La provocación del escocés Capítulo 69
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Capítulo 69

Rhys

Después de la aclaración de mi padre, Zoe se quedó muy callada. Y rígida, estaba en tensión.

Sin soltar el respaldo de su silla, incliné el cuerpo hacia delante, hasta que mis labios quedaron a la altura de su oreja. Al sentirme, su tensión aumentó.

—Mírame —le pedí.

Le di tiempo, pero me cansé de esperar, por lo que le agarré la barbilla con varios dedos y le giré la cara hacia atrás, hacia mí.

—¿Lo que acabas de saber supone algún problema para ti? —le pregunté, con el ceño ligeramente fruncido.

—No —susurró y dejé salir el aire despacio.

—¿Estás segura?

—Sí. No me importa qué apellido tengas —habló con fuerza, recompuesta del todo—. Lo siento. Es solo que no me esperaba que fuerais padre e hijo. No sé. —Se encogió de hombros—. Pero ya está, como acabo de decir, me da igual quién sea tu padre. En el buen sentido, claro —carraspeó.

Sonreí de medio lado.

Le acaricié con el pulgar los labios, sin apartar los ojos de los suyos.

—Menos mal que has respondido eso, porque estaba dispuesto a encerrarme contigo en cualquier lado, hasta que te hiciera cambiar de opinión.

—Pues entonces he salido perdiendo —murmuró.

Apreté los labios, contendiéndome para no reír, y le hice un guiño, antes de incorporarme. Esta vez no me quedé a su espalda, cogí una silla y la arrastré hasta su lado, para sentarme junto a ella.

No conforme con eso, para dejar bien claro a los presentes cómo estaba la situación, levanté una pierna flexionada, para apoyar el tobillo en la rodilla de la otra, al mismo tiempo que agarraba la mano de Zoe y la dejaba con la mía, con los dedos entrelazados, sobre mi muslo.

Zoe se ruborizó. No la vi porque no miré hacia ella para no ponerla más nerviosa, pero no me hacía falta para saber cuál había sido su reacción. La mano comenzó a sudarle de los nervios, por lo que yo empecé a hacerle caricias con el pulgar, allá donde lo tenía.

Sheena y mi padre sonreían. La sonrisa de ella era mucho más amplia, iluminaba su cara; la de él era contenida, pero bien visible y suficiente para saber que estaba conforme y satisfecho con lo que veía. Cuando giré la cabeza hacia Cameron, alargué la mano hacia él.

—Hola, Rhys —me saludó, dándome un apretón.

—Hola —le devolví—. Me alegro de verte.

—Igualmente —sonrió.

Colocó una mano en mi hombro y me dio un ligero apretón.

—Puedes continuar —le pedí a mi padre, muy tranquilo.

Estar bien con Zoe y tenerla cerca era lo que me provocaba, me daba mucha paz y esta la reflejaba hacia fuera. La misma calma que no sentí antes de llegar a este despacho y mientras abría la puerta, cuando vi a Zoe muy nerviosa saludando a Cameron.

La reunión no debía haber comenzado sin mí, pero no podía culpar a nadie, ya que yo me había estado moviendo de un lado al otro de la empresa, con el móvil en silencio.

Me enteré de que Sheena había traído hasta aquí a Zoe cuando fui a ver a la última a su laboratorio, para saludarla y preguntarle cómo le había ido en el médico. Para mi sorpresa, solo me encontré a Lyn y nerviosa. Me dijo dónde estaba Zoe y vine rápido al despacho.

Seguramente tendría algún mensaje de Sheena en el móvil, avisándome para que me uniera a ellos, como quería yo desde el principio, pero todavía no había comprobado el teléfono.

—Zoe, antes de nada, quiero decirte como jefe y dueño de esta empresa, que no tienes que temer por tu puesto de trabajo ni por nada de lo que sucedió en los laboratorios.

Ella me apretó la mano.

—Por suerte no tenemos que lamentar nada —añadió mi padre.

—Sí. Muchas gracias.

—No eres responsable de lo que sucedió, eso vaya por delante. Sé muy bien a quién tengo trabajando en mi empresa, bajo mis órdenes, aunque otros se encarguen de hacéroslas llegar de forma más directa. Confío en Sheena plenamente, pondría todo lo que tengo en sus manos.

Vi de reojo cómo Zoe sonreía.

—Sheena te eligió, te contrató, como a los demás que pasaron el proceso de selección contigo, de manera que nunca voy a dudar de tu profesionalidad. Tienes un historial increíble, de admirar, y no puedo más que decirte que me siento orgulloso de que formes parte de mi empresa, de mi familia.

—Muchas gracias —repitió Zoe.

Mi padre apoyó la espalda en la silla y se relajó un poco. Era su manera de destensar la situación, ya que a él no le gustaba que alguien lo pasara mal bajo su cargo.

—Los desperfectos… —dijo entonces Zoe.

—De algo tiene que servir pagar grandes cantidades del seguro —la interrumpió mi padre—.

No te preocupes por nada. Ahora que te has recuperado —dirigió la vista a la mano que ya no tenía vendada—, de lo que me alegro mucho, ya solo tienes que centrarte en el trabajo para sacar adelante el proyecto, junto a tus compañeros.

Zoe asintió, emocionada, y Sheena le acarició la espalda para darle su apoyo.

—Dicho esto y aclarado que continúas teniendo trabajo, ya que sé que era algo que te inquietaba, por mi parte no tengo nada más que decir. Le paso el turno a Cameron.

Todas las miradas recayeron en Cameron.

—Me siento importante —comentó, con un punto de diversión.

—No te lo creas mucho, tío —le dije con confianza—. No nos queda otra que mirarte.

Cameron soltó una carcajada, pero cuando se calmó, se puso serio y miró fijamente a Zoe.

Sabía lo que venía a continuación, por lo que cambié la mano con la que agarraba la de Zoe, para colocar en el respaldo de su silla el brazo de la mano que liberé.

Me acerqué más a ella y no fui nada sutil. Poco me importó.

—La explosión fue provocada, Zoe.

Ella frunció ligeramente el ceño.

—Ya… fue por la fusión de la mezcla que yo creé el día anterior. Los gases…

—No —la interrumpió Cameron—. Tú no tuviste nada que ver con la explosión.

Zoe soltó un pequeño jadeo, con los ojos abiertos al máximo.

—¿Qué…? Allí no había nadie más. —Negó con la cabeza—. Yo era la única y cuando salí del laboratorio todo parecía estar bien, pero no era cierto.

—Cuéntame tu versión. Hazme un resumen desde el momento que llegaste al laboratorio, hasta que sucedió la explosión. Después te contaré yo lo que sé.

Zoe entrecerró un poco los ojos, pensativa, pero comenzó a hablar.

—No llegué bien, después del accidente de moto…

—Un momento —le pidió Cameron—. Sobre eso… Sé por Rhys lo que sucedió, con todos los detalles, y quiero que sepas que lo estoy investigando.

—Pero… —dijo Zoe, buscando mi mirada—. Fue un caso aislado, no tiene importancia.

—En el fondo sabes que no es verdad —le hablé con un tono tranquilo, para no agobiarla más—. Es más fácil creer lo que dices que asumir la realidad, que un coche quiso echarte a propósito de la carretera, uno sospechoso. No hay nada normal, casual o aislado ahí.

Se mordió el labio inferior, manteniéndome la mirada. Al final terminó asintiendo, admitiéndolo.

—Gracias —le dijo a Cameron.

—Es mi trabajo y por la amistad que me une a Rhys y por el sentimiento paternal que tengo hacia Avery, para mí es un orgullo poder ayudar a la pareja de mi amigo.

Noté el momento exacto en el que las palabras de Cameron calaron en Zoe. Como para no hacerlo, cuando me apretó la mano con más fuerza.

—Por todo lo anterior me lo he tomado algo personal, tanto lo del accidente de moto como lo de la explosión.

—Pues muchas gracias, de nuevo.

Él le sonrió, haciéndole un guiño.

—Ya no te interrumpiré más, puedes continuar —le pidió él.

—Como he dicho, después del accidente reciente con la moto, llegué mal al laboratorio.

Bueno, en realidad empecé a encontrarme mal al poco de estar en él, recuerdo que primero sentí un sudor frío.

Fue de repente. El caso es que llevaba mucho acumulado y entre el malestar y el impacto que supuso el accidente, tanto emocional como físico, no tendría que haberme puesto a trabajar.

Negó con la cabeza.

—Pensé que podría y no presté atención a que cada vez estaba más mareada. Me empezó a entrar mucho calor. Ni siquiera me paré a quitarme la chaqueta ni guardé el bolso, como si supiera que tendría que salir pronto.

Se quedó callada, pensativa.

—Saqué la mezcla que creé el día anterior y seguí todos los pasos de seguridad.

—Frunció el ceño—. Hice la mezcla final, con mucho cuidado, protegida con guantes y mascarilla.

Cuando terminé, solté la probeta y me quedé observando la mezcla unos segundos, apoyada en la mesa.

Pero entonces comencé a encontrarme peor.

Hizo una mueca.

—Tuve que quitarme la mascarilla y los guantes de un tirón, agobiada y muy mareada.

Cogí el bolso y salí del laboratorio como pude, ya que necesitaba ir con urgencia al baño para mojarme la cara con agua fresca.

La explosión sucedió justo cuando tenía la cara mojada.

A pesar de no estar cerca, me caí al suelo, con mucho dolor en los oídos.

Cuando pude, salí al pasillo para saber qué narices había pasado.

Suspiró.

—En ningún momento imaginé que había habido una explosión y mucho menos en mi laboratorio.

Entonces me encontré con Lyn y Nerea llorando, Lyn gritaba mi nombre hacia las piedras que dejaron tapada la entrada de mi laboratorio.

Ambas creyeron que yo estaba al otro lado, atrapada o algo peor.

Santi estaba tumbado en el suelo y César no se separaba de él.

Y Brad y Rita aparecieron segundos más tarde, un poco desorientados.

Hizo una respiración profunda.

—En ese momento fue en el que Brad preguntó por Rhys y se desató el caos.

Buscó mi mirada.

—Nerea te vio entrar en mi laboratorio poco antes de la explosión y como no estabas fuera… —Tragó saliva—. Brad fue el primero que comenzó a quitar algunas piedras para sacarte, pero era imposible que consiguiera algo.

»Igualmente, menos Santi, que no podía moverse del suelo, todos nos pusimos a quitar las piedras que pudimos, desesperados. Ahí empeoré mi mano. —Se encogió de hombros—. De esa manera nos encontró un equipo de rescate y entonces nos sacaron por seguridad —susurró.

Aflojé la mandíbula, al haber estado apretándola al imaginarme la escena y la desesperación que vivieron todos. Y Brad… sacudí la cabeza un poco.