Capítulo 51
Antes de que me diera tiempo a alejarme, Rhys me agarró de la muñeca buena y me retuvo junto a él, pegada a la cama. Busqué sus ojos y la angustia que debió ver en los míos le hizo apretar la mandíbula y soltarme muy despacio.
—Vete —me pidió.
La magia se fue a la mierda porque el Rhys del pasado regresó de repente. Tragué saliva, con ganas de llorar y también de mandarlo a la mierda. Todo a la vez, porque con una sola palabra y mirada deshizo de golpe las ilusiones que me había creado en un momento.
Retiré la mano y di un paso atrás, al mismo tiempo que desviaba la vista.
No quise mirarlo más. A la mierda también la conversación pendiente, el no querer dejar nada pendiente con él, a la gran mierda el tener una relación adulta con este hombre.
Que se fuera él a ese lugar, directamente y sin billete de vuelta.
—¿Qué haces tú aquí?
La pregunta de Olivia y el tono de su voz me tocaron las puñeteras narices. No me giré hacia ella, no tan rápido. Le mantuve la mirada a Rhys, quien no apartó la suya de mí, hasta que sonreí de medio lado.
Fue una sonrisa llena de ironía y también con pizcas de desprecio, aunque en esta ocasión lo último iba destinado a la que tenía a mi espalda.
—¿No me has escuchado o qué pasa? —insistió Olivia—. Te estoy hablando a ti.
Fue entonces cuando me di la vuelta muy, pero que muy despacio, para enfrentarme cara a cara con la mujer más impresentable e insoportable que había conocido en mi vida. Por suerte, la única.
Me miró altiva y vi la rabia que le dio que me tomara mi tiempo para darle un buen repaso de la cabeza a los pies. Lo hice lentamente, para fastidiarla más. Cuando terminé, ladeé un poco la cabeza y di un paso hacia ella.
Se puso en tensión al instante y noté sus ganas de echarse para atrás, pero no se movió.
—Podría preguntarte lo mismo, Olivia. —Alargué su nombre al decirlo—. ¿Qué haces tú aquí? Ah, no —la interrumpí antes de que pudiera hablar.
La dejé con los labios abiertos, dispuesta a decir algo. Mantuve en alto la mano buena que levanté, para frenarla no solo con las palabras.
—Ni se te ocurra responderme porque he hecho la pregunta sin esperar respuesta —sonreí de medio lado—. No quiero saber nada de lo que sueltes por tu boca. Me importa una mierda, básicamente.
Olivia soltó un pequeño jadeo y después apretó los puños a los lados de su cuerpo.
—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Rhys.
Olivia fue lenta para reaccionar, por lo que me adelanté a hablar yo. Por mi parte, ignoré por completo a Rhys.
—Jode, ¿verdad? —le pregunté a ella y chasqueé la lengua—. Pues mala suerte para ti, porque has despertado mi peor versión. Ten claro esto, Olivia: en lo que te queda de vida no vas a volver a dirigirte a mí, nunca más, y mucho menos de malas maneras.
»Me importa una mierda que en España estés por encima de mí en el trabajo. Si tienes que decirme algo, que sea a través del correo interno de la empresa. Afortunadamente, aquí, en Escocia, no eres nadie para mí.
»A partir de ahora me respetas, si quieres recibir lo mismo. Si no, atente a las consecuencias que tú habrás comenzado a provocar.
Agrandó los ojos.
—Abajo, en la sala de espera, no estaba preparada para tu veneno. Pero eso se acabó. Desde este mismo momento, empújame al límite y te devolveré el empujón el doble de fuerte.
—Eres una…
—¡Olivia! —alzó la voz Rhys, dejándola callada de golpe—. ¡Ya basta!
Su tono duro, fuerte y tajante no admitía réplica alguna. Olivia dio un respingo en el sitio, yo ni me inmute. Algún beneficio debía tener saber realmente quién se encontraba a mi espalda, tumbado en una cama.
—Oh, Rhys, yo solo quería verte —dijo Olivia.
Pasó por mi lado y al hacerlo, me empujó con el hombro. Reaccioné rápido y con la mano buena, la empujé yo, provocando que se desequilibrara al no esperárselo.
Soltó un gemido, pero se recompuso rápido. Me miró sorprendida y después echando fuego, como si estuviera a punto de estallar.
—Parece que no has entendido lo que te he dicho. Esto solo ha sido un adelanto —le recordé.
Me encogí de hombros y continué.
—Atrévete a rozarme siquiera otra vez, que esta, por ser la primera, he sido muy suave. Lo que no sucederá la próxima vez —sonreí de medio lado.
—Zoe… Ya basta —me pidió Rhys, mucho más contenido.
A mí me dio por soltar una carcajada, enseñándole el dedo corazón. El gesto pareció afectarle más a Olivia que a Rhys, ya que ella soltó un fuerte jadeo y él solo apretó la mandíbula.
Yo me quedé muy a gusto. Y ya iban dos veces que le enseñaba el dedo a este hombre, aunque, por supuesto, en esta ocasión el final estaba claro y era totalmente opuesto a cuando me persiguió con el coche y terminamos…
Sin que ninguno de los dos me viera, cerré los ojos con fuerza durante unos pocos segundos. Después, me giré hacia la puerta para comenzar a caminar, pero no llegué a dar un paso al ver parado debajo del marco de la puerta, ocupando el hueco, a Drew.
Al llegar sin hacerse notar, no sabía cuánto tiempo llevaba observando lo que sucedía en la habitación. Su expresión y sus reacciones me dieron a entender que lo suficiente.
Drew tenía el ceño fruncido y muy serio, mirando a su amigo. Después dirigió la atención a Olivia y arqueó una ceja hacia ella, retándola a que le dijera algo. Fue lista y se mantuvo callada, sin ir contra él. Por último, buscó mi mirada.
Me armé de valor para caminar hacia él, sabiendo que en Drew tenía un aliado. Por suerte, no me equivoqué.
—Vámonos, preciosa —me pidió y solté un suspiro de alivio—. Voy a llevarte con Nerea, aquí dentro es mejor no estar si no te dan tu lugar.
Con esas palabras que me dejaron casi fuera de juego del todo, pero que pasé por alto al no entenderlas, llegué frente a él y me rodeó los hombros con el brazo.
—Drew —lo llamó Rhys.
Sonó cabreado. Encima… Estuve a punto de enseñarle de nuevo el dedo, pero suponía demasiado esfuerzo para alguien que ya no merecía nada de mi parte. Todo tenía un límite y Rhys los había sobrepasado todos.
Drew ignoró a su amigo y me sacó de la habitación, lo que le agradecí en un susurro porque no me soltó en ningún momento.
—No hay de qué, preciosa —me dijo—. Ni se te ocurra ponerte mal por lo que ha pasado en esa habitación.
Noté su mirada, pero yo no desvié la mía del camino que teníamos por delante.
—Drew…
—¿Sí?
—No me encuentro bien —susurré.
Se paró y a mí con él.
—¿Qué tienes exactamente?
—Estoy mareada —contesté sin fuerzas para hablar—. No puedo más.
—Joder.
Sin dudar, me pasó un brazo por la espalda y otro por detrás de las rodillas, cogiéndome en brazos. Solté un pequeño jadeo por la sensación, aliviada.
—¿Necesita ayuda? —le preguntó una enfermera.
—Gracias, pero puedo encargarme yo. La llevo directamente a una revisión en la planta principal. Nos están esperando.
—De acuerdo —dijo la enfermera.
Drew volvió a caminar hacia el ascensor, esta vez rápido.
—Aguanta un poco más, Zoe.
—Vale —murmuré.
—Joder, voy a pegarle una de hostias… —Bufó.
Entrecerré los ojos sin comprenderlo. Mi mente iba y venía, no podía centrarme en nada.
—Mierda. Entiendo que no la ha frenado por ti, pero, aun así, permitir que tú… No se entera de nada. Ese me va a escuchar, ya te lo digo.
Entramos en el ascensor y conforme bajábamos, Drew dijo algunas cosas más a las que no les presté atención, mientras yo hacía grandes esfuerzos para mantenerme despierta. Algo dentro de mí tiraba para que la oscuridad me envolviera, ya no podía resistirme más.
—Eh, Zoe, preciosa. Vamos, no me hagas esto. Abre los ojos hasta que estés con el médico.
Escuché el pitido de que el ascensor había llegado a una planta y conseguí entreabrir los ojos.
—Eso es —me animó.
Salimos en la planta principal, o por lo menos me lo pareció. Drew caminó durante un rato más.
—¿Qué le ha pasado? —escuché la voz de Nerea.
—Ha llegado a su límite. No puede más —respondió por mí Drew.
—Joder. Vamos. Avery me ha dicho que debemos ir al box cuatro.
Imaginé que se dirigieron hacia él, porque yo no llegué a verlo ni a ser consciente de nada, hasta pasado a saber, cuánto tiempo. Me dejé vencer por la oscuridad en los brazos de Drew, con el corazón roto por su mejor amigo.
Lo último que escuché fue la voz apresurada de Nerea y después otra desconocida, la del médico.