La provocación del escocés Capítulo 68
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Capítulo 68

—Eh, Lyn. No sabía que ya habíais llegado.

Giré la cabeza hacia la puerta abierta del despacho, haciendo una mueca al escuchar a Sheena.

Me encantaba ella, me llevaba genial, pero Sheena era un puente directo hasta Avery y si entraba para decirme que fuera a su despacho, no me quedaría más remedio que ir.

Hacía media hora que Lyn y yo llegamos a la empresa, pasando lo máximo posible desapercibidas.

A los únicos que nos paramos a saludar fue a nuestros amigos, en los que no estaba incluido Rhys.

Brad nos dijo que otro de los científicos de la empresa fue a buscarlo a su laboratorio, para pedirle si podía ayudarlo con algo en lo que estaba trabajando.

Al final, lo que no quería que sucediera se hizo realidad. Lyn entró en nuestro laboratorio seguida por Sheena. Vi la disculpa en la mirada de mi amiga, pero ella no tenía la culpa de nada.

—Hola, Sheena —la saludé.

—Hola, Zoe —me correspondió, sonriendo—. Me alegra verte sin el vendaje de la mano.

—Gracias.

—¿Ha ido todo bien, chicas?

—Sí —contestó Lyn—. Nos hemos acostumbrado rápido a las nuevas sensaciones.

—Estupendo. —Asintió Sheena—. ¿Tienes un momento, Zoe?

—Sí —confirmé, con un suspiro.

—Avery me dijo esta mañana que en cuanto te viera te llevara a su despacho. Será rápido, no te preocupes.

—¿Cuánto suele tardar en despedir a alguien? —le pregunté.

Sheena soltó una carcajada, mientras que Lyn agrandó los ojos y me hizo un gesto para que no dijera eso en voz alta. Sonreí encogiéndome de hombros. No quería que sucediera, me afectaría mucho si mis temores se hacían realidad, pero no podía retrasarlo más y tampoco iba a hundirme antes de tiempo.

—Muy buena esa. —Fue todo lo que dijo Sheena, antes de pedirme que la siguiera—. Enseguida la tendrás de vuelta —se dirigió a Lyn.

—Vale —habló mi amiga.

Lyn se acercó a mí y me dio un abrazo reconfortante, uno que no sabía cuánto necesitaba hasta que lo recibí. Me apretó con fuerza. El abrazo fue intenso y sentido, como si no nos fuéramos a ver en mucho tiempo.

Cuando nos separamos le pedí que estuviera tranquila, antes de darle un beso en la mejilla. Sheena nos observaba sonriente, diría que a punto de reír.

Salí del laboratorio dejando todas mis pertenencias en él, con Lyn, ya que no necesitaba nada para moverme por la empresa. Lo único con lo que salí fue con el móvil que llevaba en un bolsillo del pantalón.

—Relájate —me pidió.

—Tengo la sensación de que voy a mi juicio final.

Esta vez sí que rio, y durante un buen rato.

—Zoe, por favor. —Negó con la cabeza—. Si lo que dices fuera verdad, nunca te llevaría yo a tal cosa —me dijo con un guiño.

Sonreí.

—¿No puedes adelantarme nada? —le pregunté nerviosa.

—Lo único que puedo decirte es que todo está bien y pedirte que te tranquilices. Muéstrate ante Avery como eres conmigo y ya está.

—Creo que ya se ha dado un poco de cuenta de cómo soy, de las veces que nos hemos visto —suspiré.

—¿Y eso es malo? —Arqueó una ceja.

—Para mí en absoluto, pero para el jefe, ni idea. Me encanta como soy y no voy a cambiar por nada ni por nadie.

Me sonrió con cariño.

—Esa es la actitud —me dijo con un guiño.

Asentí y en silencio, terminamos de hacer el recorrido hasta el despacho del jefe.

—Que no te impresione —me dijo Sheena.

De primeras entendí que se refirió a Avery, pero cuando Sheena golpeó la puerta y el jefe le dio paso, fue ahí, en el momento que abrió y me ofreció entrar, cuando me di cuenta de que la impresión se debía al inmenso despacho de Avery.

—Vaya… —susurré.

La vista se me fue hacia todos los lados, para observar todos los detalles del espacio abierto que parecía fusionarse en el exterior del edificio, ya que esta parte daba a paneles de cristal que daban una luz y amplitud impresionantes.

—Yo me quedé igual la primera vez que estuve aquí.

Al escuchar una voz de hombre que solo había escuchado una vez, pero que reconocí sin problema, una voz que no encajaba en este momento, di un pequeño respingo y me puse en tensión, automáticamente.

Busqué con la vista al dueño de dicha voz y lo encontré sentado en el centro de un sofá. Ni siquiera me fijé en él al entrar, al captar toda mi atención el despacho.

El inspector de policía que habló con mis amigos y conmigo para informarnos del estado de Rhys y también para decirnos que se lo llevaban al hospital, justo en el momento en el que lo sacaron en una camilla.

El mismo inspector con el que tenía una conversación pendiente, la que gracias a Conor quedó retrasada, estaba aquí.

—Tranquila —me susurró Sheena, sin que Avery y el inspector se dieran cuenta—. No voy a irme.

Giré la cabeza hacia ella, transmitiéndole con la mirada lo agradecida que estaba. Sheena me sonrió y asintió al mismo tiempo, entendiéndome.

—Zoe —se dirigió a mí el jefe.

Se levantó de su silla.

—Me alegro de verte.

—Igualmente —sonreí.

—Adelante, por favor.

Con un gesto de la mano me pidió que me acercara a su mesa, donde había varias sillas. Sheena fue la que dio el primer paso y yo la seguí por inercia.

—Ya os conocéis, pero para aligerar un poco la tensión os presento. Ella es Zoe, una de mis mejores científicas, y él es Cameron, el inspector encargado de la investigación de la explosión que sucedió en tu despacho.

No pude apartar la mirada de Avery, desde el momento en el que me presentó como una de sus mejores científicas. Yo. A mí.

Al final reaccioné asintiendo y me giré hacia Cameron. Se había acercado, por lo que me lo encontré muy cerca.

—Encantada de conocerlo —me dirigí a él, ofreciéndole la mano.

—Lo pongo en duda —comentó y me ruboricé al instante—. Tranquila, es el efecto que suelo provocar —me dijo con un guiño.

Aceptó mi mano y antes de que las soltáramos, la puerta del despacho se abrió, dando paso a un Rhys muy serio.

Me sorprendió al verlo aquí, en este preciso momento.

—Ahora sí que estamos todos —comentó Sheena y menos lo entendí.

—Sentaos, por favor —nos pidió Avery, a Sheena y a mí.

Lo hicimos al momento y Cameron ocupó una silla al otro lado de nosotras. Escuché los pasos de Rhys y me puse en tensión cuando caminó directo hacia mí. Se quedó detrás del respaldo de mi silla, en el que apoyó las manos.

Fue raro porque su cercanía me puso mucho más nerviosa, pero al mismo tiempo, me sentí bien por tenerlo conmigo.

Después de pensar en tiempo récord en cómo era la situación, entendí que el inspector quería estar con la persona responsable del laboratorio que explotó: yo.

Y también con la última persona que estuvo en él: Rhys.

Había cosas que no entendía, ya que el mismo Rhys me dijo que habló con el inspector y me aseguró que Cameron no me sacaría el tema de Rhys. Pero si él estaba aquí también…

Hice una respiración profunda, relajándome un poco, cuando, sin que nadie de los presentes se diera cuenta, Rhys me acarició la espalda con la punta de los dedos. Me tenía alcance al mantener las manos en el respaldo.

Quise girarme hacia él. ¿Qué digo? Me entraron muchas ganas de levantarme de la silla para lanzarme a sus brazos, pero tuve que contenerme con todo.

—He pensado que con una reunión tendríamos para todo —comenzó a decir Avery.

—Vale —sonreí, aunque un poco forzada.

—No quiero que te sientas incómoda, Zoe. No es la intención de este encuentro, te lo aseguro.

—Empieza por ella —le pidió Rhys, directamente.

Me sorprendió la forma en la que se dirigió al jefe, pero con tantos nervios revoloteando en mi interior, no fui capaz de reaccionar de ninguna manera.

—De acuerdo. —Asintió Avery.

En el tiempo que había estado con él, había descubierto que todo lo que se comentaba del jefe en la empresa de España ni se acercaba a cómo era Avery en realidad.

Entre mis interacciones con él y todo lo que me había contado Sheena, que lo conocía perfectamente, el jefe no era tan duro, frío y serio como todos imaginaban cuando lo veían.

Solo hacía falta acceder a él para comenzar a conocerlo.

—Mi hijo tiene razón. Comenzaré por ti y después me quedaré en segundo plano, para que continúe Cameron.

—Tu hijo…

Avery levantó la mirada a mi espalda y tragué saliva. Por el brillo que se reflejó en sus ojos, Rhys debió darle la aprobación, porque Avery volvió a mirarme y asintió.

—Sí, mi hijo. Rhys.

Entreabrí los labios, encajando la información que hasta hacía unos segundos desconocía totalmente.

—¿Qué…?

—Rhys nunca ha querido que se le relacione conmigo en la empresa —continuó hablando Avery—.

Me costó mucho entenderlo, sinceramente no me lo tomé muy bien, pero al final comprendí los motivos de mi hijo.

Debo decir que yo tampoco se lo puse fácil durante años, por lo que él siempre ha evitado a toda costa que su apellido pueda influenciar en algo de su vida.

Hizo una pausa, imaginé que por la cara que debía tener yo.

—No rechaza su apellido ni a mí, solo quiere que se le reconozca por él mismo.

Sus logros y éxitos hablan por sí solos y yo no puedo estar más orgulloso de todo lo que ha conseguido.

Y sé que conseguirá mucho más. Mi hijo tampoco quiere que se le acerquen personas solo por el hecho de quién es, de manera que nunca nos verás tratarnos como lo que somos, a no ser que estemos en privado y con gente de confianza.