La provocación del escocés Capítulo 58
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Capítulo 58

Me moví inquieta en la cama, como si estuviera teniendo un mal sueño, pero no podía saber si estaba soñando o no. Me sentía atrapada en algo que no entendía y de lo que no podía salir.

Escuché como un jadeo y tardé en darme cuenta de que había sido mío. Lo que sucedió a continuación me dejó inmóvil.

—Shhh…

Fruncí el ceño, con los ojos cerrados.

—Relájate, Zoe. Estás en tu cama, tranquila y segura.

Otro jadeo se me escapó de mis labios porque sí, definitivamente estaba soñando. Más concretamente con Rhys, lo que me desestabilizó por unos segundos, para después provocarme mucho calor.

—Rhys… —susurré.

—Estoy aquí.

Contuve la respiración porque parecía tan real… No supe qué pensar cuando sentí cómo me acariciaba la cara.

—No puedo abrir los ojos —murmuré.

—Tal vez no quieres abrirlos porque no estás soñando, Zoe.

Con esas palabras conseguí abrir los ojos de golpe y los agrandé al encontrarme a Rhys sentado en el borde de la cama, inclinado sobre mí.

Él me tapó la boca con una mano, adelantándose a mi pequeño grito por la sorpresa. Amortiguó el sonido y después, poco a poco, retiró la mano.

—¿Qué…? Sí, esto es un sueño —dije, porque en mi cabeza no cabía otra posibilidad.

—Si quieres pensar que lo es… —Sonrió de medio lado.

La habitación estaba a oscuras, pero la claridad diferente que entraba por la puerta del balcón y las ventanas me permitía ver bastante bien la forma de su cuerpo y los cambios en su expresión.

—¿Cómo…?

—Nunca cierras la puerta del balcón —contestó, encogiéndose ligeramente de hombros.

Lo miré con asombro.

—He probado suerte y aquí estoy.

—¿Por qué? ¿Sueles ir colándote en las habitaciones de los demás? —le pregunté susurrando.

—Solo en la tuya.

Su respuesta me dejó más fuera de juego.

—Entonces… Lo que esta mañana pensé que había soñado contigo…

—Estaba aquí también. Más exactamente, ahí de pie.

Señaló el lugar exacto en el que lo vi de pie la noche anterior, cuando pensé que soñaba.

—Lo siento. Te prometo que no he hecho nada más que observarte. Ambas veces he venido para asegurarme de que estabas bien.

—Pero…

—Habría dejado que siguieras pensando que volvías a soñar conmigo, lo que me gusta bastante, pero has empezado a estar inquieta y a pasarlo mal. Por eso he decidido intervenir, aunque me delatara. Por cierto, puede parecer raro, pero no soy ningún acosador —carraspeó.

—Joder… —murmuré.

—No quería que lo pasaras mal. Siento haber interrumpido tu sueño.

—No… sé con lo que estaba soñando. No lo recuerdo —susurré.

—Mejor así porque no debía ser algo bueno.

—¿Cuánto llevas aquí?

—Muy poco. De verdad.

Hice una respiración profunda y entonces agrandé los ojos.

—¿Cómo narices has subido hasta aquí? —pregunté intentando no alzar mucho la voz—. No sé en qué habitación duermes, pero el balcón más cerca de tu casa queda muy separado del mío.

—Escalando.

Solté un jadeo y me incorporé para quedarme sentada en la cama. Encendí la lámpara de la mesita de noche y la luz tenue nos iluminó.

—¿Estás loco? —pregunté entre susurros—. Joder, hace unas horas que has salido del hospital y que recibiste el impacto directo de una explosión, ¿y no se te ocurre otra cosa que ponerte a escalar? —Jadeé.

—Estoy bien.

Ladeó un poco la cabeza.

—Estás muy preocupada por mí, ¿no?

—Lo estaría por cualquier otra persona.

Me crucé de brazos.

—De tus amigos sí, pero de cualquier otro, déjame que lo dude.

Elevé las cejas, pero Rhys no cambió su expresión.

Me observaba serio, su mirada penetrante atrapaba la mía de una manera…

Tragué saliva, siendo cada vez más consciente de dónde estábamos, de cómo habíamos llegado a esta situación y de que Rhys parecía haberle cogido el gusto a venir a verme por las noches para saber que estaba bien.

Eso me parecía increíble y calentó algo en mi interior. Su preocupación no debía afectarme tanto como lo hizo, porque me había propuesto ser yo la que lo ignorara a partir de ahora, pero estaba claro que no valía para eso.

Si ni siquiera había podido pasar de su pregunta de por la mañana, a la que acabé respondiendo.

—Estoy bien. No me he hecho daño —me dijo.

Hice una mueca, negando con la cabeza.

—¿No puedes hacer las cosas como cualquier otra persona? —le pregunté.

—Según tú, ¿cómo sería eso?

Elevó las cejas.

—Acercarte a mí durante el día. Hablarme con normalidad. No sé. Está claro que asaltar mi habitación no entra dentro de las cosas normales, y aún menos teniendo que escalar para llegar. Si alguien te hubiera visto…

—Frente a esta parte de la casa solo hay árboles, vegetación variada y mucha hierba. No me ha visto nadie —dijo con seguridad.

—Vale —suspiré.

—Tampoco hubiera pasado nada si no hubiera sido así. Y sobre lo demás que has dicho… Si me hubiera acercado más a ti o te hubiera hablado sin estar tu amigo de por medio, tampoco te habría parecido bien.

—Eso no puedes saberlo.

—Esta mañana me has contestado porque te ha sabido mal dejarme con las dudas, pero tu primera intención ha sido la de ignorarme.

—Como llevas haciendo tú muchos años —dije, sin poder contenerme.

Me mordí el labio inferior.

—Tienes razón —habló serio.

—Al menos lo admites —suspiré.

—¿Para qué voy a desmentirlo si es verdad?

Solté un bufido.

—No… no te entiendo, Rhys. De verdad, ahora mismo estoy muy descolocada por tu comportamiento y actitud. Si lo estaba días atrás, en este instante ya no sé qué pensar.

Negué con la cabeza.

—Te dije que teníamos una conversación pendiente —dijo con la voz más ronca.

—Ya… y poco después me echaste de la habitación del hospital porque estaba a punto de entrar Olivia.

—No te eché, te pedí que te fueras porque vi tu incomodidad y tus nervios.

Fruncí el ceño.

—Ahora te comprendo menos. Aunque da igual, porque te pusiste de parte de ella.

—Ya hablaremos. Es de madrugada y debes seguir descansando.

Se levantó de la cama y contuve la respiración. No quería que se fuera; sinceramente, lo que quería era meterlo en mi cama y abrazarlo fuerte, para que no se fuera nunca.

Contuve la respiración cuando, a mi lado, ya de pie, se inclinó hacia mí. Apoyó una mano en el cabecero y su cara quedó muy cerca de la mía.

Tragué saliva con dificultad cuando su pulgar me acarició los labios. Me los recorrió despacio, el de abajo y el de arriba, sin apartar la mirada de la mía.

—Todo va a cambiar —susurró—. Pronto.

Tiró de mi labio inferior, antes de ponerse recto. No pude reaccionar de ninguna manera; mi cabeza iba a mil por hora y mis sensaciones y necesidades estaban completamente descontroladas.

Dejé salir el aire despacio y entrecortado, mientras veía cómo apagaba la luz de la lámpara de la mesita de noche y caminaba de espaldas hacia la puerta del balcón, sin apartar la atención de mí en la oscuridad que volvía a rodearnos.

—Descansa —me pidió.

—Tú también —conseguí decir, susurrando.

Asintió y se giró, para irse. Cuando abrió la puerta, lo llamé y me miró por encima del hombro.

—Ten cuidado —le pedí.

Sonrió de medio lado.

—Y… Gracias por preocuparte por mí y por… ¿Colarte en mi habitación?

Sonreí como una tonta al escuchar su risa contenida. Era como una maravilla que rara vez sucedía.

—Un placer, Zoe.

Salió por la puerta del balcón, dejando un vacío muy grande. Tuve la necesidad de asegurarme de que llegaba bien abajo, por lo que salí de la cama y me puse corriendo la chaqueta de lana.

Salí al balcón cuando Rhys ya no estaba en él y me asomé con cuidado para que no me viera. Contuve la respiración mientras bajaba por la fachada, sorprendida por la habilidad que tenía, y hasta que no tocó con los pies el porche no volví a respirar.

A continuación, saltó el muro bajo que separaba nuestras casas, sin problema, y una vez en su porche, fue hasta la puerta de la casa.

—Vuelve a la cama. Vas a coger frío.

Agrandé los ojos porque, por lo visto, se me daba fatal espiar y pasar desapercibida. Y eso siendo de noche era mucho decir.

Noté en su voz un poco de diversión y terminé sonriendo.

De esa manera volví a mi habitación y no, no dejé la puerta cerrada del balcón.

Sabía que Rhys no volvería más esta noche, pero igualmente la dejé sin echar el cierre, al igual que haría a partir de ahora todas las noches.

Pero desde ya sería intencionado, no un despiste.

Cuando me metí en la cama, me tapé bien con el nórdico que todavía estaba caliente, y me quedé tumbada de lado, mirando hacia la puerta del balcón.

Sonreí recreando en mi mente desde que me había despertado y de esa manera me quedé dormida, con una sonrisa en los labios que Rhys me había acariciado.

Ojalá me hubiera besado. Ese fue mi último pensamiento loco, antes de desconectar de la realidad.