Capítulo 48
Zoe
—Entra tú si quieres con César, Nerea o Rita —le pedí a Lyn, hablando bajo para que solo me escuchara ella.
—¿Por qué? Cuanto más lo retrases, más te costará. Es mejor que te lo quites de encima rápido.
—Estoy muy nerviosa, Lyn.
—No me había dado cuenta —comentó, elevando las cejas.
Yo solté un bufido y me crucé de brazos, con la espalda apoyada en la pared que daba a la habitación de Rhys.
Acabábamos de llegar, por lo que los primeros que habían entrado a ver a Rhys habían sido Drew y después Brad, sus mejores amigos.
Descrucé los brazos en el momento en el que vi a Avery salir de la habitación. Lo hizo seguido por Sheena y por Conor.
—Hola, chicos.
El jefe se dirigió a César, a Nerea, a Rita, a Lyn y a mí.
—Hola —le devolvimos el saludo, sin elevar mucho el volumen de nuestras voces.
—Ya lo sabéis, pero os adelanto que Rhys está estupendamente —dijo.
Todos sonreímos y le agradecimos la información.
—Zoe, ¿me acompañas un momento? —me preguntó Sheena.
Asentí y noté la mirada de todos puesta en nosotras. Sobre todo, la de Avery.
En silencio, seguí a Sheena, quien caminó por el pasillo. Nos alejamos bastante, pero no dije nada. También me mantuve callada cuando empujó una puerta en la que ponía: Prohibido el paso. La miré sorprendida, pero ella continuó como si nada.
Aparecimos en una pequeña sala vacía que daba a un acceso de emergencia. Sheena se dirigió a ella y salió sin problema. Se trataba de un balcón alargado del que subía y bajaba por los laterales una escalera que recorría toda la altura de la pared del hospital.
—He pensado que te vendría bien aire fresco —comentó.
—Gracias. Sí que lo necesitaba.
—No hay de qué. Aquí puedes comenzar a relajarte —sonrió, con la vista hacia delante.
Debajo de nosotras, a unos metros del recinto del hospital, terminaba este y se abría un gran prado verde. No podía pedir mejores vistas que la naturaleza.
—Es difícil que me relaje, ni un poco —suspiré.
—No tienes de qué preocuparte, Zoe. Te lo aseguro.
Me encogí de hombros, sin tener fuerzas para continuar con el tema. Mis energías estaban tan bajo mínimos que me acerqué al poyete de una ventana de la sala y me senté en él, de un salto.
—¿No nos dirán algo por estar aquí? —le pregunté, sin poder contenerme por más tiempo—. Todavía vienen a por nosotras y nos echan del hospital. Como me vaya sin ver a Rhys pensará lo peor de mí. —Negué con la cabeza.
Sheena sonrió de medio lado, al mismo tiempo que se giraba. Caminó hacia mí, para sentarse a mi lado en el poyete.
—Mi hermana es doctora en este hospital. Lleva años y tanto a ella como a mí nos conoce bien una buena parte del personal sanitario. No van a decirme nada por buscar un poco de aire de la calle, como tampoco nos detendrán ni nos sacarán a la fuerza del hospital.
—Está bien saberlo —suspiré.
Sheena rio y me hizo sonreír.
—¿Has visto a tu hermana aquí? —le pregunté.
—Hoy no trabaja y mañana, cuando se incorpore al mediodía, espero estar muy lejos de aquí. Solo puede haber una de la familia a la que le guste estar por placer aquí.
Se encogió de hombros.
—Estoy de acuerdo. —Asentí—. Yo no llevo muy bien los hospitales.
Nos quedamos en silencio durante un rato, disfrutando de la calma que se respiraba. Donde nos encontrábamos no se oía nada.
Me abroché la cremallera de la chaqueta, subiéndomela hasta arriba, ya que, para no cargar con ella, me la puse hacía un rato.
—¿Te han hecho la revisión, incluida la de la mano? —me preguntó.
Tenía la vista fija en la zona verde, igual que yo.
—No. A ninguno. De la habitación de Santi hemos venido a ver a Rhys —le informé.
—No os vayáis sin hacérosla, si no queréis conocer enfadado a Avery.
—Pensaba que eso era lo que pasaba cada vez que estaba muy serio. Lo que se da la mayor parte del tiempo.
Mis palabras provocaron que Sheena soltara una fuerte carcajada.
—Perdona, es que ha sido muy buena esa —dijo cuando se calmó—.
Avery es serio por naturaleza y las únicas ocasiones en las que puedes verlo realmente relajado, son cuando está con gente de su máxima confianza, a los que considera familia, lo sean de sangre o no.
Solo si se siente realmente a gusto deja ver otras facetas de él.
—Tú las conoces —comenté.
—Todas y cada una de ellas —confirmó—. Te aseguro que Conor y yo le hacemos bromas.
Sonreí.
—Me cuesta imaginarlo aceptando una broma y riendo por ella.
—Te entiendo, es muy difícil de descifrar. —Asintió—. Te queda mucho que aprender sobre él, ya lo irás descubriendo —me dijo, con un guiño.
—No creo que llegue a tanto. —Negué sonriendo—. Hay muchas cosas que no sé —susurré.
Sheena no dijo nada. Se mantuvo callada y lo agradecí, porque en la pausa que hicimos me dio tiempo a recomponerme un poco.
—¿Me aceptas un consejo? —me preguntó.
—Claro.
Giró la cabeza hacia mí.
—También tienes mucho que descubrir y aprender sobre Rhys. Con él todo es muchísimo más fácil que con Avery, no hay punto de comparación, pero igualmente tiene su carácter fuerte.
—Créeme, conozco bastante bien su carácter —comenté pensativa.
—Me lo imagino —sonrió de medio lado—, pero no tanto como para pillarle el punto de cuando su seriedad o su enfado significan lo contrario a lo que tú puedas pensar.
Fruncí ligeramente el ceño.
—Tú… ¿Lo conoces muy bien?
—Muy bien —contestó, asintiendo.
—Ya…
—Te confesé mi secreto mejor guardado —me dijo hablando más bajo.
Se refirió a lo que sentía por Avery y asentí.
—Primero lo adiviné yo —comenté y sonrió.
—Así es. Normalmente no dejo que la gente me lea tan fácilmente, pero contigo bajé la guardia.
—Estabas afectada por la discusión con Avery.
—Sí —confirmó, negando con la cabeza—. Como he dicho, sabes mi secreto, así que no debes temer nada por mí.
—¿Temer?
—Sí. En el sentido de que entre Rhys y yo no hay nada más que un cariño enorme y una amistad.
—No tiene por qué preocuparme algo así.
—Pero lo hace y lo entiendo. Con la que sí debes tener cuidado es con Olivia.
Se bajó del poyete de un salto.
—Esa hará lo que sea por estar al lado de él.
Caminó hacia la barandilla del balcón.
—Le he pedido infinidad de veces a Avery que se deshaga de ella porque todo tiene un límite.
Está en la empresa porque Avery le dio su palabra al padre de Olivia.
Y si algo descubrirás de Avery, es que cosa que dice, cosa que lleva a cabo.
Y más si es como un tipo de promesa. El padre de Olivia y Avery fueron muy amigos, hasta que James, que así se llamaba el padre de Olivia, murió. De eso hace casi nueve años.
—Así que es por eso por lo que Avery tolera de ella tantas cosas —comenté pensativa.
—No te creas. Avery lleva abriendo bien los ojos desde hace unos años. Conor y yo hemos trabajado en ello, para que se dé cuenta de cómo es Olivia y de lo que agobia a Rhys.
—Siendo Olivia nuestra jefa en España y Rhys un científico a su cargo…
—Él es más que eso.
Me miró por encima del hombro.
—Pero no me pertenece a mí contártelo —añadió, sonriendo.
—No te entiendo —dije, bajándome del poyete de la ventana.
Sheena me hizo un guiño y se acercó a mí.
—¿Entramos? —me preguntó, dándole un giro a la conversación.
—Sí.
—¿Te sientes un poco mejor?
Asentí.
—Me alegro.
—Gracias.
—No me las des, Zoe. Has tenido un día muy duro.
—Un día de mierda, puedes decirlo tranquilamente —reímos—. Quiero que acabe ya —susurré.
—Pues vamos. Entra a ver a Rhys para quedarte tranquila y vete a casa a descansar. Si no, no podrás moverte al día siguiente y es cuando llegan tus amigos.
—Sí —sonreí.
—Esa es la actitud —me devolvió la sonrisa—. He hablado con Conor sobre eso.
—¿Sobre qué?
—De la llegada de tus amigos. Ambos estamos de acuerdo en que ni Lyn ni tú os mováis para ir al aeropuerto de Glasgow. El trayecto no es muy largo, pero entre tu mano y el pie de Lyn no hacéis una completa.
Negué, conteniéndome para no reír.
—De modo que, si os parece bien, Conor se encargará de recoger a vuestros amigos.
—No hace falta. No quiero molestarlo.
—No es ninguna molestia. Él lo hará encantado y Avery ha estado de acuerdo con la idea.
Solo tienes que avisar a tus amigos para que sepan quién los recogerá en el aeropuerto.
Conor estará esperándolos con un cartel con sus nombres, para que lo identifiquen rápido. Después los llevará a vuestra casa.
—Yo… Muchas gracias.
—Es un placer, te lo aseguro. ¿Sabes los datos del vuelo en el que vendrán?
—Si.
—Pues con eso y diciéndole los nombres de tus amigos, Conor se encargará del resto.
Me abrió la puerta de la zona prohibida, para que pasara primero. Lo hice y Sheena me siguió.
—Vale —sonreí, aceptando.
Era muy de agradecer y, además, cuando Lyn y yo habláramos dentro de un rato con Noa y Carlos y les contáramos cómo había sido nuestro día, ellos mismos nos dirían que se las arreglarían para llegar hasta la casa.
Les parecería una idea genial que fuera Conor a por ellos. Eso, pasados los gritos, los nervios y las sorpresas de lo que les contaríamos antes.
—Perfecto, entonces —dijo Sheena—. Ahora, ha llegado el momento.
Nos paramos a unos pasos de la puerta, lo que provocó que mis pulsaciones se aceleraran.
—Todo va a ir bien —susurró Sheena.
En el pasillo no había nadie y me pregunté quién estaría dentro, haciendo compañía a Rhys. Hice una respiración profunda y miré a Sheena.
—Voy a terminar el día —le dije.
—Efectivamente. Adelante, tú puedes. —Me hizo un guiño y sonreí.
—Yo me encargo de retener a los que quieran entrar. Para que termines más rápido y esas cosillas.
Elevé las cejas.
—Puedes dejar entrar a quien sea, siempre que no se trate de Olivia. No quiero cruzarme más con ella por hoy.
—Tranquila. Tendría que pasar por encima de mí y eso no va a ocurrir nunca, te lo aseguro.