La Reina Caída Capítulo 20
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Capítulo 20

Encontró a Diego en la biblioteca, revisando mapas con una concentración febril que no lograba ocultar el temblor de sus manos. La marca de su brazo, no cubierta esta vez, palpitaba con una luz enferma que se había vuelto casi constante en los últimos días.

—Necesito hablar con vos —dijo Elena, cerrando la puerta tras de sí con una calma que no sentía en absoluto.

—Si es sobre el ataque de esta mañana, ya di órdenes para...

—No es sobre eso. —Su voz tembló apenas, lo suficiente para que él levantara la vista de inmediato, alerta—. Es sobre mí.

Algo en su expresión cambió, una quietud repentina que sugería que una parte de él ya sabía, o al menos temía, lo que estaba por escuchar.

—Te escucho.

Elena respiró hondo, sintiendo cómo cinco años de mentiras cuidadosamente construidas empezaban a desmoronarse con cada palabra que estaba a punto de pronunciar.

—Mi nombre no es Elena. —Las palabras salieron más firmes de lo que esperaba, como si decirlas en voz alta después de tanto tiempo liberara algo atrapado en su pecho—.

Soy Leonor. Hija de la reina Maren y el rey Aldric de Ashvara.

La heredera que la Corte Gris quiere muerta.

La misma que vos derrocaste hace cinco años, aunque ahora sé que no fue realmente tu culpa.

El silencio que siguió fue el más largo y más devastador que habían compartido jamás.

Diego se puso de pie lentamente, el rostro pálido como si le hubieran arrancado el aire de los pulmones. Cuando finalmente habló, su voz era apenas un susurro roto.

—Todo este tiempo.

—Todo este tiempo —confirmó ella, las lágrimas que había estado conteniendo finalmente desbordándose—. Vine a este ejército para matarte, Diego. Para vengar a mi familia. Y en cambio...

—En cambio, ¿qué? —Su voz se endureció, la traición cristalizándose en algo más afilado—. ¿En cambio decidiste jugar conmigo mientras esperás el momento oportuno? ¿Cuándo pensabas hacerlo, Leonor? ¿Antes o después de anoche?

La acusación le dolió más de lo que cualquier arma física podría haberle dolido.

—Nunca fue así. Dejé de querer matarte hace semanas. Tal vez desde la primera noche en la torre.

—¿Cómo puedo creerte? —Su voz se quebró en algo crudo y doloroso—. Cada palabra que me dijiste, cada momento que compartimos, todo estuvo construido sobre una mentira desde el principio.

—No todo. —Dio un paso hacia él, aunque el instinto le gritaba que se detuviera—. Lo que siento por vos es lo único verdadero que he tenido en cinco años.

Diego retrocedió, la distancia entre ellos convirtiéndose en algo mucho más profundo que el espacio físico que los separaba.

—Necesito tiempo, Leonor. —El nombre sonó extraño en su boca, cargado de un dolor que la desgarró por dentro—. Necesito... necesito que te vayas. Ahora.