La provocación del escocés Capítulo 63
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Capítulo 63

Zoe

—¿Me escuchas?

Noa chasqueó los dedos delante de mi cara y gracias a eso reaccioné.

—¿Qué narices te pasa? —me preguntó con el ceño fruncido—. ¿Estás mal?

—Mi cabeza se ha ido de aquí. Lo siento. ¿Qué decías?

—A saber, dónde la tenías —comentó con diversión Lyn.

—Me hago una buena idea —habló Carlos.

Puse los ojos en blanco y después negué.

Eran las once de la mañana y nos estábamos tomando nuestro segundo café con leche, en el sofá. Todavía no habíamos desayunado, ninguno de los cuatro tenía ganas.

—Estaba diciendo que Drew me invitó anoche a dar una vuelta antes de irme —dijo Noa.

—¿En serio? —le pregunté.

—Sí —rio—. Me gustó mucho. —Elevó las cejas varias veces, de manera graciosa.

—No nos dimos cuenta, para nada —comentó Carlos—.

Yo pensaba que terminar siempre a su lado, tanto en la alfombra como en la mesa, ya que os sentasteis juntos, no era señal de que os atraíais como un imán.

Venga ya —dijo sorprendido, al ver la cara de Lyn y la mía—.

No me puedo creer que no lo notarais —se dirigió a las dos.

—Yo no me di cuenta de nada —comenté, encogiéndome de hombros.

—Vale, ya. —Bufó—. Porque tú solo tenías ojos para Rhys y tú —señaló a Lyn—, te quedabas embobada con Brad. Normal que no vierais lo que comenzó a cocerse a fuego lento entre Noa y Drew.

Negó sonriendo.

—Joder —reí, contagiando a mis amigos—. ¿Y a qué hora habéis quedado? —le pregunté con curiosidad a Noa.

—Vendrá en media hora —contestó con una gran sonrisa—. Me acabo el café y subo a arreglarme rápido.

—Yo esta tarde estaré con Brad, viendo la serie —habló Lyn.

—Claro, sobre todo viéndola —dijo con diversión Carlos.

—Oye, que es verdad —se hizo la ofendida Lyn—. Nos tomamos muy en serio cada episodio.

—Ajá —sonrió de medio lado Carlos—. E imagino que Rhys no te dejará sola durante tanto tiempo, ¿no? —me preguntó.

—¿Eso qué significa? ¿Habéis avanzado? —quiso saber Noa, emocionada.

—Ya os respondo yo: sí. Estoy tan seguro porque esta mañana Rhys casi aterriza encima de mí en el porche… Parece que le ha cogido el gusto a escalar hasta tu balcón.

Agrandé los ojos. Lyn, que estaba bebiendo un sorbo de café, se atragantó con él.

—Joder —dijo Noa, sorprendida.

—Hemos pasado la noche juntos y sí, también hemos tenido sexo. Varias veces, para ser más exacta —les conté de carrerilla.

Noa y Lyn soltaron un jadeo y Carlos una carcajada.

—No entiendo a qué viene tanta sorpresa —comentó él.

—Oh, no nos estropees el momento —le pidió Lyn.

—¿Yo? —preguntó Carlos, negando con la cabeza.

Mi confesión provocó que mis amigas se aceleraran y comenzaran a hacerme preguntas. Muchas, muchas preguntas.

—Noa —la llamó Carlos.

—¿Qué?

—Drew llegará y no estarás preparada.

Nuestra amiga se levantó de un salto del sofá y con el móvil en la mano, fue hacia la escalera.

—Quiero saber todos los detalles de cómo terminó Rhys en tu cama —alzó la voz Noa, subiendo los primeros escalones—. Los detalles calientes te los puedes quedar —rio—. Joder, qué fuerte.

Su risa se perdió en la planta superior.

—¿Habéis hablado? —Quiso saber Lyn.

—No tuvimos mucho tiempo para eso, preferimos utilizar el que teníamos para otras cosas —contesté—. Hablaremos cuando Carlos y Noa no estén. Rhys me ha dicho que no quiere quitarme tiempo con ellos.

—Esta tarde es vuestra gran oportunidad —habló Carlos—. Tendréis la casa para vosotros, mientras Lyn y Brad ven la serie. No aparezcas por aquí pronto —le pidió.

—Vale —dijo Lyn, con voz cantarina.

Me hicieron reír.

—¿Creéis que me he vuelto loca? ¿Qué he perdido la cabeza del todo con ese hombre? —le pregunté inquieta.

—¿Cómo te sentiste anoche? Y no solo en el sexo, porque doy por hecho que eso os fue genial.

—Demasiado bien —contesté a Carlos—. Yo… —Bajé la mirada al café—. Me abrazó, estuvo cariñoso durante el tiempo que estuvimos despiertos y tumbados en la cama. Me hizo sentir genial y en paz, y hemos dormido enredados, sin separarnos.

—Pues ahí tienes la respuesta. —Me hizo un guiño Carlos.

—Eso suena estupendamente, cariño —me habló Lyn.

—Tanto que asusta. —Me mordí el labio inferior.

—No tengas miedo. Ni mucho menos dejes que el miedo te eche para atrás. Tú con todo para delante, salga como salga. ¿De acuerdo? —Asentí—. Y si Rhys te hace daño en algún momento, solo tienes que decírmelo y cojo un vuelo urgente hasta aquí, para dejarle algunas cosas muy claritas.

Lyn rio nerviosa. Yo sonreí mirándolo con cariño.

—¿Crees que cuando César se entere seguirá con la tregua de paz? —preguntó con preocupación Lyn.

—Espero que sí, porque con lo bien que estaba anoche… —dije pensativa—. Me jodería mucho que cambiara, cuando en la cena dejó claro que algo intuía. No sé cómo ni cuándo, porque ni yo misma lo sabía, pero César ha sabido adelantarse. Al menos fue la sensación que me dio al hablar en el brindis.

—Os miró varias veces a Rhys y a ti, y por algunas palabras que dijo yo también lo pienso —estuvo de acuerdo Carlos.

Asentí.

—Además… —Acaricié el borde de la copa—. Entre Rhys y yo puede no haber nada. Hemos pasado una buena noche, pero hasta ahí llega por ahora.

—Joder, habla con él de una vez por todas —suspiró Lyn.

Se levantó del sofá, con su taza vacía.

—Voy a subir a llamar a mi madre, que entre unas cosas y otras siempre se me hace tarde y voy saltando de días —dijo con una risilla.

—¿Sabe lo que os pasó? —preguntó Carlos.

—No. Igual que los padres de Zoe.

—Decidimos no contarlo porque no nos había pasado nada. Lo del pie y la mano es poquita cosa, y los hubiéramos preocupado sin necesidad. Ya es agua pasada —comenté.

Carlos asintió.

—En un rato bajo —nos dijo Lyn.

Fue a la cocina a dejar la taza y cuando salió, subió la escalera. Observamos que cada vez cojeaba menos, lo que era buenísima señal.

Carlos se acercó a mí en el sofá.

—¿Quieres otro café? —me preguntó.

—Estoy bien con el que me queda.

—Vale. ¿Cómo te sientes por todo?

—Sinceramente, no te sabría decir —contesté pensativa—. Es muy raro todo, Carlos, y al mismo tiempo…

—¿Qué?

—Que al mismo tiempo tengo la sensación de que es como debe ser. No me aclaro ni yo. —Bufé.

—La próxima vez que os veáis. Mantened las manos alejadas del otro y hablad. Es lo que más necesitáis ahora, sobre todo, tú.

—Sí. Tengo muchas dudas —susurré—. Voy a echaros mucho de menos. El tiempo ha pasado muy rápido.

Hice una mueca.

—Es una mierda porque cuando estás más a gusto, vuela. —Negó—. Yo también voy a echaros de menos.

Nos sonreímos.

—En el viaje podéis mirar fechas para volver —comenté animada.

Carlos soltó una carcajada, haciéndome sonreír.

—Yo ahora debo estar por el trabajo. Hace muchos días que falto.

—Los tienes bien merecidos y era necesario.

—Lo sé. Ya me has entendido —dijo con diversión.

Hice un puchero, pero al final terminé asintiendo. Me incliné hacia él, para apoyar la cabeza en su hombro.

—Jo, no quiero que os vayáis —suspiré.

—Secuéstranos y no pidas rescate —me propuso.

Reímos.

Noa bajó arreglada y Carlos y yo sonreímos.

—Estás impresionante —le dijo él, silbando.

—Eres muy tonto —rio ella.

—Tiene razón —estuve de acuerdo.

—No tenía mucho donde elegir, así que… —Se miró el pantalón y el jersey.

—Podías haber mirado en mi armario.

—No pasa nada. —Se encogió de hombros—. Ya he dejado la maleta cerrada. Cuando vuelva, la bajo. Ay, ¡ya está aquí! —exclamó emocionada.

Noa dio un saltito en el sitio, cuando sonó el timbre. Carlos y yo nos quedamos en el sofá, para no ser cotillas, aunque las ganas tiraban con fuerza.

—Dentro de un rato vuelvo —comentó Noa.

—Divertíos —dijimos al unísono, Carlos y yo.

—Claro.

Nos lanzó un beso con la mano y fui al recibidor.

—Hola, guapo —saludó a Drew, al abrir la puerta.

—Hola, preciosa —le correspondió él.

No pude evitar sonreír. Drew me caía de maravilla, para mí era una persona muy especial. Me había demostrado mucho en poco tiempo; incluso pasando por encima de su mejor amigo, me había elegido a mí.

En cuanto la puerta se cerró, Carlos y yo nos miramos, y nos levantamos de golpe del sofá, para ir corriendo a una de las ventanas que daban a la calle.

Mi sonrisa se amplió al verlos juntos, alejándose.

—Hacen una pareja muy bonita —comenté.

—¿Van para boda? —me preguntó con diversión Carlos.

—Van de cabeza para boda —le confirmé.

Nos miramos y reímos, de esa manera volvimos al sofá.

Lo de la boda era una broma que hacíamos ambos. Cada vez que Noa o Lyn habían tenido pareja, les durara el tiempo que les durara, Carlos siempre me preguntaba en broma si los veía casándose. Yo, por supuesto, respondía según me gustaran, más o menos, los chicos que estaban con mis amigas.

En este caso no tenía ninguna duda. Drew me encantaba para Noa.

Otra cosa era que nunca acertaba. A la vista estaba, ya que mis amigas ni se habían casado ni tenían parejas. Así que…

Carlos y yo nos tomamos los cafés en un silencio cómodo, solo interrumpido para algunos comentarios. Disfrutamos de nuestra compañía, la que en unas horas sería a través de una pantalla.

Bloqueé ese pensamiento porque me desanimaba y todavía tenía la suerte de tener a mis amigos conmigo. Debíamos aprovechar a tope las horas que quedaban, aunque por ahora solo pudiera hacerlo con Carlos.