Capítulo 65
—Pensaba que no vendrías —le dije.
Se separó de la pared y caminó despacio hacia mí, sin apartar la mirada de la mía.
Rodeó el sofá y cuando llegó a mi lado, se sentó.
—No quedamos en nada, pero creía que tendrías claro que me pasaría. Esta vez sin escalar.
Asentí.
—¿Quieres algo de beber? —le pregunté.
—Estoy bien.
—Vale.
De nuevo con las piernas flexionadas en el asiento, me giré para quedarme mirándolo de frente. Rhys también se sentó hacia mí, con un brazo extendido en el respaldo.
En ese momento me entró un mensaje y me incliné hacia la mesa, para coger el móvil. Sonreí al ver el mensaje de Noa. Había escrito al grupo y vi mi oportunidad de que Lyn supiera que estaba acompañada.
—Perdona —me dirigí a Rhys—. Son mis amigos, acaban de aterrizar en España.
—Me alegro. Habla con ellos tranquila.
Le sonreí y bajé la vista a la pantalla.
Noa: Hola, preciosas. Acabamos de aterrizar y ya lo hemos llorado todo durante el vuelo.
Noa: Ha ido genial, por cierto. Ha sido muy tranquilo.
Zoe: Me alegro mucho, guapos. En un ratito a descansar en vuestros pisos.
Noa: ¿Nos echas mucho de menos?
Zoe: Pues sinceramente, ahora mismo no estoy para echar de menos a nadie. Tengo sentado a mi lado en el sofá a Rhys, así que imaginaos.
Noa: Joder, joder…
Carlos: ¿Qué haces hablando tanto con nosotros, cuando puedes estar haciendo cosas mucho más interesantes? ¡Deja el móvil ya!
Noa: ¡Oye, que yo quiero enterarme de qué está pasando!
Carlos: Mala suerte para ti, que tendrá que ser con retraso.
Sonreí.
Lyn: Eh… No había escuchado los mensajes. Acabamos de poner la serie en pausa, Brad ha ido al baño y Drew ya se ha despedido de nosotros para ir a su habitación.
Noa: Madre mía, cómo estáis las dos. Como no le metas mano a Brad hoy, te enteras. Regreso a Escocia y me monto un trío con él y con Drew. Avisada estás. Ja, ja, ja…
Lyn: No serías capaz.
Acompañó su mensaje con varias caras de sorpresa.
Carlos: No la calientes.
Zoe: No la pongas a prueba.
Carlos: Ja, ja, ja…
Zoe: Ja, ja, ja…
Noa: Ja, ja, ja…
Lyn: ¡Ya os vale! Y avisados estáis, como vea alguna mano sobre el cuerpo de Brad, que no sean las mías, las perdéis. Ja.
Apreté los labios.
Noa: Eso quería oír, joder. Terminar de ver el episodio en su habitación, invéntate cualquier excusa para encerraros en él y entonces métele las manos por todas partes, nena. ¡Ay, no puedo con la emoción!
Zoe: Os dejo. Ya me enteraré más tarde y en directo de cómo ha ido la sesión de tocamientos. Chicos, hablamos en otro momento. Que descanséis pronto en vuestros pisos y que vaya bien el inicio de la semana. Os quiero.
Después de darle a enviar, puse el móvil en silencio, porque sabía que los mensajes continuarían llegándome, y devolví el teléfono a la mesa baja.
—Ya está —le dije a Rhys.
—¿Todo bien?
—Sí —contesté sonriendo.
Me levanté del sofá, después de tomar la decisión de que no quería que nadie nos molestara, por si tardábamos mucho y Lyn aparecía.
Le ofrecí una mano, para que la agarrara, y lo hizo sin preguntarme nada. Rhys se levantó, quedándose de pie frente a mí, y me mordí el labio inferior cuando colocó una mano en mi nuca.
—Vamos a mi habitación —le pedí—. Estaremos más tranquilos y sin interrupciones.
—Me parece una idea genial —susurró sobre mis labios.
Con la ayuda de la mano que tenía en mi nuca, me colocó la cabeza para que sus labios encajaran perfectamente con los míos. Primero me los mordisqueó, mirándome fijamente a los ojos. Después su boca cayó sobre la mía, cubriéndomela entera, y jadeé agarrándome a su cintura.
Acerqué mi cuerpo al suyo y no tardé en notar su miembro erecto entre nosotros.
—Así no vamos a hablar —dije recuperando el aire.
—Me lo pones muy complicado —susurró, apoyando la frente en la mía.
Nos quedamos mirándonos de esa manera, a muy corta distancia, hasta que Rhys encontró las fuerzas para separarse. Las mías estaban desaparecidas. Me agarró de una mano y tiró de mí, para ir hacia la escalera. La subimos en silencio, y al llegar a la planta superior, nos dirigimos a mi habitación.
Rhys se encargó de cerrar la puerta con el pestillo, dejándonos encerrados dentro, y cuando se giró hacia mí, apoyó la espalda en la madera, metiendo las manos en el bolsillo del pantalón del chándal.
Por lo que se le marcaba la erección, di por hecho que no llevaba bóxer, que tenía casi total libertad.
Me lamí los labios varias veces, recorriéndolos con la punta de la lengua, y cuando me encontré con sus ojos de nuevo, ya que la mía había estado muy entretenida con el bulto de su pantalón, Rhys tenía la mirada encendida e intensa.
Me di cuenta entonces de que estaba en tensión, observándome. Me propuse darle lo que necesitaba, al menos un poco. Caminé hasta él, mandando a la mierda lo de hablar, y fui rápida al tirar de la cinturilla del pantalón del chándal.
Se lo bajé de golpe, provocándole un jadeo que fue directo a mi zona íntima. Me estremecí, pero continué con mi labor de deshacerme de toda su ropa.
Seguí con el pantalón, sacándoselo por los pies, los que también le liberé.
Agachada frente a él, con su miembro a pocos centímetros de mi cara, moviéndose de vez en cuando con sacudidas, busqué su mirada al mismo tiempo que sacaba la lengua y la pasaba desde la base hasta la punta, donde lamí el glande y atrapé las primeras gotas de su excitación.
Rhys apretó la mandíbula y colocó una mano detrás de mi cabeza, enredando los dedos en mi pelo.
—Abre la boca —me pidió, con la voz ronca—. Necesito follártela un poco.
Sus palabras me provocaron un gemido de placer y temblé, mientras Rhys apretaba el glande en mis labios.
Los abrí de golpe, de la misma manera que su miembro entró en mi boca. Volví a gemir, agarrándome con fuerza a su trasero. Se quedó enterrado hasta el fondo, no tuvo la intención de moverse, disfrutando de la sensación del calor y de verme las mejillas llenas por él.
Con su mano libre, me acarició el labio superior que le rodeaba el miembre.
—Eres un puñetero pecado, Zoe —habló con la voz muy ronca—. Mi puñetera perdición.
Negó con la cabeza.
—Solo un poco, preciosa. Aguanta.
Tras ese aviso, comenzó a impulsarse dentro de mi boca, con una fuerza y profundidad que me dejó sin respiración en varios momentos. Lo acogí todo, me adapté bien a él y recibí todo lo que quiso darme, notando cómo entre mis piernas la humedad aumentaba.
Sin soltarme la cabeza, dirigiéndola a su antojo, me embistió a un ritmo que estuvo a punto de hacerme perder las fuerzas. Hasta que Rhys paró de golpe, con la respiración alterada y el pecho subiendo y bajando sin control.
Se echó hacia atrás lentamente, haciendo deslizar su miembro en el interior de mi boca, mientras mis labios lo acariciaban pegados a su piel. En cuanto salió, se lo agarró con la mano, rodeándoselo con fuerza.
—Ve a la cama, desnúdate y espérame de espaldas, con el cuerpo echado hacia delante y apoyado en la cama, con las piernas bien abiertas para mí —me pidió.
Gemí, con la necesidad de apretar las piernas.
—Hazlo todo —insistió—. Quiero verte.
Comenzó a mover la mano desde la punta a la base, bajando y subiendo despacio. Hizo una pequeña pausa para quitarse la sudadera del chándal y después continuó, apoyando de nuevo la espalda en la puerta.
Dándole la espalda, caminé hacia la cama, junto a la que me paré para volverme hacia él. Rhys asintió, conforme, y yo seguí con lo que me había pedido.
Comencé a desvestirme, pieza por pieza, mientras lo veía acariciarse en tensión. Era lo más erótico que habían visto mis ojos. En Rhys todo lo era.
Con las ganas y la necesidad apretando fuerte en mi interior, me saqué el jersey ancho, dejando al instante mis pechos al descubierto. Rhys aceleró el movimiento de su mano en su miembro. Eso me impulsó a continuar.
Lo siguiente de lo que me libré fue del pantalón deportivo, el que dejé caer al suelo encima del jersey. Me deshice de los calcetines y sola con la braga, me quedé quieta frente a él, con la distancia que había entre nosotros.
—La braga —dijo, como si no lo supiera—. No quiero nada tapándome las mejores vistas.
Me mordí el labio inferior.
—Antes de…
—Shhh… —Le pedí silencio, al interpretar perfectamente lo que necesitaba.
A pesar de la vergüenza que me daba, lo hice sin dudar. Rhys se puso más en tensión cuando, una vez me deshice de la braga, me senté en la cama, echándome un poco para atrás, para subir los pies y dejarlos apoyados.
Me quedé con las piernas flexionadas y abiertas para él, dándole un plano perfecto de mi sexo necesitado.
—¿Esto querías? —le pregunté y jadeé, por mi primera caricia.
Deslicé los dedos por mi zona íntima, de abajo arriba, acumulando los fluidos en el clítoris.
—Sí —confirmó, moviendo su mano más fuerte.
Sonreí de medio lado, más que satisfecha al ver cómo estaba y su reacción, aunque yo me sintiera con una ansiedad de correrme que me costaba pensar con claridad.
Le di lo que quería, lo que disfruté de igual manera que él, ya que Rhys me daba unas vistas espectaculares también.
Se acercó a mí, sin dejar de bombear la mano, y cuando se quedó a un paso, se mantuvo con la vista fija en cómo me daba placer yo. Mis jadeos y gemidos cada vez eran más fuertes y seguidos, hasta que no lo pude soportar más y me centré solo en el clítoris.
Caí en picado en un orgasmo intenso, el que alargué sin dejar de tocarme.
Al terminar, Rhys rasgó un sobrecito de preservativo que no lo había visto coger, y se lo puso rápido.
—Levántate —me pidió.
Me agarró de la mano buena y en la que tenía el vendaje me sujetó del brazo, para ayudarme a incorporarme.
De pie frente a él, me besó con ansias y desesperación, mientras su miembro caliente y húmedo se frotaba en mi barriga. Al separarnos, me hizo girar para darle la espalda y me colocó como me dijo al principio que me quería.
—Apoya los antebrazos, en vez de las manos —me pidió con voz ronca.
Asentí y lo hice. Me quedé muy inclinada hacia delante en la cama, con los antebrazos sobre el nórdico, mientras que con los pies en el suelo y las rodillas rozando el lateral de la cama, abrí las piernas para él.
Rhys soltó un pequeño gruñido y seguido, lo tuve dentro de mí antes de que me diera cuenta de que se acercaba. Me embistió con fuerza, de un movimiento certero con el que se quedó enterrado en mi interior.
Ambos gemimos ante la sensación y Rhys no pudo aguantar más. Comenzó a embestirme con energía, provocándome descargas de placer cada vez que tocaba un punto sensible en mi interior.