La puja matrimonial (Multimillonarios Hawthorne) Capítulo 22
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Capítulo 22

Saffron

E l último novio de Malaya era un hombre muy guapo y atlético. La había invitado a verlo competir en el maratón, y de paso, Malaya me había invitado a mí.

—Creo que solo quiere que tú estés allí, no a una amiga que le corte el rollo —dije cuando me lo pidió.

—Por favor —Malaya me apartó con un gesto—. Estará corriendo tres horas enteras, y después estará sudado. Necesito a alguien que me haga compañía mientras tanto.

—No sé...

—Y además, quiero que lo conozcas. Puede que sea el definitivo, y quiero que me digas qué te parece.

Y después de verlo y hablar con él, tenía que reconocer que Kiran era un buen tipo. Era muy cercano y se alegró de verme cuando llegué con Malaya, aunque ella no le había dicho que yo vendría. Cuando se fue a reunirse con los demás corredores, Malaya se volvió hacia mí con ojos expectantes.

—Está muy bien —dije.

Ella se rio.

—¿Y su personalidad?

—Es muy abierto. Da la sensación de que puedes hablar con él de cualquier cosa.

—¡Exacto! A mí me pasa igual con él —dijo mientras nos uníamos a la multitud de espectadores en la línea de salida—. No es un imbécil como los otros hombres con los que he estado. Es como si le saliera natural ser amable, no solo conmigo, sino con todo el mundo.

—Enhorabuena por pillarte un golden retriever —dije.

Malaya cruzó los dedos.

—Esperemos que no sea solo fachada.

Esperamos en el lateral mientras los atletas se reunían en la línea de salida. Estaba observando al grupo cuando Malaya me dio un codazo.

—¿Ese no es...? —señaló a un grupo de personas al otro lado de la calle.

—¿Quién?

—Nada. Creí ver a Tyler Hawthorne allí. O tal vez era Sebastian.

Se me aceleró el pulso. Volví a mirar a la multitud, pero no vi a nadie conocido. Aunque había un hombre detrás que tenía la misma complexión que Tyler. ¿Sería él? No podía distinguirlo desde donde estábamos.

—Seguro que me lo he imaginado —dijo—. Y hablando de los Hawthorne, ¿qué tal va?

—¿Qué tal va qué?

—Lo de trabajar con tu marido. ¿Hay algo de verdad en ese artículo? Quiero decir, igual tenemos que pensar en un plan B si H&H se hunde.

Negué con la cabeza.

—No es verdad.

Malaya suspiró aliviada.

—No sabes lo bien que me suenan esas palabras. Has estado de aquí para allá últimamente, así que pensé que el barco se nos hundía.

—Yo que tú no me preocuparía, sinceramente —yo estaba más preocupada por la persona detrás del artículo.

Pensé que a estas alturas tendría la respuesta, pero cuanto más investigaba, más confundida me sentía.

Mis principales sospechosos eran Bill, el albacea de papá, y su tercera esposa, Collina, que estaba en paradero desconocido—.

El periódico usó una fuente poco fiable, y la mayoría de sus pruebas son puras mentiras.

Podría haber perjudicado a los Hawthorne si sus clientes hubieran reaccionado, pero se mantuvieron firmes. Así que estamos bien.

—¿Segura?

Asentí con naturalidad. Mi postura despreocupada pareció calmarla.

Exhaló profundamente y sonrió. Volvimos a centrarnos en la carrera.

Malaya animaba a su novio mientras yo miraba con ansiedad hacia el mismo grupo de personas donde Malaya creyó haber visto a Tyler.

Era posible que lo hubiera confundido con otro.

Los maratones no parecían el tipo de evento que le fuera a Tyler.

Y además, ¿por qué me preocupaba que estuviera aquí?

No había hecho nada malo. Pero algo, un sexto sentido, me advertía de que algo malo estaba a punto de pasar.

Tras la salida, la emoción inicial se fue apagando.

Malaya y yo seguimos a la multitud, yendo a distintos puntos del recorrido para animar a los corredores a su paso.

La mayoría de la gente se quedaba donde estaba o charlaba tranquilamente.

El día acabó convirtiéndose en una especie de picnic multitudinario cuando los espectadores se congregaron en el parque.

Fue divertido. Pasar el rato con Malaya siempre lo era.

Y cuando Kiran se acercaba a la meta, fuimos a animarlo en el tramo final.

—¡Ha sido increíble! —le dijo Malaya a Kiran mientras le pasaba una toalla y una botella de agua.

—Yo nunca podría correr así. Un kilómetro y medio es mi máximo —dije.

Kiran se inclinó hacia delante, echándose agua por todo el cuerpo mientras intentaba recuperar el aliento.

—Cualquiera... puede... hacerlo —dijo sonriendo—. Uf, pero esta es la última vez que lo intento —añadió, y se dejó caer en el suelo.

Malaya y yo nos reímos.

Le dejamos recuperar el aliento, y cuando por fin pudo levantarse, dijo:

—Tengo una amiga que también estaba corriendo. Es de mi club de running. Iba unos metros detrás de mí —señaló a la mujer que se acercaba a la meta—. Ahí está.

—¿Esa no es...? —Malaya me dio un codazo.

—Sí, es ella —respondí mientras me invadía el pavor—. Parece que tenías razón, Malaya. Sí que lo viste.

Quien venía a felicitar a la amiga de Kiran era Tyler Hawthorne. Vestido de manera informal con una sudadera holgada y pantalones, sonreía mientras abrazaba a la mujer. Se me encogió el pecho cuando le besó la mejilla. Podría haberse interpretado como un beso de amigos, pero a mí no me lo pareció.

—¿Conocéis al tipo? —dijo Kiran.

—Es un cliente nuestro —respondió Malaya.

—Genial —Kiran asintió mientras saludaba a la mujer—. No tenía ni idea de que conocíais al novio de Lauren. ¡Qué pequeño es el mundo!

Ella captó su mirada, le devolvió el saludo y le dijo algo a Tyler, que se volvió hacia nosotras. Su sonrisa se fue borrando poco a poco, sustituida por un ligero ceño fruncido. No creo que Lauren se diera cuenta, porque acto seguido le cogió de la mano y lo arrastró hacia nosotras.

Recorrí el lugar con la mirada buscando una salida. No podía irme sin montar una escena, así que me quedé clavada en el sitio esperando a que Tyler y su novia se acercaran.

—Ha sido increíble, ¿verdad? —dijo Lauren cuando estuvo a una distancia desde la que podíamos oírla—.

Pensé que iba a rendirme a mitad de camino.

Estaba lista para hacer solo la media maratón, pero entonces recordé tus palabras, Kiran, ¡y no puedo creer que lo haya conseguido!

—Daba saltos de alegría mientras abrazaba a Kiran.

—Sabía que podías hacerlo. —Cuando se separaron, Kiran añadió—: Creo que no conozco a tu amigo. Solo lo he visto un par de veces en el club.

Lauren se ruborizó con timidez.

—Kiran, este es... Tyler. Tyler, te presento a Kiran y...

Tyler estrechó la mano de Kiran.

—Encantado. A estas dos ya las conozco —dijo, señalándonos—. Qué sorpresa verte sin la ropa de trabajo, Malaya.

—De vez en cuando me gusta bajar al mundo de los mortales. La pregunta es: ¿qué hace un tipo como tú entre la plebe?

Tyler me lanzó una mirada fugaz, pero enseguida volvió a centrarse en Malaya mientras pasaba el brazo por los hombros de Lauren.

—Apoyando a mi novia.

Lauren le dio un golpecito en el pecho a Tyler.

—Lo dice como si lleváramos años saliendo, cuando solo hemos tenido un par de citas.

Quería que se abriera la tierra y me tragara.

Claro, alguien como él tendría novia. Tyler era un ligón empedernido, y quizá ahora había que añadir infiel a la lista.

No sé por qué pensé que, solo porque nos habíamos acostado una vez en un viaje de trabajo, éramos...

¿qué? ¿Novios? ¿Pareja? Y si había sido infiel, desde luego no había sido conmigo, sino con Lauren.

Aunque ella no parecía su tipo habitual.

No era la típica actriz o modelo que solía ver junto a él en los artículos de prensa.

Era más bien bajita y, aunque atlética, no parecía que fuera a salir en la portada de una revista.

No es que eso significara que fuera fea.

De hecho, su cara redonda era bonita, y su cuerpo, aunque no tan curvilíneo, seguía siendo atractivo. Simplemente no era su tipo.

Escuché en silencio la conversación del grupo sobre la carrera, evitando mirar a Tyler. Estaba segura de que sentía su mirada clavada en mí, pero no me atreví a mirarlo para confirmarlo. Cuando por fin me pareció que podía irme sin resultar maleducada, me despedí.

—Nos vemos mañana.

—¡Venga! ¡Estamos a punto de ir a celebrarlo! —A Malaya de verdad le daba pena que me fuera.

—Tengo que ponerme al día con unas cosas antes del trabajo —dije, notando la mirada de Tyler clavada en mí.

Malaya hizo un puchero.

—Si no te queda más remedio...

Me despedí de todos con la mano, fijándome en cómo Tyler actuaba como si fuéramos simples compañeros de trabajo. Aunque supongo que eso éramos.

Malaya me envió un mensaje:

Malaya: Tía, ¿ese no es tu marido con otra mujer?

Yo: Tranquila. Acordamos salir con otras personas porque nuestro

matrimonio no era real, de todas formas.

Me dolió escribir ese mensaje. Ahora estaba claro que había estado avivando una pequeña llama por él.

No era consciente de que lo estaba haciendo, pero había llegado el momento de apagarla.

No fui a mi apartamento. En vez de eso, fui al trastero donde había guardado algunas de las cosas que dejó mi padre al morir.

No era un lugar que me gustara visitar y lo evitaba a toda costa, pero si quería averiguar más sobre quién estaba chantajeando realmente a Tyler, la información podría estar allí.

Entré en el trastero y rebusqué entre los archivos y documentos que había dejado.

Había muchos, la mayoría relacionados con sus negocios y cuentas en el extranjero a su nombre.

Y... ¿qué era esto? Dentro de una carpeta llamada Panamá había una empresa a mi nombre.

Nunca había oído hablar de esa empresa. Seguramente papá usó mi nombre para evadir impuestos.

Revisé la carpeta. Había muchos documentos de empresas, la mayoría a su nombre y algunos también a nombre de la tía Pamela.

Cómo no. Probablemente también la usó a ella.

Cogí la carpeta. El trastero parecía un callejón sin salida, pero quizá hubiera algo útil en esos papeles.