Capítulo 77
Rhys
No solo fueron sus palabras, sino también la forma en la que habló.
Fruncí el ceño, esperando a que continuara.
—Zoe… —dije su nombre al final, al ver que alargaba el silencio.
—Voy a ir por orden.
—De acuerdo —acepté, aunque necesitaba que fuera directamente a esa parte importante que me había mencionado.
—He salido de casa dejando a Lyn dormida. Sola —sonrió, recordando que a su regreso estaba con Brad—. Antes de irme con la moto, he ido a la cafetería a por un café con leche, para tomármelo con calma en la pequeña ruta que quería hacer.
Se quedó callada y comencé a hacerle caricias en la barriga con la mano libre, sin más intención que me sintiera a su lado.
—Al regresar a nuestra calle me he encontrado a Rita saliendo de su casa.
Ella también iba a dar una vuelta, pero caminando por el pueblo.
A Nerea no le apetecía salir. Nos hemos separado.
Yo he ido a sacar la moto del trastero y después me he ido.
He pasado cerca del puente de Stirling y me he animado a ir.
Luego te enseño las fotos que me he hecho.
—¿Te ha gustado? —le pregunté, para que se relajara un poco.
Cada vez estaba más tensa, lo que me hacía pensar que cada vez estaba más cerca de llegar a ese algo importante que quería contarme.
—Sí. —Asintió—. He estado un buen rato en el puente, disfrutando de las vistas y de la tranquilidad que había, mientras me bebía un poco de café. Ha pasado muy pocas personas.
—Pues has tenido suerte porque, al ser sábado, es uno de los puntos de interés más vistos de Stirling —comenté.
—Me lo imagino. Cuando me he ido he tomado la carretera que lleva al pueblo de Dunblane. No tenía intención de parar en él porque buscaba un sitio más natural, con vistas elevadas, pero al final lo he hecho.
—¿Por qué has cambiado de opinión?
Ahí estaba. Había llegado el momento y para recibir el impacto que creía que iba a recibir, porque las reacciones de Zoe y su comportamiento me tenían en alerta, me incorporé un poco, lo suficiente para quedarme sentado con la espalda recta apoyada en la bañera.
Al moverme Zoe lo hizo conmigo y para quedarse de cara a mí, se giró.
—No cojas frío —le pedí al verle la piel de gallina.
—¿Podemos salir? —me preguntó susurrando.
Entrecerré los ojos, preguntándome qué mierda le había sucedido para ponerla de esta manera. Por el momento, preferí quedarme callado al respecto para no ponerla más nerviosa.
—Claro —le dije.
Fui el primero en incorporarme y la ayudé a hacer lo mismo. Quité el tapón de la bañera y el agua comenzó a escaparse por él. Cogí la toalla grande y mullida y después de pasársela a Zoe por el pelo, le rodeé el cuerpo con ella.
Salió detrás de mí, cuando yo cogía de la estantería otra toalla limpia para mí. Me sequé en tiempo récord, ella también lo hizo rápido porque tenía frío. Yo me quedé desnudo, ya que no traje al baño el pijama. Dejaba dos en el armario de Zoe porque dormía con ella.
Mientras Zoe se ponía el suyo, yo salí del baño para ir a por el mío.
—¿Quieres secarte el pelo? —me preguntó.
—Un poco. No quiero ser el siguiente en resfriarme —contesté, poniéndome el pantalón.
—Pues empieza tú, que eres más rápido.
Regresé al baño colocándome la camiseta del pijama y me la encontré sentada en la tapa del inodoro, esperando.
Me ofreció el secador que había sacado del armario y comencé a secarme el pelo, mientras Zoe se cepillaba su melena. Sí, yo terminé rápido, por lo que no tardé en devolvérselo.
Volví a la habitación para darle espacio y esperé pacientemente a que saliera con su cabello precioso suelto, brillante y bien seco. Me tenía enamorado su melena, aparte de otras muchas otras cosas.
Me senté en la cama, con la espalda apoyada en el cabecero y después de un rato no muy largo, Zoe salió del baño. Apagó la luz y caminó hacia mí. Se subió por mis pies y gateó hasta que, un poco más arriba de la mitad de la cama, a la altura del inicio de mis muslos, se sentó.
Me parecía raro que estuviéramos en pijama cuando todavía no habíamos ni comido al mediodía. Mi costumbre era utilizar el pijama solo por las noches, para meterme en la cama, y en verano ni eso, ya que ni con el aire acondicionado me apetecía cubrirme el cuerpo.
Como mucho podía tolerar un pantalón corto y fino. Si me daba algo de fresco por el aire acondicionado, tumbado en la cama, lo solucionaba tapándome un poco con la sábana.
El caso era que no tenía otra cosa que dos pijamas en la habitación de Zoe. El día anterior, el viernes por la tarde, me llevé la última muda para lavarla y no repuse las prendas básicas, como un chándal, que me gustaba tener aquí a mi alcance rápido.
Cuando vine con Zoe solo traje lo puesto, ya que acababa de ducharme y la ropa que llevaba era la que utilizaría a la mañana siguiente, la que me había quitado momentos antes en el baño.
—¿Qué pasa, Zoe? —hice una pausa y volví al ataque—. ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión para pararte en Dunblane, cuando no tenías intención de hacerlo? Estoy teniendo mucha paciencia, te lo prometo, pero cada vez me cuesta más controlar mi genio.
—Creo que lo que voy a decirte debería saberlo tu amigo inspector Cameron.
Apreté la mandíbula. Separé la espalda del cabecero y me incliné hacia delante, para agarrarle la barbilla con varios dedos.
—¿De qué hablas? —le pregunté en tono bajo.
—Como te he dicho, al irme del puente de Stirling me dirigí hacia la carretera que llevaba a Dunblane. Era la primera vez que pasaba por ella —suspiró.
—¿Y?
Fruncí el ceño.
—Me pasó algo parecido al día que viste que un coche echaba a mi moto de la carretera. Algo parecido, pero diferente. No sé. Aún me cuesta pensar en ello.
Agrandé los ojos porque, entre todo lo que me esperaba oír, esto no entraba dentro de las posibilidades que había creado en mi mente.
—Qué cojones…
Me moví en la cama, para quedarme sentado de manera que quedamos muy cerca, mirándonos.
—Explícamelo.
Escuché con atención, haciendo un grandísimo esfuerzo de autocontrol para no perderlo, conforme Zoe iba contándome lo que hizo el coche que circulaba detrás de ella. Todo, porque no se dejó ningún detalle.
Aunque no lo dije en voz alta, para no interrumpirla, agradecí inmensamente lo que hizo el tal Finlay, un hombre mayor que la ayudó mientras ambos circulaban por la misma carretera y al que después conoció, cuando ambos se pararon al llegar al pueblo de Dunblane.
—Por eso paré en Dunblane —suspiró—. Lo necesitaba para calmarme porque estaba muy nerviosa. Aparte, quería agradecerle la ayuda a Finlay, por no dejarme sola. Nos presentamos y pude darle varios abrazos —sonrió un poco, pero la sonrisa no le llegó a los ojos.
—Mierda, Zoe…
Me pasé las manos por el pelo, muy agobiado.
—Conseguí tranquilizarme en Dunblane —habló rápido, para que me tranquilizara.
Busqué su mirada.
—Caminé hasta la zona más céntrica y allí me paré a tomarme un café con leche, en una terraza muy bonita y calentita por una estufa.
Poco a poco me encontré mejor y cuando me fui de la cafetería, pasado un buen rato, pude ver por fuera la catedral, el museo y un buzón dorado famoso. Di un bonito paseo
—Sí.
—Y visité la biblioteca.
Esta vez sí que sonrió de oreja a oreja. Se notó la ilusión que le hizo recordar ese momento.
—Compré la entrada y me perdí dentro. Es una maravilla.
Después volví a la moto y regresé aquí. A medio camino me pilló la lluvia y cuando llegué, después de ir a ver a Lyn a su habitación, para comprobar que estaba bien, y encontrármela con Brad en la cama, vine a mi habitación para darme una ducha. Necesitaba entrar en calor.
Mi silencio la puso más nerviosa.
—Eso es todo —susurró.
—¿Te parece poco?
Fruncí el ceño.
—No he dicho eso. —Bufó y elevé las cejas.
Sacudí la cabeza, bajándome de la cama. Lo que menos quería era un enfrentamiento con Zoe porque no se lo merecía, y ya bastante mal debía haberlo pasado. Joder, y sola. Me hervía la sangre.
—¿Dónde vas?
—A poner al tanto a Cameron —dije con rabia.
Rabia que no iba dirigida a ella, por supuesto, pero en este instante yo podía estallar hacia cualquier parte.
Tomé distancia para ir al baño, para coger el móvil del pantalón que dejé olvidado al desnudarme. Con él en las manos, lo desbloqueé y busqué en mis contactos el nombre de Cameron.
Me llevé el teléfono a la oreja, mientras regresaba a la habitación y escuchaba los tonos sonar. Maldije interiormente, al ver la cara de preocupación y nervios de Zoe.
—Cameron —dije en cuanto descolgó.
—Eh, tío. ¿Qué tal? ¿Todo bien?
—No. No hay una mierda bien con Zoe.
—¿Qué pasa?
—¿Si te envío la dirección de donde estamos puedes venir?
—Claro.
—Perfecto. Pues ahora te la envío por mensaje. Nos vemos en un rato.
—Cuenta con ello.
Colgué, hice una respiración profunda, y entonces le envié los datos de la dirección de mi casa. Al terminar, levanté la mirada hacia Zoe.
—Ven aquí —le pedí, alargando la mano hacia ella.
No dudó en agarrarla y tiré de su cuerpo hacia el mío, para rodearla con los brazos y hacerla sentir bien con un abrazo cálido y protector.
—Sea lo que sea lo que está pasando, lo descubriremos. ¿Vale? —le susurré al oído.
—Sí —imitó mi tono de voz.
Me agarró con fuerza de la camiseta del pijama por la espalda y le acaricié la suya, al notarla temblorosa.
—Vamos a vestirnos —le pedí—. Cameron llegará a la casa de al lado, así Brad y Lyn continuarán descansando sin interrupciones.
—Me parece bien —dijo asintiendo, cuando nos separamos.
—Así ponemos al día a Drew.
La agarré de la cara con ambas manos y me acerqué para rozarle los labios con los míos.
—No entiendo nada, pero te aseguro que nadie va a hacerte daño. ¿Me oyes? Ni con lo que está pasando ni en un futuro. Nunca. Y si llega a suceder, intervendré yo y te prometo que el que te haga malo se arrepentirá el resto de su vida.
Cerró los ojos con fuerza y entonces la besé, para transmitirle un poco de calma. La mía era inexistente, se había ido a la mierda de golpe, pero hacia ella necesitaba esforzarme para aparentar una calma ficticia.