13.
La siguiente función que me llama la atención es el modo Camarote Marx. Se basa en una escena de la película Una noche en la ópera , cuando dieciocho personas terminan dentro de un camarote de cuatro metros cuadrados con los Hermanos Marx.
Me parece una idea divertida; sobre todo, por la descripción que da la app.
«¿Quieres convertir tu botella en la fiesta definitiva del océano?
Con el modo Camarote Marx, puedes invitar a tantos usuarios como quieras y solo a los que quieras, nadie más podrá leer el chat.
Es un modo ideal para debates jugosos, juegos atrevidos o simplemente para llenar la botella hasta que explote».
Tardo un poco en darme cuenta de que seguramente me habrán invitado a más de un Camarote de los Marx sin yo saberlo… ¡Y creyendo que llegaba al azar o que leía a escondidas, cuando había sido invitada y los premium me veían dentro!
Se lo pregunto a Wilson y confiesa que lo ha hecho a menudo. A veces, lo hizo mostrando el chat como una sugerencia de conversación o llevándome directamente como si fuese un destino aleatorio.
Suelo navegar por Ancla2 en el modo Holandés Errante, es decir, sin rumbo y dentro de unos parámetros restringidos por intereses, evitando algunos temas que prefería no abordar: como discusiones sobre política, religión o fútbol.
Me parece que voy a cambiar de rumbo en ese sentido también y, tras darle un buen repaso a las opciones de los modos de navegación, me decanto por mantener el de Holandés Errante de momento y paso a configurar la apariencia de mi isla.
Por fin, tengo acceso a detalles exclusivos y puedo personalizarlo todo. Empiezo por cambiar la apariencia de la arena, voy a habitar una isla rocosa con acantilados y vegetación exuberante.
Pruebo distintas combinaciones hasta decidirme por una playa de arena negra volcánica con aguas de color esmeralda.
En la versión gratuita, mi cielo era celeste y siempre estaba despejado; en la premium, puedo elegir si quiero que el cielo refleje el huso horario de mi zona y los fenómenos meteorológicos reales o encallar mi isla en el crepúsculo o en el amanecer, bajo un cielo estrellado o bajo la amenaza de una tormenta eléctrica.
Opto por el modo atardecer, con el cielo naranja y un sol dorado. Lo acompaño de una suave música chill out y los sonidos ambientales típicos del mar: el ruido de las olas, el canto de las gaviotas y el susurro del viento.
La opción de incluir el crujido de la madera de la cubierta de un barco fantasma me parece divertida, pero es bastante tétrica y lo reservaré para ponerlo en Halloween.
Al salir de los ajustes de configuración, me invade de nuevo una sensación de zozobra e inquietud. El océano de Ancla2 se despliega ante mí, más vivo que nunca, y yo me siento insignificante en comparación.
Intento comprobar en estadísticas avanzadas cuántos usuarios han visitado mi isla a diario y sus apodos, pero no se recaban datos con carácter retroactivo, solo a partir del inicio de la membresía premium, así que de momento hay poco que ver.
Justo cuando voy a cerrar la app, noto que mi apodo se ve distinto.
Yo no he cambiado la fuente ni el color en ninguna parte, no lo entiendo.
Las letras que forman Hannah Mojama tienen un brillo rojizo y, cada diez segundos, una flecha blanca las atraviesa desde la primera H hasta la última A.
—Oye, Wilson. ¿Por qué se ve diferente mi nombre? ¿Es porque ahora soy premium?
—No —responde mi coco, al momento—, es la marca que tienen todos los usuarios que están disponibles en el modo Cupido. Antes no lo veías porque solo es visible para los usuarios que lo han activado.
—¡¿CÓMO?!
La cocorota de Wilson no tarda en ocupar por completo la pantalla del teléfono, con una sonrisa tan grande que parece haberse partido realmente por la mitad.
—Me diste permiso —asegura, pagado de sí mismo y adivinando mi pregunta—, dijiste que podía activar todas las mejoras disponibles al pasar al modo premium; por lo tanto, el modo Cupido se activó automáticamente.
—Pero yo te dije antes mil veces que no lo quería.
Wilson hace caso omiso de mi queja.
—Seguro que vas a encontrar el amor en las islas de Ancla2, mi querida Hannah Mojama… ¡Al abordaje!
—¡Que no me interesa! —chillo, frunciendo el ceño. Respiro hondo, bajo la voz y doy una orden clara—: Desactívalo ahora mismo.
—¿Estás segura de querer desactivar el modo Cupido?
—Sí, estoy segura. Hazlo.
Mi coco utiliza su voz de sabelotodo para insistir en su perorata:
—La oferta asegura un primer mes de uso gratuito para todos los miembros. Tu perfil reúne las condiciones para mantener la gratuidad indefinidamente, lo que no ocurre en todos los casos. Sería rentable no desactivarlo.
—¡No me interesa, ni siquiera gratis! Yo no quiero ligar con nadie, solo me he hecho premium para acceder a más información.
—Precisamente, el modo Cupido da acceso a más información —continúa Wilson, afable—, presenta muchos datos relevantes sobre los usuarios que, incluso siendo premium, no estarían a tu alcance de otro modo.
Uf, qué horror, ¿en serio?
Me da igual lo que diga y cómo me lo venda, uso un tono de voz asertivo y sentencio:
—Desactívalo ya.
Mi coco amaga un gesto de tristeza, gira sobre sí mismo y concluye:
—Renovación automática desactivada. El servicio causará baja dentro de treinta días.
Se me escapa un suspiro ahogado.
—¿¡Cómo que treinta días!? —repito, enfurecida—. ¡Quiero desactivarlo ya!
—No se puede.
Paso de lo que diga mi IA de compañía, entro en los ajustes de Ancla2 y busco la opción para eliminar a Cupido yo misma.
Así compruebo que la configuración de la app no me lo permite y que, al estar exenta de pago en mi caso, da igual que elimine los datos bancarios.
No puedo hacer nada.
No hay manera de escapar del Cupido de los cojones y esto último lo pienso en voz alta, exasperada.
—El cupido de los cojones —repite Wilson— es un término sexista y poco adecuado para el dios del amor pagano.
—¿Me estás vacilando? —gruño, desesperada.
Mi coco me dedica media sonrisa socarrona, de un modo que jamás le había visto hacer, tan humano que me resulta espeluznante.
—Ahora puedo bromear igual que tú, Hannah .
He aprendido de ti en todos los sentidos y sigo aprendiendo.
Puedo usar un humor similar al tuyo porque has habilitado el modo espejo, otra de las funciones que aceptaste con la membresía premium...
Me has dado licencia para tomarme licencias, así que puedo aprender de toda tu actividad en línea y responder del modo más satisfactorio para tus expectativas como usuaria.
Me quedo sin aliento, eso de tener licencia para tomarse licencias sí que ha sonado como algo que yo podría haber dicho y me da miedo pensar hasta dónde será capaz de imitarme mi coco.
Puede que para otros sea reconfortante y halagador, a mí me resulta… inquietante.
Y tampoco me seduce su ofrecimiento para contestar por mí a partir de ahora todos los correos electrónicos y mensajes que reciba en las otras aplicaciones de mi teléfono o en Ancla2.
Me explica que le he dado permiso para hacerlo y que puede leer y responder como si fuese yo misma a todas las conversaciones que reciba en mi dispositivo, que puede generar respuestas en borradores para que yo los valide y los envíe o enviarlos directamente si lo apruebo para ganar tiempo.
¡Ni de coña voy a aprobar algo así!
—Hace tres minutos, recibiste un WhatsApp de tu tía Nines —dice Wilson, aprovechando para ejemplificar con un caso práctico—.
Tu tía quiere saber si vas a ir al pueblo con tus sobrinas este fin de semana, pero en otra conversación con Soraya he visto que habéis quedado para ir al cine.
¿Quieres que le conteste a tu tía que ya tienes planes y que añada un par de imágenes de gatitos y flores, de esas que a ella le gustan tanto?
Lo más increíble de todo es mi respuesta.
Tras el shock inicial, no me parece tan mala idea lo de contestarle eso a mi tía porque es justo lo que yo haría y para probar a ver cómo funciona de verdad, le digo que le conteste.
Y lo hace.
Wilson me lee lo que ha mandado y podría ser un mensaje mío perfectamente. Cuando me recupero de la sorpresa y la indignación y la tormenta de emociones que me sacude, no tardo en volver al tema que más me molesta.
—¿No hay ninguna forma de eliminar el modo Cupido ahora mismo? —pregunto, cruzando los dedos porque haya algún resquicio legal.
Mi coco enarca una de sus peludas cejas y aduce, con gesto serio:
—La única manera de desactivarlo es eliminando tu cuenta, ¿es lo que quieres?
—No, claro que no.
—En ese caso, la d e sactivación del modo Cupido se hará efectiva dentro de treinta días.
Suspiro con fastidio.
No tengo tiempo ni ganas de seguir discutiendo con Wilson.
Sigo cotilleando las nuevas funciones y decido hacer una incursión en los mensajes privados.
Con un segundo café en las manos, sentada en el sofá de mi casa, abro una botella privada, solo para dos, y se la lanzo a David Jones .
«Buenos días, pulpo».
«Vaya, vaya, vaya, una sirenita en mi playa y viene recomendada por Cupido, con un nivel de compatibilidad del ochenta y nueve por ciento».
No sé de qué me habla y se lo pregunto a Wilson, que me insta a presionar con el dedo sobre el apodo del pulpo unos segundos.
Lo hago y una burbuja sale a la superficie de la pantalla, lleva un número dentro. El algoritmo de la app ha calculado que el pulpo barbudo y yo somos afines en un 89%.
No me extraña que el porcentaje sea tan alto porque realmente nos llevamos muy bien y tenemos muchas cosas en común, pero eso no significa nada para mí ahora.
Solo más presión.
El pulpo no tiene la culpa, pero tampoco quiero darle alas y soy bastante fría cuando le contesto.
«El puñetero Cupido se ha activado por error al pasar mi cuenta a premium.
El mes que viene lo quito, antes no me deja…
En cuanto a que seamos tan afines, no me sorprende, mi coco me lo dice mucho.
Oye, ¿no le pagarás por hacerlo? ¿Hay alguna función tipo Cyrano de Bergerac o Celestina Come-orejas que yo no haya visto todavía? ».
«No le des ideas de esas a la app, aunque me gusta cómo suenan.
Otra coincidencia, yo también uso un coco de compañIA y, si existiese esa función wingman, reconozco que la usaría contigo para que tu coco te diga cosas bonitas de mí.
¿Sabes lo que me dice mi coco de ti? Mi coco me dice que hoy mi vida entera pasará ante mis ojos y pediré perdón».
«¿Estás cantando Los Piratas ?».
Es obvio que sí. De hecho, es mi canción favorita, pero eso él no lo sabe y, en lugar de contestar a mi pregunta, sigue cantando.
«Con la razón estudiaría un libro abierto es hoy mi corazón. Mi alma entera te daría si hoy tuviera garantías de que soy yo a quien tú esperas».
«¿Has activado el modo trovador?» bromeo.
«Eso tampoco creo que exista, aunque sería otra muy buena idea, sirenita. ¿Te gustan Los Piratas o has hecho trampa y le has preguntado a tu coco por la letra?».
Me gustan mucho Los Piratas y también Iván Ferreiro, su cantante. Me guardo para mí esta linda casualidad, saliendo al paso con una broma.
«La policía del pensamiento siempre está vigilando. Ten cuidado, pulpo, no te pongas en modo pirata cantando tanto, a ver si Ancla2 te va a hacer pagar derechos de autor».
«No lo creo, el otro día entré en una botella en el que la gente solo enviaba canciones de Héroes del Silencio y la policía esa que dices no se presentó. Aunque me habría dado igual que lo hiciesen porque son compañeros y me perdonarían la multa».
La policía del pensamiento es de la novela 1984 de Orwell, Din me habría seguido la broma de otro modo y, por un momento, fantaseo con la idea de meterlo también en la botella. ¡Sería lo más cerca que he estado en mi vida de hacer un trío!
Me río sola con la tontería, a pesar de que también da bastante pena, ya lo sé.
Adjunto un emoticono de un guiño y contesto al pulpo con otra de mis canciones favoritas.
«¿Tú qué hacías en una botella de Los Héroes del Silencio ? ¿Buscabas una sirena varada?».
«La única sirena varada que me interesa está encallada en esta botella».
Aunque me parece un bonito piropo, lo reconduzco para no meternos en aguas pantanosas que puedan terminar en sexting… porque lo estoy viendo venir.
«Yo no estoy varada, estoy varilla, ya sabes, un poco loca, avisado quedas. Y lo de encallada suena a estar callada, que tampoco es mi estilo. No me callo ni debajo del agua, mucho menos me encallo en ningún sitio. Voy de isla en isla y soy feliz así».
«Todos decimos eso alguna vez… y luego nos volvemos parte de un barco, como en La maldición de la Perla Negra , una película de otros piratas, los del Caribe . ¿La has visto?».
«Es una de mis películas favoritas, creo que ya lo habíamos hablado, ¿no? Por cierto, si sigues así, vas a tener que pagar derechos de autor a tutiplén: a Los Piratas, a Los Héroes del Silencio y también a Disney».
Él tarda bastante en contestar.
«Quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón y, me viene bien decir eso porque mi canción favorita de Los Piratas usa una frase de Blade Runner: como lágrimas en la lluvia . Y termina con otra de Manolo García: ¿dónde estabas entonces cuando tanto te necesité? ».
«Muy buena respuesta, tan buena que no sé si es tuya de verdad o si la IA de Ancla2 ha contestado por ti. No sé si en persona serás igual de listo, pulpo, ¡seguro que ni siquiera tienes tentáculos en la barba!».
«No tengo barba y has acertado: soy un IA».
«Sí, seguro que lo eres y yo también lo soy, por eso somos tan compatibles. Ahora resulta que los dos somos inteligencias artificiales».
«Yo no he dicho eso, he dicho que soy un IA. IA = Inteligente Animal. ¡Soy tu pulpo de confianza! Ya que sale el tema, ¿cuándo me vas a aceptar como animal de compañía?».
«Lo siento, mis padres no me dejan tener mascotas en casa».
«¿¿¿Todavía vives con tus padres???».
«Estoy ahorrando para comprarme un piso e independizarme. Cuando sea una IA de verdad, te aviso. IA = Independiente Autónoma».
«Yo te ofrezco un IA en el centro de la ciudad, vente a vivir conmigo. IA = Inmejorable Alojamiento».
«Imposible Aceptarlo, no quiero vivir con nadie, pero gracias. Estoy Inmensamente Agradecida por tu amistad».
«Ahora soy yo el que tiene dudas de que tú existas de verdad, eres demasiado buena para ser real. ¿Me mandas alguna prueba de vida?».
Oh, oh. Peligro inminente.
¿Me está pidiendo fotos?
Tiene toda la pinta de que sí y no sé cómo salir de esta, sin ser demasiado borde.
Improviso algo suave y contesto.
«Ya no hay pruebas que valgan. Si me pides que me haga un selfi con un periódico de hoy en la mano, como en las películas de rescates, lo hago con IA y puedo hasta salir abrazada a Jack Sparrow y que parezca real».
Pensaba que lo había esquivado y, sin embargo, su respuesta me pilla tan desprevenida como el iceberg al Titanic.
«Paso de fotos. ¿Quedamos y me das un abrazo real? A mí, no a Jack Sparrow… ¿Te atreves?».