La Reina de los Mares (Anclados 1) 14. #2
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— Claaaro —dice él, alargando la palabra de modo sarcástico—.

Eso es lo que diría exactamente alguien que no quiere admitir que está mirando el escaparate…

Pero te entiendo porque me pasó algo parecido, solo que a mí no me engaño un coco, porque tengo otra fruta de compañIA…

Haciendo un chiste malo: a mí me la coló mi piña y el chiste no es la piña colada, soy yo que todavía sigo en modo Cupido y llevo dos meses pagando por ello, aunque no me hace ni puta gracia.

Me quedo mirando la pantalla unos segundos antes de contestar.

—¿Por qué no lo das de baja?

—Porque mi piña dice que tengo muchas probabilidades de que me toque el sorteo del crucero y queda poco.

Titubeo, aunque finalmente me envalentono y le pregunto lo que estoy pensando:

—Entonces, ¿estás en el modo Cupido por lo del crucero o para buscar pareja?

Él tarda un poco más en responder esta vez.

—Por las dos cosas, obviamente. ¿No sabes que el crucero es para solteros que buscan pareja?

Le pregunto a Wilson cuánto queda exactamente para la resolución y me avisa de que quedan menos de siete días para que se haga público el resultado.

—Mi coco también dice que tengo muchas probabilidades de ganar, ¿crees que se lo dirán a todos los usuarios para que piquen?

—Mi piña dice que no y no me puede mentir porque he activado en su personalidad el modo sinceridad al cien por cien… Ahora es asquerosamente sincera conmigo, es cierto.

Me da un ataque de risa y me quedo paralizada, con una pinza en la mano y una sábana colgando del tendedero peligrosamente, a punto de caer hacia la calle.

—Yo valoro mucho la sinceridad y odio que me mientan. No sabía que existía esa opción para que mi fruta de compañIA no mienta —digo, todavía riéndome—. Creo que la voy a activar, prefiero mi coco sea sincero conmigo.

—No lo hagas —me aconseja Din, muy serio.

—¿Por qué? ¿Tu piña te ha dicho algo muy horrible?

—Sí, pero no es eso… Es que yo pensaba que solo iba a contestar a lo que yo le preguntase, pero no. Si activas el modo sinceridad absoluta, la IA va a opinar de lo que considere que necesitas saber, aunque no hagas preguntas. Y opina de todo, por íntimo que sea.

—¿Por ejemplo?

—Buf, no debería contarte esto —dice con voz apesadumbrada, gruñe y continúa—: Te lo voy a contar, aunque es una pésima idea hacerlo y tiro piedras contra mi tejado en lugar de tirarte los tejos, pero bueno…

Creo que con esto me vas a entender mejor y seguramente te voy a convencer…

Verás, hace un mes o así, empecé a quedar con una chica que conocí aquí, en Ancla2, con el modo Cupido activado.

Iba bien y ella me gustaba, pero nos acostamos y cuando me fui, mi piña me dijo que creía que ella había fingido el orgasmo…

Sí, dijo que lo había escuchado todo y que tenía unas sugerencias que hacerme.

¿De verdad quieres activar ese modo asquerosamente sincero sabiendo esto?

Estoy tendiendo la ropa interior y, al oír semejante barbaridad, se me caen unas bragas a la calle.

Ahora podría decirle a Din que con él se me caen las bragas y sería cien por cien sincera, tanto como su piña, pero literalmente las bragas que se me han caído de las manos no son mías, ¡son de mi madre!

—Ni de coña quiero que me pase algo así, gracias por avisarme —logro decir, después de tamaña confidencia.

Después, salgo corriendo del balcón. Bajo las escaleras de dos en dos y, por suerte, veo que las bragas siguen en el mismo sitio en el que han caído y no me encuentro con nadie. Regreso a la carrera y las lavo a mano en el fregadero de la cocina mientras analizo lo que me acaba de contar Din.

Ha sido una confesión íntima y arriesgada, eso de que las mujeres finjan con él no dice mucho a su favor, pero que me lo haya contado, sí.

Además, no se ha quedado solo en la anécdota, ha seguido exponiéndose.

—Pensé que era mejor no darle importancia —me dice en su siguiente audio, con voz triste—, pero no se me iba de la cabeza.

Al final, yo también fui asquerosamente sincero y le pregunté a la chica si había fingido…

No le dije que me lo hubiese dicho la IA, dije que gritó mucho y que no estoy acostumbrado a ser tan bueno en la cama.

Intenté bromear, pero no se lo tomó bien.

A lo mejor debería haber esperado para decírselo en persona, pero la escribí porque me pareció más fácil para los dos...

A ella le pareció más fácil todavía bloquearme.

Y no llegó a contestar mi jodida pregunta, me moriré sin saber si fingió el orgasmo o soy tan bueno en la cama que hago que esa mujer grite como en una película de terror…

No debo de ser tan bueno si prefiere bloquearme a repetir, el chiste se cuenta solo y el chiste soy yo otra vez, quedándome solo.

Eso último lo ha dicho en tono de humor, pero se le nota herido y también algo confuso, como si no entendiese qué hizo mal en realidad.

Termino de tender la ropa, siendo más cuidadosa, mientras le respondo:

—No sé, ni en persona ni por escrito, habría sido mejor que no le dijeses nada a ella hasta que no tuvieseis un poco más de confianza, ¿no?

—Puede ser, pero… ¿Tú no decías que no te gustaban las mentiras?

—No decir la verdad todo el tiempo no es igual que mentir; además, he matizado. He dicho que podías haber esperado para decírselo cuando hubiese más confianza… pero tienes razón, no me gusta tanto la sinceridad como pensaba y no voy a activar ese modo en mi coco. ¿Tú has podido desactivarlo ya?

—Podré hacerlo dentro de quince días, era otra de esas funciones con gratuidad de un mes que luego pasa a pagarse como extra.

—No se me ocurre quién podría querer pagar por eso.

—Hay gente para todo —resuelve enseguida.

—Eso es verdad… Por cierto, lo de tomarnos un café va a tener que esperar por lo menos dos semanas a que expire el modo sincero de tu piña.

—Aunque él no puede verme, sonrío con picardía y agrego—: Lo digo porque cuando se me mete una idea en la cabeza, me cuesta sacarla y al contarme eso has activado mi lado gamberro.

Ahora me parece una gran idea fingir un orgasmo mientras nos tomamos un café, en plan Cuando Harry encontró a Sally , a ver si tu piña es capaz de detectar el engaño.

Le vuelvo a escuchar reírse antes de empezar a hablar.

—Ahora yo tampoco voy a poder pensar en otra cosa. Me has activado el modo gamberro y el modo cachondo, lo siento si soy asquerosamente sincero, creo que ya tenemos confianza, pero me gustas mucho y quiero que lo sepas. Si me bloqueas, lo entenderé.

Se me escapa una risa tonta y yo también soy sincera.

—De todo lo que me apetecería hacer contigo, bloquearte no es una opción.

No sé de dónde me ha venido eso, pero ya lo he dicho, lo he enviado y no hay vuelta atrás.