La Reina de los Mares (Anclados 1) 8. #2
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8. #2

«Me alegra que uséis mi isla para resucitar el espíritu televisivo de Mujeres, hombres y viceversa , pero yo solo quería decir que el café es objetivamente una mierda en bote. Que os den mucho café por donde más os guste tomarlo».

Suelto una carcajada, me pongo a cotillear otras botellas y, a los pocos segundos, recibo un mensaje privado.

Es un audio y es de Superheterodino.

Lo abro con muchísima curiosidad y no negaré que me sorprende escuchar su voz. Es muy grave, melódica y rasposa, como las de los protagonistas masculinos de los audiolibros que escucho.

Uf, qué calor me entra de repente.

—Perdona si te he molestado, señorita Mojama. No quería que te fueses de la conversación. Quería probar a ver si te unías, ya que estabas ahí. MIRONA.

Podría preguntarle a Wilson, pero presiono el botón de responder, activo el micrófono e inquiero en susurros:

—¿Cómo supiste que estaba ahí?

—Porque los que tenemos cuentas premium podemos ver quién está en línea y lo que están leyendo. ¿Por qué susurras?

—Porque no me gusta mi voz —confieso.

—A mí tampoco me gusta la mía.

Me da la risa, ha sonado humilde y sincero, pero es imposible que no sepa lo bonita que es su voz.

—Estás mintiendo.

—Tú también. Seguro que susurras para no despertar a quien tenga la suerte de dormir a tu lado.

No sé si está usando trucos de psicología conmigo, pero me gusta cómo lo ha dicho y me animo a demostrarle que se equivoca.

—Duermo sola —digo en tono normal.

—Será porque tú quieres —bromea y le escucho reírse.

Aprovecho y le pregunto a bocajarro:

—¿Tú duermes con alguien?

—Con mi perro y está un poco sordo, no se despierta POR MUCHO QUE GRITE —termina la frase subiendo mucho la voz y, luego, agrega en susurros—: Por cierto, tienes una voz muy bonita.

Me pongo nerviosa, sonrío y no sé qué decir. Mi voz me parece muy aguda y no me creo que le guste.

—Si tu perro no fuese sordo —bromeo—, estaría ladrando porque sueno como un silbato canino, pero gracias.

—Debo de ser un poco perro porque te escucho perfectamente y se supone que los silbatos caninos no suenan para los humanos.

—Ahora resulta que me oyes y que puedes verme, yo creía que era invisible cuando entraba en las botellas a leer... ¿Tienes superpoderes, Superheterodino? —bromeo.

—Ya quisiera yo tener superpoderes —contesta, con deje divertido—, ahora mismo me teletransportaría…

—Se queda callado un momento y me temo que va a decir que se teletransportaría a mi cama, pero se cohíbe, suelta una carcajada apurada y añade—: Tampoco puedo leerte el pensamiento y no tengo rayos X.

Ancla2 me avisa cuando alguien especial entra en mis botellas o en las que he intervenido; sobre todo, si tengo marcado ese perfil como «persona de interés».

Me quedo sin saber qué decir porque Din ya no está insinuando que le intereso, me lo ha dejado cristalino.

Es halagador que me considere especial y, por otra parte, me asusta un montón. Aunque él debería de sentirse todavía más halagado y asustado, ya que si ha podido verlo todo, debe de saber que llevo semanas cotilleando su isla con alegría y también con alevosía y nocturnidad, como los criminales.

Me da infinita vergüenza, pero contengo las ganas de salir corriendo y le devuelvo el favor.

—Yo también te tengo marcado como persona de interés. Eres gracioso y me gusta leerte.

—Lo sé —contesta y se ríe, algo altivo—. Sé que soy gracioso porque las chorradas que digo me subvencionan el modo premium y sé que te gusta leerme porque lo haces mucho. Pero no digas que me tienes marcado porque no es cierto, los premium podemos ver quiénes nos marcan.

—Al final, voy a tener que hacerme premium.

—Me daría vergüenza que supieses que he visitado mucho tu isla, pero sería genial que pudiésemos acceder los dos a todas las funciones.

Me recuerda a las promociones que me suelta de vez en cuando Wilson y le respondo del mismo modo.

—No me interesa pagar por más funciones, gracias.

—Qué pena, las cuentas premium pueden enviar archivos y hacer videollamadas. ¿No quieres ver lo feo que soy?

Uf, mierda. Eso es tentador, muy tentador.

Lo he imaginado muchas veces y precisamente por eso me niego, porque me funciona la fantasía y no quiero que la realidad lo estropee.

—La verdad es que no creo que seas humano. Creo que eres un bot y ahora quieres que me suscriba al modo premium para sacarme la pasta.

Él no tarda en contratacar:

—Yo pensaba lo mismo de ti, que eras una inteligencia artificial y Ancla2 te había creado a mi medida para que pagase la cuota mensual del modo Cupido, pero al activarlo y ver que tú no lo tenías… Me he llevado una enorme decepción. Por otra parte, me alegro de que seas real.

No sé si quiero seguir la conversación por ese camino, está subiendo el nivel de flirteo muy deprisa, así que cambio de tema con otra duda que me surge.

—Pero ¿el modo Cupido no es gratuito?

—Solo para las mujeres.

—Ah, ya, eso es porque nosotras somos el producto —resuelvo, malhumorada—. Me acabas de convencer para que no me suscriba nunca.

—Me partes el corazón y yo solo tengo uno, no como el pulpo ese…

Alguien lo interrumpe y él manda el audio a medias, pero me da tiempo a escuchar una voz de niña que lo llama papá y le pregunta con quién está hablando.

Uf, mierda.

Con esto se resuelve el misterio de por qué él no sube fotos suyas y es la explicación más común y lógica.

Por desgracia: Superheterodino está casado y su mujer no sabe que él usa las redes sociales para ligar, modo Cupido incluido.

Mi ex me la jugó de una manera muy parecida, solo que la cuenta extra con la que me ponía los cuernos no era de Ancla2, sino del banco y la usaba para pagar en los prostíbulos a los que acudía regularmente.

Le pido a Wilson que cierre la aplicación e intento leer un poco.

Quiero dejar de pensar en esta extraña conversación nocturna, pero me he desvelado como si me acabase de tomar tres tazas de café.

¡O como si me las hubiesen puesto en un enema!

Para colmo, no me concentro en la lectura y, cuando intento hablar con mi coco, este sigue con su monotema de las últimas semanas.

—Si probases el modo Cupido, podrías disfrutar de muchas ventajas. Es cierto lo que ha dicho Din.

—No me interesa.

—Podrías activarlo y desactivarlo, no pierdes nada por probar.

—¿Los demás sabrían que lo tengo activado?

—Solo los que también lo tengan.

—Entonces sí que pierdo algo: pierdo el tiempo, porque algunos me van a escribir y yo no quiero tener nada con nadie... Sería una pérdida de tiempo para todos.

—Tienes más por ganar, te lo prometo.

—Sí, ya lo sé, ¡un crucero! —contesto con ironía, recordando la promoción.

—Eso es —responde Wilson, con su tono de sabiondo—, Superheterodino tiene muchas posibilidades de ganar un pasaje también.

No dice nada más.

Eso despierta mi curiosidad y también me desvela otro poco, pero soy testaruda y no cambio de opinión.

No obstante, el puñetero coco me conoce a fondo, me tiene calada, bien medida y casi consigue que caiga en los brazos cibernéticos de su Cupido.

Pero ahora los que me interesan son los brazos de Morfeo y me acurruco en mi cama, buscando una postura adecuada, haciéndome una bolita y respirando hondo.

Imagino que soy una naranja redondita y sonriente, igual a la de mi estado en Ancla2.

Estoy soltera y entera, feliz y cómoda.

No siento que me esté perdiendo nada y nada me falta para sentirme plena.

Paso tiempo con mi familia y mis amigos, leo, trabajo, vivo... Cuando me aburro, abro la app y me entretengo fácilmente. Puede que a veces tontee un poco con Din o con el pulpo barbudo, pero sin meterme en aguas peligrosas, navegando en una calma plácida que me sacia, una paz que atesoro.

No necesito nada más.