Capítulo 9 #2
—Con suerte, eso provocará a sus socios y estos darán la cara por sí solos. —Sonrió con suficiencia y Hortensia asintió, con los ánimos renovados.
Tal vez no tenían una idea clara de lo que estaba haciendo y a dónde se dirigían, pero no por eso dejarían de avanzar. Esta era una guerra y en este tipo de juegos todo era complemente válido.
No sólo acabarían con las propiedades de Steve, sino que dejarían su perfecta reputación por los suelos.
Regresar a Boston ya no sería tan agradable para su esposo.
***
Max observó a lo lejos como Hortensia y Azucena se enfrascaban en una conversación y miró de soslayo a su cuñada, quien parecía estar muy concentrada en el crepitar de las llamas.
—¿Podemos hablar? —se sentó junto a ella.
No era dado a meterse en la vida de los demás, pero Gardenia era la esposa de su hermano y estaba bastante seguro de que a estas alturas era incapaz de confiar en el amor que Thomas dijo sentir por ella.
—No sé si quiero hacerlo —fue sincera.
—Gracias por pensar en él. —No podía pasar por alto lo mucho que ella ansiaba el regreso de su hermano—. Sé que Thomas nos alcanzará, jamás te dejaría sola por tanto tiempo.
—Si tu regresaste, supongo que todo puede pasar. —Se encogió de hombros, cabizbaja, y él se rio por lo alto—. No dije una broma —siseó.
—Es evidente que confían muy poco en mí —comentó, entretenido, y ella asintió.
—Nunca quisiste ser parte de esto y lo sabes. —Lo miró significativamente—. Si decidiste ir a Londres con nosotras fue porque temías por el bienestar de Thomas.
—Es verdad —musitó con vergüenza—. Tenía miedo que algo malo le sucediera a él o a Sheldon, son mi familia.
Un tenso silencio se cernió sobre ellas y Gardenia suspiró.
—Después de la explosión, Thomas me dijo que lamentaba haber vuelto —confesó en voz baja, tomándolo por sorpresa—. Creo que, de alguna manera, nos cree responsables de la muerte de Sheldon.
Max sonrió con ternura y le dio un suave apretón en el hombro, un gesto que llevó a Gardenia a mirarlo con sorpresa.
—Yo creo que él sólo estaba dolido y desesperado por haber perdido a nuestro hermano, ¿de verdad crees que lamenta haberse casado contigo cuando ustedes nos dieron una razón para volver a ser buenas personas?
—la voz le tembló y Gardenia lo observó con fijeza—.
Sheldon decidió dar la vida por la mujer que ama y creo que cualquiera de los dos habría hecho lo mismo en caso de estar en su lugar.
—Su partida fue un golpe muy bajo.
—Lo fue, él siempre fue y será muy importante para nosotros.
—Pero tú no te quedaste en Bristol.
—Porque él lo está buscando y ustedes también me necesitan —confesó con suavidad—. Estoy aquí por mi hijo, no puedo negarlo, pero también porque ustedes son las mujeres más importantes para mis hermanos y jamás podría dejarlas atrás.
Porque su deber era cuidar de las hermanas Gardener y de la madre de su hijo. Gardenia apartó una lágrima rebelde que se deslizó por su mejilla y él le regaló una cálida sonrisa.
—Thomas no te abandonó, Gardenia. —Los ojos verdes se posaron en él—.
Trata de entenderlo, ¿cómo habrías reaccionado tú si una de tus hermanas hubiera terminado así?
—Ella boqueó, pero no pudo decir nada al respecto—.
Cuando dejé Londres, no pude despedirme de él porque inició una búsqueda en toda la costa con el conde de Worcester y su gente, y nadie sabía dónde se encontraba.
—Ya veo… —se limitó a decir.
—Es probable que él ni siquiera sepa que estamos en Boston.
—¿No le dejaste una nota?
—Lo hice —musitó—, pero dudo que la haya recibido. Aunque estuve seis semanas en el océano, supongo que todo pudo haber sucedido durante ese tiempo.
—Es probable…
Le resultaba evidente que su cuñada no confiaba en su hermano.
—¿Crees que tu hermana no quiso quedarse y buscar a Sheldon junto a Thomas? —Gardenia se tensó—. No odies a mi hermano por vivir su luto de esa manera —suplicó—. Quedamos huérfanos a temprana edad, el conde de Worcester nos acogió y somos nuestra única familia.
—No lo odio —la voz femenina tembló—. Sólo tengo miedo de que él nunca pueda perdonarme por haberlo metido en esto —admitió, cabizbaja, y Max la abrazó por los hombros.
—Creo que mi hermano nunca podrá perdonarse el haberte dejado sola justo ahora —soltó con pesar—. Trata de calmarte, yo sé que Thomas nos alcanzará y las cosas se solucionarán.
Gardenia asintió, pero fue incapaz de emitir palabra alguna respecto al tema.
***
A pocos metros de distancia, Maggie observaba la escena con pesar.
¿Era normal sentirse tan inútil al lado de sus hermanas?
Lastimosamente, ella nunca recibió el mismo entrenamiento que ellas recibieron por parte de Lucifer y por ende jamás podría ser tan fuerte y buena en la lucha como quisiera. Sin embargo… ¿es que no había nada que pudiera hacer para ayudarles?
Acarició su vientre plano con pesar, ¿estaría siendo sensata al mantener a su bebé con vida?
Es decir, su padre no lo quería y estaban en medio de una guerra peligrosa.
¿Esta era la vida que quería ofrecerle a su bebé?
—Una adversidad no puede llevarte a renunciar a aquello que anhelas y amas con cada fibra de tu ser, cariño —musitó su nana junto a ella, y Maggie la buscó con la mirada—.
Conozco esa mirada, Hortensia la tuvo hace más de siete años y quiero decirte que ahora la situación es muy diferente —acunó sus manos con ternura y se sentó junto a ella.
—¿Cómo hizo Hortensia para aguantar tanto dolor? —la visión se le cristalizó—. Yo… esperé todo, menos que Randolph nos abandonara.
¿Así se sintió su hermana cuando Sheldon se marchó sin mirar atrás?
—Realmente lo amo, nana, pero no concibo la idea de renunciar a mi bebé. —Las lágrimas bajaron por sus mejillas y Nancy le sonrió con ternura.
—El amor de madre no tiene explicación.
—Pero aún no lo soy.
Su nana se rio por lo alto.
—Yo tampoco llegué a ser madre, pero por ustedes lo dejé todo.
Su corazón se encogió, jamás olvidaría como su nana renunció a la comodidad de un hogar para hacerse cargo de tres mujeres que se quedaron huérfanas y en la calle.
—Tú eres nuestra madre —aceptó su abrazo—. Me alegra mucho estar de regreso en Boston —ella besó su coronilla—, por un momento pensó que no volvería a verte.
—Tus hermanas no dejaron que fuera con ellas, pero deposité toda mi confianza en sus habilidades. Siempre supe que volverían, aunque me habría encantado que las cosas se dieran de otra manera.
La buscó con la mirada.
—Ellos las amaban, nana, Sheldon murió por proteger a Hortensia y Thomas… él sólo está buscando a su amigo, yo sé que volverá por Gardenia.
—Eso espero —suspiró Nancy, abrumada—. Por como van las cosas, creo que sería de mucha ayuda.
—Lamento no poder ser más útil —musitó de pronto, y su nana la miró con el ceño fruncido—. No soy fuerte, no soy lista y ahora estoy embarazada. Cometí un terrible error al involucrarme con Lucifer.
Nancy acunó sus manos con firmeza, obligándola a prestarle su total atención.
—Me gusta que ahora seas más consciente del dolor ajeno y todo lo que sucede a tu alrededor —reconoció—, pero siento que sentirte responsable de situaciones que se salen de nuestro control no es justo.
—Nana…
—Te enamoraste, Maggie, y concebiste un hijo con tu marido, ¿puedes decirme cuál fue tu error?
Sollozó con amargura y negó con la cabeza.
—Dentro de unos meses serás madre y debes entender que los lamentos y las quejas nunca te llevarán a ninguna parte. Si quieres ser más fuerte, más útil y ser parte de esta guerra, tienes que accionar y dejar de mirar.
—Pero…
—El miedo no te llevará a ninguna parte, cariño —acarició su coronilla, con ternura—. Y sí, a ti no te entrenaron como a tus hermanas, pero nunca es tarde para empezar.
¿Acaso no lo había hecho antes, cuando Richman la tuvo de rehén?
—Pero mi embarazo…
—Eso te hará más fuerte, estoy segura de eso. —Le guiñó el ojo y lanzando un largo suspiro, se disculpó y se dirigió a la tienda que compartían juntas.
Ella tenía razón, ¿qué era exactamente lo que quería lograr desde ese lugar?
Hortensia, Gardenia y Azucena no necesitaron de ningún hombre para salvarse a sí mismas, ¿por qué con ella debía ser diferente?
***
—Fuiste muy dura, nana —espetó Hortensia, tomando a Nancy por sorpresa, y la anciana respingó en su lugar—. Ella está muy sensible por el embarazo, debes tenerle paciencia.
—Cuando tú te derrumbaste, no tuve el valor para darte apoyo y decirte que todo estaría bien —dijo con dureza—. No dejaré que la historia se repita, Hortensia, yo… aún lamento no haber podido hacer más por ti en su momento.
La castaña la abrazó, brindándose unos minutos de vulnerabilidad, y finalmente se dirigió a su tienda preguntándose qué tipo de vida habría tenido si nunca hubiera renunciado a su bebé.
Lo único que le habría quedado de Sheldon ahora mismo.