Capítulo 81
—¡Tendrías que haber muerto en la puta explosión! —soltó con rabia Rita.
—¿Fue culpa tuya? —le preguntó César, para ganar tiempo y para sacarle la información.
Mi voz había desaparecido momentáneamente.
—Por supuesto —rio desquiciada—. Su accidente de moto también fue cosa mía, con la tonta de Lyn. Y el segundo intento de accidente también. —Chasqueó la lengua—. Aunque se libró por un viejo que la ayudó —habló con asco—. Todo lo que le ha pasado a esta es obra mía. ¿Estás orgulloso de mí?
—Rita… —la llamó César. Noté la contención en su voz—.
Escúchame —le pidió hablándole muy suave cuando ella se paró demasiado cerca de mí, sin bajar el arma—.
Zoe siempre ha sido sincera conmigo. Desde el primer día supe a lo que atenerme con ella.
Nunca me dio esperanzas para creer que sentía algo por mí.
Jamás hizo algo que me indicara que podía tener una oportunidad con ella.
—¡Mentira!
—No. Es verdad. Era yo el que me empeñaba una y otra vez en lo mismo. Ella no tiene la culpa de nada, porque no se puede elegir quién te gusta como algo más que amigos. ¿Entiendes? Joder, el amor te elige, no hay decisión que valga al respecto.
—Yo te amo.
—No lo sabía —susurró César.
No me atreví a mirarlo para que no lo hiciera ella, porque no me fiaba de su estabilidad. Podía disparar a César y no iba a arriesgarme. Pero sin verlo, sabía que él iba acercándose a nosotras. Muy despacio, pero seguro.
Apreté la rama en mi mano, preparándome para actuar en cualquier momento. En cuanto Rita se acercara un poco más podría golpearle la mano con la rama, para que se le cayera el arma. Si me salía bien, eso le daría tiempo a César para bloquearla.
Estaba pensando en ello cuando me pareció ver un destello que captó mi atención. Observé disimuladamente hacia la zona en la que salió. Esperé, pero no supe a qué. Cuando me cansé, pensando que había sido imaginación mía, quité la atención de allí. Pero entonces volvió a ocurrir.
En esta ocasión vi el destello perfectamente y seguido de él, contuve la respiración al ver oculto, detrás de un árbol, a Cameron, el inspector amigo de Rhys.
Me pidió silencio con un dedo sobre los labios y se escondió, desapareciendo. Dejé salir el aire de golpe, pero se me atragantó cuando mis ojos se cruzaron con los de otro hombre que conocía muy bien.
Rhys estaba aquí, cerca de Cameron. Su mirada me tranquilizó al momento y sentí mucha paz interna. Para mi total tranquilidad, me di cuenta por ciertos movimientos de que no estaban solos.
No sabía cómo habían llegado hasta aquí, ni cómo se habían enterado, pero fuera como fuera, daba gracias infinitas por ello.
—Te odio —me dijo Rita y tragué saliva, centrándome la atención en ella.
—No he hecho nada para que me odies. Creía que éramos amigas.
—¡Cállate! ¡No soporto tu voz! —gritó.
—¿Dónde está Nerea?
—¡Te he dicho que no hables! —Se acercó más a mí y me preparé.
La mano del arma le temblaba por la rabia.
—Rita, cariño —la llamó César, sabiendo jugar muy bien.
En cuanto escuchó la forma en la que se refirió a ella, Rita perdió un poco de fuerza e incluso bajó un poco el arma.
—Te veo. ¿Me oyes? Estoy bien.
—Sí. Siempre he estado cerca de ti.
—Dime a mí dónde está Nerea, por favor. Y después podremos irnos.
—No sin antes terminar con ella. —Bufó, como si no existiera otra posibilidad.
—De acuerdo. Eso lo hablamos luego, pero ahora sobre Nerea…
—La he dejado dormida dentro del coche. Llevaba días haciéndome demasiadas preguntas y no me gustaba. Y cada vez se juntaba más con esta y con Lyn —habló con asco—. Esta mañana estaba muy insistente y comenzó a pensar más de la cuenta, por lo que corté de raíz el problema.
Se encogió de hombros.
—Le puse laxante en el café con leche y cuando no aguantó más, fue mi excusa perfecta para largarme del trabajo para preparar todo esto —sonrió.
—¿Y dónde está el coche en el que está dormida Nerea? —le preguntó César.
—A unos kilómetros de aquí —contestó encogiéndose de hombros—. Ella respira, por si te lo estás preguntando. Solo le he dado un somnífero potente. No quería hacerle daño, ha sido mi amiga durante años. ¿Sabes?
—Te entiendo —susurró César y ella sonrió.
Y llegó el momento. Se me presentó en bandeja en el momento que destensó los hombros y miró por encima del hombro a César.
Actué rápido y ajustando el agarre de la rama, la lancé en un giro hacia la mano de Rita, con la que sujetaba el arma. El golpe fue como si golpeara una pelota de béisbol.
Ella soltó un grito ahogado por el dolor y César y yo nos movimos rápido.
Él se lanzó sobre Rita, a su espalda. Cayó sobre su cuerpo, dejándola sin respiración e inmovilizándola con fuerza.
Yo corrí a alejar el arma de una patada, mientras que Cameron y su equipo, que se habían acercado sin que me diera cuenta, salieron a la vista y se encargaron en segundos de la situación.
—Buen trabajo, chicos —nos felicitó Cameron—. Lo tenemos todo, confesiones incluidas.
Rita gritó cuando varios agentes la alejaron de César.
No me dio tiempo a responder porque Rhys vino corriendo hacia mí y me cogió en brazos. Le rodeé el cuello, escondiendo la cara en la curva de su hombro, y lloré por los nervios acumulados.
—Nunca he sentido tanto miedo —susurró en mi oído—. Mierda, Zoe. Casi me da algo sin poder hacer nada.
Me apretó más fuerte y yo hice lo mismo.
—Shhh… Se acabó.
—Sí —murmuré—. ¿Sabes qué es lo mejor?
Me separé para mirarlo a la cara y, aunque ninguno de los dos tenía ganas de sonreír, lo hicimos.
—Dime —me pidió.
—Que he recuperado mi independencia y libertad. Mi moto.
Rhys puso los ojos en blanco y yo hice un gran esfuerzo para no reírme.
—¿Cómo habéis sabido que estábamos aquí? —le pregunté.
—Te tengo localizada siempre, ¿recuerdas?
Se refirió a que, después de lo último que me pasó, Rhys me pidió que tuviera siempre mi ubicación compartida con él.
—Menos mal —dijo César.
Rhys me bajó al suelo, pero no me soltó del todo.
—César…
—Lo siento, tío —se disculpó afectado—. No tendría que haber traído hasta aquí a Zoe. No debería haberlo permitido, cuando todo pintaba mal.
Rhys no le dijo nada, pero, en cambio, se puso delante de él y lo abrazó con fuerza. César no se esperaba esa reacción y tardó unos segundos de más en reaccionar. Cuando lo hizo le correspondió al abrazo con la misma intensidad.
—Gracias —le dijo César, hablando bajo.
—Gracias a ti. Por todo.
Cuando se separaron, ambos asintieron en un intercambio silencioso entre ellos.
Caminé hasta ellos y me lancé a abrazar a César. Él no dudó en corresponderme y durante unos largos segundos nos mantuvimos de esa manera.
—¿Cómo estás? —le pregunté, retirándole un mechón manchado de sangre.
—He tenido días mejores, pero no voy a quejarme porque el final este ha sido nuestro. —Me hizo un guiño—. Como mucho necesitaré unos puntos, poco más. Estoy bien —me aseguró.
—Escúchame —le pedí—. Ni se te ocurra sentirte culpable por nada. ¿Me oyes? Todo lo que ha pasado, sin excepción, no es culpa tuya.
—Lo mismo te digo.
—Vale —susurré.
—Si me hubiera dado cuenta de que…
—César —lo interrumpió Rhys—. Nadie notó nada diferente en Rita, supo ocultar muy bien su obsesión. Y como bien habéis dicho, ninguno de los dos tenéis la culpa de nada.
—Gracias —susurró.
Le sonreí.
—Gracias a ti por no dejarme sola y salvarme la vida. Te prometo que la próxima vez que me prohíbas algo, te haré caso.
—Ja, eso me gustaría verlo —dijo con diversión César.
—Créeme, no lo vas a ver nunca —comentó Rhys.
—¡Oye…! —me quejé.
Ellos soltaron una carcajada que me hizo sonreír. Qué imagen más bonita fue.
—¿Y los policías? —pregunté, al darme cuenta de que nos habíamos quedado solos.
—Unos se han llevado a Rita. Cameron ha ido con dos más a buscar a Nerea —contó Rhys.
—Joder… —Negó con la cabeza César—. Menos mal que está bien Nerea.
—Pues sí, en cuanto se recupere del malestar de la barriga y del somnífero —dije haciendo una mueca.
—Una cosa —César llamó la atención de Rhys—. ¿Cómo sabíais que estábamos en problemas? Tenías localizada a Zoe, vale, pero nada te alertó de que estuviera en problemas. ¿O sí?
—Ha sido todo gracias a Nerea —contestó Rhys, teniendo toda la atención de César y mía—. Nerea no terminó de dormirse como Rita pensó. Por suerte, la dosis del somnífero no fue suficiente para dejar a Nerea fuera de juego.
»Cuando Nerea se dio cuenta de que estaba pasando algo raro y malo, comenzó a actuar hacia Rita.
De esa manera, mientras Rita pensaba que Nerea no se enteraba de nada, Nerea iba quedándose con toda la información que le dio Rita sin querer, porque no se cayó en ningún momento y comenzó a soltarlo todo.
»Sus planes hacia Zoe, los que quería tener con César, se burló de todos los accidentes de Zoe y de cómo ella los llevó a cabo. Dijo bien claro que lo del accidente de moto lo provocó por diversión y por si lo de la explosión fallaba, ya que lo del laboratorio lo preparó el día anterior…
»Todavía no sabemos cómo accedió a la empresa ni al laboratorio de Zoe sin ser vista, porque debió de hacerlo de noche. Siempre hay seguridad, así que Cameron se encargará de averiguarlo, al igual que cómo es posible que Rita tuviera un arma.
—Joder, qué paranoia —comentó César.
—Sí —susurré.
—Con todo lo que sabía Nerea, me llamó muy nerviosa en cuanto Rita la dejó sola dentro del coche, para venir hasta aquí y comenzar con la mentira de la avería de su coche.
»Me alarmé enseguida al escuchar a Nerea, porque alargaba mucho las palabras y encima lloraba, pero pudo contarme todo lo que le había dicho Rita mientras esta se pensaba que Nerea estaba dormida.
»Yo llamé rápido a Cameron para ponerlo al corriente de todo y vino a por mí para encontrarte. Por cierto, voy a llamar a Avery para tranquilizarlo.
—Vámonos a casa —me dijo César, cuando Rhys se llevó el teléfono a la oreja.
—Sí —susurré—. ¿Me ayudas a buscar mi móvil? Se me cayó por el golpe de Rita, cuando saltó del árbol.
—Vamos. Tiene que estar por aquí.
Comenzamos a buscarlo entre las hojas del suelo, mientras escuchábamos como Rhys le decía a su padre que tanto César como yo estábamos bien.
Cuando terminó de hablar, yo ya tenía mi teléfono guardado y entonces sí, nos fuimos del sitio, para ir hacia el coche de César. Rhys me llevó todo el tiempo agarrada y lo agradecí, porque notaba todo el cuerpo tembloroso.
Solo me soltó para ponerse frente al volante, para que César no tuviera que conducir después de los nervios que había pasado.