La redención de un miserable (Las hijas de Lucifer 4) Capítulo 15
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Capítulo 15

Azucena se acercó a las mujeres que desmontaron sus sementales con agilidad y detuvo su marcha cuando lograron alcanzarla.

—¿Qué sucedió? ¿Por qué una casa arde en llamas y la gente está cavando pozos en las afueras del pueblo? —inquirió Gardenia atropelladamente.

—¿Dónde está mi hermana? —La voz de Hortensia tembló.

—Está con su esposo. —La tensión se cernió sobre las hermanas Gardener, pero su respiración se regularizó y poco a poco la preocupación se esfumó de sus rostros—. Fuimos atacados por la gente de Salem, querían hacerse de Maggie para su criadero.

—¿Lucifer la rescató?

—Sí —siseó, aún estaba molesta consigo misma por no haber protegido a Maggie hasta el final—. Estuvo a punto de ser llevada, pero él apareció y logró intimidar a esos hombres.

Aunque… de haber estado más armados y preparados para el ataque, los hombres de Salem se habrían salido con la suya. Jamás se imaginó que uno de los carruajes tendría más hombres dentro, de un momento a otro estuvieron rodeados por más de veinte personas.

Hortensia observó la casa de Teodoro con inquietud, debatiéndose entre si debía o no entrar.

—Ella está dormida, Lucifer y Nancy la están vigilando.

—¿Mi nana está bien? —Gardenia se tensó.

—Sí, se desmayó por la impresión, pero no fue nada grave.

—Tal vez deba revisarlas —susurró la pelinegra finalmente, y ella bloqueó su camino—. Déjame pasar, sé de medicina y…

—Necesito que ayudes a la gente del pueblo, tres hombres fueron lastimados por defender a sus hijas.

—¿Rescataron a sus hijas? —inquirió Hortensia, preocupada, y ella asintió.

—Llévenme con ellos —espetó Gardenia, comprendiendo que esa gente necesitaba su ayuda y no podía ignorarlos—. ¿Vienes con nosotras? —miró a su hermana, quien observó la casa de reojo, pero luego asintió.

Lucifer estaba en Boston, lo que quería decir que nunca se planeó la idea de abandonar a Maggie, por lo que no había razón alguna para dudar de él. Tal vez no quería ser padre, pero su llegada y el cómo rescató a su esposa dejaba claro que tampoco pensaba renunciar a ella.

***

—No sé si lo sepas, pero Margarite es mi esposa y no eres quien para vigilarme mientras cuido de ella —espetó Lucifer, desviando la vista de la ventana del salón, y Max enarcó una ceja.

—Claro que sé que eres su esposo, como también que decidiste abandonarla cuando te enteraste que estaba embarazada.

El hombre de cabellera trigueña apretó la mandíbula.

—No te metas en mis asuntos, Frensby —escupió, y él cuadró los hombros con suficiencia.

—Lo siento, pero resulta que por el momento yo estoy a cargo de ellas.

Lucifer sonrió con malicia.

—¿Por qué tu hermano abandonó a Gardenia y tu amigo… bueno, tal vez fue comida de tiburones?

Max empuñó las manos, rojo de la cólera, y contuvo el aliento para no perder el control.

—¿Desde cuándo estás aquí? —quiso saber—. Diste muy rápido con nuestro paradero, me sorprende que hayas llegado en el momento “indicado” —lo miró con sabiduría.

—Tomé el mismo barco que ellas —le contó con indiferencia, tomándolo por sorpresa—. Puede que haya actuado de manera infantil y demasiado emocional para mi gusto, pero jamás permitiría que mi esposa embarazada hiciera un viaje tan peligroso sin mi compañía.

Estaba molesto por su comportamiento, pero de alguna manera le aliviaba saber que él siempre estuvo cuidando de su mujer.

—¿Y nunca pensaste en acercarte a ella para acabar con su incertidumbre? —escupió—. Maggie está muy asustada, incluso pensó en abortar a su hijo.

—Por esa razón la dejé ir sola, para que vea con sus propios ojos el peligro al que nos enfrentamos. —Max se tensó, él… claramente no quería a su hijo—. Pero ya es tarde, aunque ella quiera interrumpir el embarazo, eso ya no es posible.

—¿Ah sí? —frunció el ceño, y Lucifer asintió.

—Sería muy arriesgado para ella y no pienso perder a la mujer que amo.

—¿La amas, pero no amas a tu hijo? —El castaño se rio sin humor alguno.

—¿Desde cuándo eres el señor perfecto? Si no mal recuerdo, gracias a tus tontos celos y orgullo tu hijo está con…

—Ni siquiera lo intentes —lo sujetó de las solapas de su abrigo con violencia, pegándolo a su cuerpo, y Lucifer le regaló una sonrisa maliciosa—. Yo no soy como ese hombre y si aprecias tu vida, no te metas conmigo.

Lucifer podía ser un hombre intimidante y fuerte, pero ni Max ni sus amigos eran personas que pudieran tomarse a la ligera.

—Eso ya lo sé —lo empujó por el pecho, molesto—. Me dijeron que Hortensia y Gardenia llegaron, ¿por qué no subieron a ver a su hermana?

—Fueron a atender a los lugareños.

Lucifer asintió, y barrió la casa con la mirada.

—Gloucester es el lugar perfecto para crear nuestra fortaleza.

¿Qué tan cerca estuvo que incluso conocía sus planes?

—Ellos necesitan protección.

—Y hacerse más fuertes —espetó el castaño, recordándole que tanto la gente de Gloucester como de la colonia necesitaban preparación—. Supongo que podremos hablar con ellos más tarde, cuando la gente se calme y el mal momento que vivieron quede opacado con el pasar de las horas.

—¿Crees que nuestra idea es buena?

—Hortensia, Gardenia y Azucena solían ser mujeres débiles y frágiles, ¿de verdad crees que la gente de la colonia y Gloucester no podrán aprender a defenderse?

—Creo en ellos —fue sincero—, pero el tiempo…

—Sólo nos queda confiar, no es que tengamos otra opción.

Max iba a responderle, pero entonces Teodoro ingresó al salón de su casa junto a Douglas y dos hombres más. Todos se veían autoritarios y fuertes, como también dispuestos a escucharlos.

—Nosotros confiaremos en ustedes —espetó Teodoro, mirándolo con fijeza—, pero en esta ocasión, hablemos con la verdad, Frensby.

Él había escuchado parte de su conversación.

—Cuando llegamos a Gloucester, no sabíamos que la gente de Richman tenía el pueblo en la mira. Te aseguro que eso fue una coincidencia —prometió—. Sabíamos que Margarite corría un gran peligro aquí, pero… no quisimos dejarlos solos.

—¿Por qué? —inquirió el hombre que estaba junto a Douglas.

—Porque a mí también me robaron un hijo y tuvieron a la mujer que amo atrapada por muchos años, no quiero que esos malditos sigan lastimando a más personas —se sinceró, y Teodoro abrió los ojos con sorpresa.

—¿Te robaron un hijo?

—El hijo que Azucena dio a luz —soltó Lucifer, serio—. Margarite es mi esposa, no la de Max.

Los hombres asintieron, ya lo habían sospechado cuando el hombre salvó a la rubia.

—Estamos seguros que Richman y su gente tienen un criadero en Salem —espetó con cautela, generando una terrible tensión en los hombros masculinos—. Se roban a las mujeres para obligarlas a dar a luz y luego utilizar a los niños a su beneficio.

—Tenemos que ir por ellas —siseó Teodoro, sulfúrico, pero Max negó con la cabeza.

—Salem les pertenece —farfulló Douglas por él, tomándolo por sorpresa—. Lo que debemos hacer es hacernos más fuertes para poder atacar su fortaleza.

—Pero eso tomará mucho tiempo —objetó otro hombre.

—Si no los entrenamos, ellos los matarán en un abrir y cerrar de ojos —admitió Lucifer con dureza, y todos los hombres intercambiaron una rápida mirada—.

Nuestras intenciones son buenas, tenemos el dinero para traer el armamento correcto y financiar tus ideas, Delgadillo —miró a Douglas con interés—.

Con tus inventos, podemos defender las entradas del pueblo y pulverizar sus carruajes antes de que siquiera intenten entrar.

Teodoro y su gente miraron a Douglas con asombro.

—Refaccionaremos las casas, construiremos nuevas propiedades, haremos que el puerto empiece a funcionar con los barcos Gardener y traeremos nuevas riquezas a Gloucester —añadió Max, entusiasmado, y los ojos de los hombres brillaron con cierta ilusión.

—¿Por qué nos ayudarían? Este pueblo ha sido abandonado hace mucho tiempo.

—Al igual que nuestra colonia —musitó Max—. Traeremos más gente, formaremos nuestra fortaleza y Richman y su gente no volverán a ponerle una sola mano encima a nuestras mujeres.

—Yo los apoyo —espetó Douglas, y los otros tres hombres dudaron.

—¿Qué sucede?

—Yo también quiero ayudar —admitió Teodoro, pensativo—. Pero no sé qué pensarán las personas del pueblo, nosotros perdimos las esperanzas hace mucho tiempo.

Max analizó sus siguientes palabras con cautela, era normal que esos hombres se sintieran poco motivados. Habían pasado por muchas cosas en los últimos años, pero…

—La esperanza es lo último que se pierde, señores. —Todos lo miraron con asombro—. ¿Acaso esperaban salir victoriosos el día de ayer?

Ellos negaron con la cabeza, a excepción de Douglas.

—Esa gente no es tan fuerte, simplemente se aprovechan de su vulnerabilidad —espetó Lucifer, y finalmente Teodoro asintió.

—Hablaremos con el pueblo, ustedes tienen razón: no podemos permitir que Gloucester sea gobernado por gente así.

Max sonrió, satisfecho.

—¿Hay alguna casa que puedan cedernos? —preguntó Lucifer de pronto, pensativo—. Una que tenga muchos cuartos, de ser posible. No escatimaremos en el alquiler —añadió.

Era verdad, habían quemado la casa que se les cedió el día anterior y ahora no tenían donde quedarse.

—Sí, hay muchas propiedades que están vacías —susurró Teodoro—. Mucha gente se marchó del pueblo cuando los asaltos empezaron a hacerse constantes.

—Gloucester volverá a resurgir —lo consoló desde su lugar—. Le aseguro que, en unos días, el pueblo estará llena de caras nuevas.

Porque acababan de encontrar el lugar perfecto para la gente de la colonia.

***

Mientras tanto, en la plaza principal de Gloucester, el aire todavía olía a pólvora. Sin embargo, algo había cambiado en la atmósfera. Por primera vez en años, el silencio no era de sumisión, sino de una expectativa contenida.

Gardenia estaba arrodillada sobre los adoquines húmedos, con las manos manchadas de sangre, pero sus movimientos eran firmes mientras vendaba el brazo de un joven pescador que había intentado detener el carruaje. Hortensia, a su lado, sostenía una linterna para iluminar la herida.