Capítulo 64
Por cuarta vez salí al porche, lo que me hizo sentir tonta.
El único propósito de estar fuera era por si coincidía con Rhys, lo que daría pie a un nuevo acercamiento en el que él saltara el muro que nos separaba para tener la conversación que nos debíamos y que íbamos retrasando, por unas cosas u otras.
Pero no había sucedido y como acababa de decir, ya era la cuarta vez que salía al porche, me sentaba en el balancín o en una silla, para variar, y al cabo de unos minutos, sin que nadie apareciera en el porche de la casa vecina, entraba a la mía mosqueada conmigo misma.
No sabía qué me sucedía, con lo fácil que sería picar al timbre y preguntar por Rhys, si no me abría la puerta él.
Fui directa al sofá, en el que me senté. Cogí mi móvil de la mesa baja de enfrente y comprobé que no tenía ningún mensaje de Carlos o Noa, o de ambos en el grupo que compartíamos con Lyn.
Solté un suspiro, pensando en que a mis amigos les faltaban tan solo unos minutos para aterrizar en España. Habían salido a la hora, de manera que contaba con que llegaran puntuales.
La despedida con Noa y Carlos todavía me tenía afectada, y eso que nos separamos en esta misma casa.
Conor me llamó mientras comíamos, para decirme que no pidieran un taxi porque él se encargaría de llevarlos al aeropuerto.
Así había sido. Llegó aquí puntual y se llevó a Noa y a Carlos, los que se fueron encantados con Conor, a pesar del pequeño bajón de la separación.
Dejé la pantalla activada, cuando lo coloqué en la mesa y me eché para atrás en el sofá. Apoyé la cabeza en el respaldo y cerré los ojos.
Lyn hacía un buen rato que estaba en la casa de al lado, actualizándose con la serie con Brad. El episodio nuevo debía haber terminado ya, aunque como les gustaba ver repetidos… Eso, y que Carlos le había pedido que no tuviera ninguna prisa en volver, la mantendrían al otro lado por un tiempo más.
No tenía ni idea de si Lyn pensaba que Rhys había venido para aquí y estaba conmigo. Tal vez no se había cruzado con él, por lo que podía pensar cualquier cosa. Daba igual porque también me venía bien estar sola. Necesitaba reordenar mis pensamientos.
Cuando mi teléfono sonó, con la melodía de una llamada, me eché rápido hacia delante. Sonreí al ver que era mi padre, haciéndome una videollamada.
—Hola, papá.
—Hola, cariño. ¿Qué tal va todo por esas tierras?
—Muy bien —contesté, sonriendo.
Coloqué el móvil de una manera que solo se me viera del pecho hacia arriba. Protegí la mano que tenía vendada, para que no la viera y se preocupara.
Subí los pies al asiento del sofá, cruzando las piernas, y continué sonriéndole a mi padre.
—Estás muy guapo.
—Qué puedo decir, lo llevamos en los genes —dijo con un guiño.
Reí.
—¿Dónde está mamá? Me extraña que no quiera acaparar la cámara —hablé con diversión.
—Anoche estuvieron cenando aquí Mario y Carolina y se nos fue un poco de las manos el vino y las copas de después.
—¡Pero bueno! ¡No os puedo dejar solo que me la liais! —exclamé.
Mi padre soltó una carcajada.
—Fue una buena noche. Hacía mucho que no los veíamos.
—Me alegro —sonreí—. ¿Tan mal está mamá a esta hora? Ya tendría que estar más o menos recuperada.
—Habla por ti, que eres joven. Cuando llegues a nuestra edad, te darás cuenta de que eres mayor en cosas como esta. La recuperación es más lenta y tu madre puede estar varios días con el cuerpo raro.
—Joder, pues para la próxima ya lo sabéis, nada de alcohol —dije seria y después reí.
Mi padre sonrió.
—No nos acordaremos, como te sucede a ti. —Me hizo un guiño.
Apreté los labios.
—Somos de memoria vaga para eso —hablé con diversión.
—Bastante. —Negó con la cabeza—. Tu madre está bien, no vayas a pensar lo contrario. Es solo que, si por ella fuera, habría estado todo el día durmiendo.
—¿No le has hecho compañía? ¿A ti no te afectó tanto?
—Lo llevo solo un poco mejor, pero yo no puedo arriesgarme a dormir tanto porque si no por la noche no podré y mañana toca madrugar.
—Haces bien —sonreí.
—Imagino que Carlos y Noa ya deben estar viajando hacia aquí.
—Sí —confirmé—. Estarán a punto de aterrizar. En cualquier momento espero que me avisen de que han llegado.
—Podría haberlos ido a buscar al aeropuerto. —Negó con la cabeza—. Se me olvidó decírtelo esta mañana. Lo siento, hija, con lo movidita que ha sido la noche y el despertar tan raro, no me he acordado.
—No pasa nada. Irán en taxi a sus casas, el trayecto es corto.
Mi padre asintió.
—Entonces todo bien —insistió.
—Sí. —Asentí—. ¿Y por ahí?
—Como siempre —me contestó con un guiño.
—Vale. Que sepas que cualquier fin de semana espero la sorpresa de que me digáis que venís —sonreí de medio lado.
—Pronto. Te lo prometo.
—Ay, qué ilusión.
—Tu madre y yo hablaremos con los padres de Lyn, a ver si se animan y les apetece apuntarse al viaje, cuando lo decidamos.
—Eso sería estupendo, papá. Si dicen que sí, diles que lo mantengan en secreto para Lyn. Le darán una gran sorpresa cuando vea con vosotros. Yo no le diré nada.
—Cuenta con ellos si nos acompañan.
Sonreímos.
—¿Dónde está Lyn, por cierto?
—En la casa de los vecinos, nuestros amigos y dos de ellos también compañeros.
—Ya, ya… el tal Rhys es uno de ellos. Lo recuerdo.
Apreté los labios, conteniendo la diversión.
—Exacto. Lyn está viendo con Brad la serie que siguen ambos.
—Ah. Vale. Entonces está entretenida.
—Bastante —sonreí.
—¿Algo nuevo que contarme de tu compañero?
—La próxima vez que hablemos te actualizaré porque hay novedades.
—¿Me vas a dejar así?
Elevó las cejas.
—Sí —contesté riendo—. Más que nada porque no me aclaro ni yo.
—¿Pero bien?
—Creo que sí.
—De acuerdo. —Asintió, pensativo—. Estaré aquí para cuando te apetezca hablar.
—Te quiero, papá.
—Y yo a ti, hija, mucho. Bueno, pues no te entretengo más para que hagas tus cosas.
—Tenía pensado ponerme a leer.
—Ese es un gran plan.
—Sí, y me encanta que me entretengas —le dije con un guiño—. Os echo mucho de menos.
—Y nosotros a ti, cariño, pero mientras tú seas feliz, nosotros también.
—Sois los mejores.
Le lancé un beso con la mano buena y después de varios comentarios más y de una despedida que alargamos, colgamos.
Me quedé mirando la pantalla del móvil durante unos segundos, hasta que solté un suspiro y me levanté del sofá, para subir a mi habitación a por el libro electrónico.
Solo conseguí dar un par de pasos, el tiempo que me llevó mirar hacia la parte del pasillo abierto que daba a la escalera y llevaba hasta la puerta del porche trasero.
Me asusté y solté un pequeño grito, al encontrarme de golpe con Rhys. Había entrado a la casa sin que me diera cuenta. Ni siquiera había escuchado la puerta abrirse, mientras hablaba con mi padre.
Por la posición que tenía, parecía que llevaba un buen tiempo dentro. Estaba apoyado con el brazo en el inicio de la pared del pasillo, con los brazos y los tobillos cruzados, mientras su mirada estaba fija en mí.
—Joder, ¡tiene que quitarte esa puñetera manía! —Solté un bufido.
—Por las noches no parece que te importe tanto —dijo, con una sonrisa pícara.
Entrecerré los ojos.
—Me importa de diferente manera.
—Ya… —Ladeó un poco la cabeza.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí?
—Bastante.
—¿Y por qué no has venido al sofá?
—Porque tenía ganas de tumbarte sobre él, para cubrirte con mi cuerpo, y no creo que con la cámara enfocando hacia nosotros a tu padre le hubiera hecho gracia. Digo yo.
Noté el calor agradable apoderarse de todo mi cuerpo.
—Tenemos que hablar —le dije como aviso.
Si me tocaba de cualquier manera íntima, sería nuestra perdición, otra vez. Necesitaríamos terminar lo que empezamos y sería seguramente en mi habitación. A no ser que la urgencia fuera mucha y no pudiéramos aguantar.
Ese pensamiento e imagen, de él y yo en el sofá, conmigo sentada sobre él, me hizo vibrar de la anticipación.
—He venido a eso. Para empezar.
—Vale —suspiré.
—Aunque tampoco va a ser una conversación muy larga y las dudas que tengas puedo ir aclarándotelas entre jadeo y gemido, y embestidas —sonrió de medio lado.
Yo me mordí el labio inferior, notando la necesidad entre las piernas.
—Lyn y Brad están muy entusiasmados viendo la serie —continuó—. Ya no sé por qué episodio van, pero han conseguido enganchar un poco a Drew. Tenemos tiempo de sobra para nosotros, para hacer lo que nos apetezca y donde nos pille.