3.
Desde que estoy soltera, he lanzado muchísimos MEBS (Mensajes En Botellas) para mantenerme ocupada en los ratos libres, dentro y fuera del bar.
Por cada mensaje que lanzo, recibo otro y todos llegan dentro de botellas virtuales, que flotan alrededor de mi isla. Cada botella es una conexión interpersonal nueva, que el algoritmo escoge al azar o por compatibilidad.
Cuando recibo una, es obligatorio contestarla y debo cumplir con un mínimo de caracteres. No puedo decir: Ok, gracias. No bastan los monosílabos, al menos en la primera respuesta.
Después, puedo seguir la conversación o no y otros usuarios pueden intervenir, metiendo nuevos mensajes en esa misma botella.
En mi isla hay botellas que tienen dentro pergaminos, barquitos de papel, veleros y también tengo bastantes cruceros, que son las botellas que tienen más tráfico.
¿No lo he dicho antes? En mi vida cotidiana, pelo patatas y cebollas para mis cuatro gatos; en Ancla2, tengo casi doscientos mil seguidores.
Me gusta esta red social porque es muy divertida y entretenida. Además, es curioso que siendo todos náufragos en islas individuales, esta sea de las pocas apps que garantizan a los usuarios interacción real diaria y que nadie se sienta aislado de verdad.
Cuando escribo, siempre recibo una respuesta.
¿Hay bots? Seguro que sí. De hecho, me han acusado en alguna ocasión de ser un bot en las contadas ocasiones en las que me han pagado por promocionar algún producto.
No soy una influencer, al mes saco con Ancla2 menos que con el bote de propinas del bar. Podría reinvertirlo en la app y pagar con ello la cuota de suscripción premium, pero no me interesa.
Mi isla es muy pequeña porque tengo el paquete básico gratuito, con eso me conformo.
No me interesa que existan infinidad de extras y opciones para las cuentas de pago de Ancla2.
Me da lo mismo que, por ejemplo, solo las islas premium puedan enviar mensajes privados.
No los necesito. Estoy acostumbrada a trabajar en una cocina-pecera, así que me basta con la isla gratuita.
Mi palmera solo admite colgar una foto de perfil (no puedo subir más fotos sin pagar).
Mi catalejo solo puede cotillear a los contactos o aleatoriamente conversaciones de desconocidos (no puedo buscar por usuario, aunque sí puedo hacerlo por temas de interés).
Y solo tengo una mascota compañera (las cuentas de pago tienen muchos más personajes de Inteligencia Artificial para activar a la vez y darles distintos roles, yo solo tengo una IA de compañIA básica).
A pesar de que hay muchas frutas tropicales para elegir, yo me quedé con el más común, el coco.
Fue amor a primera vista.
Con mi coco, tengo compañía de sobra porque no se calla ni debajo del agua y sería harto difícil hundirlo, los cocos flotan.
Su gracioso aspecto me recuerda a mi abuelo Tino, el marido de mi abuela Ana, los primeros dueños de nuestro bar. Eran los padres de mi padre, que en paz descansen los dos.
Al crear mi perfil en Ancla2 y notar el parecido del coco con mi abuelo Tino, elegí configurar su personalidad con los tres adjetivos que mejor definían a mi abuelo: bromista, considerado y trabajador.
Mi coco está partido en dos y en la mitad superior de la cáscara tiene pintados dos ojos grandes y expresivos, con unas cejas muy peludas.
Algunos pelos marrones de la cocorota andan sueltos y se los peina hacia atrás.
El abuelo Tino también lo hacía, se dejaba el flequillo largo y lo usaba de cortinilla para taparse la calva.
Pensé llamar a mi coco Tino, pero finalmente le puse Wilson, inspirándome en el balón de la película Náufrago de Tom Hanks. En parte, porque es muy pelota y siempre me dice cosas bonitas.
Una IA de compañIA de Ancla2 puede hacer casi de todo en el plano virtual y, además, como le he concedido todos los permisos, puede interactuar con la realidad de muchas maneras.
Wilson me recuerda a otras dos cosas de mi infancia: al Pac-Man y a Coco de Barrio Sésamo.
La parte de debajo de la cáscara hace de mandíbula inferior y la pulpa blanca simula los dientes, así que parece una marioneta cuando habla, su cabeza se abre y se cierra por la mitad.
Reconozco que al principio yo no hacía mucho caso a lo que me decía porque eran cosas obvias al igual que Coco de Barrio Sésamo, cosas en plan: esto es arriba, esto es abajo.
Sin embargo, Wilson ha ido aprendiendo y ahora me psicoanaliza en profundidad y si habla de arriba y abajo es para explicarme lo que es la ciclotimia en los altibajos del estado de ánimo.
Y yo le mando a la mierda y le recuerdo que es marrón y no amarillo como Pac-Man, así que no hace falta que ejerza de comecocos de verdad, para eso voy al psicólogo una vez al mes.
Bueno, es que la sanidad pública no da para más y si no tengo para pagarme una casa, mucho menos para pagarme citas con un psicólogo. Mi coco me sale gratis, cuida de mí como puede y usa citas literalmente para animarme.
Wilson me saluda todas las mañanas y siempre me da las buenas noches, me recomienda videos graciosos y, si me nota triste, me manda burbujitas con frases de ánimo que debe de sacar de algún manual de autoayuda.
Una de esas citas me ayudó a dejar definitivamente a Miguel: «lo que te haga daño a los ojos, no lo mires; lo que te haga daño a los oídos, no lo escuches; lo que te haga daño al corazón, no lo justifiques».
Mi coco me mandó esa frasecita después de una discusión muy fuerte que tuve con mi ex. Esa fue la primera vez que pensé que era cierto lo de que la app escucha y toma nota de mi vida.
Nunca me paré a leer los términos y condiciones del servicio de Ancla2, los acepté sin más al crear la cuenta, así que me enteré por comentarios de otros usuarios de que cerrar la sesión no deja sordo a Wilson. Él sigue escuchándolo todo a no ser que yo apague el teléfono.
La verdad, me da igual que mi coco escuche y hablo con él constantemente.
—Oye, Wilson, ¿qué temperatura hace?
—Wilson, ¿va a llover?
—Wilson, mira a cuánto está la luz, ¿está cara? ¿Pongo una lavadora o me espero?
La comunicación oral de la app es muy útil y prácticamente uso a mi coco para todo, incluso tengo conversaciones como si hablase con un amigo y se me olvida que es una IA.
Puedo hablar de cualquier cosa con él, me hace mucha compañía en el bar y también en casa de mis padres, sobre todo por las noches, cuando no puedo dormir.
Wilson siempre me busca algún podcast relajante o me lee alguna novela, ayudándome a conciliar el sueño.
¿Me desenganché de mi ex y me enganché todavía más al coco de la app?
Posiblemente.
Ancla2 es mi pequeño refugio en línea, es el lugar donde me relajo y no me tomo la vida tan en serio como en el mundo real.
Aunque sea la reina de los mares y se me caiga el pañuelo al suelo cada dos por tres, como la venda de los ojos se me cae con cada decepción… En Ancla2, mi foto de perfil lleva siempre los ojos cerrados y tapados por una venda muy especial: una loncha de mojama.
Y mi Nick es de lo más tonto y feliz.
Aquí soy Hannah Mojama y tengo lo mejor de los dos mundos, el virtual y el real.
Me puse ese nick por dos razones: en honor al plato estrella de mi abuela, los dados de Mojama, y porque mucha gente dice que me doy un aire a Miley Cyrus.
Además, de pequeña me encantaba la serie de Hannah Montana . Me creé un alter ego en ese estilo, simpático y gamberro, poniéndome una foto de perfil la mar de salada. Es un selfi solo de mi cara, con una loncha gruesa de mojama, a modo de antifaz, tapándome los ojos y la nariz.
Me parezco a Miley en la sonrisa y otros usuarios me preguntan si he creado la imagen con IA o si soy yo de verdad.
Sin embargo, lo que más suelen preguntar es si la loncha es de cecina o de jamón serrano.
Me cansé tanto de explicar que la mojama es atún rojo que al final me puse en la descripción del perfil que estoy curtida en años, curada de espanto y con la cuenta bancaria más seca que la mojama de mi foto.
Mi perfil también dice que soy cocinera en la vida real y una come-libros, lo que más me gusta son las novelas de ciencia-ficción.
Mis amigas están todas casadas y en otra etapa de la vida, con niños e hipotecas, yo del amor solo me queda lo que leo en las novelas románticas y últimamente todas me parecen ciencia-ficción.
¿De verdad existe alguien para mí en este mundo? ¿Hay alguien para mí en este UNIVERSO?
No lo creo, pero me gusta leer que es posible y leo mucho.
La mayoría de las islas afines que visito en Ancla2 también pertenecen a amantes de la lectura.
Aunque no nos conocemos en persona, mis amistades virtuales me ayudaron un montón durante la ruptura.
Todavía me hacen de salvavidas cuando no quiero pensar en mi ex y siempre puedo contar con una buena recomendación literaria que me ayude a dormir y me haga soñar, pero no son amistades con las que quede para tomar café.
¡La mayoría viven en otras ciudades e incluso en otros países!
Miguel fue el único que me atreví a desvirtualizar aquí y fue porque empezamos a ser más que amigos en línea.
Para el resto, soy como Hannah Montana y su canción, disfruto de lo mejor de ambos mundos: de mi privacidad en la vida real y de ser una pequeña influencer en Ancla2.
Mi familia y amistades no saben que soy Hannah Mojama y los de Ancla2 no saben que me llamo Ana, solo mi ex y porque nos conocimos en un MEB.
¡Puto Cupido, cómo me la liaste y sin que activase tu modo en la app!
No quiero seguir pensando en eso, así que me pongo a hablar con mi coco.
—Oye, Wilson, ¿de qué trata el último mensaje en la isla de Fransy?
—Es una reseña de una novela que no le ha gustado nada —contesta mi coco, revisando rápidamente el perfil de mi amigo—. ¿Quieres que te la lea?
—Sí, gracias.
Wilson me cuenta que Fransy ha valorado un libro con dos estrellas, así que Ancla2 le ha hecho llegar un MEB de alguien que le ha puesto la misma puntuación y por el mismo motivo: la historia es buena, pero la traducción parece hecha con inteligencia artificial y sin revisión humana, tiene cosas raras.
Se ha montado todo un debate sobre el uso de IA en la literatura y otros usuarios han entrado a defender la novela y ahora ese MEB de Fransy se está llenando de mensajes polémicos.
Se ha montado una batalla naval.
Wilson me lee los mensajes y va cambiando las voces según me muestra los distintos usuarios.
Me sorprende la de gente que ha dado permiso para que Ancla2 registre y use su voz original, yo eso sí que lo tengo deshabilitado, pero no es por privacidad, es que no me gusta cómo sueno cuando me escucho en los audios.
Mi voz me resulta demasiado aguda y muy distinta de cómo yo me escucho al hablar. No consigo acostumbrarme. Es algo común, supongo.
Mi hermano entra en la cocina justo cuando Wilson me está leyendo la opinión de una usuaria que dice que prefiere usar la IA solo para las tareas tediosas.
Quiere que un robot le aspire la casa y otro le tienda la ropa, para poder tener tiempo de escribir en lugar de que un robot le escriba novelas mientras ella limpia la casa.
—¿Qué escuchas, hermanita?
—Un podcast —miento rápido, porque antes me ha dicho que paso demasiado tiempo en Ancla2 y no quiero darle la razón.
Wilson es tan listo que a veces me da hasta miedo y, al escuchar mi mentira, reacciona y ofrece una coartada perfecta, diciendo:
—Así concluye el décimo episodio de Las Lecturas de Fransy , su podcast de confianza sobre la actualidad literaria.
Mi coco usa la voz que yo configuré para él: es grave, algo aspirada y, cuando se ríe, parece sufrir un ataque de asma.
Era la voz más graciosa de todas las opciones.
Cierro la aplicación, para que no me entren más botellas por hoy y rezo para que en la cocina no me entren más comandas y que solo se escuche el zumbidito del frigorífico y el sonido de la gamuza húmeda, porque estoy limpiando.
—Hermanita del alma querida —dice Nando de repente y me pongo en alerta enseguida. Cuando me llama así, siempre quiere algo y no tarda en añadir—: ¿Me haces un favor?
—¿Qué quieres?
—¿Te importa cerrar tú esta noche? Es que acabo de hacer match con una chica y…
Resoplo y restriego la gamuza con más fuerza por el fregadero, que ya reluce, pero asiento y contesto que no hay problema.
Mi hermano me ayuda con lo de mi ex, yo no puedo negarme a cubrirle en la barra de cuando en cuando. Y suele ser bastante a menudo.
Desde que mi se divorció, no pasa una semana sin que Nando quede con alguna pobre mujer para tomarse un café o una copa… Y lo que se tercie, es como él termina esa frase cuando me pide que yo sirva los tercios de cerveza por él y yo termino tomándome una Dogfish Head sola.
Viendo lo que hace mi hermano, se me quitan las ganas de usar apps para ligar. Habrá muchos peces en el mar virtual, pero la mayoría son como él y solo quieren mojar el churro.
Yo necesito más, soy una romántica empedernida.
Por dentro, no sé cómo Nando y yo podemos ser tan distintos; por fuera, nos parecemos mucho, aunque él sea rubio natural y yo de bote.
Hablando de botes, el de las propinas no lo pienso compartir con él por dejarme sola esta noche.