9.
Después de tirarme una hora intentando conciliar el sueño, sin cabecear siquiera, vuelvo a encender el móvil y abro la app.
Pienso que quizá tenga otro mensaje de voz de Superheterodino… Pero no, no hay ninguno más.
Tardo un poco en caer en la cuenta de que los audios funcionan como los MEBS, tiene que haber una respuesta mía para que él pueda realizar otro envío, así que no podrá decir nada más porque yo lo he dejado en visto.
Por bien que terminase esa frase que se quedó a medias, interrumpida por la aparición estelar de su hija, tampoco viene a cuento que me haya hablado del pulpo .
¿Para qué lo mete en la conversación?
Me parece de mal gusto la comparación y me hace pensar que el tono que ha usado es el típico de las competiciones masculinas de meadas territoriales, ¡a ver quién mea más lejos y puede marcar mejor a la hembra!
Puaj, no. La única lluvia dorada que no me importaría que me cayese encima es la del premio del crucero de lujo que me ha comentado Wilson, pero mi coco no da más información y, para quitarme el mal sabor de boca, termino cotilleando precisamente la isla de mi pulpo barbudo favorito.
Entro en la botella de nuestra primera conversación, que es en la que solemos hablar y resulta que la última en escribir fui yo.
Como no puedo mandar nada, releo lo que nos hemos dicho.
Normalmente hablamos por las tardes. Cuando yo estoy en el bar más relajada es cuando él parece estar más activo.
Pasamos de tener un pergamino en una botella a un barquito de papel, pero ahora ya hemos conseguido formar un bote de remos de lo mucho que hablamos.
Sin querer, reacciono a uno de sus mensajes antiguos y me quedo petrificada.
No le puedo dar a deshacer porque él vería las dos cosas, le llegarían las dos notificaciones, así que lo dejo estar e intento no darle importancia.
David Jones sí se la da y un mensaje suyo llega a la botella en cuestión de segundos.
«¿Escucho cantos de sirena? Ah, no, solo son notificaciones nocturnas. ¿Qué haces por mi playa a estas horas, Hannah Mojama ?».
«No puedo dormir».
«Si vienes a que te cante una nana, sería más efectivo y rápido darte con un remo en la cabeza. Te dormirías antes y te dolería menos».
Consigue hacerme reír y confieso:
«Yo tampoco sé cantar».
«Imposible, no te creo».
«Solo me parezco a Hannah Montana en el nombre, ¿decepcionado?».
«No lo decía por eso, es que eres una sirena y todas las sirenas saben cantar».
«Menos La Sirenita cuando se queda sin voz, ¿no iba de eso la película? Y que quede claro: aquí el único que es medio pez eres tú. Yo tengo de sirena lo mismo que de muda, ¡absolutamente nada! ¿Qué haces despierto a estas horas?».
«Me has despertado con el sonido de la notificación».
«Uy, perdón. Lo normal es apagar el teléfono para dormir. Te dejo que descanses, pulpo barbudo».
«Espera, ¿te pasa algo?».
«Nada».
«¿Estás segura?».
«Sí».
«¿Te ha pasado algo con tu ex?».
Me inquieta esa pregunta, solo le hablé de Miguel una vez y no entiendo a qué viene sacar ese tema ahora.
«No me ha pasado nada, es que no tengo sueño y me apetecía leer algo que me amodorre. Nuestra conversación es perfecta para eso».
Se lo digo para que me deje en paz, pero en parte es cierto.
A veces abro la app, sin pensar, por aburrimiento o en piloto automático, a merced de mi ansiedad para relajarme, porque Ancla2 me ayuda a pensar en otras cosas.
Aprieto la sábana entre mis manos y leo su respuesta, que no se hace esperar.
«Puedes hablar conmigo para lo que necesites y siempre que quieras, no importa la hora. Mi isla es tu isla».
«Gracias, igualmente».
«Y si necesitas ayuda de otra manera, también puedo ayudar. Es mi trabajo».
«¿Tu trabajo es ayudar a la gente? ¿Eres médico o algo así? Un momento, ya lo sé… ¡Eres psicólogo!».
«Casi, tengo un doble grado en psicología y criminología, pero no ejerzo de psicólogo. Soy un pulpo chupatintas con horario de oficina».
Se me pasan por la cabeza las salidas que tiene esa doble titulación que me acaba de pasar tan lindamente por la cara. Si no es psicólogo, es casi seguro que lo de ayudar lo ha dicho porque pertenece a los cuerpos de seguridad del Estado.
Eso es lo que opina también Wilson, por las pistas que tenemos: ayuda a la gente, es psico-criminólogo y funcionario, tiene en el despacho un cuadro del rey...
«Yo soy solo una cocinera, pero por eso mismo tengo muy buen olfato y tú hueles a madero. ¿Lo eres? ¿Eres policía? ¿Por eso me estás interrogando, pulpito? ¿Son gajes del oficio?».
«No, es que tenemos un polizón a bordo y me parece raro. Quería aclarar el misterio por mi parte».
Me quedo estupefacta de nuevo.
«¿Un polizón? Si alguien se ha colado en el bote, que reme, que yo me canso» intento bromear.
El pulpo barbudo sigue explicándome, muy serio:
«Hay una cuenta premium leyendo la conversación en modo oculto, además de los doce usuarios que puedo ver por sus apodos, ya que nos están leyendo de manera normal. Ahora son trece, se ha sumado alguien mientras escribo».
Yo no puedo ver que hay lectores activos si no escriben.
«¿Me dices los nombres de los cotillas de turno?» pregunto, porque soy curiosa y porque me da que Din es uno de ellos y prefiero saberlo.
El pulpo me da sus nombres y ninguno es un coche de Los Autos Locos . Después, agrega:
«El polizón ha llegado contigo, casi a la vez, y me ha parecido tan raro como que tú me escribas a estas horas».
No puedo evitarlo, primero pienso que el polizón es Din, que me ha seguido de algún modo, también podría ser mi ex, pero ¿cómo? Estoy paranoica perdida, debe de ser solo una casualidad.
Titubeo y empiezo a valorar de verdad las ventajas de tener una cuenta premium.
A lo mejor, merece la pena.
A lo peor, me vuelvo paranoica del todo.
La parte paranoica es la que responde por mí, teniendo en cuenta que el pulpo me preguntó por mi ex como si lo relacionase directamente con la presencia fantasmal.
«Si crees que el polizón es mi ex, lo tengo bloqueado hace meses».
Nada más enviar el mensaje, dudo y le pregunto a Wilson si las cuentas premium son inmunes a los bloqueos, pero esa paranoia dura poco porque mi coco me contesta rápidamente que no.
Si tengo a alguien bloqueado, aunque entre en una botella no puede leer mis mensajes y no sabe que yo estoy en esa botella, porque no puede ver mi actividad.
Ancla2 es una red bastante segura en ese sentido. Para crear cuentas, hay que usar el número del DNI y solo se puede asociar a un perfil. Aunque también se pueden usar CIF de empresas, pero solo para crear cuentas de empresa.
El pulpo me responde rápido.
«No estaba seguro al cien por cien de que hubieses bloqueado a tu ex, pero me lo imaginaba. ¿Ha vuelto a presentarse en tu trabajo?».
«No» respondo, incómoda.
«¿Habéis solucionado la situación?».
«No hay nada que solucionar. No quiero volver a verlo y ya está».
Estrangulo la sábana un poco más fuerte entre mis manos, porque esto parece más un interrogatorio que una conversación trasnochada.
Yo quería hablar con el pulpo para relajarme y me estoy poniendo de los nervios.
De pronto, el pulpo se pone más que serio y me deja boquiabierta.
«No creo que sea tu ex, pero dejo un mensaje para el polizón, ya que le interesa tanto lo que decimos: soy policía nacional y si no lo he dicho nunca antes, era por ética profesional.
No se me permite hablar de mi trabajo en redes sociales ni decir nada que pueda dañar la imagen del cuerpo.
Lo digo para dejar claro que aquí tú no me puedes identificar, pero a lo mejor fuera, yo sí puedo saber quién eres. Tómatelo como una advertencia».
Si no estuviese tumbada en la cama, me habría caído de culo al suelo.
Me cuesta bastante decir algo después de eso y solo se me ocurre agradecerle al pulpo su mensaje, su apoyo y las molestias que se ha tomado en defenderme.
Que sea poli no me cuadra con la idea que me había hecho de él, porque escucha música rock del tipo antisistema, pero la explicación sí cuadra con el despacho de su foto de perfil.
Yo sigo imaginándomelo como un hípster barbudo de manual, con más pinta de profesor bohemio que de funcionario con placa y pipa de reglamento.
Es culpa de mis prejuicios, supongo.
Vuelvo a mirar su perfil y todo encaja: el polo negro que lleva en la foto podría ser de la policía nacional y el escudo se lo tapa la barba tentacular.
La mesa llena de papeles también tiene sentido si es policía con trabajo administrativo y no de campo, aunque me sigue pareciendo demasiado exagerado que tenga un cubilete de bolis con el toro de Osborne y una la muñequita flamenca de decoración.
El pulpo responde a mi agradecimiento.
«No me des las gracias, guapa. Si realmente estás bien, descansa y mañana hablamos. Aquí me tienes para lo que necesites, en cuerpo y alma».
Aprovecho su mensaje para investigar un poco más en lo que ha dicho y recuperar el tono de broma.
«¿En cuerpo y alma, pulpo? ¿De verdad perteneces al Cuerpo Superior de la Policía Nacional y es cierto que tienes alma de madero? Es que no te pega nada siendo tan rockero».
«Eso díselo al cantante de Los Suaves , Yosi Domínguez. Llegó a Inspector Jefe, siendo una estrella del rock y toda una leyenda, en los escenarios y en las comisarías».
«No suelo escuchar rock español», miento porque sí que escucho algunos grupos, aunque sea más de pop.
Me como las ganas de quedar bien a costa de mi ex y no digo que sabía lo de Yosi porque Los Suaves es uno de los grupos preferidos de Miguel.
Cada vez que discutíamos, mi ex me mandaba la canción Si pudiera, diciendo lo mucho que se arrepentía de todo.
Me la mandó unas mil veces.
Podría haber sorprendido al pulpo, escribiendo la primera estrofa de esa canción porque me la sé de memoria: « si pudiera a la tienda de los sueños ir a comprar con poco dinero todo lo que hasta ahora pude ganar. Y si allí vendieran billetes para el tren de otra oportunidad… ».
O quizá el estribillo: « ¿quién no hizo alguna vez locuras por una mujer? ».
Cada vez que Miguel me la enviaba, yo le contestaba a mala leche, con un clásico de El canto del loco : «aunque digas no, se te ha hecho tarde. Sabes que eres un poquito insoportable».
Miguel era insoportable, pero yo lo perdonaba porque lo quería con locura. Lo perdoné mil veces y una más, como en una condena.
«Yo creo que Los Suaves te gustarían» contesta el pulpo y me pasa un enlace a un video de un directo.
Menos mal que no es la misma canción de la tienda de los sueños, aunque es otra que también me duele y me sigue doliendo: «perdóname por no dejarte, por quererte y haberte querido. Amor: invento del diablo. Querer: burla del destino. ¡Dulce castigo!» .
Si realmente mi ex nos está espiando, no quiero que sepa que me estoy acordando de él, por mucho que sea inevitable después de todo lo que hemos vivido juntos.
Le doy un like a la canción y vuelvo a cambiar de tema, con humor.
« Pulpolicia sería un buen nombre de usuario, ¿no has pensado en cambiártelo? Suena emocionante y tiene muchas ventajas: si te pones de avatar una foto con el uniforme, ligarás mucho, aunque tendrías que cambiar lo de que estás buscando a tu sirena. La sirena de la policía suena a otra cosa».
Le envío un video de una canción muy famosa para picarle y, aunque está en inglés, creo que el chiste lo entenderá igual.
«Woop-woop, that's the sound of da police. Woop-woop, that's the sound of da beast».
Es el sonido de la policía, es el sonido de la bestia.
No le da like , pero responde.
«Soy un pobre pulpolicía chupatintas y mi vida no es emocionante, hago trabajo de oficina. Mi época de patrullar se acabó hace mucho. Da gracias, que no te detendré por tocarme las pelotas con tu cancioncita».
Le doy las gracias, ya que lo ha dicho él mismo, y también le doy las buenas noches.
Él me desea dulces sueños y apago el teléfono, pero no creo que dormir sea una opción para mí.