La Reina Caída Capítulo 22
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Capítulo 22

La batalla que siguió fue caótica y brutal. Tomás luchaba a pocos metros, defendiendo a un grupo de refugiados aterrados con Renata entre ellos. La Tercera Unidad, leal a Diego hasta el final, se enfrentaba a los soldados de Duarte con una ferocidad nacida de la lealtad genuina, no del miedo.

Pero Duarte no había venido a pelear una batalla convencional.

—Sabés lo que tiene que pasar, general —dijo, esquivando el ataque de Diego con una facilidad antinatural—.

Si ella muere, la maldición busca un nuevo equilibrio en vos, más fuerte que nunca.

Si vos morís, ella queda libre para reclamar un trono que la Corte Gris jamás permitirá que se estabilice. De cualquier manera, ganamos.

—Hay una tercera opción —gritó Leonor, recordándolo todo de golpe: el tratado antiguo, el ritual, la sangre legítima devuelta al trono voluntariamente—. ¡Diego, el salón del trono! ¡El ritual solo funciona ahí!

Diego entendió de inmediato, a pesar del dolor reciente, a pesar de la traición que aún quemaba entre ellos. Luchó su camino hacia ella, cortándose paso entre soldados y sombras, hasta que finalmente estuvieron espalda contra espalda, la única formación que tenía sentido en medio del caos.

—¿Confías en mí lo suficiente como para intentarlo? —preguntó ella, sin aliento, mientras rechazaba el ataque de un soldado enemigo.

—No sé si confío en vos todavía —admitió Diego, la honestidad brutal en medio de la batalla—. Pero confío en que ninguno de los dos merece morir por los pecados de un hombre que lleva dos siglos moviendo los hilos desde las sombras.

Fue suficiente. Tuvo que serlo.

Juntos, se abrieron paso hacia lo que quedaba del gran salón, dejando atrás a Tomás y al resto de la unidad conteniendo la línea de batalla con una valentía que Leonor juró en silencio jamás olvidar, pasara lo que pasara en los minutos siguientes.

Duarte los siguió, por supuesto. Nunca había tenido intención de dejarlos llegar tan lejos.