La puja matrimonial (Multimillonarios Hawthorne) Capítulo 20
63%

Capítulo 20

Saffron

T yler aparcó junto a mi edificio y apagó el motor.

—Gracias —dije por inercia, e intenté abrir la puerta, pero estaba bloqueada.

—Tú y yo tenemos que ir al campo de tiro juntos.

—¿Por qué? Te quiere a ti, no a mí.

—No es lo que yo vi. Te estabas restregando contra un viejo; fue vergonzoso.

—Creía que querías que le cayera bien. Funcionó, ¿no? —probé la puerta de nuevo—. ¿Puedes quitar el seguro?

Se echó hacia atrás.

—¿Entonces lo hacías a propósito?

—Estaba salvando tu empresa, y lo mínimo que puedes hacer es darme las gracias.

Puso los ojos en blanco.

—Tienes mucha cara.

—¿Acaso mentí? Massimo ahora piensa que eres un buen chico que no rompe un plato, gracias a mí. Abre la puerta, por favor.

No quería pasar más tiempo encerrada con este tipo que solo sabía regañarme, incluso después de que prácticamente nos había salvado el pellejo a los dos.

No cuando me hacía hervir la sangre y se me ponía la piel de gallina.

Las emociones contradictorias llevaban todo el día en guerra dentro de mí, y a estas alturas, estaba agotada.

—¿Estabas coqueteando con él o era él quien coqueteaba contigo?

Fruncí el ceño, preguntándome qué quería decir exactamente. Tenía las manos tensas sobre el volante. Las luces de la calle que se colaban en el coche a oscuras no dejaban ver bien, pero estaba segura de que tenía los nudillos blancos.

—¿Estás celoso?

—¡Qué! ¡No! Es solo que no quiero que mi esposa actúe como...

—¿Como qué? Termina la frase.

Su mirada era penetrante. Se la devolví con descaro.

—¿Como qué? —me acerqué hasta que mi cara quedó a un centímetro de la suya.

—Como una zorra.

Le di una bofetada.

—Que te jodan, Tyler.

—¿No es verdad?

—Eres un desagradecido.

Volví a probar la puerta, zarandeando la manija como si así fuera a abrirse por arte de magia.

—Quiero salir de este coche ahora mismo.

Entonces sonó el clic de las puertas al desbloquearse. Abrí de inmediato y salí de un salto, dejando a Tyler solo, y me dirigí a mi apartamento. Esperaba oír el coche alejándose, pero en su lugar oí pasos detrás de mí.

—¿Qué coño? —dije al mirar por encima del hombro y verlo siguiéndome.

—Saffron, espera.

Me volví hacia el edificio, abrí la puerta principal e intenté cerrarla rápido, pero un vecino entró detrás de mí y Tyler aprovechó para colarse. Subí corriendo por las escaleras, pero Tyler cogió el ascensor y ya me estaba esperando cuando llegué a mi puerta.

—Quiero pedirte perdón.

Se apoyó en la pared junto a mi puerta mientras yo rebuscaba las llaves en el bolso.

—No sé qué me pasó. Es que verte con Massimo...

—Tyler, es un viejo con esposa, joder, que además estaba presente. ¿Por qué coño iba a coquetear con él, y mucho menos querer acostarme con él? ¡¿Qué te pasa?!

—Lo sé. Lo sé. Tienes razón —suspiró y se frotó las sienes—. No sé qué me pasa. Me haces sentir...

Bajó la cabeza. Cuando volvió a levantar la vista, ¿parecía arrepentido? Estaba claro que me lo estaba imaginando.

—Me haces sentir cosas que nunca había sentido, y me está volviendo loco.

Rebusqué en el bolso, ignorándolo. No tenía tiempo para sus confesiones, por muy bien que sonaran. ¿Dónde estaban las malditas llaves? Rogaba a Dios no haberlas perdido. Sería vergonzoso tener que llamar al casero con este imbécil rondando por ahí. Le encantaría.

—¿Buscas esto? —balanceó las llaves delante de mi cara. Intenté quitárselas, pero las apartó y abrió la puerta. Entró en el apartamento, dejándome boquiabierta en el pasillo—. Bueno —dijo mientras se adentraba—, ¿vas a entrar?

Lo seguí y cerré la puerta.

—¿Me las robaste para gastarme una broma de mierda?

Fue al salón, se dejó caer en el sofá de dos plazas y extendió el brazo sobre el respaldo.

—Las dejaste en mi coche. Se te cayeron del bolso al salir.

—Gracias. Ahora vete.

—No hasta que escuches mis disculpas.

—Ya las he escuchado, y no te perdono. Ahora vete.

Se levantó, y por una fracción de segundo pensé que me estaba haciendo caso, pero se plantó delante de mí.

—No debería haberte llamado eso y... quiero darte las gracias por haberlo conseguido.

Seguía enfadada con él, y cuanto más tiempo pasaba ahí plantado, más ganas tenía de darle otra bofetada. ¿Cómo podía actuar como si lo que yo decía no importara?

—Me da igual. Vete.

Levantó las manos y dio un paso atrás.

—¿Y si te digo que también quiero hablar de lo nuestro? ¿Me dejarías quedarme?

Me crucé de brazos.

—¿Qué cosa? Que yo sepa, tú y yo somos un matrimonio a punto de divorciarse.

Me lanzó una mirada entre burlona y seria.

—¿En serio? ¿Entonces Florencia no cuenta? O como a mí me gusta llamarlo, la noche en que nos volvimos locos el uno con el otro.

El corazón me dio un vuelco. Por supuesto que no lo había olvidado. Pero él había actuado como si no importara.

—Pensé que fue algo de una sola vez. ¿No es eso lo que diste a entender?

—Sí, pero... —su expresión pasó de juguetona a seria—. Quiero más.

—No hay quien te entienda. No te tomas nada en serio.

—Yo tampoco lo entiendo. Hay algo en ti que… —dejó caer los hombros. Casi exasperado. Casi perplejo—. No entiendo por qué no puedo sacarte de mi cabeza.

—Vaya, señor Romántico —dije con sarcasmo—. Justo lo que toda mujer quiere oír.

Se acercó un paso. Permanecí inmóvil aunque parte de mí gritaba que me alejara todo lo posible.

La parte lógica recordaba lo insensible que podía ser.

La parte irracional se regocijaba con cada paso que daba hacia mí.

Quería que se acercara aún más. —Sabes que lo nuestro no tiene nada de romántico.

Y en cierto modo, ¿no es mejor así? Está claro que ya has superado ese enamoramiento tonto que tenías conmigo, y yo…

bueno —su mirada recorrió mi cuerpo, desnudándome—, he reconocido mi error.

—A ver. Me llamas zorra. Luego pides perdón, supuestamente, solo para llevarme a la cama —lo arrastré hasta la puerta—. No eres tan listo como crees, Tyler.

Abrí la puerta y lo empujé afuera.

—Espera, Saff…

Le cerré la puerta en las narices y eché el cerrojo. Estaba pensando si llamar al conserje para que echara a Tyler cuando me llegó un mensaje suyo.

TylerElGilipollas: Piénsalo. Sé que me deseas tanto como yo te deseo a ti.

¿Pensar en qué? En lo que a mí concernía, ya no quería saber nada de él. Mi relación con Tyler a partir de ahora sería estrictamente profesional. Y cuando todo esto terminara, si descubría quién lo estaba chantajeando, por fin podría cortar el último hilo que me ataba a él. Eso era lo que quería.

◆◆◆

—¿Viste el artículo? —pregunté mientras daba un sorbo al té caliente que la tía Pamela había preparado cuando llegué. Hacía calor fuera, pero su amor por el té era inquebrantable, y yo ya me había acostumbrado a que me sirviera la infusión sin importar la hora ni el clima.

—¿Qué artículo? —la tía Pamela añadió una cucharada de azúcar a su taza, ya de por sí dulce, y dio un sorbo.

—El del escándalo de sobornos de los Hawthorne. Salió en todas las noticias, aunque puede que no te hayas enterado. En los círculos inmobiliarios no se hablaba de otra cosa.

Tras la promesa de Tyler de firmar los papeles si le daba lo que quería, me puse a investigar quién podría estar chantajeándolo.

Repasé todos los contactos de papá que conocía, buscando a quién podría haberle confiado la información, y no encontré prácticamente nada.

Las únicas personas cercanas a mi padre en las que podía pensar eran su hermana y su última esposa, Collina.

Y a juzgar por cómo era esa relación, dudaba que la esposa supiera algo, pero quizás su hermana sí.

—Sobornos. Eso suena serio —sostenía la taza de té con dedos delicados, de un modo que el Palacio de Buckingham sin duda aprobaría.

—Creo que todo es falso.

—¿Ah, sí?

—Una locura, ¿verdad? Estaba convencida de que con la muerte de papá todo eso habría acabado, pero por lo visto debió de pasarle la información a alguien, que ahora la está filtrando. ¿Por qué? Ni idea.

—¿Cómo te trata Tyler en el trabajo? Debe de ser raro trabajar con tu marido.

—¿Cómo supiste que estaba trabajando con él? —me había esforzado deliberadamente en no mencionar a Tyler delante de ella.

Resopló. —Me lo dijiste, ¿no te acuerdas?

—No, no te lo dije.

—Se te habrá olvidado. Has estado muy ocupada con el trabajo. Pero sí, mencionaste que estás trabajando en su hotel. Si no, ¿cómo iba a saberlo?

Me daba vueltas la cabeza, y ahora ya no estaba tan segura. —Tienes razón. He estado demasiado ocupada.

—Te estás matando a trabajar. Si tan solo aceptaras llevarlo a juicio…

Suspiré. —Ya hemos hablado de esto.

La tía Pamela cogió el cannoli que le había traído.

Acompañados de su té, los pasteles solían ser un placer, pero hoy no me apetecían.

Había pasado la mayor parte de la semana buscando información sobre quién podría tener el material, además de lidiar con un trabajo cada vez más frenético, ahora que llegaban los suministros y había que instalarlos.

Mi dieta últimamente consistía en comida rápida y pasteles, de los que ya estaba hasta arriba.

—Lo sé, lo sé —dijo la tía Pamela antes de darle un mordisco al cannoli—. Pero piensa en todo el dinero que ha acumulado en los años que lleva casado contigo. Te lo mereces. Es tuyo.

Negué con la cabeza. —No estaría bien. Ha estado atado a mí todo este tiempo. Lo justo es que lo terminemos de forma amistosa. Además, no creo que el acuerdo prenupcial lo permita.

—Puedes impugnar el acuerdo prenupcial.

—Lo que quiero es averiguar quién tiene la información de papá. ¿Será su albacea? Hablé con Bill y parecía no saber nada. A menos que mintiera.

La tía Pamela partió el postre y varios pegotes de crema cayeron en su plato. Se metió un trozo en la boca con toda tranquilidad, como si fuera una visita cualquiera de sábado. Como si no estuviéramos hablando de nada importante.

—Sabes que nunca me metí en los negocios de tu padre. Nunca me contaba nada.

—Pero algo debió de mencionar sobre algún material relacionado con Tyler, ¿no?

—¿Qué más da? Te vas a divorciar de él, ¿no?

—Sí, pero… —Esta era una de las actitudes que no me gustaban de la tía Pamela. Podía ser demasiado despreocupada con los asuntos más serios, sin importarle nada que no fuera su propia comodidad.

—Te preocupas muchísimo por un hombre que, por lo visto, no se preocupa por ti.

—Estamos trabajando juntos. Lo menos que puedo hacer es ayudarlo. Así quedaría bien con él y puede que el divorcio no se complique.

—Hmm… —Dio otro sorbo y dejó la taza—. Bueno, ojalá pudiera ayudarte. Ya sabes cómo era la cosa entre tu padre y yo. Nunca me confiaba nada.

Sabía que con ella no llegaría a ninguna parte, pero tenía que intentarlo de todos modos.