La provocación del escocés Capítulo 43
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Capítulo 43

—Toma.

Levanté la cabeza hacia el vaso desechable que Drew me puso delante de la cara.

—Es un café con leche —añadió.

—Gracias —susurré, cogiendo el vaso.

Se sentó a mi lado en el banco y se llevó su vaso a los labios.

Hacía un rato que yo estaba sola. Le pedí a Lyn que me diera un poco de espacio y no tuve que repetírselo. Mi amiga me dio un beso en la mejilla y se fue con Nerea, Brad y Drew. Por lo visto, para el último ya había pasado suficiente tiempo sola.

El banco en el que estábamos sentados se encontraba sobre una media luna de hierba, en la que había otro banco y varios árboles pequeños. Quedaba hacia un lateral de la empresa y desde donde nos encontrábamos se veía perfectamente la entrada.

Habían desalojado el interior del castillo. Aunque muchos trabajadores se habían ido a sus casas, por petición de sus superiores, todavía quedaban algunos por los alrededores: por la calle, el restaurante y el bar.

La carretera estaba bloqueada por varios camiones de bomberos y coches de policía, los que salían y entraban de la empresa constantemente.

Los equipos de rescate estaban trabajando al máximo.

Incluso habían traído dos máquinas para sacar las piedras, pero eso no podrían hacerlo hasta que no aseguraran y apuntalaran bien la zona afectada.

—¿Por qué estás aquí sola? —me preguntó Drew, con la vista fija en el castillo.

Giré la cabeza hacia él. Drew también lo estaba pasando muy mal, ya que Rhys y él eran amigos desde pequeños. Pero, a pesar de todo el malestar y la tristeza que debía sentir, se veía muy entero por fuera.

Cuando llegó, Brad y él se abrazaron y Drew consoló a su amigo, mientras Brad le contaba, de manera acelerada y descoordinada a veces, lo que había sucedido.

Drew había supuesto la calma para el grupo, algo que era muy de agradecer.

—Lo necesitaba. Me faltaba el aire —contesté.

—Pues lo siento, pero no voy a irme.

Me miró unos segundos y después volvió la vista a la empresa.

—Rhys no me lo perdonaría nunca y no tengo ganas de que lo primero que haga cuando nos veamos sea enfadarse. Paso de llevarme una bronca de él —sonrió de medio lado.

Tragué saliva con dificultad y bajé la mirada a mi café. Deseaba con desesperación aferrarme a la manera positiva que tenía Drew de hablar de Rhys, como si fuera a volver a verlo. Pero al mismo tiempo, me dolía de una forma desgarradora, porque la realidad podía ser muy diferente.

Me llevé el vaso a los labios, agarrándolo con fuerza con ambas manos, por el temblor que tenía. Di el primer sorbo.

Me había negado varias veces a beber o comer algo, cada vez que mis amigos me pidieron que lo hiciera. En cambio, Drew solo había tenido que traerme el café con leche y dármelo. Así de fácil lo había conseguido.

—Cuando el tío quiere, saca una mala leche… —comentó sin perder la sonrisa, refiriéndose a Rhys—. ¿A que sí?

—Qué me vas a decir a mí… —suspiré.

Drew soltó una carcajada y sonreí un poco. Fue un gran logro.

—Va a salir de esta, Zoe. No tengo duda. Sé que lo conseguirá, sin importar cómo sea.

—Ojalá —susurré.

—Ya lo verás. —Asintió, poniéndose serio.

Nos quedamos en silencio, cada uno bebiendo de su café.

—¿Has llamado a tu familia? —me preguntó.

—No. —Dirigí la mirada a la entrada de la empresa—. No puedo hablar con ellos todavía, como tampoco con mis amigos de España. —Tragué saliva—. Lo único que conseguiría sería ponerlos muy nerviosos porque, en cuanto los escuchara, me echaría a llorar. No podré parar.

—Entonces, sí. Es mejor que esperes hasta que te veas con fuerzas —comentó.

—Lyn ha decidido lo mismo. No hay necesidad de preocuparlos —añadí y asintió—. ¿Por qué has dicho que Rhys no te perdonaría si me dejas sola?

Hice la pregunta por la curiosidad que me provocó al escucharla. Necesitaba saber algo más de Rhys, con desesperación, y Drew era su amigo de toda la vida.

—Bueno… —Carraspeó, mirándome de reojo—. ¿Estamos de acuerdo en que es muy cabezota?

No comprendí qué tenía que ver eso con lo que yo le había preguntado, pero asentí de todos modos porque creía de verdad que Rhys era cabezota. Aparte de muchas otras cosas que no quería recordar en este instante.

Drew rio por mi confirmación.

—Pues ahí lo tienes. Le cuesta mucho entrar en razón —me dijo con un guiño.

Separé los labios preparada para preguntarle qué era lo que tenía yo, porque seguía igual, sin respuesta a mi duda, pero cerré la boca cuando Lyn, Brad y Nerea se acercaron a nosotros.

—Hola —nos dijeron al unísono.

Drew y yo los imitamos.

—¿Os han dicho algo? —les pregunté.

—Nada. —Fue Lyn la que contestó.

—¿César o Rita han escrito o llamado?

—Yo he hablado con Rita. Me ha llamado cuando han llegado al hospital —contó Nerea—. Me ha dicho que volvería a llamarme cuando les dijeran algo, pero que por ahora no podían hacer otra cosa que esperar. Sabe que aquí la situación es complicada y no quiere molestar si no es necesario.

Asentí.

—Santi va a ponerse bien —me dijo Lyn, con un tono cariñoso de voz.

Le sonreí agradecida, pero sintiendo mucha angustia por mi compañero y amigo. A pesar de que Santi no perdió en ningún momento el conocimiento, el dolor que reflejaba su expresión era lo suficientemente preocupante para sentir nervios por él.

—Siéntate —le pidió Brad a Lyn—. Llevas demasiado tiempo de pie y te duele.

Se refirió al pie que tenía vendado ella.

—No es nada que una pastilla no solucione, junto al descanso cuando pueda hacerlo —comentó Lyn.

—Ven aquí —le pedí—. Haz caso a Brad, ahora puedes tener un poco de ese descanso.

Mi amiga soltó un suspiro, antes de caminar cojeando hacia el banco. Brad la acompañó a su espalda y cuando Lyn se sentó a mi lado, Brad lo hizo seguido de ella. Nerea se sentó en el suelo, en la hierba frente a nosotros.

Por un impulso, porque sería lo normal en cualquier otra ocasión, estuve a punto de decirle que iba a mancharse los pantalones.

Me contuve porque, menos Drew, todos los demás estábamos sucios.

No solo nuestra ropa, sino también las partes del cuerpo que llevábamos al descubierto en el momento de la explosión, así como también nuestros cabellos.

Estábamos para una buena ducha, pero esta íbamos a tardar bastante en dárnosla. Por el momento, teníamos las manos y la cara limpias, ya que hacía rato que el dueño del bar se acercó a nosotros para decirnos que entráramos en el baño de su negocio si lo necesitábamos.

Todos en la zona sabían lo que había sucedido, ya que la explosión había sacudido bien al castillo y después llegó todo el caos de la salida de las personas que había dentro.

No podía estar segura, pero parecía que no había habido más daños en la estructura, aparte de la zona de nuestros laboratorios. Por suerte, había muchos más laboratorios.

—Espero no haberme cargado la empresa, porque si no Avery no va a querer verme más —dije hablando bajo.

Quise hacer una broma, pero me salió fatal. Igual que estaban mis ánimos y mis emociones.

—Nadie va a culparte —me dijo Brad.

Giré la cabeza hacia él.

—Yo tampoco te culpo —añadió.

Supo interpretarme. Lyn me agarró del brazo y me dio un ligero apretón por encima de la chaqueta.

Se me formó un nudo en la garganta que me impidió hablar. Brad me sonrió con cariño cuando me vio tan afectada.

—Ha sido un accidente, Zoe —volvió a hablarme.

—Exacto —dijo Drew, apoyando a su amigo.

—Hemos estado con Sheena —intervino Nerea, dando un giro a la conversación para aliviar la tensión.

—¿Qué os ha dicho? ¿Está bien? —pregunté—. No estaba en su despacho cuando hemos llegado y no sé sí…

—Está bien, como todos los demás de la empresa. Sheena se encontraba en una zona alejada de nuestros laboratorios —me informó Nerea.

—Vale —suspiré.

—Lógicamente, sabía lo que le había sucedido a Rhys. Estaba muy afectada por ello. Nos ha preguntado por todos los que faltaban de nuestro grupo y le hemos contado dónde estabais los demás. Ha querido acercarse a ti, pero le hemos dicho que necesitabas estar sola un rato —contó Lyn.

—Vale —susurré.

—En algún momento hablará contigo —comentó Brad.

—Ya… como otras personas. Tendrán muchas preguntas que hacerme.

Bajé la mirada al café, antes de levantar el vaso para beber un sorbo. Me estaba sentando bien, a pesar de lo revuelto que tenía el estómago.

—No te agobies. Ahora no es momento de pensar en eso —me pidió Drew.

—Gracias —me dirigí a todos.

—Somos un equipo —comentó Lyn, abrazándome.

Los demás afirmaron que lo éramos. Incluso Drew, que ya formaba parte de nuestro grupo de amigos.

—Por cierto… —habló Nerea, consiguiendo la atención de los cuatro—. Lyn y Brad nos han contado bien lo del accidente de moto, cómo fue hasta que llegasteis a la empresa.

—Está claro que hoy no es nuestro día —comenté mirando a Lyn, haciendo una mueca.

—Ya te digo… —Negó con la cabeza ella.

Cuando volví la atención a Nerea, su cara era de preocupación.

—¿Os fijasteis en la matrícula del coche? —preguntó Drew, con la vista fija donde estaban los camiones de bomberos.

—No —contestamos Lyn y yo al unísono.

—Sinceramente, la situación nos pilló muy de sorpresa y fue desconcertante. Entre eso y los sustos que nos llevamos, por mi cabeza no pasó en ningún momento memorizar datos —comentó Lyn.

—Yo tampoco caí —murmuré, con el ceño fruncido.

—¿Cómo tienes la mano? —me preguntó Drew.

Bajé la cabeza hacia ella. Después del tiempo que había pasado, que no me había tomado el calmante y de lo que la había forzado quitando rocas, me dolía mucho.

—Me molesta, pero se me pasará —contesté, suavizando mucho la verdad.

—La has utilizado mucho —comentó Brad, con el ceño fruncido.

Coloqué la mano buena sobre el vendaje de la otra y cerré los ojos con fuerza, mientras las primeras lágrimas resbalaban de mis ojos.

—Ojalá hubiera servido de algo —susurré con la voz entrecortada.

Ninguno dijo nada a continuación. Cada uno llevó su pena, su tristeza, su miedo y su angustia como mejor pudo. Por el momento dejamos de hacernos los fuertes y de entretenernos para no pensar de más.

Eso era lo que habíamos estado haciendo: crear una normalidad fingida para no dar paso al pánico que nos provocaba la situación.

Rhys ocupó mi mente por completo y no pude parar de llorar.

Abrí los ojos despacio hacia Drew, quien me había agarrado de la mano buena y tenía los ojos cerrados, como yo hasta hacía unos segundos.

Entrelazó los dedos con los míos y entonces Lyn se agarró a mi brazo del otro lado, el de la mano vendada.

Giré la cabeza hacia ella y entonces vi que Lyn, Brad y Nerea, que se había levantado de la hierba para ponerse al otro lado de Brad sin que me diera cuenta, los tres también estaban unidos por las manos. Se las agarraban haciendo una cadena y, al igual que Drew, tenían los ojos cerrados.