Capítulo 25
Duarte no le dio tiempo a la victoria de asentarse.
—Doscientos años de trabajo —rugió, la máscara de cortesía finalmente cayendo por completo, revelando algo debajo que ya no tenía nada de humano: ojos completamente grises, sin pupila, y una voz que parecía venir de muchas gargantas a la vez—.
No voy a dejar que una niña deshaga generaciones de planificación en una sola tarde.
Se abalanzó hacia el trono con una velocidad imposible, pero Diego —ya libre del peso que lo había consumido durante cinco años, sus movimientos repentinamente más rápidos, más claros, como si hubiera estado luchando bajo el agua todo ese tiempo y recién ahora emergiera— se interpuso una vez más.
La pelea que siguió fue breve pero feroz, dos hombres luchando no solo por sus vidas sino por el destino entero de un reino.
Leonor, todavía sintiendo el poder recién despertado de su sangre real corriendo por sus venas, se unió a la lucha, canalizando algo del broche real que amplificaba cada movimiento con una precisión que jamás había experimentado en cinco años de entrenamiento.
Juntos, finalmente, acorralaron a Duarte contra el mismo trono que había intentado corromper durante dos siglos.
—Esto termina acá —dijo Leonor, la espada apuntando directamente a su garganta—. La Corte Gris pierde su receptáculo hoy.
—Siempre hay otro receptáculo —sonrió Duarte, incluso con la muerte a centímetros—. Otro reino, otra corte débil esperando ser explotada. Esto no termina conmigo, princesa. Apenas empieza.
—Tal vez —dijo Diego, colocando su propia espada junto a la de Leonor—. Pero hoy, en este reino, en este trono, termina con vos.
La luz dorada que aún flotaba en el aire, remanente de la ruptura de la maldición, se concentró alrededor de las dos espadas cuando descendieron juntas, y Duarte se desvaneció en un grito que sonaba más a mil voces perdidas durante dos siglos que a un solo hombre muriendo.
Cuando todo terminó, el gran salón quedó en un silencio roto únicamente por la respiración entrecortada de ambos y, a lo lejos, los gritos de victoria de la Tercera Unidad al ver retirarse a los soldados restantes de la Corte Gris, ahora sin líder ni propósito.