Capítulo 66
Rhys
—Mierda, Zoe… —Gemí.
Fue lo único que me dio tiempo a decir, antes de correrme con una intensidad que me cortó la respiración.
Ella aguantó mis embestidas profundas y frenéticas, hasta que poco a poco todo fue normalizándose.
Cuando abrí los ojos, porque en algún instante los cerré, me encontré con su mirada cansada y una sonrisa preciosa en sus labios.
Acariciándole las piernas, alargué todo lo que pude sin apartarme. Cuando no me quedó más remedio, me retiré lentamente, disfrutando de la sensación de deslizarme en su calor.
—Ve tú primero al baño —me pidió.
—Puedo esperar.
—No pasa nada —sonrió.
No lo retrasé más. Me dirigí al baño desnudo, notando su mirada en mi espalda, y una vez estuve fuera de su vista, me quité el preservativo, lo enrollé en un trozo de papel y lo lancé a la papelera para asearme después.
Terminé rápido y al volver a la habitación me encontré a Zoe al lado de la cama, colocando bien el nórdico, aunque una parte la había abierto para dejarla doblada.
Cuando me vio acercarme, recorriendo su precioso cuerpo con la vista, se ruborizó, lo que me hizo sonreír. Se apresuró a coger su ropa y pasó por mi lado, dirección al baño.
No pude resistirme a darle una palmada en la nalga desnuda, con lo que conseguí que diera un saltito. Mientras ella se arreglaba, yo me vestí y me tumbé en la cama, por encima del nórdico.
Había una manta doblada al final y la extendí para taparme las piernas con ella. Zoe la iba a necesitar. Me dejó claro lo que le gustó mi idea porque se le iluminó la mirada al verme tapado con la manta.
Se sentó a mi lado, con la espalda apoyada en el cabecero, y durante los siguientes segundos nos mantuvimos callados. Hasta que fue ella quien comenzó a hablar.
—¿Tan mal te sentó el pisotón que te di en el ascensor de la empresa de España, la primera vez que nos vimos?
Su pregunta me sorprendió porque, pasado el momento, para mí no fue importante.
—¿Crees que me molestó tanto como para estar años enfadado? —le pregunté de vuelta, dejándole ver mi sorpresa.
Zoe frunció el ceño.
—Sí —contestó sin dudar—. ¿Cómo si no, una parte del tiempo que ha pasado me has tratado como si quisieras hacerme desaparecer, y la otra parte, ha sido como si no existiera para ti? Me ignorabas, ni siquiera te dabas cuenta de que estaba cerca.
—Créeme, Zoe, me daba mucha cuenta. Jamás has pasado desapercibida para mí; otra cosa es que me haya esmerado porque lo creas.
Agrandó los ojos.
—Yo pensaba que todo venía del pisotón y ahora ni eso ni nada.
—A ver, el pisotón me jodió, pero porque ya estaba cabreado —carraspeé—.
Minutos antes de entrar en el ascensor tuve una discusión muy acalorada y fuerte con mi padre, de las que estás dispuesto a mandarlo todo a la mierda, y claro, llegaste tú, con tus tacones de aguja, y me clavaste uno…
Pues exploté. No estuvo bien, pero no me sentía bien y la tomé contigo.
Negué con la cabeza y continué.
—Aunque sea tarde, me disculpo porque tú no tenías culpa de nada. Te aseguro que en ese momento actué muy calmado contigo, para cómo me encontraba fui muy suave, aunque no lo creas.
Elevó las cejas.
—¿Y me puedes decir entonces por qué no he existido para ti antes de lo del proyecto que nos ha traído hasta aquí? Porque incluso durante lo que duró el proceso de selección, cada vez que coincidíamos, no podías verme.
—Para llegar a este momento me ha costado mucho deshacer todo lo que he liado a lo largo de los años.
Todavía me cuesta. Sinceramente, no sabía por dónde empezar contigo —hablé pensativo—.
El motivo por el que te has sentido ignorada por mí, anulada completamente, es el mismo por el que la otra tarde en la habitación del hospital no te defendí como quería hacerlo ante Olivia.
—¿Cómo…?
—A ver, Olivia era la hija del mejor amigo de Avery y cuando el hombre falleció, le pidió a él que cuidara y protegiera a su hija. Avery le dio su palabra, de ahí que Olivia esté siempre en todas partes, empezando por la empresa y el puesto que tiene, en el que no hace nada.
—Está en todas partes encima de ti —aclaró.
—¿Celosa? —pregunté sonriendo de medio lado.
Zoe elevó las cejas y después soltó un bufido. Yo reí.
—Siempre he pensado que está obsesionada conmigo. La fijación que tiene no es normal. —Negué con la cabeza—. Y es desde siempre, porque nosotros nos conocemos de fuera de la empresa, desde pequeños. Nos veíamos, aunque no a menudo. Una vez al mes o así, tal vez dos.
Hizo una mueca.
—Sé perfectamente el carácter que tiene Olivia y si me hubiera acercado a ti, te habría puesto en su punto de mira.
Nunca he querido que te provocara problemas o que la tomara contigo.
Si en la habitación del hospital hubiera estado a tu favor, la situación se habría descontrolado y no habría terminado tan bien.
—Gané.
—Por eso he dicho que terminó bien —sonreí de medio lado y en sus labios apareció una gran sonrisa.
—Podrías haberme dado alguna señal, hablar conmigo en un lugar que no nos viera nadie. Habría sabido a lo que atenerme —dijo pensativa.
—Esas cosas nunca salen bien, Zoe. Tarde o temprano, por unas cosas u otras, termina saliendo todo a la luz, aunque sea involuntariamente. No iba a arriesgarme.
—¿Y por qué ahora me lo estás contando? —me preguntó con curiosidad.
—Porque ya estoy cansado de negarme a mí mismo lo que deseo. No tengo por qué esconderme. Me niego a seguir haciéndolo más, y si Olivia no me deja más remedio, hablaré con mi… con el jefe, para que a ella la lleve de jefa a otra delegación.
—No sé si eso será fácil con Avery.
Sonreí de medio lado.
—Puede que tengas razón, hasta que no le quede más remedio que elegir.
Frunció el ceño al escucharme, pero no añadí nada más. Ella tampoco me preguntó, por lo que el tema se quedó ahí.
—Así que todo lo que has hecho ha sido siempre para que yo no me ganara la enemistad de Olivia.
—Sí —confirmé—. Lo que me lleva a pedirte algo.
—¿Qué? —Me miró con curiosidad.
—Solo será por un tiempo, al principio —dije y elevó las cejas—.
Quiero seguir con lo que hemos empezado, Zoe, pero en privado.
De cara a la gente, continuaremos siendo compañeros de trabajo y recientes amigos, dado nuestro historial.
Necesito tantear a Olivia y todas las posibilidades, para hacerlo todo lo mejor posible.
Se mordió el labio inferior.
—No sé si aguantaré mucho eso —susurró.
—No pretendo negarte. Tampoco contaba con estar con nadie, pero mira, la vida da unos giros inesperados.
—Pensaba que… ya no habría más mentiras —murmuró.
—Eh… Mírame.
Cuando lo hizo, me giré hacia ella, para rodearle las mejillas con las manos.
—A partir de ahora, todo serán verdades entre nosotros. No más secreto, ni dudas ni miedos.
—Pero no quieres que nadie te vea conmigo y yo me valoro como para…
Le puse un dedo en los labios, callándola. Le acaricié las mejillas con los pulgares.
—Me importas mucho, Zoe. Creo que comencé a sentir algo por ti al poco de conocerte, así que puedes hacerte una idea.
Se mordió el labio inferior.
—No quiero perderte, solo te estoy pidiendo un poco de tiempo.
Nada más. Después me importará una mierda Olivia, César o quien sea.
Porque a César también hay que tenerlo en cuenta.
—Arqueé una ceja—. No sé si ha cambiado algo desde la cena y su brindis, o si empezó a cambiar justo después del accidente de la explosión, pero antes hacía todo lo posible por buscarte y tú le reías todas las gracias.
Apretó los labios.
—Ahora eres tú el que pareces celoso —habló con un punto de diversión.
—Joder, porque lo estoy. Llevo jodido durante años con eso. —Negué con la cabeza.
—¿Por eso te llevabas mal con él? —preguntó con sorpresa.
—¿A ti qué te parece? —Elevé las cejas—. Por supuesto. Se me atragantaba cada vez que lo veía demasiado cerca de ti y para rematarlo, a él le gustaba provocarme.
Zoe soltó una carcajada que consiguió relajarme un poco.
—No quiero ocultárselo a mis amigos —me dijo.
—¿Eso significa que…?
—Significa que aceptó. —Asintió—. Quiero estar contigo y ver hacia dónde nos lleva esto nuevo que estamos viviendo. Creo que ya hemos esperado bastante por otros y por las circunstancias.
—Y tanto que sí —susurré.
—Pero mis amigos lo sabrán —insistió.
—No hay problema. Ellos no van a decir nada y cuando estemos todos juntos actuaremos normal. Yo hablaré con los míos, aunque ya te digo que a Drew y a Brad no les pillará de sorpresa lo que les cuente. Están deseando escuchar que estamos juntos.
Sonrió de oreja a oreja.
—Los demás también pueden saberlo, si quieres —le dije—.
Confío en Santi, en Nerea y en Rita. No hay problema, aunque de César no puedo decir lo mismo.
A pesar de ello, quiero darle el beneficio de la duda porque todo el mundo se merece una segunda oportunidad.
Además, todos pasamos muchas horas juntos, por lo que pienso que esperan que en algún momento suceda. Nos arriesgaremos con César.
—Me parece perfecto todo —habló sin perder la sonrisa.
Se movió para pasar una pierna por encima de mi cuerpo y se quedó sentada a horcajadas, justo sobre mi miembro. Me rodeó el cuello con los brazos, pegándose a mí, y yo la acerqué más, empujándola por el trasero, en el que coloqué bien las manos.
—Me vuelves loco —susurré sobre sus labios.
—Esto no ha hecho nada más que empezar, ¿verdad? —me preguntó.
Me jodió notar indecisión y una chispa de miedo en su voz, pero lo entendí perfectamente.
—Voy a esforzarme cada puñetero día para demostrártelo —le dije, agarrándola de la nuca.