La provocación del escocés Capítulo 50
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Capítulo 50

Zoe

—¿Cómo puedes decir eso? —le pregunté sorprendida—. Yo… pensaba que…

—¿Qué te odiaría? ¿Qué para mí serías la única culpable de la explosión de tu despacho? —me preguntó él, elevando las cejas.

—Eh, bueno. No sé. O tal vez sí. Sería lo más lógico.

Me humedecí los labios, al notar de repente la boca muy seca.

Rhys, como si lo supiera, estiró la mano hasta el armario alto que tenía al lado, para coger una botella pequeña de agua.

—Si no te importa que haya bebido yo… —me dijo, ofreciéndomela—. No va a sentarme mal que la rechaces. Vale.

El «vale» lo dijo porque se la quité de la mano. No me lo pensé para hacérmelo y beber. Abrí la botella y me la llevé a los labios.

—Gracias. ¿Quieres?

Esta vez el ofrecimiento vino de mí, a pesar de que era su botella. Rhys no contestó, pero en cambio, cogió la botella y bebió sin apartar la vista de mí. Comencé a sentirme muy acelerada.

El encuentro estaba yendo como había deseado, pero no como esperaba. Este hombre siempre conseguía trastocarme y en esta ocasión no iba a ser menos.

Cuando terminó, la colocó de nuevo sobre el armario y se centró por completo en mí.

—Me gustaría que me dijeras por qué sería lo más lógico, según tú, que te culpara y te odiara.

Hice una respiración profunda.

—No sé qué quieres que te diga, cuando es obvio —comenté.

—Deja de sentirte mal, Zoe. Al menos por mí. Yo ya he pasado página; lo único que me recuerda lo que ha pasado es estar en esta habitación, pero no pierdo el tiempo en pensar en ello.

—¿Cómo puedes hablar así? —insistí—. Has estado a punto de morir en mi laboratorio.

—Exacto, a punto, pero no ha sucedido. Todavía me cuesta entender cómo me he librado, pero ha sido así y punto. No voy a darle vueltas a algo que no tiene sentido. Y el que estuviera en tu laboratorio fue decisión mía, fui a hablar contigo. Tú no tuviste nada que ver.

—Si te hubiera escuchado antes…

—Las cosas suceden a sus tiempos, Zoe. El «y si», ¿para qué sirve? Para absolutamente nada.

Nos quedamos en silencio, sin apartar los ojos del otro.

—¿Cómo estás? ¿Te duele algo mucho? —le pregunté.

Necesitaba saber las respuestas de él, no porque me las dijeran los demás.

—He tenido días mejores, la verdad, pero no va a terminar mal, al fin y al cabo —dijo con una pequeña curva en los labios.

Me esforcé por no mostrar lo alucinada que me dejó su gesto. Ya iban varios y estuve a punto de preguntarle si había recibido algún golpe en la cabeza, por el cambio tan evidente al hablarme y tratarme.

Por suerte me controlé, porque no quería estropear este momento por nada, pero me parecía tan extraño tener una conversación normal con Rhys, relacionarme con él sin enfados, sin piques, sin malas miradas o, lo que peor llevaba, que me ignorara, aunque estuviera cerca de él.

—¿Cuánto tiempo tienes que estar aquí? —le pregunté, para acallar a mis pensamientos.

La pregunta pareció no gustarle e inconscientemente me preparé para que soltara cualquier frase que derrumbara por completo mis ánimos, pero no fue así.

—Según la enfermera, unos días; según yo, mañana a última hora del día me largo de aquí. Quieran o no, me da exactamente igual.

Agrandé los ojos.

—Pero si te ha dicho que tienes que estar aquí es porque…

—Porque nada. Me siento bien y todas las pruebas que me han hecho han salido bien.

El calmante que me están dando anula todos los dolores o las molestias de los golpes que me he llevado en la explosión, pero es lo normal y puedo recuperarme perfectamente tranquilo en casa.

Solo quiero que me receten la medicación e irme para volver a la normalidad cuanto antes, aunque tarde un poco más de lo normal en volver a trabajar.

—Me parece que más de uno vamos a hacer reposo unos largos días —sonreí con timidez—. Tú, Santi, Lyn y yo, seguro, pero diría que el resto también, porque, aunque no les ha afectado tanto la explosión, estaban allí.

—Yo también lo creo.

—Vaya… —dije sorprendida.

—¿Qué?

Frunció ligeramente el ceño.

—Sinceramente, no sé cómo sentirme porque estás de acuerdo conmigo. Esta nueva situación entre nosotros me sorprende cada vez más y no sé cómo tomármelo.

—Bien, ¿no?

—Claro, pero…

—Tendremos la conversación que hoy dejamos pausada.

—Sí —susurré.

No iba a negarme más ni a rechazar cualquier acercamiento de Rhys. Había aprendido muy bien la lección y nunca más iba a sentirme culpable por no hacer algo con respecto a él.

Por el momento aceptaba tener la conversación que le negué por la mañana y dependiendo de cómo saliera, pues ya tomaría decisiones llegado el momento.

Seguía sin gustarme su comportamiento hacia mí. Continuaba fastidiándome muchísimo su manera de ignorarme y de pasar de mí como si no existiera, después de la intimidad que compartimos. Ya, no me declaró amor eterno ni lo esperaba, sincera y lógicamente.

Era muy consciente de que lo que compartimos fue un calentón que ambos sentimos con intensidad en aquel momento. Punto. Pero qué mínimo que poder comportarnos como personas adultas después.

Yo quería dejarle claro que por mi parte podía estar tranquilo, que no tenía que evitarme ni huir de mí, ya que no iba a perseguirlo de ninguna manera. Lo único que quería era que creáramos una normalidad y que nos adaptáramos ambos bien a ella.

En el fondo, muy enterrado en mi interior, quedaba el malestar y el dolor que me provocaba tomar todas esas decisiones. Daba igual, porque como sabía cuál era la realidad entre Rhys y yo, lo que yo sintiera por él no tenía cabida en nuestras vidas.

—¿Cómo estás tú? ¿Cómo tienes la mano? —me preguntó, rompiendo el silencio que se creó entre nosotros.

—Necesito descansar y entonces lo veré todo mejor.

—Así que no te encuentras bien. —Entrecerró los ojos—. Y estás aquí aguantando.

—Yo… No podía irme sin verte, después de todo lo que ha sucedido —susurré.

Bajé la mirada a mi mano vendada. Cuando me atendieran antes de irme del hospital, le pediría a quien fuera que me cambiara la venda. La tenía muy sucia y rota en las primeras capas que se veían, debido a los filos de las rocas que saqué de la entrada de mi laboratorio y al polvo.

Aunque imaginaba que lo harían sin tener que decir nada, ya que me quitarían la venda para revisarme la mano y la muñeca.

—No solo es la mano, es en general —confesé, encogiéndome de hombros.

—Tienes que cuidarte, Zoe.

—Sí. Claro —sonreí un poco—. Gracias —suspiré—.

Si no te importa me voy ya, porque no sé cuánto tardaré en salir del hospital con lo de la revisión.

Ahora llamaré a Nerea para encontrarnos en una zona de aquí, para ir juntas.

Supongo que Sheena sabrá decirme dónde debemos ir o quizás Nerea ya se ha informado.

—No te preocupes, vete tranquila.

Sonreí agradecida, mientras continuaba escondiendo los saltos que iba dando de sorpresa en sorpresa. No estaba acostumbrada a tanta amabilidad y me salió muy de dentro lo que hice a continuación.

Me levanté despacio, con una mano apoyada en la cama para tener un apoyo. Después, una vez estuve de pie, me incliné ligeramente hacia delante, hacia Rhys. Me salió sin pensar, de manera espontánea.

Vi el reflejo de la sorpresa en sus ojos. Incluso yo me sorprendí, pero ya era tarde para reaccionar de otra manera.

—¿Qué? —me preguntó en tono bajo.

—Iba a dejarlo pasar, pero es que necesito quedarme tranquila antes de irme.

Frunció el ceño.

—¿A qué te refieres? —me preguntó.

—¿Alguna piedra te golpeó la cabeza? ¿No has sentido ninguna molestia con la cabeza apoyada en la almohada? Algo debe haberte pasado, tanta amabilidad hacia mí no es normal. ¿Seguro que no te noqueó una piedra de las más grandes?

Su expresión fue cambiando poco a poco, conforme me escuchaba. Del desconcierto pasó al entendimiento, hasta que llegó a un punto en el que comenzó a contenerse para no reír.

Por lo visto, le hicieron mucha gracia mis dudas, porque al final no aguantó más y soltó una carcajada que me dejó tan asombrada que me quedé con la boca abierta.

Rhys continuó riendo durante unos segundos más, hasta que se tranquilizó y entonces, mantuvo una pequeña sonrisa en sus labios.

—Estoy alucinando, ¿verdad? ¿En algún momento me he caído al suelo desplomada y esto no es real? ¿A que sí? Dios, ¡se me está yendo la cabeza! —Jadeé.

Agrandé los ojos, mientras que Rhys apretaba los labios con gesto divertido.

Estaba dispuesta a continuar con mis desvaríos, a insistir, pero una voz fuera de la habitación me dejó paralizada y me puse recta de pie, como si un muelle me hubiera impulsado hacia atrás. Me prepararé para lo inevitable.