Capítulo 34 #2
Ambos estaban en la cama, totalmente desnudos, y él la rodeaba firmemente con un brazo, mientras la castaña se acurrucaba sobre su pecho, escuchando el latido constante de su corazón.
—Ahora qué todo terminó, ¿qué sucederá entre nosotros? —se atrevió a preguntar, inquieto—. Sé que te casaste conmigo por la naviera y el dinero, pero…
—¿De verdad me hablarás de eso justo ahora? —susurró ella, molesta, y Sheldon la abrazó con fuerza.
—Quiero disculparme contigo por haber llegado tan tarde, por no haber podido hacer más por ti y tus hermanas.
Hortensia alzó el rostro para mirarlo a la cara y esbozó una pequeña sonrisa.
—Estamos a mano, Sheldon Bass.
Frunció el ceño, claramente confundido por sus palabras.
—¿A mano? ¿A qué te refieres?
—Tú llegaste tarde a la batalla —explicó ella con suavidad, delineando su rostro—, y yo tardé demasiado tiempo en confesarte mi amor.
Sheldon se tensó por completo, conteniendo el aliento y Hortensia asintió, reafirmando sus palabras con una fijeza que le desarmó el alma.
—Te amo, Sheldon. Y doy gracias a los santos de que sigas con vida, porque por un momento pensé que tendría que vivir el resto de mis días con el terrible remordimiento de no habértelo dicho nunca.
El hombre exhaló un suspiro trémulo y unió sus labios con necesidad.
—Al final de todo, sí pude recuperarte, mi flor —soltó entre besos, cerniéndose sobre ella, y Hortensia se rio contra sus labios.
—Pero antes de que cantes victoria, debes saber que pienso emprender un viaje para conocer el mundo. —Él la miró con sorpresa—. Creo que ya hice mucho por mi gente y quiero unas vacaciones.
Sheldon tragó con fuerza.
—¿Puedo ir contigo?
—¿Dejarás la naviera así, sin más?
—Yo… lo dejaría todo por ti —admitió, uniendo sus labios con avidez.
Jamás desaprovecharía la oportunidad que la vida le dio, él haría que Hortensia se sintiera feliz y dichosa por el resto de sus días.
***
Lucifer observó en silencio como la pequeña Nancy caía rendida en los brazos de Maggie y se acercó a ellas con paso cauteloso, temiendo alterar a su esposa, para ver como dejaba a la niña en su cuna con sumo cuidado.
—Se parece mucho a ti —susurró con cautela, y ella asintió—.
Es tan hermosa como su madre. —La abrazó por detrás, tomándola por sorpresa, y la sintió tensarse—.
¿De verdad nunca vas a perdonarme, mi amor?
—la desesperación se imprimió en su voz y ella rompió su abrazo con cautela, pidiéndole en silencio que abandonaran la habitación.
Ninguno quería despertar a los mellizos.
—¿Qué sucede, Lucifer? —preguntó una vez que estuvieron en sus aposentos y él tragó con fuerza al ver como se frotaba las sienes—. Ya acepté irme contigo a Londres, ¿qué más quieres?
—Yo solo quiero que vuelvas a mirarme con amor, Maggie —admitió, desesperado, y la rubia lo observó con sorpresa—.
Yo… —se arrodilló ante ella y la abrazó por las caderas—.
De verdad lo siento, me equivoqué al creer que nunca podría amar a nuestros hijos y que vivir sin ti sería sencillo.
—La voz se le quebró—. Los amo tanto que quiero usar mi poder y fortuna para obligarlos a quedarse a mi lado, pero sé que ese camino nunca será el correcto, mi amor.
—Lucifer…
Randolph negó rápidamente con la cabeza. No quería que ella lo llamara de esa manera, ¡él no quería ser el temible Lucifer para la mujer que amaba!
—Si quieres quedarte, no te obligaré a venir conmigo —soltó de pronto, comprendiendo que no habría muestra más grande de amor que dejarla junto a sus hermanas.
Sus alarmas se prendieron al sentir como se desestabilizaba y rompió el abrazo sólo para ver cómo se arrodillaba frente a él, con los ojos color esmeralda abiertos de par en par.
—Maggie… —las lágrimas se deslizaron por sus pálidas mejillas—. No llores, por favor, yo… ya no sé qué más puedo hacer para enmendar mis errores. ¿Quieres que me vaya mañana mismo? Porque si es así, yo…
Los labios femeninos lo callaron abruptamente y él empezó a respirar con dificultad, ella… ¿lo estaba perdonando?
—Ni siquiera lo pienses, Randolph, yo no dejaré que mis hijos crezcan sin su padre —susurró contra sus labios, tomándolo por sorpresa, y no pudo contener el sollozo que brotó de su garganta.
Ella lo abrazó con fuerza, brindándole todo su consuelo—.
¿Sabes? Esta mañana sufrí mucho ante la idea de separarme de mis hermanas, pero fue una sensación aceptable.
Randolph la buscó con la mirada, agradeciendo que ella le sonriera con ternura.
—En cambio, cuando me planteaste la idea de dejarme, supe que no podría vivir sin ti, mi amor.
En esta ocasión, fue él quien la besó con vehemencia.
Ella lo amaba, le estaba dando una nueva oportunidad y él sólo esperaba que la culpa que sentía por haber sido un pésimo esposo en los últimos meses pudiera ser borrada con todo lo que pensaba hacer por ellos a partir de ahora.
***
Azucena observó como la fiesta llegaba a su fin y todos se retiraban a sus moradas y sonrió con satisfacción, girándose hacia el puerto para apreciar el oscuro paisaje.
—Ahora sí, todo terminó —suspiró, contenta, y Max chasqueó la lengua a su espalda.
—Te equivocas, tú y yo aún tenemos un par de aventuras pendientes —se posicionó junto a ella, observando el horizonte.
—¿A qué te refieres? —Frunció el ceño y el aire se atoró en sus pulmones cuando Max sacó unos pasajes del bolsillo de su levita—. No lo entiendo… —su voz tembló y él le sonrió con ternura.
—Sé que estás feliz de que todos en Gloucester estén bien, pero también sé que te preocupa mucho el bienestar de nuestras hijas, por lo que no veo razón alguna para seguir esperando.
Los ojos se le llenaron de lágrimas.
—¿Iremos por ellas?
—Iremos por ellas, visitaremos a tus padres y nos casaremos bajo su bendición.
Azucena lo abrazó con fuerza, incapaz de contener la emoción que sentía en el pecho.
—Muchas gracias, Max, yo… pensaba hablarte del tema mañana, pero jamás imaginé que tú adelantarías todo. —Conectó sus miradas, sonriente.
—Ya perdí muchos años con Percival, no dejaré que la historia se repita con mis pequeñas y ahora haré lo correcto.
—¿Lo correcto? —preguntó con picardía, y él asintió.
—Te haré mi esposa, Azucena.
—Considerando que no pienso contarles toda la historia a mis padres, puedes decirme Azucena Eleonor McLeod —empleó su apellido con orgullo—, pero sólo por ahora —le guiñó el ojo y él asintió.
—Porque pronto serás Azucena Eleonor Frensby, ¿verdad?
—¿Tú qué crees? —bromeó con él y lo besó con ternura, sellando su amor bajo la luz de la luna.
Al final de todo, el destino se encargó de poner las piezas en su lugar y cuando pensó que nunca más volvería a saber de él, ni lograría salir del infierno en el que vivió por años, Max regresó a su vida para cambiarlo todo y brindarle una nueva oportunidad de tener la familia que siempre quiso.
Todo indicaba que redimir a un miserable no era tan complicado.
FIN