Capítulo 75
Zoe
Entré con cuidado la moto en el trastero que utilizaba de garaje y la dejé en su posición. Me quité el casco y como estaba mojado, cogí uno de los trapos que había en una estantería.
Lo sequé y después hice lo mismo en el asiento y con toda la moto, incluidos los espejos, para que no quedaran marcas por ninguna parte. Tuve que coger otro trapo seco y darle otra pasada, hasta que se quedó bien.
Al terminar, di varios golpecitos en la chaqueta y en los pantalones, para que las gotas que no habían calado la ropa resbalaran.
Al final me había pillado la lluvia. Era obvio por lo que estaba haciendo. Comenzó a llover a mitad de camino, por lo que me había mojado bastante. Lo único que se había librado del agua era mi cabeza y mi cara, al llevar el casco con la visera bajada.
Podría haberme protegido, ya que tenía dos chubasqueros debajo del asiento, pero no me paré a un lado de la carretera para colocármelo. Preferí tirar para llegar cuanto antes, porque ahora iba de cabeza a la ducha, para entrar en calor.
Bueno, primero pasaría a ver a Lyn o tal vez me la encontraba en el sofá, tapada con la manta.
Abrí la puerta del trastero, solté un suspiro y corrí para salir, cerrar con llave, y abrir de la misma manera la puerta de la casa. Una vez a cubierto, me quité la chaqueta para dejarla colgada en el armario del recibidor, apartada de la de Lyn.
Coloqué el bolso sobre el mueble bajo, saqué el móvil, comprobando que no me había llegado nada importante, y me dirigí al salón. La posibilidad de encontrar a Lyn en el sofá quedó descartada rápido, al encontrármelo vacío.
Todas las luces de la planta inferior estaban apagadas, por lo que mi amiga estaba arriba. Subí la escalera y fui directa frente a la puerta de su habitación. Estaba entornada, por lo que solo tuve que empujarla.
—¿Lyn? ¿Estás despierta? —pregunté mientras abría.
La escena que apareció ante mí hasta me enterneció. Joder, y tanto que lo hizo.
Mi amiga estaba tumbada en la cama, dormida, y a su lado se encontraba Brad, de la misma forma. Parecía que tenían un sueño profundo.
No tenía ni idea de si se habían dormido abrazados, como estaban, pero si no era así, sus cuerpos se habían buscado inconscientemente. El de Lyn estaba casi encima del de Brad, mientras que las piernas de él estaban enroscadas en las de ella.
Sabía de uno que tendría muchas posibilidades de estar resfriado en unos días. Con suerte, Brad se libraría, aunque no le había importado para venir a hacerle compañía a Lyn y para dormir con ella.
Caminé despacio por la habitación, silenciosa, para coger la manta gorda que había a los pies de la cama. La calefacción estaba puesta, pero igualmente, como estaban siempre entraba un poco de frío.
Cubrí sus cuerpos con la manta, con cuidado, y me fui de la misma manera que entré. Dejé la puerta un poco más abierta, para que tuviera más ventilación, antes de dirigirme a la mía.
Mi puerta sí que la cerré, antes de ponerme frente al armario.
De él cogí un pijama, una braga y unos calcetines gordos.
En mi camino hacia el baño me paré en una de las ventanas, para ver cómo llovía.
Me había salvado de una buena, porque desde que llegué a ahora, había apretado y el agua caía con mucha intensidad.
Un relámpago iluminó el cielo por unos segundos y me hizo levantar la mirada.
Iba a estar un buen rato lloviendo, a saber, si durante el resto del día.
Solté un suspiro pensando en qué estaría haciendo Rhys en este instante.
Imaginaba que liado con su padre y eso era bueno porque el fin era que pasaran tiempo juntos.
Su padre, nuestro jefe. Todavía me costaba pensar en ello.
Sonriendo, me alejé de la ventana y fui al baño. Cerré la puerta para que no se escapara ni un poquito de calor y comencé a desvestirme, mientras el agua corría en la bañera.
Dejé la ropa sucia extendida, una sobre la otra para no meterla en el cubo mojada, y cogí la toalla, para dejarla donde la tuviera a mano al terminar de ducharme.
Cuando el agua estuvo a la temperatura perfecta, me metí en la bañera y cerré la mampara. Solté un largo suspiro en cuanto el agua cayó sobre mi cabeza. El contacto fue una maravilla, comencé a entrar en calor rápido y me sentó genial.
En el momento en el que se me quitó todo el frío, me eché champú en las manos y comencé a frotarme la cabeza, separándome un paso del agua. Estaba en ello, cuando la puerta del baño se abrió de repente y me quedé inmóvil por la sorpresa.
Tan solo duró unas milésimas de segundo, las que tardé en procesar quién era el que me miraba fijamente, recorriendo mi cuerpo con la vista, muy despacio.
No quedaba nada a la imaginación de mí, la bañera estaba justo enfrente de la puerta, la mampara era transparente y en este instante, yo estaba de cara hacia ella.
—El mejor plan que podía encontrarme —dijo Rhys, con la voz un poco ronca.
Entró y cerró tras de sí.
—Hola —lo saludé sonriendo.
—Hola. Continúa.
Solté un suspiro, porque me lo pidió comenzando a quitarse la ropa. El plan que tenía en mente a mí también me encantó, era justo lo que necesitaba después de estar pasada por agua y del gran susto que había tenido hacía horas ya.
Rhys se quedó desnudo y le hice un buen repaso. Se acercó a la bañera, abrió la mampara, y entré, todo ello sin apartar los ojos de los míos. Mientras tanto, yo le correspondí de la misma manera, mientras terminaba de lavarme el pelo.
Justo cuando lo tenía bien enjuagado, él se puso delante de mí, muy cerca. Me retiró el pelo de la cara, con ambas manos, y después me agarró de la nuca con una de ellas.
—Tenía muchas ganas de esto —susurró, inclinándose hacia mí.
Solté un suspiro tembloroso, cuando comenzó a mordisquearme los labios.
—Yo también —dije y saqué la lengua, para pasar la punta por sus labios.
La mirada de Rhys se oscureció. Fue todo el aviso que me dio, antes de apoderarse de mi boca y de todo mi cuerpo, como siempre sucedía. Me besó con ansias, con deseo y necesidad, y yo le correspondí de la misma manera, yendo al encuentro de todo lo que me daba.
Me giró para que mi espalda tocara la pared y me aprisionó con su cuerpo. Su miembro, duro y palpitante, se quedó apretado entre nosotros, lo que me puso más acelerada.
Alargamos el beso, como si hiciera mucho tiempo que no nos besábamos. Cuando conseguimos separarnos, teníamos los labios enrojecidos y nuestros pechos subían y bajaban descontrolados, con las respiraciones alteradas.
Rhys comenzó a acariciarme la cadera, mientras que con su nariz daba pequeños toquecitos a la mía. Nos quedamos mirándonos a tan corta distancia, mientras el agua nos daba de manera indirecta. Era lo suficiente como para no tener sensación de frío.
Se separó de mí y seguí sus movimientos con curiosidad, en cuanto me dio la espalda con su cuerpo tan perfecto. Rio cuando le puse las manos en las nalgas y se las agarré con fuerza.
Rhys cogió algo de al lado de la toalla y en el momento en el que se giró de nuevo hacia mí, privándome de su trasero y de los besos que quería darle en la espalda, me di cuenta de que era el sobrecito de un preservativo, el que ni siquiera vi cuando lo cogió, al estar embobada mirándolo a él.
Lo rompió con los dientes, sin apartar los ojos de los míos, y se lo colocó sin perder más tiempo. Me acerqué a él, para rodearle el cuello con los brazos e impulsándome de las nalgas, me subió y le rodeé con las piernas la cintura.
Me llevó hasta la pared de nuevo, donde mi espalda volvió a tocarla, mientras él apoyaba su frente en la mía.
—¿Estás bien? —le pregunté.
—De maravilla —contestó susurrando—. Y ahora…
Gemí cuando, de una embestida, entró en mi interior como si fuera la pieza que encajara a la perfección.
—Y ahora —repitió con la voz más ronca—. Estoy en el puto paraíso.
—Sí… —Jadeé, apretándome más a él.
—Mierda… —Bufó.
Rhys comenzó a salir y a entrar a un ritmo frenético, chocando con mi sexo sin descanso. No se lo tomó con calma, ni falta que hizo, porque me encantó sentir su desesperación y ansias por querer cada vez más.
No se contuvo y yo recibí todo lo que me daba, gustosamente y cada vez más agitada. Nuestros jadeos, gemidos y algunos de sus gruñidos, nos envolvieron en el espacio pequeño del baño, creando aún más calor que el que daba el agua caliente.
Sus dedos sobre mi clítoris terminaron de hacer su magia, acelerándome el orgasmo que silencié en su boca, mientras su miembro tomaba un ritmo de locura. Rhys se liberó al cabo de unos largos segundos, en los que se quedó con la frente apoyada en mi hombro, recuperándose de la intensidad.
Cuando pudimos movernos, salió de mi interior y me bajé para pisar la bañera. Se quitó el preservativo y nos duchamos al mismo tiempo, con sonrisas cómplices y una conexión difícil de explicar.
A partir de este instante venía la peor parte, porque después de darle muchas vueltas había llegado a la conclusión de que no iba a mantener en secreto lo que me había vuelto a pasar con la moto.
No sabía si sería importante para la investigación que Cameron tenía abierta sobre mi anterior accidente, pero yo tenía la necesidad de sincerarme con Rhys.
No quería ni un secreto entre nosotros, bastantes había habido ya. El problema era que la calma que teníamos, el buen ambiente que me encantaría mantener un poco más, terminaría desapareciendo en el mismo momento en el que yo me sincerara con él.
Sabía que se enfadaría y que estaría en tensión durante un buen rato, aunque su enfado no fuera dirigido a mí.