Capítulo 76
Le acaricié el muslo a Rhys, haciendo un camino hasta su mano. Se la agarré y entrelazamos los dedos.
Estábamos tumbados dentro de la bañera, Rhys con la espalda apoyada en ella y yo sobre su pecho. Mi trasero estaba entre sus piernas, de manera que estaba medio tumbada sobre él.
Cuando terminamos de ducharnos, decidimos llenar la bañera con agua caliente y desde entonces no nos habíamos movido más que para hacernos caricias. Mis manos comenzaban a estar un poco arrugadas, al igual que mis pies, pero el agua se mantenía a una temperatura perfecta y no me apetecía salir.
No quería romper la burbuja que habíamos creado en poco tiempo y Rhys parecía pensar lo mismo, porque cada vez que el agua comenzaba a bajar la temperatura, él se encargaba de renovar una buena cantidad para que se mantuviera caliente.
—¿Cómo has entrado? —le pregunté.
Necesitaba preparar el terreno despacio y saber ciertas cosas antes, porque en cuanto comenzara a contarle lo que me había pasado en la carretera, ya no habría nada más para él.
—Con la llave de repuesto que me dio Conor.
Su respuesta me sorprendió y resbalé la espalda en su pecho, para echarme hacia un lado y así poder mirarlo a la cara.
—¿Tienes una llave de esta casa? —Jadeé.
—Desde el primer momento, incluso antes de llegar aquí —contestó con una sonrisa pícara—.
Pero no solo de esta casa, de las otras dos también, las de Nerea, Rita, César y Santi.
Conor me las dio por seguridad, para que hubiera otro juego para poder utilizarlo en caso de necesidad.
De esa manera, si pasa alguna urgencia, tenemos acceso rápido.
—Ah… ¿Y por qué no utilizaste la llave en vez de escalar hasta mi balcón, varias veces?
—Para impresionarte.
Solté una carcajada.
—No es verdad. —Negué con la cabeza—. La primera vez que estuviste de madrugada en mi habitación, observándome, no querías que yo lo supiera. Y después, la segunda vez, tampoco. Aunque no te quedó más remedio que despertarme porque estaba teniendo algún tipo de pesadilla.
Me encogí de hombros.
—No me cuesta escalar la altura que tiene tu balcón y es mucho más privado que salir de madrugada de mi casa, para entrar en la tuya como si lo hiciera a escondidas.
—Visto de esa manera…
—Claro —habló con diversión—. Hoy porque es de día, por eso he entrado por la puerta—. Me he cruzado con César.
—¿Y qué te ha dicho?
—Iba a por la comida. Santi y él la pidieron al restaurante del amigo de Conor.
—Normal —sonreí—. Todo lo que preparan está buenísimo.
—La próxima vez que vayamos pediremos platos de comida típica del país.
—Vale —acepté con ganas de adaptarme a las costumbres—. ¿César te ha visto entrar aquí?
—Sí. Justo estaba metiendo la llave en la cerradura. ¿Por qué? ¿Supone algún problema?
Frunció el ceño.
—No —reí—. Además, ambos hablamos con él y sabe lo que hay entre tú y yo, desde hace días. Solo era curiosidad.
—Lo has preguntado por algo más —insistió.
—La verdad es que no quiero que se sienta mal, ¿sabes?
—Entiendo.
—El cambio de comportamiento y actitud que ha tenido desde lo de la explosión en los laboratorios, ha sido muy grande, Rhys. No parece el mismo y se está esforzando por ser un buen amigo.
—Lo sé.
—Por eso no quiero que sufra de ninguna manera por algo relacionado conmigo. No es por dármelas de nada, es solo que sé lo que sentía por mí y el largo tiempo que lleva intentando que yo cambiara.
—No pasa nada. —Me retiró un mechón de la cara—.
Es comprensible lo que dices y cómo te sientes hacia él.
Quédate tranquila, se ha acercado a mí para hablar un poco y en todo momento ha estado sonriente.
Me ha contado que Santi y él han estado casi toda la mañana paseando por las zonas verdes que dan a nuestras terrazas.
Estaba animado e incluso me ha pedido que la próxima vez me apunte.
—¿Qué le has dicho?
—Que cuente conmigo y seguramente también con Drew y Brad.
—Vale —sonreí, mucho más tranquila—. Gracias.
—No tienes que agradecerme nada, Zoe. No eres la única que se ha dado cuenta del gran cambio que ha dado César y de lo que hace cada día para estar muy integrado en nuestro grupo de amigos.
Asentí.
—Oye… Cuando has dicho que Conor te ha dado las llaves de las casas, me he preguntado si sabes quién es el dueño de todas. O si hay varios dueños.
—Las cuatro viviendas son de mi padre.
—¡Lo sabía! —dije con una risilla, haciéndolo sonreír—. ¿Sabes que he pillado a Brad durmiendo en la cama de Lyn? —le pregunté con diversión—. Los tenemos muy cerca.
Señalé la pared que quedaba a nuestra izquierda en la bañera y él rio, negando con la cabeza.
—Demasiado ha tardado Brad —comentó—. Supongo que, una vez dado el primer paso, por pequeño o disimulado que haya sido, ahora solo queda esperar a que avancen sin frenos.
—Ojalá —deseé con una risilla—. Yo no he visto que el paso que han dado haya sido pequeño. Estaban enredados en la cama, Lyn encima de Brad y él agarrándola como si no quisiera que se separara ni un poco.
—Suena genial.
—Sí —estuve de acuerdo—. Los he tapado con la manta y los he dejado que continúen descansado.
—¿Has hablado hace poco con tu amiga Noa?
—Nos toca videollamada esta tarde. Ayer al mediodía fue la última vez que hablamos. ¿Por qué?
—Porque creo que vas a llevarte una sorpresa —sonrió de medio lado—. Esta mañana me ha llamado Drew y me ha dicho que le ha escrito a Noa.
—¿En serio?
—Sí —me confirmó con un guiño—. Han estado hablado.
—Joder —dije con ilusión.
—Todavía es muy pronto y a saber, cómo salen de esta, pero ya se han decidido y por lo que me ha dicho Drew, ha debido ir muy bien porque estaba muy animado. La atracción entre ambos fue evidente durante la cena que organizasteis el sábado que Noa y Carlos estaban aquí.
—Mierda, necesito llamar a Noa ya.
Rhys rio, al mismo tiempo que me rodeaba la cintura con un brazo para que no me moviera. Me apretó a él y me mordí el labio inferior, al notar la presión de su miembro al final de la espalda. Hacía unos minutos que este había despertado de su descanso bien merecido.
Aparté las ganas de provocarlo o de iniciar algo que nos llevaría a cortar la conversación. Necesitaba seguir hablando.
—Madre mía —dije emocionada.
—Pues sí.
Rhys subió el brazo por mi barriga, sin dejar de rodearme con él, hasta que lo dejó debajo de mis pechos. Estos descansaron el peso en su brazo, que era lo que Rhys había buscado. Después me soltó la mano y comenzó a acariciarme la barriga.
De arriba abajo, muy abajo, rozando la zona prohibida.
—Estamos hablando —suspiré.
—Y vamos a continuar haciéndolo.
—Si continúas, no voy a poder concentrarme —susurré.
—Mmm… Solo un poco.
Al decirlo, me abrió las piernas con las suyas y su mano descendió hasta que las puntas de sus dedos me rozaron el clítoris. Me estremecí con la primera caricia y me robó un jadeo.
—Así… —me susurró al oído—. Me encanta. Es un puñetero vicio.
Me mordió el lóbulo de la oreja y busqué más el contacto con sus dedos, moviendo la cadera al compás de sus movimientos.
—Una jodida maravilla. Busca tu placer.
Gemí cuando me embistió con dos de sus dedos, sin dejar de frotarme el punto sensible, delicado y excitado.
—Rhys… —gemí.
—Shhh… Cuando te corras, continuaremos hablando.
Se me cortó la respiración al sentir la punta de su miembro justo en mi entrada. Eso me volvió muy loca y con los movimientos de la cadera busqué que el glande entrara en mi interior. Lo conseguí, al igual que un gemido de Rhys.
No iba a ir más allá, pero fue un gustazo sentirlo sin ninguna barrera, tan caliente y suave… Sin que me lo esperara, él se introdujo solo un poco más, provocándome un jadeo profundo, mientras Rhys aceleraba los movimientos de sus dedos sobre mi sexo.
Me corrí entre sus brazos, sintiendo debajo la tensión de su cuerpo. Se retiró despacio, saliendo de mi interior, pero continuó acariciándome la zona íntima con movimientos perezosos. Cuando mi pico de placer desapareció, me quedé durante unos segundos sin fuerzas.
Había sido un día demasiado largo, a pesar de que todavía era pronto. Todas las emociones que había sentido, los nervios y el miedo, me tenían muy flojita.
Rhys me dio un beso en la cabeza, antes de echarme agua en el pelo con una mano. Hizo lo mismo por mis hombros y por la parte alta de mis pechos, ya que el agua los cubría hasta la mitad.
—Gracias, por mantenerme siempre caliente.
Mis palabras iban más allá del agua y Rhys lo supo. Por ese motivo rio, sin importarle la gran erección que tenía entre nuestros cuerpos.
Nada me hubiese encantado más que separarme de él para sentarme a horcajadas y hacerlo desaparecer en mi interior, hasta que ambos nos quedáramos saciados y satisfechos, pero la peor parte de la conversación estaba a punto de llegar y necesitaba estar centrada.
Si lo dejaba pasar, me enfriaría para hablar y al final no se lo contaría, quitándole la importancia que tenía.
—¿Qué tal con tu padre? —le pregunté al cabo de un rato.
—Genial. Hacía tiempo que no hablábamos tanto.
Moví la cabeza sobre su pecho, para verlo sonreír.
—Me alegro mucho —imité su sonrisa.
Me dio un beso en la punta de la nariz y después se movió para quitar el tapón de la bañera. Cuando el volumen del agua bajó, colocó el tapón y abrió el agua caliente, para volver a llenar la bañera al nivel que tenía.
—Tienes que ayudarme a convencerlo para que comience a tomarse la vida con más calma —me dijo.
—¿Yo? —pregunté con sorpresa.
Apretó los labios.
—Me ha dicho que lo pensaría si su nuera se lo pedía y esa eres tú.
Agrandé los ojos y Rhys rio.
—A ver si entre todos logramos que cambie sus rutinas, necesita frenar y descansar —dijo pensativo.
—Te preocupa.
—Sí. —Buscó mi mirada.
—Haré todo lo que pueda —hablé con decisión.
En los labios de Rhys se formó una sonrisa preciosa.
—¿Y a ti cómo te ha ido la mañana?
Ahí estaba la pregunta que me costaba contestar, la que me hubiese encantado retrasar más. Al final, antes de que yo sacara el tema, Rhys se me adelantó.
Solté un suspiro y le agarré de nuevo la mano. Cuando entrelazamos los dedos comencé a hablar.
—Tengo algo importante que contarte.