La provocación del escocés Capítulo 52
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Capítulo 52

Abrí los ojos despacio, para encontrarme con una oscuridad absoluta.

Los primeros segundos no supe dónde me encontraba y eso me inquietó, pero poco a poco, conforme fui moviéndome, me di cuenta de que estaba tumbada en una cama.

Comencé a situarme en cuanto capté el olor y me centré en las sensaciones que sentía. Incorporándome en la cama, tirando conmigo del nórdico que me cubría, alargué la mano para encender la luz de la mesita de noche.

No me costó encontrar la lamparita y cuando la habitación quedó iluminada por una luz tenue, solté un suspiro apoyando la espalda en el cabecero de la cama.

Estaba en mi habitación, en la casa. No tenía ni idea de cómo había llegado hasta aquí, aunque esforzándome un poco conseguí recordar pequeños momentos en los que estuve despierta.

Me desmayé en los brazos de Drew, pero tenía en mi cabeza la cara del médico que me atendió en la revisión y algunos momentos en el box.

El resto, todo lo demás, volvía a estar en negro.

Bajé la mirada a mi cuerpo. No llevaba la ropa de calle, sino que alguien me había puesto el pijama. Me llevé las manos al pelo e hice una mueca, al notarlo áspero. Estaba claro que tendría que cambiar las sábanas para volver a meterme en la cama limpia, después de ducharme.

Dirigí la mirada al vendaje que me cubría la mano. El médico, como ya esperaba, me lo había cambiado. Estaba perfecto, como la primera vez que me lo pusieron.

Cerré los ojos despacio, tomándome un momento para hacerme un repaso a mí misma. Cuando terminé, me quedé satisfecha porque, aunque todavía notaba que tenía pocas fuerzas, había descansado y eso me hacía sentirme mejor.

—Eh… Zoe.

Abrí los ojos girando la cabeza hacia la puerta. Estaba cerrada a la mitad y Lyn apareció por el hueco que quedaba.

—He visto la luz —sonrió.

Caminó hasta mi cama y se subió en ella. Nos dimos un beso en la mejilla y nos sonreímos.

—¿Cómo estás? —Quiso saber, seria.

—Mejor.

—Joder… Me llevé un susto cuando Nerea me llamó para decirme que habías perdido el conocimiento y que no volvías en sí —suspiró—. Os esperábamos fuera del hospital y entré corriendo para ir al box.

—¿Por qué he estado tanto tiempo inconsciente?

—El médico nos dijo que era normal, después del día que llevábamos tú y yo. Te hizo algunas pruebas más que a los demás, para descartar posibilidades, pero los resultados salieron todos bien. No tenías nada, aparte de un cansancio extremo, más lo evidente por el accidente y la explosión.

—Pero tú pasaste por lo mismo y a ti no te ha afectado todo tanto —dije con una mueca.

—No lo sé, cariño. Lo mismo tú ahora estás más bajita de fuerzas.

Se encogió de hombros.

—Puede ser —suspiré, apoyando la cabeza en el cabecero.

Lyn se sentó como yo y a mi lado, pero encima del nórdico.

—¿Cómo te encuentras tú? —le pregunté.

—Descansar me ha venido igual de bien que a ti.

—Me alegro —sonreí—. ¿Cómo tienes el pie? ¿Te ha dicho algo nuevo el médico de la revisión?

—Me ha dado un calmante un poco más fuerte para los primeros días.

Durante el fin de semana debo tomarme ese y después cambiar al que me recetaron esta mañana, hasta que deje de dolerme.

El tiempo lo marcaré yo, al igual que la cantidad de pastillas al día, según me duela.

Aparte del cambio de medicación, todo sigue igual.

Me ha tocado el pie y me ha hecho una prueba que ha salido como él esperaba.

—Eso es bueno, aunque un fastidio porque mañana llegan Noa y Carlos —comenté.

—Bueno, no me queda otra que tomarme mañana todo el día para descansar.

Ellos llegan sobre la una y media de la tarde y como Conor los recogerá, pues nosotras los esperaremos aquí para comer.

Después descansaremos, así que el viernes será tranquilo en la casa.

El sábado ya veré cómo me levanto, después del reposo del día anterior y la medicación más fuerte y continua.

—Seguro que te encuentras mucho mejor.

—Yo también lo creo.

Sonreímos.

—¿Notas algo en los oídos? —me preguntó.

Presté atención.

—No.

—Yo tampoco —me dijo con un guiño—. El médico nos ha dicho que conforme fuera pasando el tiempo se nos iría el pequeño zumbido. Yo me he dormido notándolo todavía un poco, pero cuando me he despertado ya no estaba.

—Yo no me he dado cuenta. —Me encogí de hombros—. El último recuerdo que tengo de eso era que lo sentí, pero ya no.

—Pues ya está. Es lo importante.

—Gracias por ponerme el pijama.

—No seas tontita.

Me dio un ligero empujón con el hombro.

—Con el pelo no he podido hacer nada, pero da igual. Cambiaremos las sábanas cuando salgamos de ella.

—Sí, pero se está muy bien.

Rio.

—¿Cómo les ha ido a los demás la revisión? —le pregunté.

—Todos están bien.

—Me alegro —suspiré.

—Olvídate de la culpa de una vez, Zoe —me pidió con cariño.

—Le he dado muchas vueltas. —Fruncí el ceño—. Y no entiendo cómo sucedió la explosión.

—Has dicho varias veces que te fuiste al baño nada más unir la mezcla que hiciste ayer. Puede que…

—Ya… Además, con lo mal que me encontraba puedo no recordar algunos detalles importantes.

—Sí. No te agobies. A ver si mañana salen Santi y Rhys del hospital y entonces todo volverá a la normalidad. Más o menos, la única diferencia será que volveremos al trabajo más tarde.

—¿Avery os ha dicho algo?

Asintió, sonriendo.

—Él, Sheena y Conor estaban con nosotros fuera del hospital, cuando Nerea me llamó para decirme que te habías desmayado.

Minutos antes, Avery nos pidió a todos que nos tomáramos los días libres que necesitáramos, pero que, igualmente, antes de la mitad de la semana que viene no quería vernos por allí.

—Me imaginaba algo así.

—Sheena entró en el box conmigo. Todos nos quedamos preocupados porque perdieras el conocimiento y quiso hablar con el médico personalmente. Él la tranquilizó y entonces se fue, para contárselo a los demás.

Sonreí.

—Me cae genial Sheena —dije—. Siento que hemos conectado estupendamente.

—Se nota. —Asintió—. Es una gran mujer.

Nos quedamos en silencio durante unos segundos, yo encontrando las fuerzas para hacer lo que debía hacer.

—Voy a ir a la cocina para coger algo. Me duele el estómago de hambre —comenté—. Hoy solo me he tomado el café con leche de antes de ir al trabajo, después ni desayuno ni nada. —Bufé.

—Te acompañó.

Nos levantamos de la cama, yo me puse la chaqueta de lana gorda, y mientras me la abrochaba, caminé hacia la puerta, donde me esperaba Lyn.

—¿Bien? —me preguntó.

—Si quieres saber si me voy a caer, creo que no.

Reímos.

—¿Por qué no te quedas cómoda para no mover el pie? —le propuse.

—Me canso de estar tanto tiempo quieta. —Negó con la cabeza—. Desde que me desperté de la siesta no me he movido de la cama y ya hace un buen rato de eso. Siempre que me mueva despacio y en tramos cortos, todo está bien.

—Vale.

Salimos de la habitación y bajamos las escaleras con mucho cuidado, yendo en la dirección de la cocina.

—¿Tú has comido algo? —le pregunté.

—Cuando he terminado contigo, dejándote calentita en la cama, me he hecho un sándwich antes de ir a mi habitación.

—¿Quién me ha llevado a mi habitación?

—Drew.

Sonreí.

—Se ha portado genial conmigo —suspiré—. Ha sido un gran apoyo.

—¿Ha pasado algo que no sepa? —me preguntó con curiosidad.

—Sí —confirmé con una mueca—. Y bien gordo. Me he creado dos potentes enemigos.

—¿Qué dices? —Agrandó los ojos.

—Ahora te cuento. Para no tener que hacerlo varias veces, llamamos con mi móvil a Noa por videollamada y tú llamas por llamada normal a Carlos, para que estén los dos, y así les contamos el día tan desastroso que hemos tenido, cómo nos encontramos y después sigo con lo que no sabes.

¿Vale? Supongo que Noa y Carlos no estarán juntos.

—Me parece bien. No creo, seguro que están con los equipajes para mañana.

Sonreímos.

—Nos queda una larga conversación —comentó con una mueca.

—Bastante —reí, sin muchas ganas—. Voy a hacerme también un sándwich y me lo como mientras hablamos. ¿Quieres uno?

—Es una buenísima idea, tienes que coger fuerzas. A mí no me apetece ahora. —Negó—. Mientras tanto, voy arriba a por los teléfonos, para ponernos cómodas en el sofá. Así no nos cansamos de la cama.

—Déjalo. No te muevas tanto con el pie —le pedí.

—Entonces sube tú y yo te hago el sándwich. Es rápido.

—Me has convencido.

Reímos.

La dejé en la cocina y subí a nuestras habitaciones, de donde cogí los móviles. Después bajé directa al salón, para colocarlos sobre la mesa baja, y volví a la cocina. Lyn estaba terminando de preparar los dos sándwiches, dándoles su toque final.

—Al final te ha entrado hambre, ¿eh? —le dije.

—Sí —rio—. Con esto doy el día por terminado. —Me hizo un guiño.

Cogí los dos platos para ir al salón. Lyn se paró para sacar de la nevera un refresco para cada una, una botella de agua y las cajas de nuestros calmantes.

Por suerte, el dolor de mi mano no era tan intenso como recordaba antes de entrar en un sueño profundo. Tal vez, en algún momento, el médico me hizo tomar alguna pastilla, porque el dolor lo podía soportar bien.