Capítulo 33
A pesar del cansancio, la fatiga y el malestar, todos llegaron a Gloucester con el único fin de preparar el entierro de las personas que cayeron en combate y Nancy.
Por supuesto, aquellos que requerían atención médica fueron atendidos con inmediatez, y los recién llegados —las personas que rescataron y no tenían adónde ir— colaboraron en todo lo que estuvo dentro de su alcance como muestra de agradecimiento.
Nadie parecía extremadamente feliz. Todos estaban en medio de un trance y suponía que la realidad llegaría a sus vidas con el pasar de los días. Después de todo, si bien había mucho que festejar, las pérdidas que sufrieron dejaban un gran vacío en sus pechos.
—Madre… —la voz de Percival la ayudó a salir de su ensoñación y lo buscó con la mirada—.
Quiero ir con Lucifer —admitió de pronto, tomándola por sorpresa, y buscó a Max con la mirada.
Él ladeó el rostro, confundido. Ninguno entendía por qué su hijo quería ver al castaño—.
Hugh y yo lo ayudamos a huir con su esposa e hijos, pero ella… se veía muy débil.
¿Hijos? ¿Maggie tuvo gemelos?
Un momento…
—Hugh… —susurró y empezó a buscar con la mirada. Con todo el ajetreo de abandonar Salem, ni siquiera pudo reunirse con Hortensia y Gardenia—. ¿Dónde está? ¿Por qué no se acercó?
Él era su amigo y ella sentía que le debía la vida por haber cuidado de su hijo durante tantos años. Prácticamente aceptó ser un rehén de Steve sólo para proteger a Percival de su maldad.
—Está ayudando a cavar las tumbas —respondió su hijo—. Me dijo que ya habría tiempo para hablar, que no me preocupe por nada y tú tampoco.
Azucena esbozó una débil sonrisa y agradeció que Max sostuviera su mano con firmeza. Era verdad, a partir de ahora el tiempo no volvería a jugar en su contra.
—Está bien. Visitemos a la duquesa de Marlborough.
Cuando llegaron a la habitación de la rubia, el corazón se le encogió al ver a Gardenia y Hortensia con dos niños en brazos junto a una cuna —una que los hombres del pueblo hicieron especialmente para Maggie hace varias semanas—.
En la cama, Maggie permanecía recostada con Lucifer junto a ella.
El hombre aferraba la delicada mano con una determinación inquebrantable y por la tranquilidad que brillaba en sus ojos castaños, dedujo que el peligro se había ido.
—Pueden pasar —musitó Lucifer con aspereza y Azucena se acercó a la cama con rapidez, aún lamentaba no haber podido hacer nada por ella en el criadero.
—Me alegra tanto que estén bien —admitió con inquietud—. De verdad lo siento, Maggie, yo… no pude huir de Sean e ir por ustedes.
Dio un respingo en su lugar cuando Maggie sujetó su mano y conectó sus miradas.
—No debes disculparte por nada —musitó—.
Sigo sin entender muchas cosas —miró por detrás de su espalda y Azucena se sorprendió al ver a Thomas y Sheldon al otro extremo de la habitación—.
Pero me siento feliz de que todos estén sanos y salvos —la voz femenina tembló, y dedujo que ya estaba al tanto de lo que sucedió con Nancy.
—Fuiste muy valiente —acarició su coronilla y observó de reojo como Percival se acercaba a las hermanas Gardener para ver a los niños.
—Se ven saludables, milady —espetó su hijo.
—Hiciste un gran trabajo, Maggie —la felicitó Max, posicionándose junto a ella.
—¿Un gran trabajo? —musitó la rubia, arrastrando sus palabras, y se alarmó al ver como sus ojos se llenaban de lágrimas—. Todo fue mi culpa, mi nana murió por defenderme. Si yo no fuera tan débil…
—No digas eso —aseveró Hortensia, acercándose a la cama.
—Nadie puede predecir ni lidiar con la maldad ajena —añadió Azucena, un tanto preocupada por sus pensamientos tan negativos—. Nancy sólo intentó protegerte hasta el final, a ti y a tus hijos.
La rubia rompió en un suave llanto y no dejó que Lucifer la abrazara, ella necesitaba llorarle a la mujer que siempre consideró su madre.
—Su muerte no quedó impune —añadió Gardenia, dejando que Percival cargara al niño, y se acercó a la cama—. Logramos vengar su partida.
—Yo no hice nada —sollozó la rubia y sus hermanas le sonrieron con ternura.
Maggie las miró a través de las lágrimas, confundida.
—Eso no es verdad —le aclaró Gardenia—. Nosotras matamos a esos infelices utilizando las armas que tú misma diseñaste. Así que Nancy, donde sea que esté, sabe perfectamente que nosotras estaremos bien y que logramos cobrar justicia.
Esas palabras lograron aligerar el malestar de Maggie y Hortensia se acercó a la cama para entregarle a su hija, quien dormía plácidamente y logró robarle una pequeña sonrisa.
—Ella llegó sin previo aviso, mi pequeña Nancy Amelie Winthrop —la nombró en voz alta con cariño—.
La mujer que me atendió no podía comprender nada porque ambas pensamos que sería solo un niño —empezó a narrarles lo sucedido y como su parto fue más corto de lo esperado—.
Me asusté tanto cuando se los llevaron, pensé que nunca más volvería a verlos —acarició la mejilla regordeta de su hija para después dejar un casto beso en ella.
En ese momento, Percival se acercó a Lucifer y le entregó al pequeño.
—Aquí tiene a su hijo, milord —musitó él, levemente incómodo, y el castaño se rio por lo alto.
—Jamás olvidaré que fueron tú y tu amigo los que salvaron a mis hijos, Percival —admitió Lucifer, tomándola por sorpresa—.
Fuiste muy valiente al entrar al criadero y enfrentar a Richman.
—Azucena y Max intercambiaron una rápida mirada, llena de orgullo—.
Y por eso creo que no existe mejor nombre para mi hijo que Frederick Percival Winthrop.
Percival se ruborizó y Azucena sintió un gran alivio al darse cuenta que la maldad de Steve nunca pudo tocar la verdadera esencia de su hijo.
—Me alegra mucho que ahora estés con nosotros, Percival —añadió Maggie, aún conmovida por la situación—. Yo… jamás tendré cómo pagarte lo que hiciste por nosotros.
—Ustedes me salvaron —se vio obligado a decir y miró a sus padres—. Lamento mucho si tardamos tanto en regresar, pero las cosas se complicaron mucho después de la explosión.
Esas palabras lograron captar la atención de todos los presentes y por fin Thomas y Sheldon se acercaron a la cama, pero seguían mostrándose afectados por su retraso y el no haber podido hacer nada por la mujer que cuidó de sus esposas.
—Todo tiene una explicación —espetó Thomas, posando sus ojos en Gardenia.
—Percival vio la pelea desde el bote al que fue llevado por la gente de Richman —contó Sheldon con aspereza—. Cuando el barco explotó, él se lanzó al agua en mi dirección para ayudarme.
—¿Qué? —su voz tembló—. Eso fue muy peligroso.
—Lo sé —susurró Percival, nervioso—. Pero Sheldon me necesitaba, fue él quien me dijo que mis padres me estaban buscando y me abrió los ojos —añadió apasionadamente—. Recibió una bala por la mujer que ama, yo… no podía darme por vencido y dejar que se ahogara.
En ese momento, Hortensia rodeó la cama y abrazó a su esposo sin reparo alguno. Azucena se alivió en demasía ante la escena, al menos la castaña no pensaba seguir luchando con la vida.
—Pero no lo salvé solo —aclaró Percival con inquietud—. Ambos íbamos a ahogarnos porque él era muy pesado para mí…
—Hugh… —dedujo Max y su hijo asintió.
—Él me eligió, él se lanzó al agua detrás de mí y gracias a un tipo de milagro logramos sobrevivir a las olas, pero quedamos perdidos en la costa.
—¿Cómo hicieron para atender la herida de Sheldon? —inquirió Gardenia, inquieta, y Percival suspiró.
—Sabíamos algo de medicina, en el harem de Richman aprendimos de todo, pero nuestros conocimientos no eran suficientes.
No sabíamos dónde estábamos y teníamos miedo de que Richman nos encontrara, nuestras alternativas eran casi nulas y cuando creímos que él no sobreviviría…
—Todos miraron a Thomas, quien asintió en silencio—.
Él y Worcester nos encontraron, hicieron que Sheldon recibiera la atención médica correcta y el proceso fue más lento de lo que todos hubiéramos querido.
Azucena no quería ni imaginarse lo difícil que fue para Percival y Hugh mantener con vida a Sheldon, pero debía reconocer que ambos fueron muy valientes al afrontar la situación con sangre fría.
—Yo… sabía que él estaba vivo, me rehusaba a creer lo contrario —musitó Thomas apasionadamente y caminó hacia Gardenia—.
De verdad lo siento, sé que te dejé por muchos meses y no tengo perdón porque la desesperación me hizo decirte cosas horribles, pero…
¿acaso no hay una posibilidad para mí? Lo encontré, mis suposiciones no fueron erróneas, yo…
—su voz fue muriendo cuando su esposa lo envolvió en un suave abrazo—. ¿Gardenia?
—Hablaremos después, ¿sí? —pidió en un susurro, claramente agotada, y Azucena rezó en silencio para que sus amigas aceptaran el perdón de sus esposos y se dieran la oportunidad de empezar de cero.
—Maggie… —musitó Lucifer en voz muy suave, dejando a su hijo en cama para tomar a su pequeña y posteriormente acomodar a Maggie sobre el mullido colchón.
Ella se había quedado dormida.
—Nosotros nos encargaremos de todo, Lucifer —espetó Hortensia en voz muy baja y dejó a su sobrino en la cuna, mientras él hacía lo mismo con la pequeña—. Quédate con ella, creo que aún tienen varios asuntos que resolver.
El castaño asintió, cabizbajo, y todos se vieron obligados a abandonar la habitación ahora que tanto Maggie como los niños estaban profundamente dormidos.
—¿Podrías contarme qué más sucedió en Bristol, hijo? —inquirió Max una vez que estuvieron en el exterior y Percival lo buscó con la mirada—. Yo… me gustaría conocer la historia.
Azucena dio un paso hacia atrás, motivando a Percival a tener un nuevo acercamiento con su padre, y su hijo avanzó hacia el pelinegro.
—Te contaré todo, pero creo que necesitan a más personas para cavar los pozos, por lo que debemos ir a ayudarlos —respondió con nerviosismo y Max sonrió abiertamente—. Madre, creo que ustedes deben atender a los heridos.