La provocación del escocés Capítulo 45
55%

Capítulo 45

—Has estado muy callada durante el trayecto —me dijo Conor.

Giré la cabeza hacia él, mientras bajaba de la furgoneta. Fui la última en salir, por lo que él cerró la puerta y bloqueó la furgoneta.

Mis amigos se habían separado unos pasos de nosotros, al caminar por la acera en cuanto se bajaron. Acabábamos de llegar al hospital, con muchas ganas de ver a Santi y, sobre todo, a Rhys, dado cómo había ido todo. Para empezar, veríamos a Santi, ya que de Rhys todavía no sabíamos nada.

—¿Te encuentras bien? —me preguntó.

—Está siendo un día muy agotador —contesté.

Comenzamos a andar yendo detrás de los demás.

—Ha sido una cosa detrás de otra, a cada cual más intensa. Sinceramente, ahora mismo me tumbaría en mi cama y no me levantaría en semanas.

—¿Te duele algo más, aparte de la mano?

—Me duelen hasta las pestañas, Conor —reí sin muchas ganas—.

Por toda la tensión y los nervios que he pasado hasta saber que Rhys está bien, dentro de lo que cabe y con lo aparatoso que ha sido.

Eso se ha sumado a lo que pasé por lo del coche y después a la caída aparatosa de la moto.

Hace tiempo que me siento al límite; si estoy de pie y activa es por las ganas que tengo de ver por fin a Santi y a Rhys.

—Sobre lo del coche… Me han comentado cómo fue.

—No quiero hablar de eso. Prefiero… No, quiero olvidarme de todo lo malo de hoy. Pensar que Rhys…

Me quedé callada, sin poder pronunciar las palabras.

—Él está bien —me dijo.

—Ya… Y doy gracias por eso, no te imaginas cuánto, pero la verdad es que todo apuntaba a que el desenlace no se parecería al que ha sido —susurré—. He pasado mucho miedo.

—Me hago una buena idea de cómo has debido estar —dijo serio.

—Conor…

—¿Sí?

—Avery…

—Está deseando veros a todos —me interrumpió.

Busqué en su expresión una pequeña mueca o cualquier gesto que me diera una pista de lo que me esperaba cuando estuviera delante del jefe, si todavía podía considerarlo como tal, pero Conor no varió su expresión en ningún momento. Solté un suspiro.

—No creo que yo esté incluida en eso que dices —comenté pensativa—.

El caos salió de mi laboratorio, dañando a Santi y temiendo lo peor por Rhys.

Y encima he destrozado una parte de su empresa, con todo lo que conlleva.

—Bajé el tono de voz—. Entenderé que me envíe de vuelta a España y a mi piso. Despedida.

—Avery no hará nada de lo que dices —comentó con seguridad.

—Te agradezco los ánimos, pero la realidad es la que es. He cometido una gran imprudencia que podría haber sido fatal, Conor, y el pago por ello será muy alto. Me lo merezco.

—Si aceptas un gran consejo… No te precipites con nada y deja que las cosas se den de manera natural.

Eres una gran profesional, Zoe. No me mires así.

—Arqueó una ceja hacia mí y apreté los labios—.

No puedo valorarlo yo porque estoy a años luz de lo que haces como científica.

Vamos, que no sé una mierda de tu profesión.

Sonreí.

—Pero he escuchado a Sheena hablar de ti: de tu trabajo y del nivel que tienes como profesional.

Por eso estoy convencido de lo que digo y no vas a conseguir que cambie de opinión.

No sé qué pasó para que tu laboratorio saltara por los aires, pero estoy seguro de que tú no tuviste la culpa de que sucediera.

Tragué saliva, agarrándome con fuerza a la correa del bolso.

—Gracias por el apoyo y la confianza.

—Zoe.

Al decir mi nombre, me hizo parar con él. Busqué su mirada y me sonrió con cariño, al ver mis ojos más brillantes de lo normal. Entonces hablé yo.

—No me hubiera perdonado nunca que a Rhys le hubiera pasado algo, Conor.

No lo habría superado nunca. —Negué con la cabeza—.

El inspector y tú nos habéis contado lo mismo, que él está bien dentro de los daños normales por los golpes de la explosión, pero hasta que no lo vea por mí misma, con sus ojos abiertos y mirándome como si le molestara mi presencia, no me quedaré tranquila.

Hice una respiración profunda, mientras él hacía un esfuerzo para no reír por lo último que dije.

Desvié la vista hacia la entrada del hospital, donde vi esperándonos a los demás.

—No consigo hacer desaparecer las imágenes que tengo en la cabeza, desde que supe que Rhys estaba en mi laboratorio en el momento de la explosión.

Bajé la mirada a la acera.

—Hasta quiero que se enfade conmigo, con tal de que él esté bien. Porque si eso ocurre, todo estará como siempre.

Me retiré de la cara unas lágrimas que se escaparon de mis ojos y cogí una bocanada de aire, antes de levantar la cabeza.

—Gracias por escucharme.

—Es un placer, Zoe. Quiero ayudarte.

Dio un paso hacia mí, acortando la distancia entre nosotros. Subió una mano hasta mi hombro y la dejó ahí.

—Todo lo que dices es normal, por el impacto emocional que te has llevado.

Ahora que Santi y Rhys están recuperándose, que ya no hay nada que temer, sobre todo por Rhys, solo tienes que pensar en recuperarte tú de todo: de cabeza y cuerpo.

Lograrás deshacerte de la culpa poco a poco. No seas dura contigo.

—Estoy muy cansada. Agotada —susurré.

—Lo que también es normal. Has tenido un accidente de moto, Zoe, y después ha sucedido lo de la explosión. No has descansado y estoy seguro de que la mano que tienes vendada debe dolerte mucho.

Asentí.

—Estás en el mejor sitio para eso —sonrió, refiriéndose al hospital.

—No estoy tan mal como para…

—No puedes saberlo —me interrumpió.

Me pidió con una mano que volviera a caminar y lo hice con él al lado.

—Es mejor que te revisen la mano, después de todo lo que habrás hecho con ella hoy.

Lo mismo digo del pie de Lyn. Además, estoy seguro de que Avery hará que os revisen a todos, por los posibles efectos que haya tenido la explosión en vosotros.

A César y a Rita sé que les han revisado los oídos, tal vez algo más.

—Vale —acepté.

El resto del camino lo hicimos en silencio y cuando llegamos junto a los demás, entramos en el hospital mientras Conor comentaba a todos los de la revisión.

Seguimos a Conor, quien se dirigió directamente a la sala de espera. Primero íbamos a ver a Avery y a Sheena, para saber si tenían alguna información nueva, y después subiríamos a la planta en la que estaba la habitación de Santi, donde también se encontraban César y Rita.

—No estés nerviosa —me pidió Lyn, susurrando.

La miré agradecida, pero continué con los nervios y el malestar que sentía.

Mi amiga me agarró de la mano buena y me sonrió. Después asintió, dejándome claro que estaría conmigo, sin importar cómo saliera todo. Cogí una bocanada de aire y cuando entré en la sala de espera lo hice con decisión, a pesar de cómo estaba por dentro.

Drew se quedó a mi otro lado y Brad y Nerea caminaron a nuestras espaldas. Todos me dieron su apoyo silencioso.

En cuanto localicé a Sheena y a Avery en la sala, no pude apartar la mirada de ellos.

Ambos estaban sentados en una fila de sillas, ocupando las de la esquina.

Avery estaba inclinado hacia delante, con los brazos apoyados en las piernas, mientras se sujetaba la cabeza con las manos.

Sheena le acariciaba la espalda, consolándolo, siendo su apoyo como siempre.

Fue ella la que nos vio primero y avisó a Avery, antes de levantarse. Dio varios pasos hacia nosotros.

—Chicos, cómo me alegra veros —nos habló emocionada.

Abrazó a Nerea y pasó por el abrazo de todos, hasta que llegó al mío.

—Zoe… Todo está bien —me susurró apretándome a ella.

Cerré los ojos aferrándome a su abrazo, escondiendo la cara en la curva de su cuello.

—Voy a ensuciarte —murmure.

—No me importa —me dijo con una pequeña sonrisa, cuando nos separamos—. ¿Cómo estás?

Bajó la mirada a mi mano vendada. Ya esperaba la pregunta, ya que a Lyn también se la había hecho por el daño que tenía en el pie. Mi amiga se había sentado para descansar.

—Bien —contesté.

—No le hagas caso —intervino Conor—. Tiene mucho dolor.

Hice una mueca, al ver la expresión de preocupación de Sheena.

—No es nada que no pueda esperar y que no se cure con reposo. En unos días estaré como nueva.

—Para eso es obligatorio que hagas el reposo. Las dos —comentó Brad.

—En cuanto lleguemos a casa hoy comenzaremos —dijo Lyn.

—Lo dudo. Mañana llegan vuestros amigos —continuó él, cruzándose de brazos.

—No pasa nada por eso.

Frunció el ceño ella.

—Pasa que vas a estar limitada de movimiento y querrás estar con ellos. Como es lógico, no se quedarán en una casa al viajar a Escocia, querrán ver cosas, aunque se limiten a Stirling —habló Nerea.

—Efectivamente. A eso me refiero —dijo Brad.

—Tranquilos, cuando Carlos y Noa sepan lo que ha pasado y cómo estamos, os aseguro que serán ellos los que nos aten a la cama, si es necesario —comenté.

Lyn me miró sonriendo y asintió, dándome la razón.

—Entonces no hay nada por lo que preocuparse.

La voz del jefe, Avery, seria y profunda, me hizo estremecer. Me giré despacio hacia él.