quemado con el agua hirviendo.
Le saco la lengua y contrarresto:
—A mí tampoco se me va a olvidar nada de lo que he visto y oído. Qué pena que tú no hayas visto casi nada —lo increpo.
Él sonríe despacio.
—Lo que estoy viendo ahora tampoco se me va a olvidar. Tienes una sonrisa muy bonita, Hannah Mojama .
—Tú también, Superheterodino .
Le lanzo un beso de despedida y él me dedica una sonrisa inmensa, me devuelve un beso igual y colgamos la llamada.
Me siento como la viejecita de Titanic otra vez, cuando dice que dejarse pintar desnuda fue uno de los momentos más eróticos de su vida. Din no me ha puesto una mano encima, pero me ha tocado como nadie antes y me ha encendido tanto que todo el hielo que llevaba dentro se ha fundido a su paso.
Salgo del baño tarareando una de mis canciones favoritas de El Canto del Loco sin darme cuenta, la de Ya nada volverá a ser como antes.
En cierto modo, siento que ya nada será igual con Din y no me arrepiento.
Estoy deseando volver a hablar con él y volver a verlo, es más, me encantaría que fuese en persona y no en un futuro lejano, no me importaría que fuese hoy mismo…
No sé si me he vuelto loca, pero sigo cantando hasta el final: « estaremos conociendo nuestra parte de verdad, estaremos conociendo nuestra parte original... ».