La provocación del escocés Capítulo 46
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Capítulo 46

—Señor… —Me dirigí a Avery.

—¿En qué momento he pasado de Avery a señor? Ya ni jefe.

Noté cómo me ruborizaba.

—Perdón.

—Tranquila, Zoe. Solo quería que te relajaras, pero está claro que no sé hacer bromas.

—Con todos mis respetos, jefe —habló Conor—. Se te dan muy bien muchas cosas, pero el humor no es una de ellas.

Nerea, Brad y Lyn rieron, por las palabras de Conor y por cómo las dijo. Sheena sonrió de medio lado, igual que Drew, mientras que yo solo pude mirar a Conor y a Avery, muy nerviosa.

—Ten amigos para esto —dijo a modo de queja Avery.

Conor rio, dándole varias palmadas en la espalda.

—Necesitas comenzar a relajarte —volvió a hablarme Avery, observándome serio—. Vas a colapsar en cualquier momento si no aflojas la intensidad. Las mayores preocupaciones ya no están, lo más importante va a terminar bien, y todo lo que tengamos que hablar nosotros, lo haremos cuando te recuperes.

»Lo que no sucederá como mínimo hasta el comienzo de la semana que viene, ya que estoy informado de todo lo que os ha sucedido. —Nos miró a Lyn y a mí—. El tiempo dependerá del que tardes en tener bien la mano y en sentirte bien.

—Yo…

—En otro momento —me interrumpió—. Hoy han sido demasiadas emociones, ¿no te parece?

—Sí —susurré—. Gracias.

Asintió.

—Así que mañana llegan desde España unos amigos vuestros —comentó Sheena, cambiando de tema.

—Así es. Se quedarán hasta el domingo por la tarde —informé.

—Tú estarás de fiesta y los demás jodidos. Eso es lo que te importa lo que has provocado.

Di un pequeño respingo y me puse en tensión, al escuchar a Olivia. Busqué su mirada cuando se puso al lado de Sheena.

—Eso está completamente fuera de lugar —la reprendió Avery, más serio de lo normal.

—¿No puedes mantenerte al margen de lo que no te incumbe? —le preguntó Sheena, molesta.

—¿La estáis defendiendo? —les preguntó sorprendida. Después se dirigió de nuevo a mí—. No sé cómo puedes tener la cara tan dura de presentarte aquí, cuando por tu culpa casi muere Rhys. Eres…

—Cuidado —le advirtió Drew, interrumpiéndola.

Nerea, Lyn, y yo nos sorprendimos al escuchar su voz. Brad, que lo conocía bien, no reaccionó de ninguna manera. Drew sonó muy diferente a como nos tenía acostumbrados y cuando continuó hablando, siguió sonando de una manera que te hacía ponerte al instante en tensión y en alerta.

—Piensa bien lo que dices porque ya has soltado suficientes gilipolleces.

Ella agrandó los ojos.

—¿Quién te crees que eres para hablarme así?

—El mejor amigo de Rhys, de toda la vida; por lo tanto, en su ausencia, hablo y actúo en nombre de él —contestó Drew.

Olivia se sorprendió más, tanto que Drew la dejó callada.

—Quédate callada de ahora en adelante y no te metas en mis asuntos —le dijo Avery.

Dejó ver lo molesto que estaba con la situación. Su seriedad aumentó y su cara de, «soy el jefe y te callas» quedó muy clara. Olivia tragó saliva, pero levantó la barbilla, altiva.

Antes de que se sentara en una silla para separarse del grupo, me dirigió una mirada de asco que le devolví con los ojos entrecerrados y apretando la mandíbula.

Estaba en un gran problema. Tal vez aquí en Escocia no, pero en España, cuando regresáramos, Olivia volvería a ser mi jefa más directa y podía hacerme la vida imposible en el trabajo.

Bueno, eso si después de la conversación con Avery yo seguía en la empresa. El hombre se había portado muy bien conmigo. No me había culpado de nada y sus ánimos y apoyo me habían sentado muy bien.

Era justo lo que necesitaba, pero entendía que la conversación seria que teníamos pendiente llegaría cuando, como había dicho él, nos sentáramos a hablar. Fuera como fuera, no quería pensarlo, ni una cosa ni la otra.

—¿Os han dicho algo de Rhys? —Brad les preguntó a Sheena y a Avery.

—Tengo varios amigos en este hospital. Están pendientes del tema y uno de ellos nos ha informado de que no tenemos que preocuparnos por nada. Conor ya os lo habrá dicho —habló Avery.

—Sí —respondimos al unísono.

—Deben estar terminando de atender a Rhys. En cuanto nos digan que podemos verlo, os avisaremos —comentó Sheena.

Olivia soltó un bufido fuerte para no pasar desapercibida, pero igualmente todos la ignoramos.

—Gracias —susurré.

—Id a ver a Santi para estar un rato con vuestros otros amigos. Os sentará bien —nos pidió Sheena—. Nosotros ya hemos estado con Santi, al poco de que lo subieran a la habitación.

—Estupendo —habló Nerea.

—Estaremos pendientes de los teléfonos —comentó Drew.

Él, Brad, Lyn, Nerea y yo nos alejamos de Sheena, Avery y Conor, yendo directos hacia la puerta de la sala. A la otra que se quedaba con ello no quería ni mencionarla.

Todavía estaba lidiando con la rabia e impotencia que me había provocado, a pesar de que, si les quitaba el veneno a sus palabras, estas eran muy ciertas. Y dolía, mucho.

—No pierdas ni un segundo en esa —me pidió Lyn, agarrándome del brazo de la mano buena.

—No la soporto —susurré.

—Normal, lo raro sería que no fuera así. —Bufó—. Esa tía es muy desagradable y solo escupe dagas por la boca, y todo por su obsesión con Rhys.

—No te he preguntado ni te he visto, ¿te has tomado un calmante? —le pregunté, para olvidarnos de lo último que había sucedido.

Si llegué al hospital con las fuerzas bajo mínimos, en este instante ya no sabía cómo las tenía. Agradecí poder apoyarme un poco en Lyn, quien me confirmó que se había tomado el calmante.

Subimos en el ascensor hasta la planta en la que estaba la habitación de Santi.

Nerea nos llevó hasta ella, ya que sabía por Rita cuál era.

Al llegar nos encontramos con la puerta abierta y una vez dentro, con Santi sentado en la cama, Rita en un sillón que había acercado a la cama y con César sentado en el brazo del sillón.

—¡Chicos! —dijo César. Fue el primero en vernos.

Les sonreímos a los tres y los abrazamos, incluido a Santi.

—Hola, guapo —susurré.

Le retiré de la frente un mechón.

—Hola, preciosa —sonrió—. Cambia esa cara y los ánimos, que todo está bien.

—Lo siento mucho. —Tragué saliva.

—Zoe, no te culpamos por lo sucedido y que no me entere yo, porque dejo sin dientes a quien sea.

Reí y me incliné hacia él, para darle otro abrazo.

—Gracias —murmuré.

—Todo está bien, preciosa.

Me hizo un guiño cuando me separé.

—Además, gracias a ti voy a tener unos días de descanso. Avery y Sheena han estado aquí mientras Conor iba a por vosotros, y el jefe ya me ha dejado claro que cuando salga del hospital, me quedaré en la casa descansando por unos días más.

—Mañana saldrás de aquí, ¿no? —le preguntó Brad.

—Si llego hasta mañana como estoy ahora, sí —contestó Santi.

—No va a complicarse nada, ya lo verás —lo animó Lyn.

—Si hace falta, nos quedamos toda la noche pendiente de ti, tratándote como un rey —le dijo Nerea.

Todos sonreímos.

—Cuidado, preciosa, que puedo tomármelo muy en serio y alargarlo a más noches —habló Santi.

—¿No tienes bastante con César, en la casa? —le preguntó Nerea.

—Eh, eh… a mí no me metáis. —Levantó las manos César—. Conmigo no contéis para los mimos y los cuidados —dijo con diversión.

Todos reímos.

—Gracias, amigo —habló con ironía Santi.

—De nada, hombre. Si te hago un gran favor. —Le hizo un guiño.

Ambos se sonrieron con complicidad.

—¿Cómo estáis todos? —nos preguntó a Santi—. Rita y César ya me han dicho que de la explosión no tenéis nada.

—Al menos que sepamos —comentó Lyn—. Conor nos ha dicho que en algún momento nos harán una revisión.

—Sí —confirmó César—. A Rita y a mí ya nos la han hecho.

—¿Y qué tal? —se interesó Drew.

—Todo bien. Aún sentimos un pequeño zumbido constante, pero es mínimo y el médico que nos ha atendido nos ha asegurado que desaparecerá solo —contó Rita.

—Sí. El puñetero zumbido —comentó Nerea—. Nosotros estamos igual.

—Siéntate y descansa el pie —le pidió Brad a Lyn.

Le acercó una silla por la espalda y ella se lo agradeció con una gran sonrisa. Todos sonreímos al verlos, Nerea y Santi mirándose entre ellos. Mi sonrisa se amplió.

—¿Cómo tienes la mano? —me preguntó César.

Desvié la atención hacia él.

—Necesita descanso —moví la mano vendada—, pero lo soporto bien.

—Porque no te queda otra —comentó Drew.

—También —le sonreí.

—Necesitáis descansar urgentemente —dijo Santi.

—Lo haremos —habló Lyn—. Y tú también, para irte pronto de aquí.

—Yo estoy en ello —le sonrió Santi—. No me dejan moverme de la cama.

—Oh, sí —dijo con una risilla Rita—. Hay una enfermera que casi lo ata a la cama.

—Quería levantarme para ir al baño —contó Santi.

—Lo que has terminado haciendo gracias a mí, amigo. Para que después digas —sonrió César.

—Chicos.

Todos miramos a Brad.

—Es Sheena. —Levantó su móvil—. Acaba de enviarme un mensaje. Ella, Avery y Conor verán en unos minutos a Rhys. Nosotros podremos ir dentro de un rato.

Tragué saliva y compartí la alegría con mis compañeros y amigos, pero no tanto como me hubiera gustado. Los nervios me afectaron al estómago.

—Dadle un abrazo de mi parte y decidle que en cuanto me dejen moverme iré a verlo —nos pidió Santi.