La Reina Caída Capítulo 21
81%

Capítulo 21

Leonor no discutió. Salió de la biblioteca con la espalda recta y el corazón hecho pedazos, refugiándose en el único lugar donde nadie la buscaría: las ruinas del antiguo salón del trono, donde irónicamente había menos vigilancia que en cualquier otro rincón del campamento.

Renata la encontró ahí horas después, sentada entre los escombros del trono destruido.

—Se lo dijiste.

—Tenía que hacerlo.

—¿Y ahora?

Leonor no tenía una respuesta que no sonara desesperada.

—Ahora espero. Y me preparo para lo que sea que venga después. Con él o sin él.

Lo que vino después llegó mucho antes de lo que ninguna de las dos esperaba: gritos desde las murallas exteriores, el sonido inconfundible del acero chocando contra algo que no era acero en absoluto. La Corte Gris había decidido que esperar ya no servía a sus intereses.

Esta vez no eran simples constructos de sombra. Eran soldados auténticos, encabezados por una figura que Leonor reconoció con un horror que le heló hasta los huesos: Lord Duarte, consejero de confianza de su propio padre, a quien todos habían creído muerto en la caída de Ashvara hacía cinco años.

—Princesa —dijo Duarte, con una sonrisa que no tenía nada de humana, mientras sus soldados rodeaban el patio interior—. Qué conveniente que hayas decidido revelarte justo a tiempo para ahorrarme la molestia de buscarte.

—Fuiste vos —dijo ella, la pieza final del rompecabezas encajando con una claridad devastadora—. Vos organizaste la caída de mi familia. Vos pusiste a Diego en el trono sabiendo lo que la maldición le haría.

—Culpable en todos los cargos. —Hizo una reverencia burlona—.

Un reino fracturado, gobernado por un hombre que se consume lentamente, es infinitamente más fácil de controlar desde las sombras que un reino estable con una reina legítima y fuerte en el trono.

Nada personal, Leonor. Solo negocios que llevan dos siglos en desarrollo.

Diego apareció entonces, espada en mano, la traición reciente momentáneamente olvidada ante la amenaza inmediata que representaba Duarte y sus soldados.

—Alejate de ella —gruñó, colocándose entre Leonor y el consejero corrupto con una instintividad protectora que desmentía todo el dolor que había sentido horas antes.

—Qué conmovedor —rió Duarte—. El usurpador defendiendo a la heredera que vino a matarlo. ¿Saben? Realmente debería haberlos dejado que se enamoraran en paz. Habría sido muchísimo más fácil matarlos a ambos juntos, sin necesidad de tanto teatro.