La provocación del escocés Capítulo 49
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Capítulo 49

Rhys

—Así que tienes que portarte como un buen niño para que te lleven a ver a Santi —comentó con diversión Nerea.

—Efectivamente —dijo Drew.

Eran los únicos que estaban conmigo en la habitación, pero hasta hacía unos minutos también estuvieron César, Rita, Brad y Lyn.

Estos últimos se los había llevado mi padre, para ellos el jefe.

Apareció para acompañarlos a que les hicieran la revisión, ya que uno de sus amigos médicos le pidió que llevara a unos cuantos a la zona en la que pasaba consulta.

Lyn insistió en esperar para ir con Zoe y Nerea, en el segundo turno, pero a Brad le faltó tiempo para cogerla en brazos para que volvieran a mirarle el pie. Cuando terminaran, entonces irían Nerea y Zoe, las últimas que quedaban.

El reencuentro con mis compañeros y amigos al principio fue emotivo, con los abrazos y la emoción inicial, mientras me contaban cómo lo habían vivido todo. Después, poco tardaron en pasar a las bromas y a las risas, mientras yo los observaba sonriente.

Debía decir que César me había sorprendido, para bien. Al llegar, no solo me dio un abrazo sentido como los demás, sino que, de ahí en adelante, en todo momento habló y se mostró como si entre nosotros no nos tuviéramos la guerra declarada cada vez que uno u otro abría la boca de más.

Me pregunté si la mala experiencia habría obrado el milagro de la paz, aunque todavía era muy pronto para cantar victoria, ya que estaba todo demasiado reciente.

Yo, por el momento, aunque todavía había cosas que me jodían mucho de César hacia cierta persona, estaba dispuesto a mantenerme tranquilo, a verlas venir.

Mientras Drew, que había encajado perfectamente en el grupo, y Nerea, hablaban de otro tema, mi mente desconectó mientras mantenía la mirada en la puerta.

Sabía por los chicos que Zoe no había entrado con ellos porque Sheena le pidió que la acompañara. No tenía ni idea de qué era tan urgente para Sheena, como para decirle o pedirle algo a Zoe, retrasándola para que entrara en la puñetera habitación.

Estaba inquieto y me jodía mucho la sensación, ya que estaba esforzándome para que ninguna de las enfermeras le dijera a mi padre que me había levantado de la cama. Joder, solo quería ver a Zoe y después a Santi, pero parecía que ambas cosas se resistían a ocurrir.

Estaba sorprendido conmigo mismo porque cualquier otro día, ya haría tiempo que me habría levantado de la cama para buscar yo mismo a Santi, así tuviera que ir habitación por habitación. Nadie iba a impedírmelo y la voz enfadada de mi padre no era un motivo para frenarme.

Me reconocí a mí mismo que por lo único que no me había movido aún de la cama, era porque quería ver entrar a Zoe en la habitación.

Ella era la que me hacía esperar, lo que estaba genial ante los ojos de mi padre.

Él lo vería como que estaba cumpliendo con lo que me había pedido, de manera que ya me iba bien que creyera eso. Jugaba a mi favor.

Solté el aire despacio y cerré los ojos. Zena, la enfermera, entró hacía un rato para darme un calmante, cuando todos estaban en la habitación. Ya había comenzado a notar los efectos y la puñetera medicación debía ser muy fuerte porque estaba luchando para no quedarme dormido.

Los párpados me pesaban demasiado, pero me negaba a cerrarlos del todo hasta que no viera lo que quería ver.

—Eh, tío —me llamó Drew.

Giré despacio la cabeza hacia él.

—Duérmete tranquilo. No voy a moverme —me dijo.

—No quiero que pases la noche aquí.

No sabía qué hora era porque ni siquiera había revisado mi móvil, pero entre unas cosas y otras, fuera del hospital ya había oscurecido.

—Si no me quedo yo, se quedará Brad o…

Se quedó callado a tiempo para no decir delante de Nerea: o mi padre.

¿El motivo? Nadie sabía que Avery, el jefe para todos, era aparte mi padre.

Lo llevábamos como un secreto que me empeñé en mantener, a excepción de las personas que nos conocían bien o de antes.

En España era Olivia; aquí, en Escocia, había algunas más.

—No va a quedarse nadie conmigo —dije con firmeza, para que Drew lo tuviera claro—. Estoy perfectamente, tanto que podría irme ahora mismo y dormir en la casa, pero como estoy obligado a pasar aquí la noche, no voy a permitir que alguien más se quede para acompañarme, cuando no hay necesidad.

—Mira que eres cabezota. —Puso los ojos en blanco Drew.

—Es lo que hay.

—Deberías estar ya acostumbrado —le dijo Nerea, con diversión.

—Efectivamente —sonreí.

Ella rio mientras que él negó con la cabeza, dándose por vencido. Sabía que tenía la batalla perdida conmigo, de modo que no siguió para hacerme cambiar de idea.

—Además, si alguien se empeña en quedarse, pediré sin dudar el alta voluntaria y te aseguro que saldré de aquí muy rápido.

—Vale. —Levantó las manos.

Asentí y me relajé. No pude evitar un bostezo.

—Pero hasta que sea de noche, como mínimo las nueve, no voy a moverme de aquí —me dijo Drew.

Sonreí cerrando los ojos. De esa manera les pregunté.

—¿Qué hora es?

—Pasan unos minutos de las siete y media —contestó Nerea—. El día intenso ya mismo toca a su fin.

—Vosotros también debéis descansar. Todos.

—Lo haremos, tranquilo. Mañana es viernes, así que un poco más de trabajo y llegaremos al fin de semana para tomárnoslo con calma —comentó Drew.

—Si.

Al escuchar varios golpes, los ojos se me abrieron de golpe. Dirigí la mirada hacia la puerta, para encontrar a unos pasos de ella a Zoe.

—Hola —saludó.

—Hola, preciosa —le dijo Drew, con confianza.

Ella le sonrió y caminó hasta que se puso al lado de Nerea. Seguí cada uno de sus movimientos con la vista. Tardó unos segundos en buscar mi mirada, como si temiera hacerlo.

Se notaba a leguas lo cansada que estaba, o más bien agotada. Parecía que en cualquier momento fuera a perder todas las energías que le quedaban, lo que la haría venirse abajo sin fuerzas.

Su ropa, aunque se veía que la había intentado limpiar, tenía unos restos de suciedad por el accidente de moto y la explosión, que no se irían hasta que no le diera un buen lavado. La chaqueta incluida.

También necesitaba una ducha. Tenía el pelo como acartonado por el polvo, a pesar de que daba la sensación de que también había intentado arreglárselo. La cara, aunque se la había lavado, todavía tenía algún rastro de suciedad. El conjunto era una puñetera y encantadora perfección.

—Me alegro de verte despierto, Rhys —se dirigió a mí, por fin.

Preferí esperar para que no se sintiera sobrepasada. La sentía muy al límite.

—Gracias.

—Bueno… —Carraspeó Drew—. Creo que es el momento perfecto para salir a estirar las piernas, que nos dé un poco el aire y comprar algo en la cafetería del hospital. Aunque sea agua. ¿No te parece? —le preguntó a Nerea.

—¿No has dicho hace poco que no ibas a moverte de aquí hasta la noche? —le preguntó Nerea, con diversión.

—Ya, ya… Y pienso llevarlo a cabo, pero ahora que está aquí Zoe, voy a aprovechar para hacer todo lo que acabo de decir. Así repongo energías y me subo algo de comida, también —le dijo él con un guiño—. Vamos, Nerea —le pidió directamente al final, al ver que ella no se movía de la silla.

Nerea soltó una carcajada contenida y se levantó. Se despidió de Zoe y de mí levantando una mano hacia nosotros, diciéndole a Zoe que la esperaría para la revisión. Después siguió a Drew, que ya salía por la puerta. Nerea la cerró tras de sí, dejándonos aislados a Zoe y a mí.

—Siéntate —le pedí.

Mi voz sonó demasiado fuerte, como si fuera una orden más que una invitación a hacerlo.

Zoe no reaccionó como lo hubiera hecho en cualquier otro momento, lo que fue otro signo de que estaba extremadamente agotada.

—Perdona por ser la última —habló.

Arrastró la silla en la que hasta hacía poco había estado Nerea, para acercarla un poco más al lateral de la cama. Giré bien la cabeza hacia ella.

Se quedó muy cerca, tanto que con solo que acercara un poco el brazo, tocaría la cama.

—No era mi intención tardar tanto, pero Sheena me ha pedido que la acompañe a un sitio y…

—¿A cuál? —pregunté con interés.

—A un balcón.

Elevé las cejas.

—Un balcón de esta misma planta. Hemos llegado hasta él por una puerta que prohíbe el paso. Esta da a una pequeña sala vacía y a una salida de emergencia, que forma parte del balcón. Me ha llevado hasta ahí para que me dé el aire.

—Entiendo —dije, observándola fijamente—. Si Sheena lo ha hecho, es porque realmente lo necesitabas.

—Sí —sonrió con timidez—. Yo… —Bajó el tono de voz y desvió la mirada—. Ha sido un día horrible, aunque debo dar gracias a que al final todo ha salido bien —suspiró.

—Demasiadas cosas seguidas, a cada cual más impactante —comenté.

Zoe asintió y buscó mi mirada de nuevo.

—Lo siento tanto, Rhys. Muchísimo. Perdóname —susurró.

—¿Qué tengo que perdonarte exactamente? Porque si te refieres a lo que me ha llevado directo a esta cama de hospital, ya te digo que te quites la culpa. Ahora mismo.