Capítulo 14
La verdad casi salió a la luz al día siguiente, y no por decisión de Elena.
Un emisario de la Corte Gris —disfrazado de mercader, con los ojos demasiado quietos para ser humanos del todo— se presentó ante Diego solicitando audiencia privada.
Elena, apostada como guardia fuera de la sala, escuchó lo suficiente a través de la puerta entreabierta como para que el corazón se le detuviera en el pecho.
—La princesa Leonor sigue viva, general —dijo la voz del emisario, suave y fría como el metal—. Nuestras fuentes confirman que cruzó la frontera hace cinco años. Si aparece, si intenta reclamar el trono, la maldición encontrará un nuevo equilibrio. Uno que no le convendrá a nadie.
—¿Me estás amenazando o advirtiendo? —La voz de Diego sonaba tensa, peligrosa.
—Te estoy informando. Lo que hagas con esa información es asunto tuyo. Pero si la encontrás, general, te recomendamos entregársela a la Corte antes de que ella decida qué hacer con vos.
El emisario se retiró poco después, dejándola a Elena con la certeza aterradora de que el tiempo se le acababa mucho más rápido de lo que había anticipado.
Si la Corte Gris sabía que Leonor estaba viva, era cuestión de tiempo —días, tal vez horas— antes de que alguien atara los cabos y la reconociera bajo el nombre de Elena.
Esa noche, encontró a Diego solo, con una expresión distante que no había visto antes.
—¿Pasa algo? —preguntó, aunque ya conocía la respuesta.
—Tengo razón para creer que la heredera legítima de Ashvara sigue viva —dijo él, sin rodeos—. Y si es cierto, tengo que encontrarla antes de que la Corte Gris lo haga primero. Por su seguridad. Y por la mía.
Elena sintió cómo cada palabra la acercaba más al borde de un precipicio del que ya no habría vuelta atrás.
—¿Cómo pensás encontrarla?
—No lo sé todavía. —La miró con una intensidad renovada, como si buscara algo en su rostro que nunca antes había buscado con tanta desesperación—.
Pero cuando lo haga, voy a protegerla con mi vida.
Se lo debo a Ashvara. Y, extrañamente, siento que se lo debo también a vos, aunque no sé explicar por qué.
Elena tuvo que apartar la mirada antes de que las lágrimas que amenazaban con desbordarse la delataran por completo.