La puja matrimonial (Multimillonarios Hawthorne) Capítulo 4
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Capítulo 4

Saffron

L a llamada me cayó como un jarro de agua fría. No era culpa de mi socia. Si acaso, el destino era el culpable. Eso y mi necesidad de complacer a la gente. Nunca les conté lo de Tyler y yo, y ese día, al fin me estalló en la cara.

—Malaya —contesté—. ¿Olvidaste algo?

—Joder. ¡Joder, menudo hijo de puta! —gritó por teléfono. Las sirenas sonaban de fondo. Entre los coches y la gente, apenas la oía—. ¡Ay, Saff! No te vas a creer lo que acaba de pasar. Un imbécil ha chocado contra mi Uber intentando saltarse un semáforo en rojo...

Un martillo neumático la cortó.

—Dios mío, Malaya, ¿estás bien?

—Estoy bien. Como te dije, el coche se llevó la peor parte, pero tengo algunos moretones y voy al hospital. La ambulancia acaba de llegar.

Salté de mi silla de oficina, fui al perchero y agarré mi chaqueta.

—¿A qué hospital? Voy para allá.

—No, no vengas. Te dije que es solo un moretón. Habría ido cojeando a la presentación, pero el conductor del Uber insistió en que fuera al hospital. Ay, mierda, estoy sangrando.

—Malaya, ¿estás bien?

—Estoy bien. Confía en mí, estoy bien. Pero ya no puedo ir a la reunión. Le he mandado un mensaje a Seb diciéndole que no puedo asistir y que irás tú en mi lugar. Y, por suerte para nosotras, él también se ha retrasado y ha dicho...

El martillo neumático volvió a tapar su voz.

—...Te parece bien, ¿no?

—¿Presentar en tu lugar?

Habían pasado tres semanas desde que le entregué a Tyler los papeles del divorcio y básicamente no había obtenido respuesta.

Debía de haberse olvidado de que se había casado conmigo, con todas las citas que tenía.

No es que lo estuviera espiando por internet, pero lo busqué en Google tras su silencio para ver qué hacía, y las interminables imágenes de él con mujeres despampanantes del brazo me encogieron el corazón.

Él estaba por ahí pasándoselo bien, ignorando mis papeles.

Pero eso no significaba que quisiera hablar con él.

¿Y si estaba allí durante la presentación?

A lo largo de sus tratos con H más bien parecía ensayada.

—Hola, tengo una cita a las diez que se pospuso para las once con Sebastian Hawthorne. Soy de Marble Row Interiors.

Frunció el ceño, consultó su portátil y volvió a mirarme con ojos recelosos, aunque parecía temer decir qué la hacía dudar.

—¿Marble Row? Pensaba que...

—¿Que era afroamericana? Esa es mi socia. Ha tenido un accidente y vengo en su lugar.

—¡Ah! Vale. Quiero decir, ¡ay, no! Espero que esté bien.

Bryony se levantó de un salto y se llevó la mano a la boca, horrorizada. Era mucho más bajita de lo que había pensado. El enorme escritorio ovalado tras el que estaba sentada hacía que su figura menuda pareciera aún más pequeña.

—Está bien. Solo algunos moretones.

Bryony volvió a sentarse, aliviada.

—Espero que se recupere pronto. Ha venido varias veces. Deja que avise al Sr. Hawthorne de que estás aquí.

Marcó un número mientras yo esperaba y asintió varias veces a quien estuviera al otro lado:

—Marble Row, sí... La sala azul... Por supuesto.

Y luego:

—Un placer hablar contigo, Matt.

Me dedicó una sonrisa radiante y salió de detrás del escritorio.

—Ya te están esperando en una de nuestras salas de reuniones. Sígueme, por favor.

Bryony caminó delante de mí y su falda negra acampanada ondeaba mientras me conducía a la sala.

Era exactamente el tipo de mujer que había visto del brazo de Tyler.

¿Se habría acostado con ella? Se me encogió el estómago.

Aparté aquel pensamiento celoso. No había pensado en él en cinco años, ¿y ahora de repente me importaba con quién se acostaba?

Se detuvo ante una puerta azul. Me giré y vi que todas las puertas de alrededor eran de colores diferentes. El efecto era cálido y juguetón. Un tono más vivo y habrían parecido puertas de guardería, pero los colores eran apagados y sobrios.

—Te están esperando.

Bryony me dedicó una sonrisa y añadió:

—Buena suerte.

Va a estar bien. Llamé una vez, giré el pomo y entré. Y mira tú por dónde, mi jodido marido me estaba mirando fijamente.