La provocación del escocés Capítulo 44
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Capítulo 44

—Santi no corre ningún peligro. Quitando los daños por los golpes que recibió, de lo demás está bien —nos dijo Nerea.

Acababa de colgar la llamada que le había hecho Rita.

—Menos mal —habló emocionada Lyn.

—Sí —sonreí.

—César y Rita han podido verlo, los han dejado entrar un momento a la sala en la que lo tienen.

No tardarán en subirlo a planta y entonces podrán estar con él.

En principio, Santi se quedará en el hospital hasta mañana y, si todo va bien, podrá irse.

Dependerá de cómo pase las siguientes horas, ya que lo retienen por los golpes de la cabeza —continuó contando Nerea.

Mis amigos comenzaron a hablar sobre ir al hospital en algún momento del día, juntos o por turnos, dependiendo de cómo se dieran las cosas aquí, en la empresa.

Unos movimientos en la entrada de esta me hicieron dirigir la atención hacia allí.

Llevábamos horas esperando a saber algo de Rhys, por mínimo que fuera, pero cada vez que habíamos preguntado a los bomberos y a los policías, todas esas veces con lo único que nos habíamos encontrado fueron negativas porque no podían decirnos nada.

Solo los veíamos entrar y salir, como también llegar con maquinaria con la que accedían por una parte de la empresa que quedaba fuera de nuestro alcance visual.

También habíamos preguntado a los compañeros y directivos que continuaban en la zona, pero ellos estaban igual que nosotros, por lo que no nos habían podido ayudar.

Era tan desesperante y asfixiante… Conforme pasaban las horas, me encontraba peor y ya no tenía fuerzas para fingir ni para mantenerme fuerte. Necesitaba saber algo de Rhys, algo que me diera esperanzas de que…

—¿Qué es ese alboroto? —pregunté, levantándome de repente del banco.

No aparté la vista de la entrada de la empresa, cuando comencé a caminar con decisión hacia ella. Ahí se habían reunido todos los bomberos que había en la calle y los policías se acercaban a ellos.

—Joder —escuché a mi espalda a Brad.

—¿Creéis que…?

Nerea no terminó de hacer la pregunta. Se quedó callada porque algo pasó. Algunos bomberos entraron corriendo al castillo y otros se agruparon aún más alrededor de algo.

—Rhys… —lo llamó Brad, pero no con el propósito de que lo escuchara.

Cuando me di cuenta, yo estaba corriendo para llegar cuanto antes. Necesitaba saber qué estaba pasando, por lo que me olvidé de lo débil y dolorida que me sentía.

Mis amigos corrieron detrás de mí.

—No pueden pasar —me cortó el paso un agente de policía.

—Por favor… —Le pedí, pero negó con la cabeza, aunque con gesto comprensivo.

—Lo lamento. Son las órdenes.

Tragué saliva.

—Somos sus amigos —habló Drew.

—Lo entiendo, pero ahora…

—¡Son las deportivas de Rhys! —exclamó Lyn, con un jadeo.

Todos dirigimos la mirada hacia donde ella señalaba y agrandamos los ojos.

Lo único que se veía de su cuerpo eran las deportivas que llevaba puestas.

Los bomberos y varios médicos, que no sabía de dónde habían salido porque era la primera vez que los veía, tapaban la camilla en la que iba tumbado Rhys.

—¡Rhys! —lo llamó Brad, con desesperación.

—Está bien. Yo me encargo —dijo otro hombre, dirigiéndose al policía que nos había frenado el paso.

Este asintió antes de irse y, aunque el nuevo hombre se quedó delante de nosotros, ninguno le prestó atención. No llevaba el uniforme de policía como el que se había ido, por lo que no supimos quién era.

Cuando movieron la camilla y la alejaron de nosotros, me fallaron las piernas. No me caí gracias a Drew, porque estaba a mi espalda y me rodeó la cintura con un brazo, para sujetarme.

—Zoe…

—Estoy bien —dije de manera entrecortada.

Me retiré las lágrimas de la cara, con rabia.

—¿Por qué no nos dejan verlo? —alcé la voz, encarándome al hombre que se mantenía quieto delante de nosotros—. ¿Por qué tú ni el agente nos habéis dejado…? ¿Cómo está Rhys? ¿Cómo de grave es? —Jadeé.

—Por favor, tranquilizaos —nos pidió, pero solo me miró a mí.

—¡Llevamos horas esperando para que nos den una mísera información! —habló cabreado Brad—. ¡Es nuestro amigo! —Señaló hacia la camilla que continuaban protegiendo los médicos y algunos bomberos—. ¡Esto es una puta mierda, joder! ¡Queremos saber cómo está!

—Brad… —lo llamó Lyn, más preocupada por él.

Él soltó un grito de frustración y se pasó las manos por el pelo, apartándose un poco de nosotros. Lyn no se separó de él.

—Os he pedido que os tranquilicéis, pero no me habéis dado tiempo a informaros —se dirigió a nosotros por primera vez el hombre—. Mi nombre es Cameron y soy el inspector de policía que está al cargo de lo que ha sucedido aquí.

Pasó la mirada de uno a otro, para asegurarse de que todos le prestábamos atención. Brad y Lyn se habían acercado de nuevo y Cameron asintió hacia ellos.

—Primero de todo y lo más importante, vuestro amigo Rhys se recuperará.

Drew todavía no me había soltado. Mantenía su brazo alrededor de mi cintura, por lo que coloqué las manos sobre el brazo y se lo apreté, al sentir un ligero mareo al escuchar a Cameron.

—Cuando los equipos de rescate llevaban un tiempo trabajando, pararon de golpe al dar el aviso de que se escuchaban unos sonidos.

Gracias a eso pudieron ir directos a la zona en la que creyeron oírlos.

Una vez terminaron de hacer un acceso en la entrada, lo que les llevó mucho tiempo dada la cantidad de piedras caídas, accedieron al interior del laboratorio.

Mis amigos y yo nos agarramos para sentir todos el contacto.

—El interior del laboratorio, a pesar de lo que parecía desde fuera, estaba bastante entero. Había destrozo, por supuesto, bastante, pero no se había hundido, dejándolo todo enterrado. A Rhys lo encontraron atrapado entre varios bloques grandes de piedra.

Cerré los ojos con fuerza.

—Puede dar gracias porque, por la posición en la que cayeron y se quedaron, los bloques de piedra hacían como una cueva alrededor de vuestro amigo. Se quedó protegido dentro; si no hubiera sido así, ahora estaríamos hablando de manera muy diferente.

—Joder… —murmuró Nerea.

—Rhys está estable, aunque cuando consiguieron llegar a él había perdido el conocimiento.

Los médicos lo han examinado rápido y lo mejor posible antes de moverlo para desplazarlo.

Han asegurado que el chico solo se ha desmayado debido al estrés, aunque también al dolor por los golpes.

Así que podéis estar tranquilos. Si todo va como pienso, no pasará mucho tiempo para que veáis a vuestro amigo.

Me quedé en shock por el impacto de la noticia. Mientras mis amigos lo celebraban, reían y lloraban, diciendo que era un milagro, yo solo pude llorar inmóvil en el sitio, sin apartar la mirada del inspector.

—¡Zoe! —exclamó Lyn, emocionada y feliz.

Me abrazó con fuerza y me aferré a ella, llorando con más intensidad.

—Cariño, ya está —me susurró—. Todo ha terminado bien. Rhys está bien, lo ha conseguido.

—Sí —dije entre risas y lágrimas.

Los demás se acercaron a nosotras para dejarnos atrapadas en un abrazo grupal y de esa manera pasamos unos largos segundos.

—Voy a llamar a César para que lo sepan —dijo Brad.

Se separó unos pasos de nosotros para hablar con él por teléfono. Ojalá que, con lo que había pasado, una vez que pudiéramos ver a Rhys, César continuara mostrándose como llevaba haciendo desde la explosión.

A pesar de sus enfrentamientos, César había estado muy preocupado por Rhys. Ojalá que entre ellos se dejaran de enfrentamientos, de una vez por todas.

Me llevé la mano al pecho, para presionármelo. Me notaba demasiado alterada; llevaba mucho acumulado en el día.

—¿Estás bien? —me preguntó Drew.

—Sí —afirmé en un susurro—. Es solo que…

—Ya. Tranquila —me sonrió con cariño.

Acepté su abrazo, en el que me refugié.

—Te dije que saldría de esta. —Me habló con la barbilla apoyada en la cabeza—. Ha dejado claro, una vez más, lo cabezota que es. Seguro que no ha parado hasta que ha visto a alguno de los rescatistas.

Sonreí.

—Menos mal —murmuré.

Drew se quedó callado, pero no hacía falta que me dijera que pensaba como yo.

—Hazme un favor, Zoe.

—¿Cuál? —pregunté cuando nos separamos para mirarnos a la cara.

—Habla con Rhys y si él no quiere, insiste.

Fruncí el ceño y después tragué saliva, bajando la mirada al suelo.

—Hace unas horas fui yo la que no quiso hablar con él —suspiré—. Si lo hubiera hecho, Rhys no habría ido a mi laboratorio y no nos habría dado un susto que nos ha dejado a todos fatal.

Busqué su mirada.

—Él quiso hablar conmigo, pero yo estaba enfadada, muy molesta y también cansada de que nada hubiera cambiado.

—Seguro que se lo merecía —dijo sonriendo de medio lado.

—Un poco, o tal vez mucho —confesé.

Soltó una carcajada.

—Ahora tienes la oportunidad de echárselo en cara. —Me hizo un guiño.

—Vamos al hospital —comentó Brad, guardándose el móvil—.

César y Rita ya saben lo de Rhys, se han puesto muy contentos, como nosotros.

Los he pillado subiendo a la planta a la que han llevado a Santi.

Ya tiene habitación, así que cuando lleguemos y mientras esperamos a saber de Rhys, podremos estar todos juntos con Santi.

—Genial —dijo animada Lyn.

—Creo que en cuanto abrace a Santi y le diga lo feliz que estoy porque está bien, lo echaré de la cama. Estoy molida, me duelen hasta las pestañas de tanta tensión, nervios y miedo. Joder. —Bufó—. Qué mierda de día.

Negó con la cabeza, mientras los demás le sonreímos porque estábamos igual, aunque Lyn y yo un poco peor, dado lo que nos pasó al poco de comenzar el día, viniendo a la empresa en la moto.

—Chicos —nos llamó la atención Cameron, el inspector.

Cuando nos giramos hacia él, volvió a hablar.

—Entiendo que queréis estar cerca de vuestro amigo y aún más, verlo, pero en algún momento necesitaré hablar con vosotros. En grupo e individualmente.

Solté un suspiro y después asentí, ya que mantuvo más tiempo la mirada en mí.

—Para eso tendrás que esperar, y no poco —dijo Conor.

Apareció por la espalda de Cameron, el que medio giró hacia él. Sonrió de medio lado hacia Conor, dejando claro que lo conocía. ¿Cuánto? Ni idea, pero no eran desconocidos.

Conor se paró al lado de Cameron y pasó la vista por cada uno de nosotros, asegurándose de que estábamos bien. Se entretuvo más en Lyn y en mí, lo que me dio a entender que Conor también sabía lo que nos sucedió con el coche que nos echó de la carretera y cómo terminamos.

—Ahora lo más importante es que vayan al hospital, se reencuentren con sus amigos, incluido Rhys, y después, una vez pase todo, Lyn y Zoe tienen la obligación de descansar durante unos días, como harán Santi y Rhys.

Las dos han tenido un accidente de moto a primera hora del día y no deberían ni estar aquí de pie.

Conor arqueó una ceja al terminar de hablar, dirigiendo los ojos al pie de Lyn, el que no podía apoyar bien a estas alturas, por lo que lo había forzado. Después miró mi mano vendada.

Mi amiga y yo le sonreímos inocentemente.

—Además, todo lo que acabo de decir son órdenes directas de Avery.

Cameron asintió. No necesitó aclaración para saber quién era Avery. Me pregunté dónde estarían él y Sheena. ¿De camino al hospital? ¿Se habían enterado ya de la buenísima noticia sobre Rhys?

Conor pareció leerme el pensamiento porque me aclaró las dudas.

—Vengo del hospital de dejar a Avery y a Sheena.

Hará una hora que nos fuimos de aquí porque Avery tenía que hacer unas gestiones urgentes sobre el rescate y la empresa.

Sheena no quiso dejarlo solo en ningún momento, ya que aquí no podían hacer nada más que esperar a que les dieran alguna información.

Hizo una pequeña pausa, antes de continuar.

—Cuando veníamos hacia aquí han llamado a Avery para avisarlo de que acaban de encontrar a Rhys y de que estaba estable, dentro de los daños que tenía. Por eso hemos ido directamente al hospital. Yo he vuelto a por vosotros. Nos vamos en la furgoneta.