8.
Pasan un par de meses y me acostumbro a mi rutina de cotillear las islas de Superheterodino y David Jones . Entro en ellas cada día y me entretengo revisando las botellas en sus orillas, como quien hojea una revista en una peluquería.
Cuando quiero animarme, visito la de Superheterodino y siempre acabo riéndome con alguna discusión absurda o con algún comentario ingenioso de los suyos.
Además, el pulpo barbudo, como he empezado a llamar cariñosamente a David Jones , me da los buenos días en nuestra botella todas las mañanas y me cuanta alguna tontería que me mantiene entretenida.
Se me pasan las horas volando con él y he llegado a admitir que realmente me brinda cierta compañía. Él se vanagloria de que se salvó del bloqueo, y del hundimiento del Kraken, a base de encanto.
Le he dado la razón, porque es encantador.
Disfruto hablando con él y se me nota, por lo que Wilson mantiene de manera incansable su cruzada para que active el modo Cupido en la app.
Según él, voy a tener muchas ventajas y conoceré muchos perfiles tan afines como los de Superheterodino y el pulpo barbudo o más, yo no lo veo claro y me niego en redondo.
En cuanto a Superheterodino , también le he cambiado el nombre para acortar. Ahora lo llamo Din y no es solo un diminutivo cariñoso de su apodo, es una onomatopeya del sonidito que hace mi teléfono cada vez que él está activo en su isla.
Din, din, din, lo escucho y así no me pierdo nada de lo que dice, una campanita de Ancla2 me lo notifica.
Din y yo nunca hablamos directamente, pero a él le gustan muchos de mis comentarios en otras botellas y yo le devuelvo el favor, reaccionando a los suyos con corazones, risas y pulgares hacia arriba.
A veces suelto alguna réplica rápida a otro usuario, en relación con algo que Din ha dicho, sin abrir una conversación directa entre nosotros.
Y él se porta de igual modo conmigo.
Es un juego curioso, tenemos una conversación sin palabras, sostenida en reacciones que van dejando un poso de entendimiento y una suerte de complicidad.
Nos damos un corazoncito por aquí, un pulgar levantado a una respuesta sarcástica por allá, él hace un comentario mordaz que me saca una sonrisa y yo con otro mío también lo hago reír.
Tenemos muchas cosas en común, pero lo que más me gusta de Din es que es muy diferente a mí, él tiene un tipo de humor insólito que me encanta.
Es único, entiendo que tenga tantísimo éxito.
Es muy fácil reírse con él y sus dos millones de seguidores aumentan cada día, le aplauden mucho y responden con entusiasmo en todas sus intervenciones.
Me sorprende, pero cada vez me cae mejor, a pesar de que también tenga algunas cosillas que me exasperan.
Al principio, yo ni siquiera lo buscaba a propósito en su isla, solo me lo encontraba en cada botella que me interesaba.
Si se abre un debate sobre uno de mis libros favoritos o de alguna película de esas que amo y me sé hasta los diálogos, ahí está él.
Si se declara una guerra entre conspiranoicos, Din desmonta las teorías con ironía afilada y datos reales que me resultan muy curiosos.
Y si explota una botella de puro desvarío y saltan locuras a cada cual más divertida, puedo contar con la aparición estelar de su extraño sentido del humor.
Podría decirse que no importa si lo veo venir de lejos en el mar de Ancla2, él siempre termina sorprendiéndome como el chorro de una ballena que me diese de golpe en la cara.
Por eso, Wilson suele decir:
—Por ahí resopla.
Es la frase que usa para avisarme de que el talento de Din ha surgido en alguna botella que me interesa y mi coco me alegra el día llevándome hasta allí.
Din es mi Moby Dick , una ballena a la que persigo por diversión y no para darle caza. Al mismo tiempo, el pulpo barbudo me persigue a mí.
Los dos son graciosos a su manera.
Me alegro de corazón de no haberlos bloqueado el día en que nos conocimos. Si me hubiesen dicho entonces que terminaría llevándome tan bien con estos dos, no me lo habría creído.
Y tampoco he visto venir lo que me acabo de encontrar esta noche en una botella ajena. Me ha atrapado un remolino, sin comerlo ni beberlo, y la corriente me ha llevado a una conversación muy distinta, totalmente inesperada.
Después de un día largo de trabajo, he entrado en un MEB creado por Lagarto Juantxo , un tipo que me resulta simpático, aunque él se dedique a defender teorías que me parecen absurdas y conspiraciones sin sentido.
He entrado a ver qué se contaba en este MEB porque acaba de etiquetar el contenido como un debate serio sobre el café y yo dudo que alguien se lo vaya a tomar en serio, ni siquiera él.
Su primer mensaje ya es incendiario.
«A ver, lo digo sin acritud: ¡el café sabe fatal! La gente lo toma porque es una droga aceptada socialmente, pero habría que advertir a la población de que su consumo es peligroso».
El usuario que ha recibido esta botella, le ha dado la razón sin mucho interés y supongo que se marchó justo después, porque no ha vuelto a escribir nada.
Yo adoro el café y empiezo a escribir una respuesta en su defensa, pero alguien se me adelanta.
«No hay clínicas de desintoxicación para adictos al café. Si las hubiese, a lo mejor tendrían que ingresarme en una. El café no sabe fatal, su sabor es un placer adquirido que me encanta, como la cerveza, el jazz y tus debates transnochados, a los que tengo ya cierto cariño, Juantxo».
No necesito leer el nombre del usuario, ni ver el cochecito en su avatar, para saber que se trata de Superheterodino.
Lo que ha dicho podría haberlo escrito yo misma y no se me ocurre nada más que añadir, por lo que sonrío y borro mi mensaje, aunque me quedo de ojitos a leer la conversación.
Juantxo no tarda en responder y entre los dos comienzan un toma y daca dialéctico que me entretiene mucho.
«Me estás dando la razón, Superheterodino . Si algo es un placer adquirido, significa que al principio no te gustó y lo adquiriste porque les gustaba a los demás. El café es una droga social igual que el tabaco y a la larga hace tanto daño al cerebro como tus chistes malos » .
«No compares el café con el tabaco, no produce cáncer».
«Los fumadores son los que más café consumen. Y también te puede dar un ataque al corazón por un exceso de cafeína en vena».
«Lo que me va a dar es un ictus de leer tantas gilipolleces sin base científica, Juantxo .
Hay muchos estudios actuales sobre los beneficios que el café aporta a la salud del sistema cardiovascular y del respiratorio.
Te dejo un par de enlaces para que los leas y espero que no te quiten el sueño.
En resumen, amigo, si no te gusta el café, no lo tomes, pero déjanos a los cafeinómanos beber en paz».
«Repites un discurso de mártir consumidor, Superheterodino. Hablas como alguien que se obliga a sufrir hasta convencerse de que lo disfruta, solo porque lo que paga».
«El paladar se educa. No te tragues sin pensar todo lo que lees».
«¿Quién decide qué merece la pena educar?»
«El tiempo. La humanidad. La civilización. La cultura…».
«¡La presión social! Si el café es tan bueno, ¿por qué no se lo damos a los niños? ¿Por qué no se lo damos a los animales?».
«Los niños no son adultos y su sistema nervioso está en desarrollo, pero igualmente muchos toman chocolate y bebidas energéticas. Por cierto, el chocolate para los animales es venenoso, eso siempre es buena idea recordarlo».
«El chocolate tampoco es bueno para los humanos, ni el té, ni el mate... ¡Nos venden veneno y lo consumimos como idiotas!».
«¡Tú sí que eres idiota, no te metas con el mate!» interviene otro usuario y enseguida la botella se enciende como las luces de navidad en Vigo al anochecer.
«Gwyneth Paltrow se pone enemas de café y está estupenda» tercia una iluminada.
Superheterodino responde, en su línea.
«Cada uno es libre de tomarse el café como quiera… y por donde quiera».
Creo que esa frase podría enmarcarla y sirve para calmar un poco las aguas, pero no lo suficiente.
Los mensajes de Din tratan de restar tensión con humor, contesta a algunos comentarios que yo no puedo ver y será porque bloqueé esas cuentas o me tienen bloqueada.
Como me estoy perdiendo parte de la conversación, no entiendo a qué viene de repente que Superheterodino me aluda ¡y de esa manera!
Me quedo ojiplática cuando dice:
«A mí también me costó aprender a apreciar el sabor, pero ahora me encanta. Y me pasó lo mismo con la señorita Mojama. #lavidatedasorpresas».
No me ha mencionado por mi nombre completo y no recibo ninguna notificación, el sistema no lo ha recogido. No me habría enterado de no haber estado leyendo el hilo de mensajes yo misma.
Tengo la corazonada de que Din sabe que estoy mirando y me da mucha vergüenza, me pongo nerviosa y cierro la aplicación.
Voy a la nevera a picar algo, me lavo los dientes y, cuando me meto de nuevo en la cama, no puedo resistirme a reabrir la botella de la discordia.
Los MEBS del café se han convertido en un debate sobre ligar en redes y la chispa de la bomba fue el mensajito de Din, seguido por otro igual de inquietante de Lagarto Juantxo .
«La has echado, bro. Yo creía que las mujeres se te daban bien».
«Se me dan mejor que a ti, Don Juantxo , lagarto, lagarto».
No quiero creer que estén hablando de mí, tampoco quiero pensar que adivinaron el momento exacto en el que yo salí de la app, pero es lo que parece.
«Qué frías están algunas, ¿eh, compadres? Ya no se puede decir nada, todo molesta».
Din y el lagarto obvian ese último comentario y también los cientos que llegan detrás, todos del mismo tipo. Son tantos que la conversación se diluye en una absurda guerra de géneros al estilo tradicional casposo: ellas contra nosotros.
No leo casi nada, esto me aburre hasta la saciedad y solo atrae a trolls.
Poco después, Lagarto Juantxo cierra los comentarios.
Es su MEB y puede hacerlo, así que nadie añade nada más. Su mensaje de despedida se queda flotando en la parte superior de la botella y es el último.