Capítulo 56
Rhys
—No sabes llamar —le dije a Drew.
Coloqué el marcapáginas y cerré el libro.
—¿Para qué? ¿Para que te inventes una excusa para no hablar? —me preguntó con una ceja arqueada.
Negué con la cabeza, mientras dejaba el libro en la mesita de noche.
—A la comida le quedan unos minutos —me informó.
—Vale. Gracias. ¿Algo más?
—No sé, ¿a ti qué te parece? ¿Qué mierda sucedió ayer con Zoe? Desde que volví a la habitación hasta ahora, has esquivado el tema y por momentos evitado. Sabes muy bien cómo terminó ella cuando salió de allí, así que…
—No me lo recuerdes —lo interrumpí, apretando la mandíbula—. Ya me lo contaste anoche y con eso tengo suficiente.
—Sí, porque jode, ¿verdad? —Elevó las cejas—. ¿Qué cojones te pasó? Estabas dispuesto a dar un giro radical a tu relación con Zoe y de golpe me encuentro con una escena que me descolocó por completo.
Soltó un bufido, sentándose al final de la cama.
—¿Cuándo narices vas a pararle los pies a esa tía, Rhys?
Porque Olivia no tiene frenos, pero te recuerdo que tú no le debes nada.
Ni a tu padre tampoco. Hace años que él te pidió que estuvieras pendiente de Olivia, que te preocuparas por ella y la protegieras, en cierta manera, pero ya cumpliste, tío.
—Hace tiempo que solo la soporto, y lo sabes —le recordé.
—Pues con más motivo. Joder.
Puso los ojos en blanco.
—¿Os estáis pegando?
Al escuchar a Brad, Drew y yo miramos hacia el hueco de la puerta, por el que se asomó él.
—Aún estamos en plan pacíficos, pero danos unos minutos más —contestó Drew.
Brad rio, entrando en mi habitación. Se unió a Drew y a mí en la cama, subiéndose al lado de Drew, cerca de mis pies. Yo continué sin moverme, con la espalda apoyada en el cabecero y rodeado de unos cuantos cojines, más la almohada.
—Sea lo que sea lo que haya dicho Drew, él tiene la razón —dijo Brad.
Arqueé una ceja, observándolo fijamente.
—Es la verdad. —Se encogió de hombros—. ¿Cuántas veces te he dicho que Olivia te traería muchos problemas?
—¿Cuánto llevas escuchándonos al otro lado de la puerta? —le pregunté.
—Un rato —contestó, apretando los labios—. Quizás desde el inicio, desde que ha entrado Drew.
Él y Carlos soltaron una carcajada.
—No es culpa mía que al salir de mi habitación viera a Drew entrar aquí y que después, al pasar cerca de la habitación para ir a la escalera, al estar la puerta abierta, me haya enterado de todo —se justificó, encogiéndose de hombros.
—Pobre hombre inocente —dijo Drew, con humor.
—Efectivamente. —Le hizo un guiño Brad.
—Sé lo que hay —hablé, captando la atención de los dos—.
Os aseguro que nadie mejor que yo sabe cómo está la situación y la mierda que sucedió ayer.
Si no paré a Olivia en la habitación del hospital…
—Miré a Drew—. Fue porque no quería que la tomara más con Zoe.
Una sola palabra mía a favor de Zoe habría puesto en alerta a Olivia, y era lo que no quería.
—Pero jodiste bien a Zoe.
—Hablaré con ella —dije con determinación—. De eso y de todo lo demás, hasta que entre nosotros quede todo claro.
—Menos mal. —Bufó Brad.
—Ayer estaba dispuesto a intervenir desde el principio, pero al ver la actitud y el comportamiento de Zoe, incluso antes de que Olivia apareciera en la habitación, me eché para atrás y esperé para observar, ya que Zoe hizo bastante de cara a Olivia.
—En eso estoy de acuerdo, por lo que me has contado —dijo Brad, dirigiéndose a Drew.
—Joder, puedo llegar a entender esa parte. —Bufó Drew—. Pero me jode mucho porque Zoe hizo lo que debía hacer. Se defendió de esa víbora.
—¿Te crees que a mí no me jode? —Fruncí el ceño—. Ayer habría callado muy rápido a Olivia, incluso la habría echado de la habitación por cómo se dirigió a Zoe desde el principio.
—No fue la primera vez —comentó Brad—. En la sala de espera, Olivia se pasó mucho con Zoe.
Apreté la mandíbula.
—Algo supuse, por una cosa que dijo Zoe en la discusión con Olivia. ¿Qué sucedió?
Entre los dos me contaron cómo se dio la situación delante de todos, incluidos mi padre, Sheena y Conor, quienes defendieron en todo momento a Zoe. Eso debió alterar y picar más a Olivia.
Cuando terminaron, me presioné el puente de la nariz, para aliviar el pinchazo que me dio.
—¿Estás bien? —me preguntó preocupado Brad—. Tendrías que haberle hecho caso a tu padre y quedarte un poco más en el hospital.
—Y una mierda. Demasiado que estuve allí durante horas. La noche iba a terminarla en mi cama, sí o sí —comenté.
—La enfermera no estará muy de acuerdo con eso —habló con diversión Drew.
Sonreí de medio lado.
—Ya se le habrá pasado el disgusto de verme caminar por el pasillo de madrugada, vestido para largarme. —Me encogí de hombros.
—Es raro.
—¿El qué? —le preguntamos a Brad.
—Que tu padre no te haya llamado o que incluso no se haya presentado aquí —aclaró.
—Me ha llamado —confirmé—. Muchas veces, de hecho. Y lo último no se le ocurriría hacerlo, a no ser que estuviera desesperado. Sabe de sobra que estoy bien y con vosotros, así que ya está. Para dejarlo más tranquilo, cuando esta mañana vi sus llamadas, le envié un mensaje.
—Ya decía yo… —Negó con la cabeza Brad, sonriendo.
—Estará cabreado unos días —comentó Drew.
—Mierda —se lamentó Brad, haciendo una mueca.
—De aquí a que nos volvamos a ver se le habrá pasado —dije con seguridad.
—Volviendo al otro tema… ¿Qué vas a hacer con Olivia? —me preguntó Drew.
—Va siendo hora de que la ponga en el sitio que le pertenece —contesté.
—Joder, ¡por fin! —exclamó Brad.
Drew sonrió de medio lado y después habló.
—Te juro que ayer, al ver a Zoe mal en mis brazos, hubiera entrado a la habitación para aplacar el cabreo que tenía. —Negó con la cabeza—. Oh, sí, y habría empezado diciéndole muchas cosas a esa tía, aunque con las primeras hubiera tenido bastante.
—¿Te habrías lanzado encima de mí, de un paciente herido? —le pregunté, con diversión.
—Ya… Sobre todo, herido. No me toques las narices. —Bufó—. Ni me recuerdes cómo pudiste terminar debajo de tantas piedras.
—Gracias —dije muy serio, mirando fijamente a Drew—. Gracias por estar para Zoe y por defenderla de esa manera.
Drew asintió igual de serio que yo. Después miré a Brad, quien sonreía con un punto de emoción.
—Da gracias a que no te falta ningún diente —carraspeó Drew.
Solté una carcajada, la que les contagié a ambos.
—¡Mierda! —exclamó Brad, levantándose de un salto de la cama.
—¿Qué pasa? —le preguntamos al unísono Drew y yo.
—Joder, joder… ¡La comida! —gritó saliendo de la habitación.
Drew y yo nos miramos y volvimos a reír.
Nosotros también nos levantamos de la cama, para bajar a la planta principal.
—Esta mañana he visto a Zoe en su porche —le conté.
—Lo sé.
Giré la cabeza hacia él, con una ceja arqueada.
—¿Qué pasa, que cada vez que salgo al porche te quedas detrás de la ventana para cotillear? —le pregunté con las cejas elevadas.
Drew rio.
—Más o menos —contestó con diversión—. Aunque en mi defensa diré, que esta mañana fue por casualidad.
Iba a salir al porche para hacerte compañía con un café, pero justo cuando iba a abrir la puerta, has hablado hacia la derecha.
Por lo que has dicho, estaba claro que te dirigías a Zoe, por lo que no he querido salir.
—Entonces has escuchado lo que me ha contestado.
Drew asintió.
—Haz que todo cambie, tío. Ambos os lo merecéis, pero, sobre todo, lo necesitáis.
Eso sí, deberás tener mucho cuidado con la víbora, porque Zoe ya no va a quedarse en un segundo plano con ella.
Ayer comenzó plantándole cara y ya la viste, no dudó en devolverle el empujón a Olivia.
Joder, qué momentazo. Ahí estuve a punto de soltar una carcajada.
Sonreí de medio lado.
—Un gran momentazo, sí —confirmé.
—Que te puso cachondo. No lo niegues.
Mi amigo soltó una carcajada porque me mantuve callado, como me pidió, por lo que le di la razón.
—Todo va a ir bien, Rhys.
Colocó una mano en mi hombro y me dio un ligero apretón. Yo asentí, pensativo.
—Estoy dispuesto a todo lo que sea necesario —comenté, provocando que Drew sonriera con picardía—. Pero tendrá que esperar. Sus amigos ya deben estar aquí.
—Sí. He visto a Conor pasar con el coche, pero iba solo. Supongo que acababa de dejar a los amigos de Zoe y de Lyn.
—Seguro. —Asentí.
Cuando llegamos a la planta principal, nos dirigimos a la cocina, dispuestos a ayudar a Brad, pero nuestro amigo lo tenía todo controlado.
—No nos hemos quedado sin la comida —nos informó con alivio, haciéndonos sonreír.
—Estupendo, porque tengo un hambre… —habló Drew.
Le revolvió el pelo a Brad, al pasar por su lado, para ir a la nevera a sacar una botella de vino.
—Hay mucho que celebrar hoy —dijo, al descorcharla.
—¿Y eso? —preguntó Brad.
Continuó mirando a Drew, pero como él no dijo nada, tan solo sonrió de medio lado, al final, Brad dirigió la vista hacia mí. Yo solo tuve que asentir para que entendiera a qué se había referido Drew.
—Oh, joder. —Agrandó los ojos—. ¡Y tanto que estamos de celebración! A lo grande —rio.